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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2016

Involuciones

Atilio A. Boron
Rebelin


Con el cambio de gobierno, la Argentina ha experimentado un doble trnsito involutivo. Por un lado, desde una democracia capitalista -con todas las insalvables limitaciones que el capitalismo impone a la democracia, sobre todo en la periferia del sistema- a un rgimen semi-autoritario o, para decirlo con palabras un poco ms amables, a una democracia de baja intensidad; por el otro, una transicin desde un estado soberano a otro de carcter semi-colonial, presto a obedecer los mandatos emanados de Washington alinendose incondicionalmente con la poltica exterior de Estados Unidos.

En relacin a la primera involucin los gestos y las decisiones polticas adoptadas por la Casa Rosada han sido de una elocuencia ejemplar y sera ocioso enumerarlos en su totalidad. Baste en cambio sealar apenas los ms importantes: la autocrtica pretensin de designar por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) del Poder Ejecutivo a dos jueces de la Corte Suprema; la aplicacin de una brutal terapia de shock para sincerar la economa argentina, eufemismo acuado para ocultar el saqueo del tarifazo, la cada del salario real, el aumento del desempleo, la disparada inflacionaria y el vertiginoso crecimiento de la pobreza; la escandalosa transferencia de ingresos realizada en los primeros meses del gobierno, calculada en poco ms de 20.000 millones de dlares producto de la eliminacin de las retenciones (impuesto a las exportaciones) del agronegocio, la minera y los hidrocarburos.

En el terreno poltico se registra un debilitamiento del impulso democrtico cuando se toman decisiones trascendentales sin un previo debate pblico y en funcin de criterios supuestamente tcnicos. Un gobierno que se impuso en el balotaje con un exiguo 51.4 % de los votos y que acta como si su legitimidad de origen reposara sobre un mandato popular conferido por el 70 % o ms de los electores, sin reparar que se yergue sobre un pas partido en dos y que la bsqueda del dilogo y el consenso tantas veces pregonado por los personeros de Cambiemos durante la campaa electoral es un imperativo categrico que fue velozmente archivado una vez que Mauricio Macri llegara a la Casa Rosada.

El caso de los desorbitados aumentos en los precios de los servicios esenciales como el agua, la electricidad, el gas y el transporte impuestos sin las necesarias audiencias pblicas previas que establece la legislacin argentina ilustra con elocuencia lo que venimos diciendo. Es cierto que, en algunos casos, ante el descontento popular y los lmites impuestos por fuerzas polticas de la oposicin el gobierno se avino a revisar sus propuestas. Pero sus intenciones originales eran otras, y si acept la negociacin democrtica lo hizo a regaadientes y porque no tena otra alternativa. Por otra parte, la misma composicin del elenco gobernante con una significativa presencia de CEOs de grandes transnacionales echa luz sobre el carcter oligrquico del gobierno, que se ve ratificado no slo por el origen social de los supuestos representantes de la voluntad popular encumbrados en las alturas del aparato estatal sino fundamentalmente por las polticas que promueven que, al menos hasta el momento, slo han beneficiado a las clases dominantes y perjudicado a todas las dems. Involucin autoritaria que se confirma tambin cuando se nota la asfixiante uniformidad comunicacional (salvo muy contadas excepciones) que hoy sufre la Argentina debido al DNU 267 de Macri que derog parcialmente la Ley de Medios manotazo presidencial lamentablemente convalidado despus por la Cmara de Diputados- cuyo objetivo era precisamente la democratizacin de la esfera pblica.

Por eso, episodios tan graves como los que revelaron los Panam Papers, y que comprometen la propia figura presidencial, han sido meticulosamente blindados ante los ojos de la poblacin por un sistema de medios cuya misin parece ser manipular o confundir a la opinin pblica en lugar de informarla. La voluntad de imponer el pensamiento nico amparado por el oficialismo se manifest en la eliminacin de la grilla de los canales de cable de la seal noticiosa internacional de TeleSUR, condenando a los argentinos a escuchar tan slo lo que el imperio considera apropiado, coartando de raz cualquier posibilidad de contraponer hechos e interpretaciones alternativas. Por comparacin al pluralismo de voces y opiniones que hasta hace pocos meses exista en la Argentina, que sin dudas no era el ideal por el aplastante predominio que an as conservaban los medios hegemnicos, la situacin actual no puede sino calificarse como un lamentable retroceso que empobrece la conciencia de la ciudadana y carcome la vitalidad de la democracia porque sta adquiere una existencia meramente espectral cuando lo que predomina en el sistema de medios es una sofocante oligarqua comunicacional.

En esta tendencia se inscribe la ms reciente decisin del gobierno nacional derogando parcialmente, tambin por un DNU, un decreto del Presidente Ral Alfonsn del ao 1984 que consagraba el control civil de las fuerzas armadas. Segn el mismo era el Ministerio de Defensa quien entenda y resolva todo lo relativo a los ascensos, traslados, designaciones, premios y otras cuestionesrelativas al funcionamiento de las instituciones militares. La supremaca civil sobre las fuerzas armadas es una de las seas distintivas de la democracia y lo que, hasta ahora, distingua a la Argentina del resto de los pases de la regin. Lo que hace el DNU de Macri es debilitar esa supremaca y alentar la autonoma corporativa de los uniformados, lo que acercara la Argentina a la triste situacin imperante en pases como Brasil y Chile, en donde las iniciativas de verdad, justicia y castigo a los responsables de los crmenes perpetrados por las dictaduras se estrellaron contra el veto del establecimiento militar.

La segunda involucin es la que se produjo cuando el gobierno abandon cualquier pretensin de autonoma en materia de poltica exterior haciendo suya la agenda, las prioridades (y los conflictos!) de los Estados Unidos. La Argentina ya intent probar las virtudes de la sumisin neocolonial en los nefastos aos noventas, durante la presidencia de Carlos S. Menem y as nos fue. Sin recibir nada a cambio, ningn beneficio especial como recompensa a tanta obsecuencia oficial, se pag un precio atroz por tanta obsecuencia: 106 personas perdieron la vida en los dos atentados en contra de la Embajada de Israel y la AMIA, en represalia por la participacin argentina en la Primera Guerra del Golfo. Por qu la historia habra de ser diferente esta vez? La vociferante ofensiva en contra de una poltica exterior latinoamericanista -la nica sensata en un sistema internacional atravesado por amenazantes turbulencias- que se expresa en la desercin del macrismo frente a proyectos como los de la UNASUR y la CELAC nada bueno presagia para el tan cacareado como enigmtico regreso al mundo de la Argentina.

Precisamente, una insercin fecunda en l slo ser posible desde una postura de autonoma -por supuesto que siempre relativa- que preserve los intereses nacionales y no desde una condicin de sumiso pen en un peligroso tablero mundial cuyas fichas el emperador mueve a su antojo, y solamente atendiendo a sus propios intereses y no a los de sus serviles vasallos. En las ltimas semanas esta actitud ha sido atemperada, por razones oportunistas, debido a que la postulacin de la actual canciller Susana Malcorra a la Secretara General de la ONU requiere un cierto consenso entre los pases del rea y otros del Tercer Mundo, algo imposible de lograr si con tono desafiante se exaltan las virtudes del alineamiento automtico con Estados Unidos. Pese a la mayor cautela en la retrica primermundista las incorrectas decisiones de fondo del gobierno de Macri siguen en pie. La adhesin a la Alianza del Pacfico slo puede traer renovadas dificultades para la Argentina, lo mismo que el eventual ingreso al Acuerdo Transpacfico de Cooperacin Econmica (TPP, por su sigla en ingls), habida cuenta de que ambas iniciativas fueron diseadas por Washington con un claro propsito geopoltico: contener y, de ser posible, revertir la creciente gravitacin de China en la economa y la escena internacionales. Pero el gigante asitico es uno de los dos principales socios comerciales y financieros de la Argentina, por lo cual asociar este pas a acuerdos concebidos con tal objetivo difcilmente puede servir para mejorar los vnculos entre Beijing y Buenos Aires.

Tampoco servir para robustecer las relaciones con Rusia, un importante foco de poder en el cambiante sistema internacional. Por otra parte, a nadie se le escapa que el TPP, que es el proyecto ms ambicioso, ha despertado crecientes resistencias en buena parte del mundo. Y que la Alianza del Pacfico es una inverosmil creacin estadounidense que congrega a cuatro pases: Mxico, Colombia, Per y Chile que mantienen tenues vnculos comerciales entre s, con lo cual sus motivaciones geopolticas anti-chinas afloran con inusitada transparencia y no han pasado desapercibidas para los gobernantes de la China. Pases, adems, en donde dos de ellos, Mxico y Colombia, han sido devastados por el narcotrfico que ha infestado todos los estamentos de la vida estatal. No parece una buena opcin para la Argentina subirse a un vehculo tripulado por semejantes actores.

Pese a estos antecedentes, subsiste en el gobierno la ilusoria y suicida creencia de que con la sumisin al imperio este pas se ver favorecido por una lluvia de inversiones externas. El abandono de una poltica exterior independiente -que por serlo ha generado la permanente animosidad de los Estados Unidos desde la poca del Congreso Anfictinico de Panam, en 1826- slo puede traer nuevos infortunios a la Argentina. Para los muchos y muy diversos enemigos que Washington tiene en los cinco continentes el nuevo e indefenso aliado sudamericano ser un blanco fcil de atacar, mientras que la burguesa imperial jams estar dispuesta a recompensar a su voluntario pen con la magnanimidad que el ocupante de la Casa Rosada imagina. No lo hizo con Mxico ni con los otros integrantes de la Alianza del Pacfico, y menos lo har con la lejana e impredecible Argentina. Para concluir, este doble trnsito hacia el semi-autoritarismo y la semi-colonia nada bueno augura para el futuro de este pas.

 


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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