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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2016

Carta abierta a los charlatanes de la revolucin siria

Bruno Guigue
Oumma

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


Ahora que un dirigente histrico de la resistencia rabe libanesa (Mustafa Amin Badreddin, N. de T.) acaba de morir en Siria bajo el ataque del ejrcito sionista, envo esta carta abierta a los intelectuales y militantes de izquierda que tomaron partido por la rebelin siria y creyeron defender la causa palestina mientras soaban con la cada de Damasco.

En la primavera de 2011 nos dijisteis que las revoluciones rabes representaban una esperanza sin precedentes para los pueblos que sufran el yugo de dspotas sanguinarios. En un exceso de optimismo os escuchamos, sensibles a vuestros argumentos, hablar de esa democracia que naca milagrosamente y vuestras proclamas sobre la universalidad de los derechos humanos. Casi lograsteis convencernos de que aquella protesta popular que derroc a los dictadores de Tnez y Egipto borrara la tirana en todo el mundo rabe, tanto en Libia como en Siria, en Yemen como en Bahrin y ms all.

Pero tras ese bello arrebato lrico rpidamente aparecieron algunos fallos. El primero, enorme, en Libia. Una resolucin adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU para auxiliar a las poblaciones civiles amenazadas se convirti en un cheque en blanco para derrocar manu militari a un jefe de Estado que se haba vuelto una molestia para sus socios occidentales. Digna de los peores momentos de la era neoconservadora, aquella operacin de cambio de rgimen llevada a cabo por cuenta de Estados Unidos por dos potencias europeas, a falta de la afirmacin neoimperial, desemboc en un desastre del que la desgraciada Libia sigue pagando el precio. El hundimiento de aquel joven Estado unitario entreg el pas a las ambiciones desenfrenadas de las facciones y las tribus, envalentonadas deliberadamente por la codicia petrolera de los carroeros occidentales.

Pero haba entre vosotros buenas almas para brindar circunstancias atenuantes a esa operacin. Lo mismo que haba, todava ms, para exigir que se infligiera el mismo tratamiento al rgimen de Damasco. Porque el viento revolucionario que soplaba entonces en Siria pareca validar vuestra interpretacin de los hechos y justificar, a posteriori, el belicismo humanitario desencadenado contra el potentado de Trpoli. Sin embargo, lejos de los medios de comunicacin dominantes, algunos analistas sealaban que el pueblo sirio no era unnime, que las manifestaciones antigubernamentales se desarrollaban sobre todo en algunas ciudades, bastiones tradicionales de la oposicin islamista, y que el ardor social de los sectores pauperizados por la crisis no implicaba necesariamente la cada del Gobierno sirio.

Ignorasteis esas sensatas advertencias. Como los hechos no se acomodaban a vuestro relato los ordenasteis como os pareci conveniente. Donde los observadores imparciales vean una polarizacin de la sociedad vosotros quisisteis ver un tirano sanguinario que asesinaba a su pueblo. Donde una observacin desapasionada permita discernir las debilidades, pero tambin la fuerza del Estado sirio, vosotros abusasteis de la retrica moralista para acusar a un Gobierno que est lejos de ser el nico responsable de las violencias. Visteis las numerosas manifestaciones contra Bachar Al-Assad, pero no las gigantescas concentraciones de apoyo al Gobierno y a las reformas que abarrotaban las calles de Damasco, Alepo y Tarts. Habis dirigido la contabilidad macabra de las vctimas del Gobierno, pero habis olvidado a las vctimas de la oposicin armada. Segn vosotros hay vctimas buenas y vctimas malas, las que merecen reconocimiento y las que no se mencionan. Deliberadamente habis visto a las primeras y habis permanecido ciegos ante las segundas.

Al mismo tiempo, a ese Gobierno francs cuya poltica interior criticis encantados para mantener la ilusin de vuestra independencia le habis dado la razn totalmente. Curiosamente vuestro relato del drama sirio coincida con la poltica exterior de Fabius, capataz del servilismo que mezcla el apoyo incondicional a la guerra israel contra los palestinos, la alineacin pavloviana con el lder estadounidense y la hostilidad recocida a la resistencia rabe. Pero vuestro ostensible idilio con el QuaidOrsay no parece avergonzaros. Defendis a los palestinos de cara a la galera y por detrs comis con sus asesinos. Incluso habis llegado a acompaar a los dirigentes franceses en visitas de Estado a Israel. Ah estis embarcados, cmplices, asistiendo al espectculo de un presidente que declara que siempre querr a los dirigentes israeles. Pero no os escandalizis y subs al avin del presidente, como todo el mundo.

Condenasteis, con razn, la intervencin militar estadounidense contra Irak en 2003. La excusa de bombardear para llevar la democracia no os convenci y dudasteis de la eficacia de los ataques quirrgicos. Pero vuestra indignacin con respecto a esa poltica de las caoneras de alta tecnologa parece extraamente selectiva. Porque reclamabais a grito pelado contra Damasco en 2013 lo que os pareca intolerable diez aos antes contra Bagdad. Bast un decenio para volveros tan maleables que considerabais que lo mejor para el pueblo sirio era una lluvia de misiles de crucero sobre ese pas que no os ha hecho nada. Renegando de vuestras convicciones antiimperialistas abrazasteis con entusiasmo la agenda de Washington.

Sin vergenza no solamente aplaudisteis de antemano a los B52, sino que adems recuperasteis la propaganda estadounidense ms burda de la que el precedente iraqu y las mentiras memorables de la era Bush deberan haberos inmunizado.

Mientras inundabais la prensa francesa con vuestras estupideces un periodista estadounidense e investigador excepcional (Seymour Hersh , N. de T.) hizo pedazos la pattica operacin de falsa bandera destinada a cargar a Bachar Al-Assad la responsabilidad de un ataque qumico del que ninguna instancia internacional le acus y que los expertos del Instituto Tecnolgico de Massachussets y la Organizacin para la prohibicin de las armas qumicas atribuyeron a la parte contraria. Ignorasteis los hechos y los tergiversasteis a conveniencia. En esa ocasin desempeasteis vuestro miserable papel en la cacofona de mentiras. Peor todava, segus hacindolo. Mientras el propio Obama da a entender que no lo cree vosotros os obstinis en reiterar esas sandeces como los perros guardianes que siguen ladrando tras la desaparicin del intruso. Por qu motivo? Para justificar el bombardeo de vuestro propio Gobierno a un pequeo Estado soberano cuyo mayor error es su rechazo al orden imperial. Para acudir en ayuda de una rebelin siria cuyo verdadero aspecto habis enmascarado fomentando el mito de una oposicin democrtica y laica que solo existe en los salones de los grandes hoteles de Doha, Pars o Ankara.

Habis exaltado estarevolucin siria pero habis apartado los ojos pudorosamente de sus prcticas mafiosas, de su ideologa sectaria y de su financiacin turbia y dudosa. Habis ocultado cuidadosamente el odio interreligioso que la inspira, su aversin sauda a las dems confesiones directamente inspirada en el wahabismo, que es su cimiento ideolgico. Sabis que el rgimen baasista, porque es laico y aconfesional, constituye un seguro de vida de las minoras, pero no rectificis, llegando incluso a calificar de cretinos a los que tomaban la defensa de los cristianos perseguidos. Pero eso no es todo. A la hora del balance todava quedar una ltima ignominia: habis avalado la poltica de Laurent Fabius para que Al-Nusra, la rama siria de al Qaida, haga un buen trabajo. Qu importan los transentes destripados en las calles de Homs o los alauitas de Zahra asesinados por los rebeldes, para vosotros solo son morralla.

Entre 2001 y 2016 caen las mscaras. Os llenabais la boca con el derecho internacional pero aplaudais su violacin contra un Estado soberano. Pretendis promover la democracia para los sirios pero os habis convertido en furrieles del terrorismo que padecen. Decs que defendis a los palestinos pero estis en el mismo bando que Israel.

Cuando cae un misil sionista sobre Siria nadie grita, nunca golpear a vuestros amigos. Gracias a Israel, gracias a la CIA, y gracias a vosotros, esos valientes rebeldes van a seguir preparando el radiante futuro de Siria bajo el emblema del takfir. El misil sionista habr asesinado a uno de los dirigentes de la resistencia rabe que habis traicionado.


Bruno Guigue, en la actualidad profesor de Filosofa, es titulado en Geopoltica por la cole National dAdministration (ENA), ensayista y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflit isralo-arabe, LEconomie solidaire, Faut-il brler Lnine?, Proche-Orient: la guerre des mots y Les raisons de lesclavage, todos publicados por LHarmattan.

Fuente: http://oumma.com/223022/lettre-ouverte-aux-charlatans-de-revolution-syrienne

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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