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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-06-2016

La querella de Bachelet

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Sin duda la presidenta Bachelet cometi un error poltico al querellarse contra la revista Qu Pasa . Su decisin provoc lo que era previsible: la reaccin corporativa de los medios de comunicacin convertidos en una jaura rabiosa. Esto en circunstancias que su gobierno, y ella misma, se encuentran sumamente debilitados en materia de apoyo social y poltico. Encuestas recientes les atribuyen poco ms de 20%. En sntesis, fue un paso en falso. La presidenta pis el palito. Sin embargo, su decisin nocarece de sentido. La poltica no es una obra de ingeniera, como aseguran algunos. No es una ciencia exacta ni sus protagonistas son robots. La hacenseres humanos cuyas iniciativas estn impregnadas de intereses de clase, de ideales y pasiones, de codicia y generosidad, de herosmo y cobarda, y todo eso influido, adems, por la cultura -tradiciones y modo de vida- de sus pueblos.

La presidenta, entonces, reaccion como hara cualquier ciudadano -si pudiera- que se considere calumniado e injuriado. Fue acusada -nada menos- de recibir mil millones de pesos (casi un milln y medio de dlares) en el oscuro negocio inmobiliario que han protagonizado su nuera y su hijo. Esto, afirma la presidenta, es una infamia y una canallada. Para defenderse apel a una ley que no todos los que sufren este tipo de abusos pueden invocar. Una querella judicial contra una empresa poderosa en lo econmico y poltico significa gastos en abogados, trmites y tiempo perdidos si no se tiene algn grado de presin social.

La presidenta no acudi a la Ley de Seguridad del Estado, que se encuentra a disposicin de las autoridades. Eso habra significado rociar con gasolina una hoguera que -por mucho menos- hoy la acusa de amedrentar a la prensa y coartar la libertad de expresin.

Punto Final sabe lo que significa ser llevado a los tribunales por rasguar aquella coraza que protege al Estado, heredera de la Ley de Defensa de la Democracia, llamada Ley Maldita por los comunistas. Desde luego las querellas contra PF por Ley de Seguridad del Estado (o por otras leyes civiles y militares) no perturbaron la digestin de los medios que hoy echan espuma por la boca en solidaridad con la revista Qu Pasa .(1)

Cuntos ciudadanos difamados y humillados diariamente -como el pueblo mapuche, digamos- no quisieran hacer lo mismo que la presidenta?

La jaura meditica -desde la siniestra Sociedad Interamericana dePrensa (SIP) hasta algunos polticos y opinlogos bien pagados- han quebrado lanzas en defensa de la libertad de expresin, un derecho tan fantasmal como otros presuntos derechos ciudadanos -a la salud, la educacin, el trabajo ysalario dignos, digamos-. Los que han convertido al periodismo en una industria deshumanizada, aparecen como ardientes defensores de una libertad de expresin que les pertenece solo a ellos. Un derecho que tambin ha sido privatizado y que es regulado por el mercado, ajeno a los intereses de la nacin e indiferente a las necesidades del pueblo.

Los periodistas tambin son vctimas de una realidad que les obliga a callar para no poner en peligro el sustento de sus familias. La mayora de los periodistas chilenos estn conscientes del rol social de su oficio -el ms hermoso del mundo al decir de Garca Mrquez-. Pregntenles si creen que existe libertad de expresin y si ellos mismos gozan de ese derecho. Pregntenles si no es cierto que la lnea editorial e informativa de los medios las determinan las gerencias y que la pauta publicitaria es el supremo juez de la noticia y de la opinin que se difunden. Pregnteles si no se sienten avergonzados cuando los afectados -por lo general sindicatos y organizaciones sociales- les reprochan por noticias que nunca aparecen o por informaciones que distorsionan la verdad. Los Don Nadie de este pas -que son la mayora- creen que los periodistas son los responsables de censuras y tergiversaciones. Ignoran eldrama y miseria moral que se viven cada da en los medios periodsticos.

La querella de la presidenta plantea una oportunidad para abrir un debate serio sobre el rol social del periodismo, la propiedad de los medios y la libertad de expresin. Una discusin que no ser acogida en los medios, salvo para denostarla, pero que enriquecera la visin poltica de millones de chilenos. Lo proponemos comotema a los movimientos sociales y a las agrupaciones polticas que intentanunir sus luchas con la mirada puesta en el horizonte de una Asamblea Constituyente. Uno de los objetivos ms relevantes de la nueva Constitucinser recuperar la libertad de expresin como un derecho social.

Se ha insinuado que la publicacin de Qu Pasa pudiera formar parte de una oscura maniobra poltica. No habra que descartarlo. Basta ver la extrema sevicia meditica aplicada a Dilma Rousseff en Brasil y a Nicols Maduro en Venezuela. Un nuevo tipo de golpismo ha surgido en Amrica Latina con el imperio, comosiempre, dirigiendo la orquesta.

Cul sera el propsito de una conspiracin de ese tipo en Chile? Sin duda terminar de hundir en el desprestigio a Bachelet y su Nueva Mayora, asegurando lo que ya parece inevitable: el retorno de la derecha-derecha algobierno, va Piera o Lagos.

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(1) A Punto Final se le ha aplicado la Ley de Seguridad del Estado en tres oportunidades: marzo de 1969, en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el director fue detenido y la revista clausurada durante un mes; septiembre de 1989, bajo dictadura, y septiembre de 1991, gobierno de Patricio Aylwin. Enambas ocasiones el director tambin estuvo detenido. Los medios del duopolio no se dieron por enterados que existan estos atentados a la libertad de expresin.

Editorial de Punto Final, edicin N 853, 10 de junio 2016.

[email protected]

www.puntofinal.cl


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