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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2016

Brexit, comienza la cuenta atrs

Alberto Arregui y Jordi Escuer
Rebelin


El proyecto de una Europa fortaleza, sobre las bases del capitalismo, se resquebraja irremediablemente con la decisin britnica de abandonar la Unin Europea. No es una buena noticia, pues aunque demuestra el callejn sin salida al que la historia enfrenta a las clases dominantes del viejo continente, genera un riesgo digno de ser tenido en cuenta: la descomposicin, sin alternativa, es el caldo de cultivo ideal para el engorde de los peores monstruos, de la xenofobia, el racismo, el nacionalismo ms obtuso, bajo las banderas patriticas, las monedas nacionales y las llamadas a la soberana nacional. La campaa del brexit as lo ha demostrado estando comandada por la invocacin del miedo, el rancio patriotismo imperial y la xenofobia ms repugnante.

Las murallas de Jeric amenazan con derrumbarse, pero no por el asedio del cambio social, de la lucha unida de la clase obrera europea, sino por las descomposicin reaccionaria en lneas nacionalistas.

El voto del miedo

Si de algo no cabe duda es que el factor determinante que ha provocado el voto del brexit ha sido el miedo, el convencimiento de que la llegada de inmigrantes al Reino Unido es una amenaza.

Pero acaso esta idea es slo una sea de identidad de los partidarios del brexit, de los patriotas britnicos del UKIP de Nigel Farage? Sin duda su partido, como el de Le Pen en Francia, Amanecer dorado en Grecia o el PP en el Reino de Espaa, son los defensores ms consecuentes de la xenofobia y el patrioterismo, pero no tienen la exclusiva.

Si algo ha permitido que esta idea atroz, de culpar a los refugiados que huyen de un mundo que est siendo destruido entre otras cosas por la intervencin econmica y militar de las potencias mundiales de las que la UE forma parte, son el mayor peligro para nuestra cultura nacional, es que todos los partidos mayoritarios en Europa han cado en esta cantinela, conservadores, liberales y socialdemcratas.

Desde luego es el caso de Gran Bretaa, los ms brutales partidarios de romper con la UE han agitado con fotos de una invasin de las islas por parte de las personas migrantes. No con fotos de Lesbos, o de las vallas donde mueren, sino montajes que figuran una avalancha imparable. Pero los partidarios de mantenerse tambin han incluido en su campaa el peligro de la inmigracin, hablando de recortar los derechos de los extranjeros, de limitar el derecho de asilo, de renegociar con la UE para que las islas no tuvieran que cumplir ni siquiera los esculidos compromisos comunitarios.

Nos puede servir de ejemplo lo que hemos vivido aqu, donde el PP ha agravado la situacin de las personas migrantes, pero los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) han sido constituidos como crceles por gobiernos del PSOE, donde el trato cruel, inhumano dado en nuestras fronteras, especialmente en Ceuta y Melilla, se ha hecho con el acuerdo del bipartidismo.

Es sin duda un espantajo eficaz que intenta ocultar los autnticos problemas de la economa capitalista, que intenta desviar la atencin de una situacin en que la mayora de la poblacin empobrece mientras una minora aumenta su riqueza. Se busca una cabeza de turco, lo fueron los judos, para la extrema derecha y ahora son los extranjeros, pero no todos los extranjeros, slo los pobres. El racismo es una forma abyecta de clasismo, es un arma de la clase dominante, para que una parte oprimida de la poblacin sienta que tiene algo que defender, un estatus econmico y nacional, frente a un enemigo inferior, en lugar de hacer causa comn contra el verdadero enemigo: la banca, el Ibex 35, la clase dominante de toda la Unin Europea.

El camino es el internacionalismo, no el nacionalismo

Tambin est claro que no podemos compartir los argumentos de Cameron u otros partidarios de la UE, pues lo hacen por sus propios intereses de clase, para organizar una explotacin comn de la clase obrera europea y poder tener una posicin ms slida en el mercado mundial y en la especulacin financiera, pero lo sucedido debiera hacer reflexionar a esos sectores de la izquierda que ven progresista la reivindicacin de romper con Europa y buscar una alternativa nacional en una supuesta soberana y moneda propia, argumentando que ese es el camino para resolver los problemas que afectan al pueblo trabajador. Cuando hablan de recuperar la soberana, se olvidan de que no se puede recuperar lo que nunca se ha tenido. La soberana del Estado espaol reside en sus instituciones que no estn al servicio del pueblo sino de la clase dominante, por eso de lo que deberamos hablar, en todo caso, es de conquistar una sociedad construida para satisfacer las necesidades del pueblo trabajador, y para ello el camino no es el nacionalismo (seran los argumentos del nacionalismo burgus cataln, o en versin anticapitalista de la CUP) sino el internacionalismo.

Desde luego, la UE no es reformable, pero tampoco lo es el Estado espaol. Por ello colocar el debate en la salida nacional, en la soberana, es un error. Hay que construir una nueva Europa, sin que eso sea incompatible con proponer reformas en la UE, que no es lo mismo que pensar que es posible transformar las instituciones de la UE en un sentido socialista. Tambin pedimos reformas de todo tipo en el marco nacional (derogacin reforma laboral o ley mordaza, mayor inversin en vivienda, sanidad o enseanza, creacin de un Banco Pblico) y ello no quiere decir que santifiquemos las instituciones o pensemos que el Estado es neutral. Al contrario, la lucha por esas reformas se convierte en un escuela necesaria para que las clase trabajadora eleve su nivel de organizacin y de conciencia sobre la necesidad de una transformacin socialista de la sociedad.

Sin duda, los compaeros que defienden una salida en lneas nacionales, abandonando la UE, estn cargados de buenas intenciones, como empedrado est el camino del infierno de esas buenas intenciones. Si de algo no deja duda lo sucedido en Gran Bretaa es que el brexit, como lo sera el espexit, atiza una ola de violenta xenofobia, de racismo, de nacionalismo, en definitiva proporciona armas a los sectores ms reaccionarios de la sociedad, no a los progresistas.

Esa posicin patritica, no slo nos aleja de los pueblos de Europa, sino que contribuye a sembrar la divisin entre la clase trabajadora, en lugar de insistir en la necesidad de la unidad por encima de las fronteras.

Estos das estamos viviendo, en contraste, una lucha magnfica de la clase obrera francesa frente a las polticas de austericidio (significativamente de un gobierno socialista), eso pone en el orden del da, la que realmente tendra que ser la bandera de la izquierda europea: luchar unidos, levantar un movimiento del conjunto de los pueblos de Europa que plante cara a nuestros adversarios, una Europa de los pueblos frente a la Unin Europea de los mercaderes.

Es quiz la mayor paradoja de la poca que estamos viviendo; la izquierda, el movimiento obrero, que fue la cuna del internacionalismo, se halla dividido, mientras las clases dominantes de Europa se organizan para subyugarnos.

Hemos visto algunos embriones, como El Plan B para Europa, pero tenemos que ir ms lejos, necesitamos levantar un programa comn de lucha, organizar una huelga general en Europa, mostrar que existe otro camino.

Que las viejas estructuras de dominacin se derrumben es una buena noticia si podemos oponerle un programa de transicin, una alternativa de transformacin socialista de la sociedad. Pero si se descompone la sociedad sin alternativa veremos cmo ese camino que se ha abierto a la barbarie en distintas zonas del planeta tambin alcanza al continente europeo.

Sin duda esa es la tarea, creer en nosotros mismos, decir con orgullo y conviccin que tenemos una alternativa a la quimera de la UE capitalista, la construccin de una Europa de los pueblos, de una sociedad socialista.


Fuente original: http://www.porelsocialismo.net/brexit-comienza-la-cuenta-atras/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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