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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2016

El ocaso de una dictadura meditica

Carlos Fernndez Liria
ctxt.es


Cuando se habla de 'rgimen del 78' muchos intelectuales mediticos se rasgan las vestiduras, como si se tratara de una frmula populista y demaggica propia de una impresentable extrema izquierda marginal y exagerada. Con tanto aspaviento lo que se ha logrado durante estos ltimos cuarenta aos es hurtar un necesario debate sobre la libertad de expresin y su papel en el orden constitucional.

Se escamotea el hecho indudable de que nuestra supuesta democracia parlamentaria ha venido acompaada de una dictadura meditica estremecedora. Es verdad que ha habido excepciones, pero tambin las hubo, todo hay que decirlo, durante el franquismo. Sorteando la censura franquista se escribieron muchas novelas excelentes, nada complacientes con el rgimen, se publicaron revistas que hoy seran consideradas de extrema izquierda (como Triunfo o Por favor), se hicieron centenares de pelculas impresionantes con las que muchos de nosotros aprendimos desde nios a odiar la dictadura. Mejoraron las cosas con la llegada de la llamada democracia? En algunos aspectos, pienso que empeoraron y mucho. Una ley de censura se puede sortear. Lo que se llam luego libertad de expresin o libertad de prensa era, en cambio, una fortaleza inexpugnable.

En este pas nos hemos pasado cuarenta aos llamando libertad de prensa a la dictadura de tres o cuatro oligopolios mediticos. Se ha hablado, incluso, de que los medios de comunicacin eran el cuarto poder del Estado de Derecho, un cuarto pilar del orden constitucional que se sumaba al Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Sin embargo, como bien ha sealado a menudo Pascual Serrano, los medios de comunicacin han sido el nico poder de nuestra sociedad que no ha tenido contrapeso.

El gobierno tiene un contrapoder en la oposicin. El empresario, en los sindicatos. El poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se limitan mutuamente y se obligan a ceirse a la Constitucin. Pero el poder que tienen los medios de comunicacin para apropiarse del uso de la palabra en el espacio pblico carece por completo de contrapeso. Esto ha hecho que ciertas mentiras sean imposibles de combatir. Cules? Todas aquellas que convengan en general a los grandes consorcios empresariales de la prensa privada. Y son muchas las mentiras en las que los oligopolios mediticos no tienen inters en llevarse la contraria, pues las grandes empresas, por mucho que compitan entre s, no dejan por ello de ser lo que son: grandes empresas.

Cmo se logra este efecto sin ejercer la censura? Con otra forma de censura, que se llama paro y despido. Lo he dicho muchas veces: durante cuarenta aos de democracia se ha ejercido una censura brutal y salvaje, consistente sencillamente en no contratar a quien no comulgaba a priori con la lnea editorial o meditica de los poderes fcticos. Y en despedir a quien se sala de la norma establecida. Se puede decir que los medios de comunicacin pasaron as de la esclavitud y la servidumbre feudal al capitalismo salvaje.

Los amos ya no tienen que obligarte a nada porque, ahora, o tragas con lo que hay o te quedas en el paro. Esta alternativa fatal te puede llevar a trabajar en Telepizza o en El Pas, pero la lgica es la misma. Que un periodista de El Pas o de El Mundo pretenda que es independiente diciendo -como una vez me dijo uno de ellos- que a m nunca me han llamado para decirme lo que tengo que decir, raya en el sarcasmo, porque es bien claro que ese sujeto ha sido contratado precisamente porque no haca falta llamarle para que supiera muy bien lo que tiene que decir.

Esta falta de contrapeso y esta amenaza de censura totalitaria (pues aqu s que es o todo o nada), ha hecho que, durante cuarenta aos de supuesta democracia, hayamos asistido a un monopolio del derecho a mentir estremecedor. Pero lo peor es que esta modalidad de censura, al contrario que la franquista, se disfraza muy exitosamente de libertad de expresin. Es por esto por lo que peridicos como El Pas son tan infinitamente abyectos, mucho ms an que la vieja censura franquista.

Afortunadamente, asistimos cada vez ms al ocaso de esta dictadura meditica. La razn es muy simple (y explica tantos espumarajos de rabia por parte de nuestros inetelectuales ms mediticos): la prensa escrita cada vez tiene menos poder y los medios de comunicacin de masas tienen, ahora, que competir con Internet. De pronto, resulta que se han quedado con la escopeta del abuelo y cuanto ms la monopolizan, ms se queda desfasada. Eso es indudable y, sin duda, ha cambiado por completo el panorama.

Sin embargo, por mi parte (ya lo he dicho muchas veces), no creo mucho en que esta sea la definitiva y la nica solucin. La escopeta del abuelo, puede quedarse anticuada, pero sigue matando. Las redes sociales y la comunicacin en Internet han cambiado por completo la correlacin de fuerzas, eso es indudable. Han inutilizado (relativamente) una institucin totalitaria, pero no han puesto en su lugar una nueva institucin. Habr, sin duda, quien considere que esto es una virtud. Yo no. Sigo pensando que no hay que renunciar a lo que he defendido tantas veces: estatalizar la prensa.

Ya s que es una frmula que provoca cierto rechazo, pero se puede explicar. Se trata simplemente de instituir la independencia profesional del periodista, del mismo modo que los profesores tienen libertad de ctedra y los jueces tienen blindado el ejercicio libre de su funcin. En el terreno de la enseanza, la libertad de ctedra termina en el mbito de la enseanza privada, donde un profesor puede ser despedido por no ceirse a los dictados de la empresa que le contrat. En el mbito de la Justicia se considerara obviamente una catstrofe que los jueces pudieran ser cesados por dictar sentencias que no convinieran a determinados grupos empresariales. En ambos casos la libertad de ctedra y la independencia judicial se soportan en el carcter estatal de dichas instituciones.

Por contraste -y esto demuestra lo mucho que nos han comido el coco al respecto- la idea de estatalizar la prensa se considera siempre una extravagante ocurrencia totalitaria. Se confunde aqu muy interesadamente la idea de una prensa estatal con la de una prensa gubernamental. Es tan absurdo como decir que la enseanza pblica es gubernamental o que es una ocurrencia totalitaria. Lo mismo que sera pretender que, como siempre se corre el peligro de que el gobierno manipule el poder judicial, lo mejor sera... qu? una justicia privada? Una prensa privada es tan incompatible con la libertad de expresin como una justicia privada sera incompatible con la justicia.

Los periodistas deberan acceder a los medios de produccin de informacin y comunicacin a travs de un sistema de oposiciones, con tribunales que juzgaran en sesin pblica segn baremos aprobados por el poder legislativo. Deberan poder ejercer su funcin sin temor al despido, por periodos tambin acordados por la ley. De este modo, habra tanta libertad de prensa como libertad de ctedra en la enseanza pblica. En la situacin actual, hay tanta de la primera como de la segunda en la enseanza privada: ninguna. Los profesores de la enseanza privada saben perfectamente que no pueden mantener su trabajo ms que adecundose a las exigencias ideolgicas de la empresa que los contrat. Lo mismo ocurre con los periodistas y con ese ejrcito de intelectuales tan queridos por nuestros medios de comunicacin.


Fuente original: http://www.espacio-publico.com/un-debate-largamente-aplazado#comment-5473


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