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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-06-2016

Y nosotros qu hacemos?

Carlos A. Larriera
Rebelin


Podemos acusar a la izquierda actual, tanto a la argentina como la mundial, de no cumplir el rol poltico que deberan cumplir. Podemos hacer algo similar con el kirchnerismo por sus intentos de mejorar la vida del pueblo pero limitado a buscar realizarlo dentro de la democracia burguesa, pero Nosotros qu hacemos?

Es evidente que as no se puede vivir, que hay que cambiar sustancialmente el funcionamiento de la economa, las instituciones, etc. Nosotros hacemos algunas cosas, como movilizarnos, escribir, etc., pero como trasfondo debemos reconocer que hasta cierto punto las iniciativas superadoras de la actual situacin provengan de otros, los lderes, los grandes dirigentes. Como parte del pueblo esto es normal, pero tambin implica evitar buscar nosotros las grandes estrategias que esperamos de futuros dirigentes, y criticamos a los actuales por no ser todo lo que deberan ser. Y esa reflexin es necesaria, imprescindible. Hay que preguntarse cul es el camino, cual es la estrategia correcta, y trabajar por su concrecin, aunque nuestro trabajo sea pequeo, pero tiene que estar destinado a desarrollar esa estrategia, a concretarla en los hechos.

En este sentido hay un planteo que es obligatorio para todos los que queremos cambios sustanciales en nuestras condiciones de vida: se puede lograr este objetivo dentro del capitalismo o es imprescindible expropiar al capital? Y en el caso de opinar por esto ltimo se puede hacer gradualmente, con sucesivas reformas, o es imprescindible la revolucin social?

Sin respondernos nosotros mismos estas preguntas no tenemos estrategia posible. Y por ms que no seamos individualmente grandes dirigentes tenemos que tener una respuesta para esas preguntas. De lo contrario, hasta cierto punto y en cierto modo, estamos esperando que surjan grandes dirigentes con propuestas, estrategias, casi mgicas, inditas, novedosas, que nos permitan cambiar la sociedad. Cualquier poltica que impulsen los futuros grandes dirigentes tiene que partir de una respuesta a esa pregunta, no hay forma de eludirla. Y nosotros como pueblo debemos tener un juicio crtico en ese sentido, y no aceptar hermosas promesas que eludan esa respuesta.

Los verdaderos socialistas, obviamente, sabemos que sin revolucin social no es posible cambiar la estructura profunda de la sociedad.

Una mirada a los problemas de nuestro pas nos ayudar a bajar a tierra estas reflexiones.

Hay estructuras econmicas que es imprescindible cambiar si pretendemos un funcionamiento de la economa, aunque todava sea capitalista, compatible con un mejor nivel de vida del pueblo.

En primer lugar la gran propiedad agraria. Tradicionalmente se ha hablado de la oligarqua terrateniente, refirindose a los grandes propietarios de campos que vivan de las divisas hoy fundamentalmente dlares de las exportaciones agropecuarias, usufructuando el trabajo natural de la tierra por tener la propiedad privada de la misma.

Hoy ha habido una evolucin. Estos terratenientes tienen hoy tambin industrias, bancos, empresas financieras, grandes comercios, en sociedad con otros capitalistas, especialmente con grandes capitales locales y extranjeros. La mayora de las grandes familias terratenientes siguen existiendo de esta manera. Sin reforma agraria, sin reparto de la propiedad agraria en multitud de pequeos propietarios o usufructuarios, no hay posibilidades de un desarrollo capitalista democrtico y sustentable.

Los grandes propietarios de campos siempre quisieron que los gobiernos les dejaran las manos libres para apropiarse del 100% de las divisas provenientes de sus exportaciones y con ellas comprar en el exterior todo lo que necesitaran. Toda limitacin a esta libertad irrestricta los enfureca y enfurece, consideran que el Estado se apropia lo que es de su legtima propiedad.

No hay que olvidar que la gran propiedad agraria viene de muy lejos, desde los conquistadores espaoles en la poca colonial, pasando por los que especularon con la enfiteusis de Rivadavia, y llegando a la Conquista del desierto por Roca, por encargo y financiamiento de la Sociedad Rural de aquel entonces, cuyos principales miembros se apropiaron de la mayora de las tierras conquistadas.

Sin divisas dlares no se puede comprar nada fuera del pas, y ningn pas puede crecer y desarrollarse solamente con su produccin local.

Si los grandes propietarios agrarios quieren todas las divisas de sus exportaciones, slo pueden vivir ellos, excluyendo al resto de la poblacin. En realidad un pas para ellos solos es en lo que siempre creyeron. Pero el crecimiento poblacional los coloc en una situacin insostenible sin promover gobiernos dictatoriales.

Pero no es solamente la gran propiedad agraria el problema. El comercio exterior de los productos agropecuarios lo manejan un puado de empresas extranjeras asociadas con estos terratenientes. Esto provoca todo tipo de distorsiones econmicas que hacen inviable un funcionamiento de la economa mnimamente sustentable.

Otro problema insoslayable es el predominio de la gran banca privada, mayoritariamente extranjera, que es socia de toda esta operativa de los grandes terratenientes y exportadores. Los bancos son, entre otras cosas, autopista de la elusin y la fuga de divisas.

Es necesario, por lo tanto, la estatizacin de los bancos. Aclaremos que si bien esto constituira un gran paso adelante, imprescindible, no soluciona el problema de la corrupcin permanente que generan los grandes capitales en el aparato estatal.

La reforma agraria, la estatizacin del comercio exterior y los bancos son medidas imprescindibles, pero muy difciles de concretar dentro de los marcos institucionales de la democracia burguesa. No hay forma de afirmar que su completa realizacin se pueda llegar a lograr con esa limitacin. En todo caso, lo que se pueda avanzar en ese sentido requerir sin lugar a dudas una gran lucha del pueblo, una elevacin de la conciencia muy profunda hacia la comprensin de estas necesidades, y grandes movilizaciones populares; y, por supuesto, un gobierno democrtico burgus que tenga intenciones de realizar estas reformas radicales.

Volviendo al tema de la introduccin, si nosotros, como ciudadanos comunes, no tenemos conciencia de estas necesidades, no podremos impulsar correctamente el surgimiento de autnticos nuevos dirigentes, ni de evaluar si las propuestas estratgicas de stos constituyen el camino correcto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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