Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-05-2016

Los crmenes histricos

Osvaldo Bayer
Pgina/12


Ya he expresado en estas pginas que tambin en la historia habra que recordar las reacciones desde abajo acometidas en momentos agitados de nuestro pas. Y describ la muerte del jefe de Polica Ramon Falcn en manos del anarquista ruso Simn Radowitsky. Hoy trataremos otro crimen famoso contra la autoridad: el del anarquista alemn Kurt Gustav Wilckens contra el teniente coronel Hector Benigno Varela, cuando ste acababa de llevar a cabo la represin contra los peones rurales patagnicos, que segn los clculos de la poca termin con unos 1500 fusilados.

Un hecho increble en un gobierno democrtico como el de Irigoyen. Los peones rurales de Santa Cruz ocuparon los campos y el presidente Yrigoyen no encontr otra solucin que enviar al 10 de caballera con la orden de pena de muerte para quien resistiera a las tropas .

Fue un hecho tristsimo. Dentro de todo, la ocupacin de los campos por campesinos haba sido hecha sin violencia y casi sin vctimas. Los fusilamientos, en cambio, fueron efectuados sin ninguna consideracin. Como testimonio del crimen poltico quedaron las tumbas masivas en el extenso territorio de Santa Cruz.

Inici la investigacin justo en una poca en que todava vivan testigos de los hechos. Hall las tumbas masivas y los testimonios concretos de los hechos. As fue con el hallazgo de las tumbas masivas de fusilados de la estancia El Baile de Don Angel Ties, cuyo hermano era religioso salesiano en el colegio de Puerto Deseado. El lugar exacto es una manga llamada Caada de los Muertos, que est a tres leguas del casco de la estancia llamada La Julia. Hasta hace unos treinta aos haba cruces en el lugar pero las hicieron desaparecer. Se ve que elegan caadones para estar al cubierto en los faldeos: all se ponan las vctimas para que las balas que atravesaban los cuerpos iban a dar en las barranquitas. Es caracterstico de lo que haca el oficio de matar a los asesinos, que buscaban lugares solitarios. Tal vez un poco para guardarse de miradas y otro poco para esconder sus crmenes, como una forma de reprimirlos en sus consecuencias. De cualquier manera esto demuestra la ilegalidad del fusilamiento ya que de ser legal no lo habran escondido. En este lugar de la estancia El Baile, es sin duda, el mismo que el comandante seala en su parte donde se produjo el combate cercano a Corpen donde segn l mueren sus obreros, entre ellos el cabecilla Avendao.

En la investigacin que realic hace cuarenta aos figuraron todos los fusilados durante la expedicin. Ante la falta de justicia, los anarquistas lo hicieron con su propia mano.

El comandante Varela fue muerto como una secuela de otras muertes. Diecisiete heridas graves. Doce producidas por la bomba y 5 balazos en la parte superior del cuerpo (dos balazos le han interesado la aorta). Firman los mdicos legistas Klappenbach y del Solar. Parece que al alemn Wilkens no le ha temblado la mano. Le ha aplicado lo que los anarquistas llaman la justicia proletaria. En un muerto han resumido los centenares fusilados en la Patagonia. Ahora la muerte los ha emparejado. Lo mismo que sus vctimas, el comandante ha quedado en el suelo, boqueando.

Con la diferencia que ste tendr un entierro de lujo. Del suelo lo han levantado los solcitos de siempre y lo llevan a la farmacia de Fitz Roy y Santa Fe, a unos pasos de all. El farmacutico Julio Schechtman le aplica dos inyecciones de ergotina pero no hay nada que hacer. En una camilla que traen de la enfermera de los cuarteles es llevado al Regimiento 2 de Infantera. En el casino de oficiales lo ponen sobre una mesa y lo cubren con una sbana.

La noticia corre de boca en boca: lo han matado al Comandante Varela. El lugar del atentado sirve de punto de reunin para centenares de curiosos. Se aglomeran autos, coches de plaza y carros. La polica debe intervenir y corta el trnsito por Fitz Roy. A las diez llega al Regimiento 2 el ministro de Guerra, general Augustn P. Justo. Lo acompaa el coronel Manuel Costa; el Jefe de Polica Jacinto Fernandez ; el comisario de rdenes Doctor Emilio C. Daz y el Jefe de Investigaciones, Eduardo Santiago: asediado por los periodistas, Justo dice con voz grave: Esto no quedar impune, el castigo ser ejemplar.

En la casa del fallecido, mientras tanto, se han cerrado puertas y ventanas. La viuda Mercedes Giovaneli y sus ocho hijos ( Mercedes, Dora, Hctor, Alfredo, Rodolfo, Margarita, Arturo y Amalia) han sido conmovidos por la tragedia. Casi no hay llantos; la sacudida emocional ha sido tremenda. El cuado de la vctima, el mayor Jorge Giovaneli atiende en el zagun a los periodistas y le explica que en repetidas ocasiones Varela recibi annimos amenazantes pero que jams haba pedido custodia para su persona ni para su casa. Pero, tal vez, la verdad iba un poco ms all: a Varela nunca le ofrecieron custodia a pesar que se saba el peligro de su vida en cada paso. Profunda amargura reina entre los oficiales de Caballera que van llegando a ver el cadver de su jefe. De Campo de Mayo llegan el capitn Anaya y los dems oficiales del C. 10 . Hay dolor en sus rostros, una expresin de sufrimiento viril contenido. Es que el odiado y vilipendiado Varela era muy querido por sus oficiales y suboficiales. Era enrgico, s, pero tena un gran sentido de la camaradera militar. Era paternalista con los jvenes que le venan a pedir consejos.

El crimen oficial qued ampliamente al descubierto y el partido Radical debe a los argentinos una declaracin sobre ese absurdo crimen masivo. La Historia no olvida.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-300199-2016-05-25.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter