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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-06-2016

Unidos Podemos y el 26J

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


En general los espaoles tienen preocupaciones, pero no identidad, ideas o ideologa poltica. Esta anomala, que puede parecer inquietante y que es resultado de muchas tropelas histricas, nos concede, sin embargo, una ventaja comparativa respecto del resto de Europa. Espaa, cuya decadencia imperial se remonta al siglo XVII, no tiene ningn problema de principios con la UE, como Gran Bretaa. Espaa, nacin invertebrada y negativa, no est llena de s misma, como Francia, y su patriotismo, por tanto, puede adquirir formas muy variadas. Espaa, que mat a su mitad mejor hace 80 aos y sali del franquismo hacia el consumismo, por eso mismo no es anticomunista, como Rumana o Hungra, ni particularmente racista, como Austria y Alemania, ni desde luego orgullosamente catlica, como Polonia. En definitiva, Espaa es blanda, informe y est, de algn modo, sin fraguar y abierta a cualquier palabra, decente o indecente. Los espaoles tienen, como digo, preocupaciones muy claras, como indica la ltima encuesta del CIS: el paro, la corrupcin y, un poco ms lejos, la sanidad. No les preocupan nada o casi nada, en cambio, el terrorismo ni los refugiados ni Venezuela ni los nacionalismos, lo que sin duda debera hacernos reflexionar. En Espaa, cuyos habitantes tienen preocupaciones pero no identidad poltica, nadie sabe qu pensar. Eso es bueno y malo al mismo tiempo. Aqu los nicos que realmente saben lo que piensan son los banqueros, los periodistas, los taxistas y la extrema izquierda. Si dejamos a un lado a los taxistas, pobrecitos, que no pueden hacer demasiado dao, y a la extrema izquierda, que se conforma con tener razn, son las otras dos minoras, fuertemente ideologizadas, las que durante dcadas han manejado a la clase poltica que ahora ve peligrar su poder. Eso es sin duda malo.

Un pas en el que nadie -salvo los banqueros y polticos- sabe qu pensar es un pas en el que puede ocurrir cualquier cosa. Es casi el nico pas de Europa, como lo demuestran los hechos, en el que puede, s, ocurrir cualquier cosa y no slo una, la peor. Eso es bueno. En un pas as, en una situacin as, de preocupaciones intensas y gran indeterminacin cuntica, son muy importantes las palabras y quin las pronuncie. No por mucho repetirlo va a dejar de ser verdadero: si el 15M tuvo algn valor fue precisamente ste de adelantarse y pronunciar las palabras justas antes de que otros pronunciasen las injustas; y si Podemos -y ahora Unidos Podemos- puede catalizar esas preocupaciones y traducirlas en poder institucional es porque est sabiendo encontrar las palabras que reprimen o abortan el nacimiento de otras palabras potencialmente peligrosas. No las deja salir.

Durante dcadas las dos minoras ideologizadas -banqueros y periodistas- han apuntalado a la clase poltica espaola mediante un discurso que no se corresponde ya con las preocupaciones no ideolgicas de los ciudadanos. Durante dcadas han impedido la construccin de un pas razonable -han impedido, por ejemplo, la solucin de la cuestin nacional- y creen que pueden seguir hacindolo con los mismos instrumentos. Su error es insistir en el vaco, pedalear en el aire: hablar de terrorismo, de comunismo, de Venezuela o de nacionalismos, en paralelo al malestar ciudadano, mientras la constelacin quincemayista ha conseguido ya que al menos la mitad larga de Espaa, que no sabe qu pensar y cambia de idea con cada telediario y cada comida, sepa al menos que el paro no tiene nada que ver con los inmigrantes ni la corrupcin con la democracia ni las listas sanitarias con Nicols Maduro. El xito de Podemos, y su, ya indudable, arraigo poltico y cultural, es slo uno de los indicios de esta otra fragua posible en la que cobra forma una nueva clase poltica, cultural y periodstica, condicin -aunque no garanta- de la construccin de un nuevo pas socialmente ms justo y ms democrtico.

Todo lo dems est por ver, pero el cortafuegos ha funcionado. Ahora bien, en un pas en el que nadie sabe qu pensar -en el que todo es posible, tambin lo justo y lo bueno- las encuestas son como sondas espaciales: recogen apenas regeldos extraterrestres. Por supersticin y por experiencia, tomara con muchas reservas las que, en las ltimas semanas, no slo confirman el sorpasso al PSOE sino que apuntan a una no imposible victoria electoral de Unidos Podemos el 26J. No olvidemos que son las dos minoras ideologizadas las que encargan, cocinan y gestionan pblicamente las encuestas y que, si hace seis meses los bancos y los medios podan estar interesados en anunciar el desplome de Podemos, hoy pueden estar interesados, al contrario, en hinchar su crecimiento. De esas encuestas deberamos sacar dos cautelosas conclusiones, equidistantes del triunfalismo y del desnimo. La primera es que, en todo caso, las encuestas, y su posible manipulacin en sentido descendente o ascendente, indican que nuestra clase poltica y econmica percibe el peligro como real. La segunda es que, sea como fuere, si las encuestas son ciertas, Unidos Podemos se limita a sumar los votos de Podemos e IU del 20D; cuando lo nico que sirve en este caso es multiplicar.

En un pas en el que nadie sabe lo que piensa, pero en el que ya nadie quiere que se lo diga ni los banqueros ni los periodistas ni la extrema izquierda (ni los taxistas!), la campaa va ser ms decisiva de lo que el cansancio de los ltimos meses podra augurar. En trminos convencionales se considera que una campaa -lgicamente!- es un medio para ganar votos y, por lo tanto, las elecciones. Unidos Podemos no puede sucumbir a la lgica. Unidos Podemos debera interpretar, al revs, que unas elecciones son, sobre todo, una oportunidad para hacer campaa. En los debates y las entrevistas de televisin se pueden perder votos, pero no ganar las elecciones, y el margen de maniobra discursivo es ya muy limitado y bastante cmodo, habida cuenta del recuerdo muy reciente del 20D y la prdida de definicin del PSOE y Cs durante la fallida investidura.

Si la pugna es con el PP, rocosamente montono, basta enunciar con claridad las propuestas programticas, adoptar un tono siempre afirmativo y no meter la pata. Pero la diferencia entre Unidos Podemos y sus rivales no est en los medios, donde todos ya sabemos qu esperar. La televisin la vemos sentados y las elecciones se ganan de pie; la televisin homogeneiza y encuadra y las elecciones las va a ganar la sorpresa y el zigzag; la televisin es propagandstica, y por eso mismo poderossima, pero no es contagiosa, y las elecciones slo las puede ganar la epidemia. Esa ha sido siempre la especialidad de Podemos y sa fue la causa de la incompleta remontada de hace seis meses: Podemos pone en pie, sorprende y contagia. Por un motivo casi inexplicable, tras cumbres y guadianas, tras muchos errores y algunos aciertos, los simpatizantes de las confluencias llegan al umbral de la cita electoral ilusionados y movilizados. Se dir que es gracias al acuerdo con IU y en parte es verdad. Pero tiendo a pensar que ese acuerdo no habra tenido el efecto revulsivo que ha tenido si la gente no tuviese muchas ganas de ilusionarse, si no hubiese mantenido una reserva de ilusin presta a ser activada de nuevo. Eso es lo que slo Podemos puede darnos. Ahora hay que prolongar, excitar y poner a punto de nieve esa ilusin mediante una campaa que recoja a los que la confluencia ha perdido y a todos los que, sin saber qu pensar, saben al menos que ni la crisis ni la corrupcin ni la prdida de servicios pblicos tienen nada que ver con los refugiados, el terrorismo del ISIS, los nacionalismos o Venezuela. En este sentido, la campaa no puede ser un instrumento para ganar las elecciones; slo puede ser un instrumento para ganar las elecciones si se plantea como una fiesta de felicidad contagiosa; si se convierte en la fiesta de celebracin de la victoria electoral que, de hacer una buena campaa, volveremos a celebrar el da despus. Esto implica, desde luego, desbordes locales ininterrumpidos, a travs del ingenio descentralizado colectivo, como ocurri en diciembre, pero tambin algn hito o acontecimiento central que anegue hacia delante y hacia detrs todo el calendario y en el que la confluencia entre partidos y fuerzas polticas se traduzca en una confluencia inmediata, multitudinaria y festiva en la plaza pblica.

Una campaa as planteada debe servir adems para que comencemos lo que no podremos aplazar mucho tiempo ms: averiguar todos juntos qu coo pensamos, ahora que sabemos lo que no queremos. Para que no vuelvan a darnos lecciones las viejas minoras ideologizadas: los banqueros, los periodistas, los estalibanes y los cuados.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/06/09/unidos-podemos-26j/8696

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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