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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2005

Palinodia psiquitrica en el Da de la Salud Mental

Guillermo Rendueles Olmedo
lne.es


El cierre de los manicomios no fue un proceso normal de cese de demanda como el de los sanatorios antituberculosos tras los tratamientos antibiticos. Por desgracia, los tratamientos con psicofrmacos no tuvieron un avance comparable al antituberculoso que permitiese dar altas por curacin en el campo psiquitrico. La mayora de las enfermedades mentales siguen un proceso de cronicidad, generalmente inseparable de la biografa del enfermo: no tuvo una psicosis sino que es un psictico.

Por eso el cierre de los manicomios no fue un proceso consensuado sino que se produjo como resultado de unas guerras psiquitricas. Por un lado, un grupo de psiquiatras que veamos en los asilos una representacin de las instituciones totales que, junto a los cuarteles o las crceles, formaban un panptico que, lejos de encerrar personas para cumplir sus fines manifiestos -rehabilitar, curar, ensear a guerrear-, estaban destinadas a aniquilar la identidad de sus internos y a disciplinar y hacer sumisa al resto de la sociedad (si no obedeces acabars en el manicomio, o el no menos popular ya te ensearn en la mili). Frente a los psiquiatras anti institucionales se aline lo ms granado de la psiquiatra acadmica. H. Ey, autor del ms famoso tratado de psiquiatra de la poca, pidi en un congreso mundial de psiquiatra la expulsin de F. Bassaglia como representante de la antipsiquiatra, que afirmaba la complementariedad de la proteccin del asilo con los defectos afectivo-cognitivos del paciente psictico que lo hacan inadaptable a una sociedad tan conflictiva como la moderna. Abajo los muros de los asilos! fue un grito de los pronunciamientos del 68 que a diferencia del que clamaba contra las prisiones que no cesan de multiplicarse o del antimilitarismo que an necesitara de largos aos de luchas insumisas tuvo xito: nadie defiende hoy la vuelta al manicomio.

Los sufrimientos de los psicticos de hoy no se deben a los xitos de esa utopa sino a los fracasos. Tres errores que defendimos como verdades lastraron el proceso desinstitucionalizador. El primero fue la teora formulada por Bassaglia como Doble de la enfermedad mental: la locura que se vea en los manicomios, bsicamente el defecto esquizofrnico, no se debe al desarrollo natural de la enfermedad mental, sino que es un doble, un artefacto producido por el encierro. Igual que los gorilas desarrollan unas conductas patolgicas en los zoolgicos, desconocidas en la selva, los pacientes manicomializados desarrollan unas locuras que no son las suyas, sino neurosis institucionales producidas por el encierro. Un ejemplo lo ilustra: en un manicomio donde trabaj hubo que hacer obras en los pabellones de agresivos y sucios. Al repartir los pacientes por otros lugares su agresividad y descontrol de esfnteres desapareci porque era un producto de la identidad asignada por la inst itucin. Contra tan atrayente hiptesis existe hoy acuerdo sobre su falsedad: el gran defecto esquizofrnico no es el doble de la enfermedad producida por el asilo sino su evolucin natural con independencia de su tratamiento. Las otras dos predicciones falsas, ms que errores, fueron apuestas perdidas por la razn utpica. Suponamos los antinstitucionalistas que los pacientes mentales al salir del manicomio seran bien acogidos por redes sociales espontneas que los reintegraran en un trabajo normal dentro del marco del estado del bienestar y del pleno empleo.

Los pacientes mentales fueron recibidos, por el contrario, con una tremenda hipocresa social, ejemplificado por el acrstico No en Mi Puerta de Atrs: los centros para enfermos mentales o los pisos protegidos estn bien con tal de que no los pongan cerca de mi piso. En algunas ocasiones el rechazo vecinal fue tan intenso que alent a una chusma incendiaria de algn centro gijons para toxicmanos. Respecto al trabajo, una bella imagen que daba fin a la pelcula-manifiesto de Bassaglia Locos de desatar, en la que un paciente se integra en una fbrica apoyado por trabajadores y sindicatos, nunca tuvo lugar. El nmero de psicticos trabajando es y ser en los prximos aos cercano a cero y el diploma depresivo fue usado por cientos de obreros para jubilarse.

El porvenir de aquellas desilusiones gener que los psicticos deben hoy vivir en familia, un lugar en el mundo, que desde nuestras teoras jams se vio como teraputica (recuerdan aquello de la familia esquizofrengena?, los psi tratan de olvidarlo). Cuidar y ser cuidado de por vida -los psicticos habitualmente no se casan- por los padres genera una sobreimplicacin afectiva que sobrecarga a unos y descompensa a otros. Asociarse ayuda a llevar la carga y desde los centros de salud (saturados por muchos miles de trastornos psiquitricos menores) tratamos con poco xito (las terapias qumicas o psicolgicas tienen ms curaciones en los artculos cientficos que en la realidad) de limitar la devastacin que la enfermedad produce, pero los enfermos envejecen sin lograr autonoma conductual suficiente para no necesitar proteccin en un mundo en general despiadado.

Cmo envejecen los psicticos? En general, los sntomas positivos -los delirios, las alucinaciones- mejoran. Pero los negativos -el aislamiento, la incomunicacin afectiva- empeoran y se amplifican los dficits de memoria y atencin del envejecimiento. La deriva natural (?) de los psicticos si no cambian las cosas es haber evitado el manicomio para ingresar muy precozmente en el asilo para viejos o vivir en soledad visitados frecuentemente en el mejor de los casos por mdicos o trabajadores sociales. Que se destino no se cumpla junto a la red mdico-social exigira crear cientos de lugares de vida (pisos ms o menos tutelados) para que los psicticos no vivan en familia, junto a la puesta en marcha de centros de trabajo protegido y remunerados lejos del mercado (es obvio que no hablo de uno, dos, tres centros para ensear, sino de ofertas de muchos centenares de plazas).

La evidencia de la bondad de ese proyecto, hay alguien que pueda oponerse al mismo?, no pronostica su cumplimiento. Lo malo de ponerlo en marcha es que exige dinero pblico muy abundante y voluntad de resistir el rechazo social a los ms dbiles. De ambas cosas andan muy escasos nuestros gobernantes cualesquiera que sean sus siglas.

* Guillermo Rendueles Olmedo es psiquiatra.



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