Portada :: Espaa :: Rebelin en los cuarteles
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2016

Repblica o podredumbre

Luis Gonzalo Segura
Rebelin


El silencio oculta el 14 de abril de la misma forma que amortaja el 23-F, el golpismo y los chanchullos de la Monarqua, las cunetas llenas de cadveres, las manos ensangrentadas de Aznar y Gonzlez, el gran negocio de la industria armamentstica durante el gobierno de Zapatero y tantas otras historias escandalosas (como la que cuento en Cdigo rojo sobre el trfico de armas y que ha sido corroborada de nuevo por los Papeles de Panam: Aznar, Agag, Blesa, Juan Carlos I, El Assir y las armas; una ficcin demasiado real).


Sin embargo, hablar de la Repblica en estos momentos va mucho ms all, es una cuestin de moral e higiene. Es asunto de moral porque seguir continuando con un gobierno basado en la desigualdad jurdica y econmica o las nuevas formas de autoritarismo, que se apoyan en la concentracin de poderes y la prostitucin periodstica, nos conducir tarde o temprano al fracaso. Hemos convertido a nuestros polticos en pequeos dictadores, a nuestros reyes (porque no era suficiente con uno) en semidioses jurdicamente hablando y a los pobres espaoles y espaoles pobres en ciudadanos que cada da menos tienen y ms lejos se encuentran de los que s tienen.

Todo ello se ha cimentado en lo que algunos llaman Transicin y otros Rgimen del 78. Sinceramente, me niego a denominarlo de ninguna de estas formas. No hay transicin porque ello significa un cambio de estado que no se ha producido. No hemos mutado de una dictadura a una democracia, si es lo que se pretende definir con ese concepto, y menos de un da para otro en esa idlica generosidad y altura de miras que se nos atribuye. En todo caso, podramos afirmar que hemos consentido en disfrazar a la dictadura de democracia.

No somos una dictadura porque ya no fusilamos a los disidentes, pero encarcelamos a los titiriteros como en las dictaduras ms rancias. No somos una democracia porque la concentracin de poderes y el control de los medios de comunicacin es tan evidente que roza la obscenidad cuando nombran a Paco Marhuenda comisario honorfico (aun siendo condenado por difamar a un polica). Tampoco respetamos los derechos humanos, no tanto por los atropellos a la libertad de expresin o creacin, sino por las concertinas, las guerras neocolonialistas y la fosa comn llamada Mediterrneo. As pues, somos una democracia solo en apariencia porque carecemos de muchas de las caractersticas principales que nos separaran de un rgimen autoritario.

Tampoco me gusta hablar del Rgimen del 78 porque la realidad es que nuestro gobierno no emana de nada que ocurriese en 1978, sino que deriva directamente de 1936. La realidad es que no fue el rey un extrao que aterrizase en Espaa el 21 de noviembre de 1975, aunque no era necesario que lo fuese. Hubiese sido suficiente con que su comportamiento no oscilase entre hijo adoptivo de Franco y fiel lacayo del mismo mientras se fusilaba y reprima. Incluso, puede que nos conformsemos con una enrgica y continuada condena de Franco y todo lo que le rode, pero seguimos sin noticias.

Pretender afirmar que el rgimen ha cambiado porque no somos la dictadura franquista del 75 es un terrible error o un gran fraude, segn se mire. Esta argumentacin lo que quiere demostrar es que si no somos la Espaa franquista del 75, somos una democracia. El problema es que la veracidad de la primera afirmacin no transforma la falsedad de la segunda. Ciertamente, no somos la Espaa de 1975, sera un insulto plantear lo contrario, pero la Espaa de 1975 tampoco era la Espaa de 1939, ni la de 1945, 1950, 1960 o 1970 y, no cabe duda, todas estas etapas pertenecan a la misma Espaa. Los estados evolucionan y pueden, incluso, crecer econmicamente, pero eso no significa que hayan cambiado de estado (igual que la China de hoy no tiene nada que ver con la China de Tiananmn -1989-). Si pensamos framente, lo que hacan antes los militares en Espaa (atemorizar, silenciar y amenazar), ahora lo hacen muchos periodistas y lo que antes hacan las familias franquistas ahora lo hacen los hijos de estas junto a los polticos, los poderosos y los banqueros.

La Repblica tambin es una cuestin higinica porque la putrefaccin de la corrupcin, la indecencia del saqueo al que somos sometidos, la vergenza de escndalos como Panam y la connivencia de todos los poderes con este repugnante sistema, en cuya pirmide est la Monarqua, es por completo insoportable. Por si no fuera poco, la sensacin no es la de una Monarqua que se encuentra envuelta en esta lamentable situacin por casualidad o casi por obligacin, sino que dan la impresin, noticia a noticia, de tratarse de unos comensales que se encuentran muy cmodos rebuscando en los cubos de basura. La ltima: Pilar de Borbn en Panam.

En la actualidad, una Repblica no supone cortar cabezas ni degenerar en el caos como muchos afirman. Se trata, por el contrario, de conseguir que todos seamos iguales ante la justicia y que los cimientos del nuevo edificio que levantemos no se asienten sobre un terreno tan fangoso como el borbonismo y el franquismo. Por supuesto, tambin es necesario recuperar la ilusin de levantar un pas nuevo y diferente, algo mejor, y no dejar esta cochambrosa pocilga a las siguientes generaciones.

Si por el motivo que fuera, fusemos incapaces de vivir sin los reyes, por lo menos exijamos la igualdad de todos ante la ley. Es de vital importancia que los reyes, familiares y compis-yoguis, como todos, respondan ante los tribunales, los ciudadanos y los diputados.

Repblica o podredumbre, esa es la eleccin.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejrcito de Tierra, miembro del colectivo Anemoi.

El colectivo Anemoi recomienda las novelas Cdigo rojo (2015) y Un paso al frente (2014).

Puedes seguirlo en Facebook y Twitter (@luisgonzaloseg).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter