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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2016

Palabras de Timolen Jimnez, jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP, en la firma de los Acuerdos de La Habana
"Que este sea el ltimo da de la guerra"

Timolen Jimnez
Cubadebate


Discurso del Comandante Timolen Jimnez, jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP, en la Ceremonia de Firma de Acuerdos sobre Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo, Dejacin de las Armas y Garantas de Seguridad entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP. La Habana, 23 de junio de 2016, Ao 58 de la Revolucin. (Versiones Taquigrficas Consejo de Estado)

Que este sea el ltimo da de la guerra.

Seor General de Ejrcito Ral Castro Ruz, presidente de la Repblica de Cuba;

Seor presidente de la Repblica de Colombia, Juan Manuel Santos;

Seor secretario general de la Organizacin de Naciones Unidas, Ban Ki-moon;

Seor canciller del reino de Noruega, Borge Brende;

Seor presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela, Nicols Maduro;

Seora presidenta de la Repblica de Chile, Michelle Bachelet;

Seor presidente de la Repblica Dominicana y de la CELAC, Danilo Medina;

Seor presidente de la Repblica de El Salvador, Salvador Snchez Cern;

Seor presidente de la Repblica de Mxico, Enrique Pea Nieto;

Seor presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, Mogens Lykketoft;

Seor presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Franois Delattre;

Seor Bernard Aronson, enviado especial del gobierno de los Estados Unidos;

Seor Eamon Gilmore, enviado especial de la Unin Europea;

Seora representante de la CEPAL, Alicia Brcena:

Quisiera pedirles, con el mayor respeto, disculpas, para aprovechar este instante con el propsito de rememorar a un gran ausente, el Comandante eterno Hugo Rafael Chvez Fras (Aplausos), un guerrero por la paz de la Amrica Latina y el Caribe, sin cuya valiosa iniciativa y gestin hubiera sido imposible arribar a este histrico acto.

Seoras y seores: alguien sentenci alguna vez que los nicos sueos que logran alcanzarse son aquellos que se intentan. Hoy ms que nunca sentimos que esa sentencia contiene una verdad indiscutible.

En el ao 1964, en medio del fragor de la desigual lucha armada, la Asamblea de los Guerrilleros de Marquetalia produjo su programa agrario, en cuya parte introductoria dej sentada la siguiente declaracin que ahora recordamos: Nosotros somos revolucionarios que luchamos por un cambio de rgimen, pero queramos y luchbamos por ese cambio usando la va menos dolorosa para nuestro pueblo, la va pacfica, la va democrtica de masas; esa va nos fue cerrada violentamente con el pretexto fascista oficial de combatir supuestas repblicas independientes, y como somos revolucionarios que de una u otra manera jugaremos el papel histrico que nos corresponde, nos toc buscar la otra va, la va revolucionaria armada para la lucha por el poder.

Hoy, 52 aos despus, los guerrilleros de las FARC estamos sellando con el gobierno de Juan Manuel Santos un cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, un acuerdo sobre garantas de seguridad y combate al paramilitarismo, y otro sobre dejacin de armas, que nos dejan a las puertas de concretar, en un plazo relativamente breve, el acuerdo final que nos permitir por fin retornar al ejercicio poltico legal mediante la va pacfica y democrtica.

Plantearlo antes de la Operacin Marquetalia result absurdo para los poderes y partidos dominantes en la poca, que decidieron apelar a la fuerza y el exterminio, animados por la conviccin de que mediante las bombas y los fusiles podan acallar los clamores populares; eran tambin los tiempos del apogeo de la Guerra Fra y la filosofa del enemigo interno que convertan a la fuerza pblica en ejrcito de ocupacin de su propio pas y contra su propio pueblo.

Los muertos, la sangre, la devastacin y el horror que se le hubieran ahorrado a Colombia si en lugar de atender las voces fanticas que llamaban irresponsablemente a la guerra, con apelacin a los ms absurdos argumentos, se hubiera escuchado a aquellos que llamaban al dilogo, a la solucin que propona acuerdo de presencia econmica y social del Estado, al tiempo que democratizar el escenario poltico en un ambiente de tolerancia y respeto por la diferencia.

Los 48 campesinos marquetalianos se convirtieron con las dcadas en miles de mujeres y hombres alzados en armas que llegaron a poner en serios aprietos al Estado colombiano, pero que simultneamente nunca dejaron de hablar de un acuerdo de paz por la va de las conversaciones civilizadas. Fueron varios y dolorosamente frustrados los intentos por conseguirlo. Pero siguieron intentndolo una y otra vez, y hoy vemos los frutos de su persistencia.

Porque si de algo dan fe los Presidentes de los pases acompaantes y garantes hoy aqu presentes, as como el conjunto de las altas personalidades internacionales, inmersas en el proceso de paz en curso y que nos acompaan aqu, lo que est a punto de sellarse no es una capitulacin de la insurgencia, como queran algunos obtusos, sino el producto de un dilogo serio entre dos fuerzas que se enfrentaron por ms de medio siglo sin que ninguna pudiera derrotar a la otra.

Ni las FARC ni el Estado son fuerzas vencidas y por ende lo pactado no puede interpretarse por nadie como el producto de alguna imposicin de una parte a la otra. Hemos discutido largamente, llegando incluso a callejones que parecan sin salida, que solo pudieron superarse gracias a la desinteresada y eficaz intervencin de los pases garantes, Cuba y Noruega, y las oportunas y sabias frmulas sugeridas por la creatividad de los voceros de ambas partes o sus acuciosos asesores.

Ms all de un pobre favor, hacen un dao inmenso a Colombia, a la vida y a la esperanza de su pueblo, quienes insisten en negar la trascendental importancia de lo acordado, que solo por su contenido identifica a las partes sentadas a la Mesa, sin haberlas fundido o entregada una a la otra.

Estamos seguros de que la nacin colombiana, que ha sufrido la guerra y sus consecuencias, dar la espalda a quienes la siguen convidando al holocausto quizs con qu oscuro propsito.

Estamos muy cerca de la firma del acuerdo final que pondr el fin al conflicto e iniciar la construccin de una paz estable y duradera.

Desde el principio sostuvimos que la firma de este acuerdo es la mejor oportunidad que tendr nuestro pas para enrumbarse hacia la justicia social y el progreso, sobre la base de que sern abiertas las compuertas de la democracia verdadera para que los movimientos sociales y polticos de oposicin gocen de plenas garantas, y para que la voz de las comunidades en los escalones local, regional y nacional adquiera toda su importancia y pueda jugar un papel determinante en las decisiones pblicas relacionadas con su futuro.

Estamos ciertos de que esa ser una realidad que se abrir paso, poniendo fin a la tradicin de imponer desde arriba, haciendo abstraccin de los intereses populares, las polticas que gobernantes elegidos con sufragios dudosos consideran ms convenientes para ellos. Hay acuerdos sellados sobre esa materia, y estn prximos a definirse en algunos puntos pendientes, como tambin en cuestin de reforma rural, integral y cultivos de uso ilcito. Sobre este ltimo recin se puso en prctica un proyecto piloto de sustitucin en Briceo, Antoquia, que necesariamente habr que replicar en otras reas que padecen el problema. No ser todo color de rosa y seguramente habr que luchar porque se cumpla integralmente lo firmado, porque como lo deca en el ttulo de una de sus novelas el escritor colombiano lvaro Salom Becerra: Al pueblo nunca le toca.

El acuerdo final ser la llave para dar vuelta a esa cerradura, pero requerir de la organizacin y movilizacin constante de la gente por su cumplimiento. Lo ponen de presente la insistencia oficial en las cderes, pese a lo pactado en La Habana y al reciente Cdigo de Polica, que choca con el acuerdo sobre participacin poltica suscrito en la Mesa.

El Acuerdo sobre garantas de seguridad y combate al paramilitarismo tiene que ser una realidad en los hechos, so pena de conducir el resultado final del proceso al fracaso histrico.

Duele profundamente y resulta ya intolerable que a estas alturas tales estructuras sigan asesinando con plena libertad, como ocurri entre el 11 y el 13 de este mes en Barrancabermeja con cuatro jvenes. Que el SMAD siga triturando colombianos que salen a protestar con justicia y que el aparato judicial contine ordenando privaciones abusivas de la libertad como la del compaero Carlos Arturo Velandia.

Tambin se ha llegado al Acuerdo sobre dejacin de armas, que pone en evidencia la suma de invenciones con las que se pretende engaar a la gente de nuestro pas, cuando se asevera que tras los acuerdos, las FARC pretendemos seguir armadas y haciendo poltica.

El pas podr conocerlo a partir de hoy. Claro que las FARC haremos poltica, si esa es nuestra razn de ser, pero por medios legales y pacficos con los mismos derechos y garantas de los dems partidos (Aplausos).

El Estado colombiano tendr que hacer efectivo que a ningn colombiano se le perseguir por razones de sus ideas o prcticas polticas. Que la perversa costumbre de incluir en los rdenes de batalla de las Fuerzas Armadas los nombres de los dirigentes de movimientos sociales y polticos de oposicin tendr que desaparecer definitivamente del suelo patrio. Que una vez firmado el acuerdo final desaparecern el dispositivo militar de guerra y su anticuada doctrina de seguridad.

Las Fuerzas Armadas Colombianas, agigantadas en el transcurso de la guerra, diestras en contrainsurgencia y acciones especiales estn llamadas en adelante a jugar un importante papel en aras de la paz, la reconciliacin y el desarrollo del pas. Fueron nuestras adversarias, pero en lo adelante tenemos que ser fuerzas aliadas por el bien de Colombia. Su infraestructura y recursos pueden ponerse al servicio de las comunidades y sus necesidades sin desmedro de sus capacidades para cumplir la funcin constitucional de guarnecer las fronteras.

Por otra parte, el protagonismo de las comunidades ha de representar tambin la oportunidad para comenzar a solucionar el grave conflicto que se vive en las ciudades: desocupacin, inseguridad, falta de servicios pblicos. Esclavitudes como el pagadiario y la explotacin sexual, microtrfico, crmenes y bandas asociadas a la mafia y el paramilitarismo requieren atencin inmediata. La paz rural debe significar una transformacin participativa de las urbes.

Necesitamos que en nuestro pas se produzca efectivamente una definitiva reconciliacin. Basta ya de la violencia y los delirios por ella. Ella requiere una paciente e intensa labor de difusin, educacin y concientizacin de lo pactado en La Habana, para que la gente de Colombia quede clara de su valioso y positivo contenido, y para que sepa qu puede y debe reclamar del Estado, para que se una y organice por conseguirlo y solo as haremos una nueva Colombia.

Las FARC EP completamos el pasado 27 de mayo 52 aos de resistencia guerrillera, y hoy vemos el sueo de la paz mucho ms cerca que nunca. Pensamos trabajar por la unidad del movimiento democrtico y popular en nuestro pas, sin sectarismos ni posiciones hegemnicas, en procura de la confluencia de toda la inconformidad con el modelo actual de las cosas a objeto de generar profundos cambios en la vida colombiana, pensando siempre en el inters de las mayoras.

La guerra ha costado cientos de miles de millones de dlares a nuestro pas. De hecho la exagerada partida del presupuesto militar ha tenido como justificacin permanente la existencia del conflicto armado. Un pas en paz ya no requerir de tales argumentos y podr destinar una buena parte de esos recursos a menesteres ms sanos y productivos. No es cierto que no exista dinero para la paz ni que todo tenga que ser ayuda internacional, basta con cambiar prioridades.

Sabemos que nada se conseguir fcilmente o rpidamente. Entendemos que los principales beneficiarios de nuestro esfuerzo sern las generaciones futuras, por eso extendemos nuestra mano a la juventud, es la llamada a construir el nuevo pas y por tanto la ms llamada a defender a la defensa de la paz y la reconciliacin, a la promocin de un nuevo tipo de actividad poltica, a la consolidacin de la civilidad y la ms amplia democracia.

Las FARC siempre hemos sido optimistas, aun en los momentos ms difciles siempre creamos que la paz era posible y decidimos intentarlo cuantas veces fuera necesario, y tuvimos la razn.

El Acuerdo de cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo, es ledo por todo el mundo como el fin de la confrontacin armada en Colombia. As sea.

Confiamos en celebrar en un plazo prudencial otro acto solemne: la firma del acuerdo final. Que este sea el ltimo da de la guerra!

Muchas gracias (Aplausos).

Fuente: http://www.cubadebate.cu/especiales/2016/06/23/palabras-de-timoleon-jimenez-en-la-firma-de-los-acuerdos-de-la-habana/#.V2zL1TUhTIU



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