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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-06-2016

A propsito del rechazo a un reconocimiento acadmico a Miguel ngel Beltrn
Infamia tras infamia en la Universidad Nacional

Renn Vega Cantor
Rebelin


Nuestros catedrticos () son conservadores definidos o conservadores potenciales, reaccionarios activos o reaccionarios latentes, que, en poltica domstica, suspiran impotente y nostlgicamente por el viejo orden de cosas. Mediocres mentalidades de abogados, acuadas en los alvolos ideolgicos del civilismo; temperamentos burocrticos, sin alas y sin vrtebras, orgnicamente apocados, acomodaticios y poltrones; espritus de clase media, ramplones, huachafos, limitados y desiertos, sin grandes ambiciones ni grandes ideales, forjados para el horizonte burgus de una vocala en la Corte Suprema, de una plenipotencia o de un alto cargo consultivo en una pinge empresa capitalista. Estos intelectuales sin alta filiacin ideolgica, enamorados de tendencias aristocrticas y de doctrinas de lite, encariados con reformas minsculas y con diminutos ideales burocrticos, estos abogados, clientes y comensales del civilismo y la plutocracia, tienen un estigma peor que el del analfabetismo; tienen el estigma de la mediocridad.

Jos Carlos Maritegui, La crisis universitaria. Crisis de maestros y crisis de ideas, en Temas de Educacin, Obras Completa, Tomo 14, Editorial Amauta, Lima, 1982, p. 83


El 17 de mayo se present en la Universidad Nacional de Colombia, en su sede de Bogot, un hecho bochornoso por parte de un grupo de acadmicos de la Facultad de Ciencias Humanas, quienes hicieron pblica una carta en la que se oponan a un reconocimiento otorgado a Miguel ngel Beltrn Villegas por sus aportes intelectuales. Un poco de memoria histrica reciente sirve para ubicar esta infamia en un contexto ms amplio y recordar otras infamias, las cuales nos producen una pena infinita por la triste suerte de la que alguna vez, cada da ms lejano, fue la mejor universidad de este pas y epicentro del pensamiento independiente.

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En una maniobra conjunta entre los gobiernos de Mxico y de Colombia, el 22 de mayo del 2009 fue secuestrado el profesor Miguel ngel Beltrn, que se encontraba adelantando estudios de posdoctorado en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM). En una accin tpica del terrorismo de Estado y con la intencin de revivir el tenebroso Plan Cndor, impulsado por las dictaduras del Cono Sur en las dcadas de 1970-1980 que en Argentina se acaba de catalogar como una asociacin ilcita para la desaparicin de personas y fueron condenados a penas de entre doce y veinticinco aos quince de sus integrantes, entre ellos el ex presidente-dictador Benito Bignone de Argentina, los regmenes de lvaro Uribe Vlez y de Felipe Caldern procedieron a efectuar ese secuestro. Como resultado de esa accin criminal e ilegal, que violaba tanto la legislacin existente y elementales derechos humanos, el profesor Beltrn fue golpeado, introducido en un avin y trado a Bogot, donde fue presentando como un peligroso terrorista, que inmediatamente debi soportar los abusos del terrorismo meditico, con sus consabidas calumnias y mentiras, sin derecho a defenderse y fue recluido en una crcel de alta seguridad.

Las autoridades acadmicas de la Universidad Nacional de Colombia no rechazaron el ominoso secuestro, maltratos y torturas fsicas y sicolgicas como lo confirm Medicina Legal que tras su ingreso, secuestrado, al pas le concedi 12 das de incapacidad, que el Juez de Garantas (sic) no respet y al otro da legaliz una captura ilegal infringidos a un profesor e investigador vinculado a su planta de personal. Los directivos de la UN fueron, por su postura cobarde y acomodaticia, cmplices de ese secuestro. No defendieron de ninguna manera la autonoma universitaria, uno de cuyos principios fundamentales radica en distanciarse de los gobernantes de turno, ejercer su derecho a criticar y oponerse al poder y a la injusticia, mxime cuando esta afecta en forma directa a uno de sus miembros, que ha sido vctima de procedimientos ilegales, como el secuestro y la detencin arbitraria.

2

Durante el tiempo que Miguel ngel Beltrn permaneci encarcelado, la Universidad Nacional no le prest ninguna asesora jurdica ni legal, ni apoy su defensa, con la excepcin de algunos docentes que organizaron varios foros de solidaridad. Pero, en general, en esa universidad imper el silencio y el olvido.

En primera instancia y tras una brillante defensa y una denuncia del Estado terrorista en Colombia, Miguel ngel Beltrn fue declarado inocente, recuper su libertad y se reintegr a su cargo como profesor en el Departamento de Sociologa. Desde ese momento qued claro que era un personaje incmodo al que sus brillantes colegas, distinguidos acadmicos e investigadores, vean como un estorbo, al que ni siquiera la mayora de ellos quera saludar.

3

En septiembre de 2013, el Procurador General de la Nacin destituy a Miguel ngel Beltrn, basndose en los infundios y mentiras que supuestamente se extraan del computador mgico de Ral Reyes. El Procurador, un individuo intolerante, inquisidor, destructor de libros, procedi a destituir al profesor de la Universidad Nacional acusndolo de haber escrito documentos oficiales para las Farc de tinte revolucionario y divulgar el pensamiento de ese grupo insurgente en eventos internacionales, as como de invitar a los estudiantes a que se unieran a las filas de las Farc, pretendiendo adems crear un centro de investigacin de este grupo armado ilegal. En su pliego de cargos el Procurador-inquisidor seala que Miguel ngel Beltrn de manera razonable conoci cada paso que dio, coloc al servicio de su actuar ilegal toda intencin, su conocimiento y voluntad en aras a verificar el resultado reprochablei El fallo del Procurador no fue jurdico ni legal, sino esencialmente poltico, ya que se est persiguiendo la libertad de pensamiento, de investigacin y de opinin, que son, hay que recordarlo, uno de los puntales de la libertad de ctedra que caracterizan a la universidad pblica.

Con una postura inquisitorial, el Procurador Alejandro Ordoez lo que condena es la investigacin libre sobre ciertos temas que el bloque de poder contrainsurgente del que ese individuo cavernario y santurrn forma parte considera vedados, como el del conflicto armado interno; pero no solo los temas sino un enfoque que no comparte los lugares comunes y las falsas verdades de tanto violentologo de ocasin, ligado en forma directa o indirecta con ese bloque de poder contrainsurgente.

La complicidad de las directivas de la UN con la Procuradura fue evidente tras la sentencia final de destitucin, y cuando aqullas habran podido recurrir a la defensa de su autonoma para proteger a uno de sus profesores. En lugar de eso, ciertos juristas de la UN asesoraron al rector para que este destituyera a Miguel ngel Beltrn, con el fabuloso argumento de que acatar esa decisin era la mejor forma de defender el Estado de derecho. No extraa, con esa lgica, que Rodrigo Uprimy, haya respaldado la decisin del Rector al decir que era la nica alternativa jurdica que tenaii. Claro, cuando no se defiende la autonoma universitaria, sino que se pliegan a las arbitrariedades de diversos rganos del Estado, no quedan alternativas y se prefiere renunciar a la defensa de los miembros de la comunidad universitaria, mxime cuando son perseguidos polticos.

De esa forma, fue expulsado Miguel ngel Beltrn por las altas autoridades acadmicas de la UN, cuyo rector, conocido por la ilegitimidad en su cargo nombrado a dedo por el Consejo Superior en dos ocasiones contra del sentir de la comunidad universitaria se atrevi a decir, sin vergenza alguna y faltando a la verdad que a aqul se le otorgaron tres aos de comisin remunerada en Mxico para que estuviera fuera del pas. Adems, se le dieron dos aos de licencia. Es decir, de los ocho aos que estuvo vinculado con la universidad, ni siquiera el 50 por ciento ha estado activo dentro de la institucin. Cuando fue deportado tambin se lo apoyiii. Segn este infundio, durante los dos aos que Miguel ngel Beltrn permaneci en prisin estaba disfrutando de una Comisin concedida por la UN, cuando lo cierto es que los directivos de esta institucin lo dejaron abandonado a su propia suerte.

4

Otra infamia se consum poco despus de la destitucin y suspensin durante 13 aos para ejercer cualquier cargo pblico a Miguel ngel Beltrn por parte de la Procuradura. As, en diciembre de 2014, en segunda instancia la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogot lo conden a pagar 100 meses de prisin por el delito de rebelin. Esa condena se basa, segn la Fiscala, en los documentos que se encontraron en el computador del jefe guerrillero alias Ral Reyes, abatido el 2 de marzo de 2008 en la frontera entre Colombia y Ecuadoriv, lo que demuestra la altura y seriedad de la justicia colombiana.

Una cosa que no puede pasar desapercibida es que la justicia decidi proceder en la forma que lo hizo, aupada por la pasividad y complicidad de la UN para defender al profesor Beltrn. Si esta no lo resguard, como le corresponda y cuando poda haber actuado amparndose en el derecho a la autonoma, era obvio que los perseguidores de Miguel ngel Beltrn tendran ms razones para hacerlo y lo haran con ms saa, sin ningn tipo de oposicin a la vista, como lo han hecho. Porque si los acadmicos y colegas del profesor secuestrado, torturado, perseguido, destituido y condenado no lo defendan y, en lugar de utilizar su conocimiento y formacin acadmica para argumentar a favor de una persona asfixiada por el terrorismo de Estado colombiano, apoyaban esa persecucin, era obvio que ese comportamiento cnico y cmplice le daba ms alas a los inquisidores, como en efecto ha sucedido.

5

Y ahora, viene la nueva infamia, protagonizada por respetados, prestigiosos y bienpensantes acadmicos e investigadores. Miremos cmo se lleg a ella, porque esos detalles son importantes y sirven para sopesar la mediocridad, envidia y bajeza de ciertos acadmicos de la Universidad Nacional.

La Decanatura de la Facultad de Ciencias Humanas, dirigida por Ricardo Snchez quien con sus actuaciones en defensa de Miguel ngel Beltrn si ha dignificado a la UN con motivo de conmemorarse los cincuenta aos de la misma decidi condecorar a miembros de la comunidad universitaria que la han enaltecido con sus obras, realizaciones e investigaciones, como estudiantes, egresados, profesores o trabajadoresv. Para comunicar la decisin la decanatura envi un correo electrnico interno a las unidades acadmicas y a sus profesores el 17 de mayo, en la que sealaba que Miguel ngel Beltrn iba a recibir una condecoracin en su calidad de profesor. Fue un lapsus, que a los dos das, el 19 de mayo, esa decanatura se encarg de corregir, indicando que a Miguel ngel Beltrn se le iba a otorgar una distincin como egresado de la Facultad de Ciencias Humanasvi.

Antes de la aclaracin, y apenas conocieron la comunicacin un grupo de profesores de esa facultad (32 en total), dio a conocer una carta pblica en la que manifestaba su desacuerdo con esa distincinvii. A continuacin nos referimos a ese lamentable documento.

a) Sin argumentos acadmicos

Ese texto constituye una verdadera antologa de la mediocridad, porque en ella no se esboza ni un solo argumento acadmico o intelectual, para oponerse al reconocimiento que se le confiere al profesor Beltrn. Esto nos lleva a preguntarnos si alguno de ellos ha ledo (bueno no seamos tan exigentes, si ha hojeado) alguno de los tres libros escritos por Miguel ngel Beltrn, en y sobre la crcel, en los ltimos siete aos. Porque lo que se espera de prestigiosos acadmicos e investigadores, entre los cuales hay socilogos, antroplogos, historiadores, pedagogos, filsofos, es que sus opiniones y refutaciones estn sustentadas en argumentos, que se basan en el conocimiento de lo que escriben a los autores que critican, en este caso el profesor Beltrn.

Quedan serias dudas de que se haya confrontado la produccin intelectual de la persona a la que se le niega la distincin acadmica para aumentar la ofensa, que se encuentra privado de su libertad fsica e intelectual cuando se lee la carta en cuestin. No existe argumentacin acadmica en esta carta, ni aparecen razones plausibles y sustentadas que demuestren que Miguel ngel Beltrn no tiene idoneidad, ni seriedad investigativa y, por tanto, carece de mritos para recibir la distincin de la Facultad de Ciencias Humanas. Este vaco genera una pregunta: Es la lectura el fuerte de estos acadmicos, cuando no aluden a la produccin intelectual de la persona a la que se objeta?

Que los objetores de la distincin a Miguel ngel Beltrn carecen de argumentos y que no leen a quienes critican ha quedado fehacientemente demostrado en las sesudas intervenciones que dos de los redactores de la carta han hecho en algunos medios de comunicacin. Por ejemplo, Fabin Sanabria, ms all de las objeciones acadmicas, cuestiona las publicaciones insignificantes del profesor Beltrn sobre el conflicto colombiano. En forma textual seal: En efecto, Miguel ngel Beltrn, ni en su monografa de pregrado, ni en sus posgrados, ni siquiera en su doctorado hizo tesis sobre este tema, con excepcin de descripciones sobre el movimiento estudiantil y la sociologa, como s ha sido el caso, desde hace 30 aos, de un acadmico del departamento de Sociologa Fernando Cubides, experto en el conflicto colombiano. Luego asegur que en cuanto al homenaje de la Facultad, el decano saliente, Ricardo Snchez, incluy a Beltrn en el listado de activos como un "desagravio". Pero agreg- tampoco est de acuerdo en reconocerlo como ilustre egresadoviii.

Esta es una clara demostracin de ruindad, envidia, mediocridad e ignorancia ilustrada que es la peor de todas y confirma que estos acadmicos no leen ni estudian porque lo que con insolencia Fabin Sanabria denomina insignificantes publicaciones hace referencia a una obra amplia y consistente entre la que se encuentran los siguientes libros: La vorgine del conflicto colombiano: una mirada desde las crceles; crnicas del otro cambuche; y Las FARC-EP (1950-2015): luchas de ira y esperanza. La ignorancia, cuando se dispone de medios que amplifican las mentiras, s que es atrevida, puesto que Miguel ngel Beltrn en sus trabajos de grado ha estudiado diversas manifestaciones del conflicto colombiano (como puede constatarse en su cvelac, disponible en Internet, y cuya consulta no requiere mayor esfuerzo ni supone gastar ms de dos minutos). Para ms claridad de los lectores y para que queden en evidencia las falsedades y estupideces que dice el sabelotodo Fabin Sanabria los trabajos de grado de Miguel ngel Beltrn han sido los siguientes: La violencia en los llanos orientales (1949-1953), tesis de grado en Licenciatura en Ciencias Sociales, Universidad Distrital, 1987; La oposicin al Frente Nacional (1958-1974), Tesis de Sociologa, UN, 1991; Los orgenes del MRL (1957-1961), Tesis en Maestra en Sociologa Poltica, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1994ix. Estos trabajos, como lo puede notar cualquier persona que tenga una idea elemental sobre la historia contempornea de nuestro pas, demuestran una preocupacin constante sobre el conflicto colombiano, como lo indican los temas mencionados en las tesis. Quedan en evidencia las mentiras de Fabin Sanabria, en el sentido que Miguel ngel Beltrn no habra elaborado tesis de grado sobre esos temas y solamente se habra limitado a hacer descripciones sobre el movimiento estudiantil y la sociologa. Esta es otra veta de su trabajo investigativo, que no puede ser descalificada con el olmpico desdn con el que pontifica ese tertuliano ignorante que es Fabin Sanabria.

De paso, esto indica la altura humana de un personaje, antroplogo y doctor en sociologa, lo que a mi particularmente no me extraa porque tuve la desgracia de almorzar en varias ocasiones con ese individuo, por all en el ao escolar 1995-1996 en el restaurante de la Universidad Paris 8 (Vincennes-Saint Denis), de lo que recuerdo su racismo a flor de piel (en un antroplogo!), como se evidencia con este hecho, que conservo vivo en mi mente: cuando estbamos en el restaurante y se sentaban cerca de nosotros algunos estudiantes africanos y rabes, Fabin Sanabria tomaba sus platos y nos deca a viva voz vmonos a otra mesa que estos negros son sucios y huelen a feo. Este es el brillante antroplogo, que ahora exhibe en forma impdica su ruindad e ignorancia.

Pero los ejemplos no quedan ah, porque Carlo Tognato, director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional, quien envi una carta oponindose al homenaje, explic que no se mete con el tema de si es culpable o no de los delitos, pues fue una condena en primera instancia, sino que el punto es que en este momento est condenado por un tribunal y destituido por la Procuradura. Y agreg: El hecho de que tenga un doctorado y un posdoctorado no es suficiente para tener una distinguida trayectoria investigativa, hay gente entre los firmantes de la carta que tienen mayor trayectoria investigativax.

Vamos por partes. La primera afirmacin no tiene nada de acadmica, es una apreciacin poltica, que avala, adems, en forma positiva a la justicia colombiana, como si esta fuera creble y respetable. Luego aduce lo que tampoco es argumento acadmico que el hecho de tener ttulos no es sinnimo de trayectoria investigativa. Esto es cierto, pero no viene al caso, porque a Miguel ngel Beltrn no lo condecoraron por sus ttulos (y tiene varios desde pregrado hasta posdoctorado) sino por su trayectoria acadmica e investigativa, es decir, por su labor como profesor y por su produccin intelectual. Sobre esa produccin intelectual y bibliogrfica no dice una sola palabra Carlo Tognato La conoce?, La ha ledo? Sabe de qu est hablando?, y aun as en forma atrevida hace comparaciones con otros investigadores, firmantes de la carta, que tendran ms trayectoria investigativa (se incluye l entre los que merecen ese reconocimiento?). Si Carlo Tognato no menciona la obra de Miguel ngel Beltrn, porque es casi seguro que no la conoce, es una irresponsabilidad intelectual que la subestime y la compare. Adicionalmente, si la persona cuestionada no tuviera los ttulos de doctorado y posdoctorado a los que se refiere Tognato, seguramente habra salido a relucir esa carencia para demeritar la obra de Miguel ngel Beltrn, pero como los tiene recurren al rumor malintencionado de que las obras de este ltimo no son importantes. Que lo demuestre, mediante una lectura y una crtica sistemtica, pero no con suposiciones a la ligera.

Lo peor del caso es que Carlo Tognato se basa un poco en la lgica de tira la piedra y esconde la mano, porque l siendo uno de los redactores principales de la carta en cuestin, ante las reacciones de rechazo que ha suscitado se presenta como una vctima que est siendo acosada y a quien en la UN no se ha comprendido. En efecto, sostiene que las reacciones en la Universidad a la carta abierta nos muestran que los mecanismos de funcionamiento de la sociedad abierta en la Universidad Nacional estn debilitadosxi, supuestamente porque la totalidad de los profesores no aval la visceral reaccin que a travs de ella se expresa contra un miembro de la comunidad universitaria, que ahora es un preso poltico, y recibi un justo homenaje en su calidad de egresado por sus aportes acadmicos e intelectuales. A pesar de que la Decanatura de Ciencias Humanas aclar que el reconocimiento a Miguel ngel Beltrn se confera por su calidad de egresado, sin embargo, Carlo Tognato con mala intencin y premeditacin siembra la cizaa de esta manera:

Queda, por el momento, la duda de si efectivamente la celebracin de los 50 aos de la Facultad de Ciencias Humanas ms grande del pas se desvi de su propsito oficial y acadmico, terminando en la imposicin de un acto poltico en desafo a la institucionalidad del Estado y en desprecio de, o en la total indiferencia hacia, la opinin de quienes en la Universidad se resisten a la imposicin de plataformas polticas e ideolgicas especficas sobre el resto de la comunidadxii.

Y luego de hacer un sealamiento tan irresponsable, en el que avala la institucionalidad del Estado (terrorista y genocida como es el colombiano) y donde critica lo que considera total indiferencia hacia la opinin de los firmantes de la carta, porque le entregaron el reconocimiento al profesor Beltrn, agrega con una postura de auto-victimizacin:

Por haber sentado abiertamente y de manera argumentada su postura, los 32 firmantes han sido sealados como canallas, burros, ruines, odiosos, mezquinos, y elitistas. Dice uno de los firmantes: Estos son los trminos que nos atribuyen, exaltados, varios colegas. Segn ellos, la carta suscrita por nosotros, sin adjetivos ni insultos, llama al conflicto y a la guerra, mientras que sus respuestas, exaltadas, llaman al perdn y al tono que queremos para el postconflictoxiii.

Pues que pena, pero como hemos mostrado en este escrito si de algo adolece la carta en mencin es de argumentos acadmicos y, segn Tognato, en su carta no hay insultos ni adjetivos, como si el sentido profundo de la misma no evidenciara el desprecio y el rechazo a un profesor que form parte del Departamento de Sociologa y se encuentra arbitrariamente detenido, lo cual puede catalogarse como una forma de violencia simblica, que exuda cobarda porque no es un acto muy noble ni gallardo al cado caerle. Pero, en la sociedad colombiana los pjaros le tiran a las escopetas, y quienes proceden en forma mezquina y con envidia se presentan como mansas palomas, que reclaman ptalos de rosas en agradecimiento por sus invaluables aportes a la tolerancia, la reconciliacin y el perdn, como lo muestran los acadmicos en la carta citada y en sus reacciones posteriores, que hemos citado extensamente para que quede claro ante los lectores hasta donde llega su cinismo.

Por ltimo, otro individuo que ha terciado, desde fuera de la UN, pero con los mismos sofismas de los dos personajes mencionados arriba es el columnista de El Tiempo Gustavo Duncan, quien ha escrito un artculo de opinin cuyo ttulo ya es una infamia: Homenaje a las armas, y en el que nuevamente los argumentos acadmicos e intelectuales brillan por su ausencia. Lo que all se hace es una acusacin poltica, como si el columnista fuera un juez que dictamina quien es inocente y quien es culpable, basndose adems en el profundo dictamen del Procurador. Aduce Duncan que

el reconocimiento a Beltrn pareciera estar fundado exclusivamente en su posicin ideolgica y el episodio de su detencin. Qu otra cosa puede deducirse si una rpida bsqueda por internet muestra que el impacto de su produccin acadmica es intrascendente? Las citas de sus textos son pocas, y la mayora remiten a trabajos del nicho del mercado acadmico que ha sido bautizado por sus propios creadores como pensamiento crticoxiv.

Segn este gacetillero no ha sido un homenaje a una obra investigativa y una labor docente, sino a una postura ideolgica y para comprobarlo se basa en un procedimiento que requiere un gran esfuerzo mental, en el que no gast de seguro ms de un minuto, en buscar en internet, para luego determinar, con suficiencia y arrogancia, que la produccin acadmica de Miguel ngel Beltrn no es importante porque all no aparece citado. Es decir, no se juzga por lo que se ha comprobado por sus propios medios, en este caso, mediante una lectura juiciosa, disciplinada y concienzuda de la obra de un autor, sino por lo que aparece en internet. Vaya procedimiento tan poco serio intelectualmente hablando, que desdice de la crtica textual propia del mundo acadmico, pero no sorprende porque la academia y el periodismo de nuestra poca se rige por la mxima: Herramienta capaces, mentes atrofiadasxv.

El juicio de Gustavo Duncan, al igual que Fabin Sanabria y Carlo Tognato, no se origina en las conclusiones extradas de la lectura minuciosa, seria, exhaustiva de la obra de Miguel ngel Beltrn, sino que se basa en chismes virtuales. A Duncan le sucede como a un filsofo de la Universidad de la Florida, un tal Joe OShea, quien presume de su pereza e ignorancia: No leo libros [] Acudo a Google, donde puedo absorber informacin relevante rpidamente. Sentarse a leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la informacin que quiera con mayor rapidez a travs de la web. Cuando aprendo a ser un cazador experimentado en internet, los libros son superfluosxvi.

Criticar sin leer es muy fcil, no requiere ningn esfuerzo mental, porque en cuanto ms precisa es una mquina, ms perezosas son las preguntasxvii, y se puede posar como erudito escribiendo artculos para El Tiempo a partir de internet, sin necesidad de leerse una obra de seiscientas (600) pginas, como la de Miguel ngel Beltrn que se titula Las Farc-EP (1950-2015): luchas de ira y esperanza. Para qu leerla, si internet piensa por Duncan y la red lo convierte en un cazador experimentado en bagatelas virtuales. Justamente, eso lleva a que se digan estupideces e infamias como aquella de sostener que Miguel ngel Beltrn solo pas dos aos tras las rejas, como si no estuviera preso en estos momentos. Solo dos aos se dice como tomndose un vaso de agua, pero ojal quien eso escribe viviera una semana las terribles condiciones que soportan en una crcel colombiana los presos polticos y los presos comunes. Desde luego, eso tampoco est en internet, por ms buscadores inteligentes que se utilicen!

b) Argumentos esencialmente polticos

La carta comentada se inicia con el anuncio que sus firmantes no estn en contra de los procesos de paz, sino que tiene que ver con la defensa de la academia y del legado histrico de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia que este ao celebra su dcimo quinto aniversario (sic). Como lo afirma el profesor Jorge Salcedo, de la Facultad de Derecho, ese apoyo es puramente retrico, porque en la prctica el no apoyar a Miguel ngel Beltrn, supone que los acadmicos ya tomaron partido:

En oposicin a la postura que asumen los profesores objetores, considero que precisamente por estar preso y destituido por investigar el conflicto que el proceso de paz pretende resolver es que resulta imposible para cualquier profesor de la UN aportar su apoyo real al proceso de paz sin "tomar partido" por lo que le pasa al profesor Beltrnxviii.

Agregan ms adelante los objetores de Miguel ngel Beltrn:

En el marco de estas celebraciones, la Facultad lanz una iniciativa para reconocer por su trayectoria acadmica y laboral y su aporte a la Facultad y a la Universidad a docentes activos y pensionados. El da 17 de mayo del presente ao se present la lista de docentes reconocidos. Entre ellos, en la seccin de docentes activos, se incluy a Miguel ngel Beltrn, quien estuvo vinculado al Departamento de Sociologa hasta septiembre de 2014, cuando fue destituido de su cargo por orden del Procurador General de la Repblica (SIC), y sucesivamente, en diciembre del mismo ao, fue condenado por el Tribunal Superior de Bogot.

Como para que no queden dudas del resentimiento que los embarga con esa designacin, sostienen:

Esta carta quiere manifestar nuestro desconcierto frente al reconocimiento que recibe el doctor Miguel ngel Beltrn como docente activo de la Universidad Nacional de Colombia. Esta decisin, una vez ms, mina la institucionalidad de nuestra universidad y del estado de derecho (pues al presente la destitucin efectuada por la rectora est vigente, como tambin lo est la condena por el Tribunal Superior de Bogot). En el marco de la celebracin de los cincuenta aos de la Facultad de Ciencias Humanas, extiende una sombra muy preocupante sobre el sentido de ese legado y sobre el mensaje que la facultad, y por defecto, la Universidad le enva al resto de la sociedad colombiana, sobretodo en una coyuntura en la cual se le pide a la sociedad asumir mayor compromiso con la universidad pblica. (nfasis nuestro).

Este es un argumento esencialmente poltico, aunque se haga desde una postura supuestamente academicista que pretende no tener ningn vnculo con la poltica. Porque como lo ha dicho el profesor Mario Bernardo Figueroa, de la Escuela de Psicoanlisis y Cultura, adscrita a la Facultad de Ciencias Humanas, esa carta es un verdadero manifiesto poltico. Y lo es porque el rechazo a la condecoracin se basa no en argumentos acadmicos, y mucho menos intelectuales, sino en razones polticas, y por eso se insina que el profesor no la merece porque usaba la academia para sus intereses polticos, aunque no dicen en forma explcita a que intereses polticos se refieren, al buen entendedor pocas palabras bastan: estn hablando del movimiento insurgente. An peor, en la pgina web del observatorio de la Universidad Colombiana, presentando la carta de esos acadmicos, se dice sin eufemismos:

La decanatura de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (Ricardo Snchez Angel), decidi incluir el nombre del polmico y destituido profesor Miguel Angel Beltrn (condenado por la justicia por vnculos con grupos de guerrilla), en la lista de docentes a ser reconocidos por su labor en la institucin.

A juicio de un grupo de profesores, la decisin del Decano legitima y ensalza la lucha armada y confunde la accin poltica con la docencia y la investigacin, crendose el imaginario de que el mejor docente es el activista comprometido con alguna causa polticaxix.

Los redactores y firmantes de la carta estn de acuerdo con este sealamiento? Al parecer, porque hasta donde sabemos no lo han desmentido, o por lo menos en la pgina web del Observatorio no hemos visto alguna comunicacin que solicite que se haga esa correccin.

Hay que agregar, que desde el pretendido purismo acadmico que hace suya en forma dogmtica la mxima de Max Weber de que la poltica no caza con el aula de enseanza, se incurre en una exclusin poltica de un perseguido y preso poltico, al que ya no se le reconoce el carcter de acadmico por el hecho de que ha sido condenado por la justicia (sic) colombiana y destituido por el Procurador, que, como se sabe es un verdadero inquisidor, y si de l dependiera y pudiera a ms de unos de los firmantes de la carta le quemara sus libros o los tendra en la crcel. Con esta lgica, por supuesto Lenin, Antonio Gramsci, Jos Mart, Nelson Mandela, Jos Mara Arguedas o Mario Bunge y tantos otros titanes del pensamiento que fueron encarcelados no podran estar en la universidad, por la pureza prstina de la academia, al margen del mundanal ruido de la poltica profana.

Adems, resulta ridculo que se defienda, como se hace en la misiva, el Estado de Derecho, que estara representado por el Procurador y las instancias judiciales y sus decisiones arbitrarias y visiblemente injustas. Los acadmico que firman la carta, no sabemos si son cnicos o almas cndidas, desconocen cmo fue secuestrado Miguel ngel Beltrn por dos Estados de Derecho (!) en contubernio? Tampoco saben que las supuestas pruebas con las que se le acusa, se le destituye y se le condena en segunda instancia, fueron producto de un crimen internacional de guerra cometido por el Estado (de derecho) colombiano en Ecuador el primero de marzo de 2008? Esos hechos criminales no lesionan el pretendido Estado de Derecho que existira en Colombia ni la institucionalidad de la UN?

Esta actitud de exclusin de los firmantes no solo es esencialmente poltica y nada acadmica sino que es mezquina y ruin, como se confirma con un hecho elemental: dos de los firmantes, ambos antroplogos, fueron condecorados. Como quien dice, ellos no quieren compartir la condecoracin con una persona que consideran acadmicamente inferior o no acadmica, por el hecho de estar en la crcel. Pero debido a que Miguel ngel Beltrn fue distinguido en su calidad de egresado y no de profesor, no le falta razn a la profesora Claudia Patricia Sierra, de la Facultad de Ciencias Humanas, cuando sostiene: Por el segundo rol, los colegas no deben preocuparse: no estn manchados, ni salpicados, ni comprometidos, ni cuestionados. Al profesor Beltrn no se le reconoci como talxx. Lo que queda en evidencia es el desprendimiento, la solidaridad, la tolerancia y la altura humana e intelectual que denota ese comportamiento tan amplio y pluralista de los acadmicos puros!

c) Elitismo y espritu de casta

El otro criterio que mencionan los firmantes de la carta se encarga de reivindicar a los sabios de la torre de marfil, que desde su encierro acadmico se reivindican a s mismos como una lite privilegiada que dice quin hace ciencia y quin no, quien pertenece a su reducido crculo de corifeos y quin no. Lo afirman de este modo:

En esta carta tambin rechazamos la forma que llev al otorgamiento de estos reconocimientos docentes (no nos referimos a los reconocimientos para el personal administrativo, que se regira por otras lgicas). Pues se procedi por nominaciones personales o colectivas, pero no por medio de deliberaciones de claustros de docentes, que para el caso de reconocer legados de la Facultad en sus cincuenta aos hubieran sido ms adecuados.

Como entre los firmantes se encuentran algunos que recibieron esas distinciones, eso quiere decir que se niegan a aceptarlas o ellos mismos se incluyen entre los que no fueron postulados por las deliberaciones de los claustros docentes? Sera bueno que lo precisaran para saber cmo a ellos se les confiri esa distincin, que tanto critican en el caso de Miguel ngel Beltrn.

Luego hacen sus sealamientos polticos y no acadmicos contra la distincin conferida a Miguel ngel Beltrn, de esta manera:

No es la primera vez que en celebraciones de este tipo se busca imponer sobre la comunidad acadmica evaluaciones sobre el perfil cientfico y el legado histrico de socilogos que quienes firmamos consideramos inspiradas por agendas polticas externas que nada tienen que ver con lo acadmico y al servicio de intereses que se originan afuera de la academia y que buscan colonizarla.

Tenemos, entonces, que el mundo acadmico de la Universidad Nacional, en concreto el de la Facultad de Ciencias Humanas, segn la visin de los firmantes de la carta, no est contaminado por la poltica (de cualquier sello), sino que se mantiene inmaculada y cristalina y hay que impedir a toda costa que intereses externos la colonicen. Por supuesto, que esos intereses externos son los mismos que siempre invocan los altos directivos de la UN, as como el Procurador General de la Nacin, la Fiscala e instancias similares. Para quienes se escandalizan con el reconocimiento a un egresado de la Facultad de Ciencias Humanas y aducen que se debe a agendas polticas externas, en un hecho que en otras circunstancias sera balad, no manifiestan su ms elemental rechazo a asuntos cruciales de la vida universitaria, que supuestamente no tendran relacin con intereses externos, de este tenor: que los edificios de la UN se estn derrumbando, que la universidad no tenga presupuesto suficiente para su adecuado funcionamiento, que los programas acadmicos se vean obligados a conseguir recursos propios para autofinanciarse, que los grandes cacaos, multimillonarios de este pas, sean los que donen dinero para construir edificios, como el de Ingeniera, que grandes investigadores convertidos en consultores reciban cuantiosos dividendos de empresas, ONG, de la Fundacin Ford, de la Usaid (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) o de otras instancias del Estado, que algunos de los firmantes de la carta posen, como si fueran vedetes de la farndula, de Telectuales (no de intelectuales, por aquello de que les gusta mojar pantalla de televisin) en grandes medios de comunicacin del capital privado, en donde hablan de lo divino y lo humano, que otros sean columnistas de diarios nacionales que son voceros del capitalismo criollo . Nada de eso sera externo ni poltico, sino estrictamente interno y acadmico, con lo que se confirma que la Universidad de la Ignorancia, de la que la UN ya es uno de sus prototipos, es una combinacin de neoliberalismo, tecnocracia, y poltica de derecha, a nombre de la neutralidad y del pretendido apoliticismo.

d) La paz como coartada

Resulta inverosmil y casi delirante la afirmacin con la que se cierra la carta:

Esta defensa de lo acadmico se vuelve an ms urgente durante la etapa de post acuerdo y en el marco de procesos de reinsercin de miembros de grupos insurgentes a la vida civil. Una universidad que se dejara ocupar por lgicas ajenas a lo acadmico faltara a su misin histrica de formar capacidades en toda la sociedad colombiana al servicio del fortalecimiento democrtico del pas y de la consolidacin de la paz y se transformara en un mero rgano de propaganda y adoctrinamiento cuyo papel ya no sera la institucionalizacin del estado de derecho, sino el debilitamiento, esta vez directo y proactivo, de los ideales de una sociedad abierta y ms democrtica.

De modo que, segn nuestros ilustres y prstinos acadmicos, la mejor contribucin que puede hacer la Universidad Nacional a la paz del pas es enconcharse ms en una artificial torre de marfil de saberes apolillados y distanciados de los problemas reales de los habitantes de Colombia. Adems, de manera explcita se estn negando las voces, silenciadas y acalladas por el terrorismo de Estado y la accin del bloque de poder contrainsurgente, entre otras las de la insurgencia. Acaso nuestros sesudos investigadores y catedrticos desconocen las razones que dieron origen al conflicto armado a finales de la dcada de 1940, entre las cuales sobresale la persecucin y la intolerancia? Como quien dice que se callen los fusiles, pero que los rebeldes nunca entren a nuestros espacios, como el de la Universidad Nacional, porque eso nos contamina y es inaceptable. Esa es la intolerancia histrica de las clases dominantes en Colombia, de la cual Alejandro Ordoez y lvaro Uribe son genuinos representantes. Se argumenta que esa exclusin fortalecera el Estado de derecho y ampliara la democracia colombiana. Vaya concepcin tan poco democrtica, pero que no sorprende porque es propia de los que pregonan una sociedad abierta, que no es sino la mezcla de neoliberalismo en trminos econmicos y sociales y de neoconservadurismo en trminos polticos e ideolgicos.

Resulta ms lgico y sensato en lugar de cerrarle las puertas a la otra Colombia, abrirse a dialogar con toda la sociedad, y es claro que en caso de llegarse a una situacin de posacuerdo, los rebeldes tengan que ser admitidos en todos los espacios de la sociedad colombiana, incluyendo a la Universidad Nacional, as no les guste a los puristas de Ciencias (in)Humanas. Porque, ms bien, y como lo postula Noam Chomsky, lo que esa declaracin de los acadmicos expresa es el miedo a la democracia, a la participacin en la vida social y universitaria de otros, de los excluidos y marginados de siempre (como los afrodescendientes y los indgenas), no importa, por supuesto, que ellos sean tema y objeto de estudio de algunos de los firmantes de la carta. Para ellos est muy bien que sirvan como laboratorio de investigacin para engrosar el currculo, las publicaciones, los puntajes, los rnquines y el salario, pero que no afeen con su presencia la vida universitaria. Eso es propio de los cnicos o de las almas cndidas, que no quieren contaminarse con aquellos temas e investigadores comprometedores y comprometidos, como la historia de la insurgencia y Miguel ngel Beltrn.

Como estamos hablando de posibles acuerdos que le pongan fin al conflicto armado, es evidente que desde la Facultad de Ciencias Humanas en general y de Sociologa en particular, se est adelantando una cruzada que se opone a la incorporacin de otras formas de investigar e interpretar el largo conflicto armado que soportamos los colombianos, que pone de presente la violencia simblica que los acadmicos ejercen contra alguien que fuera su colega, pero que ahora est en la picota pblica (y en la crcel Picota de Bogot), al sealarlo con el dedo acusador como indigno de pertenecer a la comunidad acadmica de la UN. Como lo ha dicho el profesor Mario Figueroa, El odio y la mezquindad de su gesto (que nos muestra lo difcil que va a ser un proceso de paz en Colombia, empezando por casa, es decir por nuestros colegas) es de tal magnitud, que no repararon siquiera en que la mencin no fue por ser profesor activo, sino por ser egresado!. A lo cual aade:

Si la situacin no fuera tan ruin podra alegrarme de que este grupo de profesores salga de su silencio y rompa el miedo, de que tomen la palabra para manifestar desembozadamente su posicin. A la pregunta, qu nos espera en el posconflicto? siempre he respondido: pos conflicto, as, a lo boyaco, y es porque creo que entonces s, luego de los acuerdos de La Habana podr manifestarse el conflicto claramente. He pensado que al silenciar los fusiles, tal vez, puedan entonces escucharse las distintas partes del conflicto y se pueda reconocer que este existe y as, por esa va podra saludar y reconocer la expresin de estos profesores que creen que la academia se puede separar de la poltica, pero que con sus actos acadmicos, realizan un verdadero gesto poltico y este fue su manifiestoxxi.

Finalmente, es una vergenza, que desdice con la tradicin crtica que alguna vez represent la UN y su departamento de Sociologa, constatar como se mancilla la memoria de ilustres pensadores, investigadores y luchadores, como Orlando Fals Borda y Camilo Torres Restrepo, lo que evidencia a donde ha ido a parar la sociologa, cada vez ms alejada de los problemas reales del pas. Los socilogos y los otros acadmicos que han firmado la carta no tienen ni idea, ni les importa averiguar, sobre los sufrimientos personales, familiares, laborales que ha sufrido Miguel ngel Beltrn por defender otro tipo de sociologa y otro tipo de pas, lo cual es lo ms poltico que se puede esgrimir en este caso.

Pero debe reconocerse que, por lo menos algunos profesores de la UN, con decoro han sentado otra posicin, poltica hay que decirlo en el amplio sentido de la palabra, para responder a los puristas de la academia. Con eso han demostrado que incluso en el seno de la universidad de la ignorancia quedan voces crticas, que se niegan a plegarse ante los cnicos. Eso pone de presente, como lo deca Eduardo Galeano, que la neutralidad es imposible: somos indignos o indignados.

Notas

i . Tribunal Superior conden por rebelin al profesor Miguel ngel Beltrn, El Espectador , diciembre 18 de 2014, disponible en http://www.elespectador.com/noticias/judicial/tribunal-superior-condeno-rebelion-al-profesor-miguel-a-articulo-533963

ii. Citado en http://www.eltiempo.com/politica/justicia/destitucion-del-profesor-miguel-ngel-beltran-en-la-universidad-nacional/14600295

iii. Ibd.

iv. Tribunal Superior conden por rebelin al profesor Miguel ngel Beltrn, loc. cit.

v. Facultad de Ciencias Humanas, Consejo de Facultad, Resolucin 237 de 2016, Por la cual se otorgan unos reconocimientos a docentes, estudiantes, egresados y egresadas, personal administrativo de planta y contratistas, con motivo de la conmemoracin de los cincuenta aos de la creacin de la Facultad de Ciencias Humanas.

vi. Ricardo Snchez y Melba Libia Crdenas, Estimada comunidad y Fe de Erratas: Notificacin de reconocimientos 50 aos de la Facultad de Ciencias Humanas, comunicacin electrnica.

vii. El texto de la carta puede consultarse en: U. Nacional: Distincin a destituido profesor Miguel Angel Beltrn causa polmica en otros docentes, disponible en http://www.universidad.edu.co/index.php?option=com_content&view=article&id=6894:2016-05-20-12-59-27&catid=16:noticias&Itemid=198

viii http://www.semana.com/nacion/articulo/miguel-angel-beltran-polemica-por-homenaje-en-la-u-nacional/476059

ix. Informacin disponible en: http://scienti.colciencias.gov.co:8081/cvlac/visualizador/GenerarCurriculoCv.do?cod_rh=0000031232

x. http://www.bluradio.com/nacion/polemica-por-homenaje-en-u-nacional-profesor-condenado-por-vinculos-con-farc-10639 (nfasis en el original).

xi. Carlo Tognato, Las venas abiertas de una sociedad semi-abierta, disponible en http://lasillavacia.com/blogs/blogs/las-venas-abiertas-de-una-sociedad-semi-abierta-55967

xii. Ibd. (nfasis nuestro).

xiii. Ibd.

xiv. Gustavo Duncan, Homenaje a las armas, El Tiempo, junio 2 de 2016.

xv. Vivek Haldard citado en Nicholas Carr, Atrapados. Cmo las mquinas se apoderan de nuestras vidas, Editorial Taurus, Madrid, 2014, p. 97.

xvi. citado en Nicholas Carr, Superficiales. Qu est haciendo internet con nuestras mentes?, Editorial Taurus, Bogot, 2010, p. 21.

xvii. Amit Singhal, citado en Nicholas Carr, Atrapados, p. 98.

xviii. Jorge Salcedo, Objeciones a la objecin, comunicacin electrnica.

xix. http://www.universidad.edu.co/index.php?option=com_content&view=article&id=6894:2016-05-20-12-59-27&catid=16:noticias&Itemid=198 (nfasis nuestro).

xx. Claudia Patricia Sierra, En defensa de la academia?, comunicacin electrnica.

xxi. Mensaje del Profesor Mario Figueroa, comunicacin electrnica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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