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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2016

Cajas chinas, muecas rusas

Miguel Casado
El Norte de Castilla


Trabajando en una expedicin geolgica por la orilla izquierda del Angar, en 1944 cuenta Lev Gumilev, encontr un mojn de pino descortezado de una longitud de tres metros. En l haba un pjaro de unos veinte centmetros grabado a cuchillo. Segn la explicacin de los ketos, se trataba del signo chamn del alma, realizado para proteger el lugar de los espritus malignos. Toda la fuerza de esa defensa estaba encerrada, segn sus palabras, en el pjaro. Se trata de una zona al norte del Lago Baikal; los ketos son aborgenes de la taiga siberiana. Gumilev encontr su camino como historiador y etnlogo en las sucesivas prisiones y deportaciones que padeci en Asia Central y Siberia; su pasin qued all fijada, fijado su afecto por los nmadas de esas estepas; hoy la principal universidad de Kazajstn lleva su nombre. Se cuenta que, al llegar en 1956 a la estacin de Leningrado desde la estepa kazaja, libre al fin tras veintids aos de persecuciones, llevaba una caja de madera con hojas de papel rstico y desigual, reciclado de los sacos de abastecimiento del campo; eran los manuscritos de sus dos primeros libros, Los hunos y Los antiguos turcos. S, Gumilev es un personaje marcado por el relato sobre su destino, el que sufrieron tantos, ausente protagonista de aquella mtica escena en que su madre, la poeta Anna Ajmtova, ofrece su voz para contar lo que est viviendo junto a otras madres de presos en la cola ante la crcel, y as escribe su memorable Rquiem: De madrugada vinieron a buscarte. / Yo fui detrs de ti como en un duelo. / Lloraban los nios en la habitacin oscura / y el cirio bendito se extingui. / Tenas en los labios el fro del icono / y un sudor mortal en la frente. No olvidar. Su padre, el poeta Nikoli Gumilev, haba sido fusilado en 1921, acusado de conspiracin.

 

Un solo libro, aunque monumental y especialsimo, hay en castellano de la labor investigadora de Lev Gumilev, La bsqueda de un reino imaginario, en el que una sabidura inabarcable (climatologa, geografa, historia de las religiones, filologa de las lenguas ms diversas, un mosaico de culturas en movimiento a travs de un milenio...) se aplica al anlisis de un rumor que recorri Europa hacia la mitad del siglo XII: la existencia de un reino cristiano en el centro de Asia, el del Preste Juan. Tuvo este rumor poderosa capacidad de irradiacin, condicion estrategias polticas y militares u origin embajadas transcontinentales, hasta llegar a nosotros con su misterio casi intacto. Gumilev va dibujando una polidrica imagen de los nmadas de la zona, siguiendo la pista de quienes profesaban la religin nestoriana; doctrina que escinda las personas humana y divina de Cristo, condenada en feso el ao 431, alcanz singular fortuna en el corazn de Asia durante nueve siglos. Acerca Gumilev su foco a pueblos turcos como los uigures, o mongoles como los keraitos; busca personajes que pudieron haber encarnado la figura del rey-sacerdote, y concluye que la revolucin social e institucional emprendida por Gengis Kan cort el paso a cualquier hipottico proyecto poltico nestoriano. El genio de Gumilev se afila al mirar de cerca: cuando reinterpreta la Historia secreta de los mongoles como panfleto de un partido, o descubre la accin de un agente doble en el ascenso del gran kan, o identifica la religin negra de los mongoles con el bon, ancestral culto tibetano.

Sin embargo, la silueta del pjaro en el mojn de pino no queda as conjurada. El vvido detalle lo da una nota a pie de pgina cuando el autor encuentra, en un poema medieval ruso, otra imagen, el rbol del pensamiento, y es ella la que trae su recuerdo siberiano, la que le sugiere vas de acceso entre mundos distintos, la inmanencia de otro ser. Gumilev lo formula ah, pero esta vibracin, esta clase de presencia imprecisa, no haba dejado de latir en su obra. Y recuerdo yo Larrire-pays, de Yves Bonnefoy (el traspas traduca Ferdinand Arnold, aprovechando el trmino canario): otro pas que se siente vibrar y ha de estar oculto en alguna parte, la inquietud de su deseo en cada encrucijada, ilocalizable en los mapas aunque nunca se renuncie a buscarlo, frmula de un reconocimiento personal siempre aplazado. Bonnefoy evoca un libro ledo de nio, que no volvi a encontrar, En las arenas rojas: en l un arquelogo cruza el desierto de Gobi, la visin fugaz de una muchacha le lleva a recorrer las galeras subterrneas donde perviva una ciudad romana y sus habitantes, vanguardia de un mundo perdido. No volvi a encontrar el libro, pero no dej de buscar en Armenia, en el Tbet, en Mongolia, en Italia ese pas, que para l era la sntesis del ser en la categora del espacio.

Es esta nostalgia la que conduce a la bsqueda de un reino imaginario, levanta uno a uno los estratos de su posibilidad para encontrar siempre otro debajo cajas chinas, muecas rusas. Es la imagen de Paul Pelliot en 1908, en las montaas de Dunhuang, cuando se le abre la gruta abarrotada de manuscritos antiguos y se sumerge en ellos, al febril ritmo de un millar por da. O el peregrino budista que, en las montaas de Wutai en el siglo VII, tuvo la dicha de que el propio Manjushri, el Bodhisatva de la Sabidura, le abriera la gruta diamantina que guardaba su biblioteca infinita. Y quiz el viaje es este: no la caja china diminuta ni la menor de las muecas rusas, sino el trmino abierto, rbol del pensamiento, otro pas siempre ms all.

Lecturas. L.N.Gumilev, La bsqueda de un reino imaginario. Traduccin de Evgueni Agaltsev y Raquel Rib. Barcelona, Crtica, 1994.

Anna Ajmtova, Marina Tsvetieva, El canto y la ceniza. Traduccin y seleccin de Monika Zgustova y Olvido Garca Valds. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2005. El libro secreto de los mongoles. Traduccin de Jos Manuel lvarez Flrez. Barcelona, Muchnik, 1985.

Yves Bonnefoy, Larrire-pays, Ginebra-Pars, Skira-Flammarion, 1972. (Hay una edicin reciente en castellano, con el ttulo El territorio interior, traduccin de Ernesto Kavi, Sexto Piso. Los fragmentos traducidos por Ferdinand Arnold aparecieron en la revista Sintaxis, n 20-21, La Laguna, 1989.)

(Este texto ha sido publicado en La sombra del ciprs, suplemento del diario El Norte de Castilla)



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