Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2005

De la causa palestina a la causa rabe

Azmi Bishara
Al Ahram Weekly

Traducido para Rebelin por Sinfo Fernndez


La carnicera que presenciamos estos das en Gaza pone tristemente de relieve la desgracia de la situacin actual de Palestina. Justo antes de estos hechos, el liderazgo oficial rabe presentaba otra imagen lamentable con su celebracin del desenganche, rindiendo tributo al coraje de Sharon. El reverso eran los miles de jvenes palestinos cargando con las ruinas de los asentamientos. Semejaba la toma de la Bastilla o el asalto al Palacio de Invierno, o as pareca en un principio. Entonces, de repente, las hordas se quedaron en silencio. An siguen haciendo inventario, mudos de asombro, perplejos encima de todos esos escombros, preguntndose indudablemente a s mismos, Y ahora, qu hacemos?. Qu escena tan conmovedora! Un momento antes, todo era la emocin y el alboroto del asalto; un momento despus, el ensordecedoramente silencioso anti-climax. No haba nada ms que hacer. No haba palacios de Saddam ni castillos de San Petersburgo.

No hay objetos de recuerdo en los asentamientos que deban ser conservados, nada que merezca la pena guardar en absoluto en la memoria. Esas eran las estructuras nada que pudiera parecerse a un palacio o incluso a un monumento religioso, construidos como estaban con la misma arquitectura utilitaria y montona de los asentamientos- que Sharon dej en pie. Esta era su forma de juguetear con los palestinos. Si las dejaban all, mantendran el pie israel ante su puerta; si las demolan, estaran equiparndolas a todas las mezquitas que haban sido destruidas desde 1948. Salta a la vista que la situacin representa las perspectivas actuales que equiparan al ocupante con el ocupado y a las sinagogas de los colonos con las mezquitas de los habitantes indgenas.

En respuesta al jbilo organizado y espontneo que produjo la liberacin de Gaza y el caluroso recibimiento que tuvo en Naciones Unidas, que le conmovi tanto que hizo que le temblara la voz, aunque por razones que tenan poco que ver con las que motivaban todos esos elogios, el primer ministro israel anunci que continuara con la construccin de asentamientos. Para poder entender la relacin entre las aclamaciones que resonaron en Naciones Unidas cuando pronunci un discurso impregnado de retrica fundamentalista juda y la voz temblorosa con la que se dirigi a la asamblea, donde hasta hace poco tiempo representaba virtualmente un anatema, parece que tendremos que retomar algunos de los aspectos fundamentales.

El rasgo destacado en el discurso de Sharon fue el misticismo generalizado que siempre manifest, partiendo del Libro del Gnesis, pasando por la cuestin de Jerusaln y llegando hasta la eternidad. Y a lo largo del camino, fue apropindose de conceptos como Eterno y Para siempre como meras herramientas tericas para agitar acuaciones polticas que de repente alcanzaban legitimacin en el podio de Naciones Unidas. Ahora, en apariencia, ese escao de realismo pragmtico alienta lo que el oculto y anti-realista pragmatismo demanda.

En su discurso ante Naciones Unidas del 15 de septiembre, Sharon no se limit meramente a recordar su juventud como hijo de pioneros que llegaban a Israel para cultivar la tierra no para desposeer a sus residentes o a evocar su temprano amor por el trabajo manual; sembrando y cosechando, los pastos, los rebaos y las vacas, que tuvo que sacrificar porque la senda de la vida le oblig a convertirse en combatiente y comandante. Ni habl slo sobre el derecho histrico de los judos a la tierra (como opuesto a en la tierra la distincin es fundamental y es resaltada con frecuencia en el contexto de los derechos civiles de los ciudadanos rabes en Israel). Ni fall tampoco a la hora de llevar a su audiencia a travs de la pica de 5.000 aos de la historia juda que hizo posible que apareciera antes de esa asamblea de agosto, acabando de llegar desde Jerusaln, la capital eterna de Israel. Tambin, como se esperaba, aprovech la ocasin para dirigir su plan de desenganche hacia un final muy pragmtico; que consisti en lanzar el baln al campo palestino.

Sharon les ensear que pragmatismo y misticismo estn estrechamente entrelazados en el modernismo y racionalismo israel, cuyas elaboraciones aparentemente han ganado ascendiente no slo sobre los rabes sino tambin sobre la irracionalidad y el fundamentalismo rabes. Choque de civilizaciones? Eso es slo una suposicin. En efecto, las culturas no chocan; la gente s. Cuando las mistificaciones se utilizan para servir a un fin humano concreto, se llega al pragmatismo. En la poltica de poder, misticismo y pragmatismo estn constantemente intercambiando roles, al igual que en una mente utilitarista lo hacen objetivos y medios. El xito no depende tanto de la racionalidad como del poder, la ciencia, la institucionalizacin y el modernismo y otras tantas facetas de la mentalidad racionalista que constituyen manifestaciones del poder.

En contraste con el victorioso misticismo israel, tienen el derrotado misticismo rabe, sin lgica, sin institucionalizar, estridente y grun. Se necesitar hacer contorsiones de racionalizacin a la hora de justificar la ausencia de voluntad de poder y la necesidad de doblegarse ante la derrota y de elevarse hasta alturas metafsicas cuando llega la hora de hablar sobre la creacin de instituciones y sociedades modernas y demcratas. El fundamentalismo oficial rabe es pragmatismo por excelencia. Est totalmente divorciado de valores, que sucesivamente se han convertido en los hurfanos polticos abandonados en la calle rabe. Uno se pregunta, al ver a los funcionarios rabes sentados escuchando a Sharon, si estaban maldiciendo secretamente a quienes pudieron impedirles llegar hasta all y no lo hicieron, o a aqullos que fueron la causa de que tuvieran que estar all sentados y escuchndole ese da. Para llegar a una respuesta, debemos de nuevo retornar a los fundamentos, largamente olvidados.

Desde el momento de su creacin, Israel ha agravado el subdesarrollo y la exclusin poltica rabes. Desde 1948, la perpetuacin de la causa palestina ha exacerbado la fragmentacin rabe. Por esta razn, no puede haber una solucin justa para el problema palestino fuera de un marco de esfuerzos para resolver el problema rabe. Desde luego, la causa palestina podra resolverse de forma separada de la causa rabe, de este modo se evitaran todas las complejidades y complicaciones concomitantes, pero no sera una solucin justa. La justicia no es un fenmeno metafsico; es un valor. Desde luego, la justicia podra ser relativa en el contexto de su aplicacin prctica a travs de la historia. Pero adquiere el carcter de absoluto cuando el juego poltico dominante la abandona como valor considerado en conjunto, forzndola a entrar en la oposicin, atrayendo desde esa situacin otras formas de injusticia. De esa forma, no hay una solucin absolutamente justa para una causa justa, pero eso no convierte en aceptable una solucin injusta.

La presente condicin rabe no favorece poder llegar a una solucin justa para la causa palestina. Al contrario, en su consumado pragmatismo, est buscando persuadir a los palestinos para que acepten los actuales equilibrios de poder, la perpetuacin de los cuales pasa por someterse a esas circunstancias y a los variados tipos de chantaje que pone en juego. Esta es la actitud poltica que representa la retirada israel de Gaza como parte de la hoja de ruta, adoptada como si fuera una peticin rabe, sin considerar el hecho de que el autor [Bill Clinton] de ese esquema sancion una interpretacin enteramente israel de la misma a travs de sus cartas de garanta a Sharon. Este fue el ambiente poltico que hizo posible que Sharon se pavoneara por los pasillos de Naciones Unidas en el da en que tena lugar la conmemoracin anual de las masacres de Sabra y Chatila, y reciba los laureles por su coraje, por haber hecho concesiones tan penosas en Gaza.

Debe destacarse que este ambiente y las charadas que provoca son manifestaciones de una condicin rabe que ha devenido cada vez ms desesperada cuanto ms tiempo ha continuado sin alcanzar una solucin. No estoy sugiriendo que el remedio sea necesariamente la unidad rabe bajo la forma de una nacin pan-rabe con derecho a la autodeterminacin, ni que haya nada que tericamente debera mantenerse para la creacin de una entidad as. Tampoco estoy sugiriendo que nuestra bsqueda de soluciones para la causa rabe debera derivar de su raison dtre desde la necesidad de asegurar una solucin justa para la causa palestina, o incluso del deseo de evitarnos ms visiones de funcionarios rabes pendientes de cada palabra que Sharon pronuncia. Eso sera como decir que se debera otorgar a las mujeres palestinas la igualdad con los hombres porque lucharon junto a ellos contra la ocupacin o porque fortaleceran la sociedad en su lucha contra Israel. Las mujeres deben gozar de igualdad con los hombres porque la igualdad es un valor humanitario cuya realizacin es esencial para la realizacin de otro valor humanitario que es la justicia social. De igual manera, aunque pueda no haber una solucin justa para la causa palestina si no hay una solucin para la situacin rabe, nuestra actitud debera ser la de que la situacin rabe debe resolverse en aras de la consecucin de la justicia, la libertad y la democracia en las sociedades rabes.

Los intentos actuales de normalizar relaciones con Israel, y el espectculo de los dirigentes rabes jaleando a Sharon como a un nuevo De Gaulle, no son tanto sntomas de la traicin rabe al pueblo palestino como manifestaciones de la condicin rabe. Despus de todo, no hay un contrato de matrimonio entre los gobiernos rabes y el pueblo palestino. La solidaridad oficial con el pueblo palestino ha sido un mito no menor que la solidaridad entre los gobiernos rabes. Los regmenes rabes han ido variando en gran medida su consideracin de la causa palestina. Su enfoque ha fluctuado entre la cnica explotacin demaggica para acallar las voces que pedan reformas democrticas y sociales en casa hasta la sincera creencia de que la causa palestina es la causa central rabe, una creencia que se elev virtualmente al rango de ideologa. Sin embargo, en sus fluctuaciones entre lo cnico y lo sincero, lo oportunista y lo ideolgico, lo pragmtico y lo romntico, los regmenes han sido siempre muy sensibles ante la profundidad de la solidaridad popular con la causa palestina. La solidaridad del pueblo rabe con los palestinos fue a la vez objetivamente importante y subjetivamente compensatoria. El pueblo rabe simpatiz con los palestinos porque tambin se identificaban estrechamente con ellos. Al mismo tiempo, el apoyo popular a la causa palestina se convirti en la moneda de cambio legtima por la que los pueblos rabes podran expresar sus protestas contra el status quo. La legitimidad de la retrica de la causa rabe, que facult a los gobiernos para que exportaran las contradicciones domsticas y para que los pueblos trasladasen sus sufrimientos a la liturgia palestina, sirvi con mucho la misma funcin que la retrica religiosa oficial y que las mezquitas cumplen en otros contextos.

La causa palestina no va a poder representar su funcin por ms tiempo. En primer lugar, porque al depender de la buena voluntad estadounidense como nica estrategia para sobrevivir, se ha convertido en parte de la miseria general de la condicin rabe a la vez que ha perdido toda su anterior venerabilidad. La causa palestina ya no se sita ms all de la diversidad de crticas que se dirigen contra los liderazgos rabes y que anteriormente podan absorber y eludir. En segundo lugar, la situacin rabe se ha ido tan fuera de control que las contradicciones que en un tiempo se ocultaron tras la causa palestina la han desbordado ya en la violencia de su expresin y, consecuentemente, en la atencin que estn atrayendo tanto a nivel regional como internacional. La difcil situacin rabe haba sido siempre fundamental para la situacin palestina. Pero al menos en un punto esta realidad no era mera apariencia excepto ante la lente de un anlisis crtico, y ahora ha quedado expuesta en toda su autntica fealdad. Israel ha proclamado siempre que el punto capital del conflicto rabe-israel no era la causa palestina sino la naturaleza de los regmenes rabes y, evidentemente, EEUU haba abrazado esta postura. Esta perspectiva necesita ser razonada. En efecto, la naturaleza de los regmenes rabes es el punto central del conflicto en cada pas rabe. El punto central del conflicto con Israel es por supuesto la causa palestina, que se integra en una causa rabe ms amplia; y por eso, debe continuar siendo tenida en cuenta, pero separar las dos es preparar el terreno para un arreglo que se doblega ante los dictados israeles y los de los equilibrios polticos.

Si tiene que haber democratizacin y modernizacin en el mundo rabe, aqullos que emprendan esas tareas deben comprender que hay, en efecto, una causa rabe. Esta comprensin conforma una de las diferencias esenciales entre la agenda de los rabes demcratas y la agenda de las fuerzas colonialistas y sus seguidores locales. La solucin a la causa rabe no es necesariamente la unidad rabe, especialmente si tal unidad no es democrtica o no se construye a base de entidades autnticamente democrticas. Sin embargo, cualquier solucin requiere el reconocimiento de una forma de gobierno rabe que reemplace a las formas de gobierno sectarias, sub-regionales y basadas en el parentesco. Si el resultado es una forma de federacin o de otro orden consensuado supranacional, que puede incluso incluir a partidos no rabes, es fundamental reconocer una forma de gobierno rabe.

La presente situacin rabe se ha hecho explcita en una declaracin oficial estadounidense, entregada mediante una flagrante invasin militar, cuyo texto explica que los pueblos rabes deben deshacerse de cualquier nocin de cultura poltica pan-rabe y quizs, tambin, de cualquier forma de unin poltica que una a las naciones y pueblos rabes, reemplazndolas por un sectarismo poltico oficialmente institucionalizado.

La condicin rabe es tambin representada por el estado rentista. Tales estados se caracterizan por una fuerte dependencia de las remesas del extranjero o por la venta de productos, como petrleo, mano de obra o servicios polticos y por una mnima inversin de los ingresos obtenidos en el desarrollo de sus sociedades. Ser estado rentista es una forma de vnculo social que los rabes reconocen y que han aceptado hasta adoptarlo como lazo poltico. El petrleo es un obstculo formidable para conseguir un desarrollo democrtico que sirva como base para superar el feudalismo y el atrincheramiento poltico del estado autoritario dentro de los vnculos colonialistas en los que se han situado.

Una tercera caracterstica de la condicin rabe es la virtual y total dependencia de los regmenes rabes de EEUU, de igual forma que haban sido antes dependientes de Gran Bretaa y de Francia en los aos cuarenta del pasado siglo. Por supuesto, el nombre del embajador estadounidense es ms conocido en cualquier pas rabe que los nombres de algunos de sus ministros.

Finalmente, la condicin rabe ha quedado exhibida con el cambio en los intentos de los regmenes de hacer una oferta mejor a los palestinos en su retrica revolucionaria ante su adhesin a la normalizacin con Israel en trminos de no vamos a ser ms palestinos que los mismos palestinos. La normalizacin no es tanto un problema palestino como un reflejo del problema rabe, al igual que todas las caractersticas que he citado anteriormente, adems de la falta de democracia y la falta de justicia en otros contextos.

Texto original en ingls: www.weekly.ahram.org.eg/2005/733/op11.htm



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