Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-06-2016

Pablo Sorozbal, la felicidad interrumpida

Santiago Alba Rico
Gara


Resulta tan extrao como elocuente: si uno busca en la red rastros de la vida y de la obra de Pablo Sorozbal Serrano (1934-2007), apenas encuentra ninguno. Tras una larga bsqueda en la que tropiezo una y otra vez con su padre, el inolvidable maestro de la Zarzuela, doy con una carta al director publicada en El Pas en 1992, una breve necrolgica de Rodrguez Tapia y la convocatoria a un homenaje que haba de celebrarse y se celebr, supongo el da 22 de septiembre de 2009 en el centro cultural Nicols Salmern de Madrid. Esa convocatoria resume muy bien, por lo dems, la versatilidad y talento de un hombre que arrug el ceo a la Fortuna e hizo un corte de mangas a la Celebridad, pero que nunca huy de la felicidad. De hecho la busc de manera polgama, polglota y politesta.

La busc a travs del erotismo e imagino que dej buenos y malos recuerdos en las mujeres que am.

La busc a travs de la msica, aunque de sus muchas composiciones (conciertos, dos y lieder) muy poco se public en vida y nada se ha recuperado tras su muerte; y slo se recuerda, si acaso, el extravagante y silenciado himno de la Comunidad de Madrid cuya letra escribi el filsofo Garca Calvo. Su nico LP, ya descatalogado a finales del pasado siglo, se llamaba Cantos de amor y lucha.

Busc la felicidad tambin a travs de la fotografa; fue, en efecto, un gran fotgrafo y un coleccionista de cmaras soviticas que a veces regalaba a sus amigos, pero ni siquiera su galera de retratos (los que hizo, por ejemplo, a Carmen Martn Gaite, Chicho Snchez Ferlosio o Amancio Prada) pueden encontrarse en la red.

Busc asimismo la felicidad a travs de la traduccin, sobre todo de obras en lengua alemana, aunque conoca muy bien y traduca tambin del francs. Como traductor de las imprescindibles Cartas a Felice, de Franz Kafka, se gan y an dura el reconocimiento de los medios literarios. Desgraciadamente no es posible encontrar, por ejemplo, el artculo que escribi sobre el autor checo, del que Susanne Maria Weber, en la revista digital Observaciones Filosficas, cita con entusiasmo una enigmtica y estimulante frase (Kafka representaba la sabidura del no) que aumenta nuestros deseos de leerlo.

Pablo Sorozbal, adems, busc la felicidad a travs de la poesa, que explor hasta la vspera misma de su muerte. Su libro La calle es mentira mereci el Premio Ciudad de Irn en 1987. Y sin embargo, si uno teclea en google poemas de Pablo Sorozbal, no sale nada, ni una estrofa ni un verso, como si ese vertedero universal, que contiene ripios de 1.140.000 poetas y 11.000 millones de fotos, tuviese misteriosos bordes por donde se precipitan ciertas voces y ciertos datos.

Y Pablo Sorozbal, finalmente, busc la felicidad a travs de la novela. Public dos, las dos enormes, inevitables. La primera, La ltima palabra, premio Po Baroja en 1986, es una desternillante versin ertico-lingstica y castiza de Las Mil y una noches, una pirotecnia de tropos y de verbos al servicio de la seduccin que un mundo mejor rescatara del olvido. Eso es lo que acaba de hacer la editorial asturiana Cambalache con la segunda, Lloro por King-Kong, publicada originalmente en 1991, sin duda la mejor novela sobre la guerra y la post-guerra civil, la ms emocionante y mejor escrita, y que en su momento, sin embargo, pas completamente desapercibida. Sorozbal, consciente de sus mritos, amargamente irnico, atribua el silencio al ttulo, que la narracin impone como una necesidad fatal, pero cuya belleza estremecedora slo puede apreciarse de manera retrospectiva, una vez se ha ledo la ltima pgina. Ojal esta segunda vida que le conceden ahora en Asturias sirva para resucitar no slo esta novela genial sino la ristra entera de los talentos y las obras del autor.

Pero Pablo Sorozbal no slo busc la felicidad. Tambin fue infeliz. No le gustaba el mundo ni la Espaa en la que viva. Lo conoc un poco y lo apreci mucho y siempre nos unieron dos cosas: la literatura y la poltica. A mediados de los 80 los dos colaborbamos en el censurado diario Egin y los dos compartamos un horizonte comn en el que un marxismo ms o menos ortodoxo se una a la percepcin del Pas Vasco como un espacio de potencial emancipacin general. Sus colaboraciones en Egin, el nico espacio donde poda expresarse libremente, le cerraron sin duda otros foros, pero por eso mismo eran fundamentales para l. Su verbo lacerante, espinoso, luminoso, a veces histrinicamente provocativo (era hijo de actriz), produjo algunos textos memorables, como ese Elogio del tanque ruso que, para irritacin de su familia, hoy siguen replicando, mientras se olvida todo lo dems, algunas pginas alternativas estalibanas en las costuras de internet. A m, en la distancia, me sigue pareciendo una pieza literaria genial; una explosiva irona swiftiana que fue concebida, en efecto, como exceso consciente y provocacin enrabietada, menos con el propsito de defender una URSS moribunda que de exponer a contraluz las miserias de nuestra democracia. Pero ese texto, como tantos otros de la misma poca, s indicaba el pulso de su pensamiento poltico. Sorozbal, no obstante sus races vascas, siempre fue mucho ms marxista que nacionalista y de hecho segn el testimonio que yo recuerdo su ruptura con Egin y su distanciamiento del movimiento abertzale fueron el resultado de los cambios tcticos e ideolgicos, a mis ojos muy sensatos, que ms tarde desembocaron en GARA. Lo cierto es que esta ruptura trajo aparejadas otras y en los ltimos aos de su vida Sorozbal, despechado y regan, se encerr con sigilo en sus fuentes de felicidad y renunci a intervenir en un mundo que, radicalmente enemigo de toda componenda, pas a considerar irrecuperable. Es seguro que no le hubieran gustado nada ni las revoluciones rabes ni el 15M ni Podemos, pero era tan brillante que no puedo dejar de rerme con admiracin cada vez que imagino las maravillas que hubiera escrito contra ellos.

Qu Sorozbal es el autntico? El que buscaba la felicidad por todas las vas o el que se senta infeliz en la democracia espaola? Si escribo estas lneas es porque, coincidiendo con la reedicin de Lloro por King-Kong, redescubr por azar algunas cartas personales que me escribi en 1994. Leyendo esas cartas con placer y pesar el placer de su inmediatez lingstica, el pesar de la distancia definitiva Pablo se me presenta de una sola pieza, con todas los retales bien cosidos, el polgamo, el polglota, el politeista, el poltico, en la trama de un talento literario descomunal y de un alma bronca y limpia, generosa y torrencial. No digo que no me resulte casi revolucionaria su ausencia de rastros en internet, donde pueden encontrarse incluso huellas de extraterrestres y foros de muertos vivientes; probablemente l, orgulloso perdedor, es en parte responsable y sin duda se sentira muy satisfecho (ese nombre no tiene ningn Yo, dice su ltimo poema), pero me duele: porque sus obras, que no son ya suyas, reclaman miles de lectores y miles de pregoneros. La diferencia entre los genios de derechas y los de izquierdas es que, mientras que a los genios de derechas se les perdona todo, a los de izquierdas sencillamente no se los lee. En un mundo mejor, s, Pablo Sorozbal podra conservar su carcter, y hasta equivocarse con estrpito, sin que por ello nadie dejara de gozar y aprender con su obra brillante y plural: la msica, la fotografa, la poesa, de las que se puede encontrar una muestra soluble en el ritmo y la luz de ese Lloro por King-Kong, ahora devuelto a la vida, que nos narra acorden y visillo el batacazo civilizacional del franquismo, en cuya estela seguimos viviendo. Sirvan estas lneas de homenaje privado a un amigo muerto; y de iniciativa popular para pedir su inmediata resurreccin.

Fuente: http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2016-05-29/hemeroteca_articles/pablo-sorozabal-la-felicidad-interrumpida

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter