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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2016

Toma de la Universidad Nacional Autnoma de Honduras por los estudiantes contra planes neoliberales de privatizarla
Carta pblica de un padre de familia: "Perdamos un periodo, pero no perdamos la universidad pblica para siempre"

Milson Salgado
Rebelin


Soy un padre de familia que tiene dos hijas estudiando en la Universidad Nacional Autnoma de Honduras. Una Estudia la carrera de derecho y la otra se decidi por estudiar la carrera de lenguas extranjeras. Ellas no se han podido incorporar a las acciones estudiantiles de protesta porque viven alejadas de la ciudad, pero me han dicho que prefieren perder un perodo acadmico a perder para siempre la Universidad Nacional Autnoma de Honduras, que de paso se convertira de un espacio pblico abierto para pobres, ricos y clase media en un lugar reservado exclusivamente para las lites, y para darle legitimidad a la cultura dominante y excluyente con la consiguiente desconstruccin del lenguaje, de los dispositivos de manipulacin masiva, y de la lgica de la convivencia social y humana para justificar la segregacin acadmica.

Para nadie es desconocido que los xitos escolares se obtienen segn la clase social de que provengan los estudiantes, y esto est dado en funcin del acervo cultural que stos posean y de relacin continua que tengan con la cultura dominante de las clases altas, cuyos intereses son los que al final de cuentas se siguen reproduciendo curricularmente en el mundo pretendidamente neutral de la academia. Ello sin eludir casos excepcionales de capacidades individuales, esfuerzos sociales y familiares que trascienden los estndares de marginalidad.

Las actuales normas acadmicas que mandan al mundo de la desercin universitaria a un gran nmero de estudiantes se cimentan en enfoques naturalistas, y atribuyen el xito o el fracaso acadmico a desigualdades naturales y a dotes que ha concedido en forma desigual la madre naturaleza. Con esa perspectiva reduccionista se busca justificar los postulados de la igualdad formal de todos los alumnos, soslayando de manera deliberada las desigualdades sociales que son las que al final explican el xito de los ms aptos, y la adaptacin cada vez ms lenta de los que han tenido poco contacto con la cultura dominante, que marca el paso curricular de la academia defendida por profesionales del sofismo, quienes les confieren cualidades aspticas y procuran despojarla de enfoques interpretativos con sesgo.

A la luz de estos presupuestos, es entendible acaso que los hijos de clase social alta tengan ms ventaja en la universidad, porque ellos ya estn inmersos desde su entrada en ella en la cultura dominante. Al contrario los hijos de clases dominadas sufren un proceso de aculturacin a una cultura distinta a la suya propia, lo que les exige un esfuerzo de adaptacin y asimilacin arduos que no alcanzan los plazos temporales en que se suscita su expulsin universitaria. La cultura de las lites est tan cerca de la cultura de la academia que el alumno que procede de un medio campesino u obrero no puede adquirirla sino a base de un esfuerzo continuado, mientras que a un alumno de clase culta le vienen dados por su posicin social. De modo que para unos, el aprendizaje de la cultura de la lite es una verdadera conquista que se paga a un precio muy alto como el de tener que abandonar la universidad como pasa con las actuales normas acadmicas que al perderse tres clases tienes que abandonar la Universidad, mientras que, para otros, constituye una herencia que comporta, al mismo tiempo, la facilidad y las tentaciones de la facilidad (Bourdieu y Passeron, 2011 pg., 51). Hay una evidente afinidad entre la cultura acadmica y la cultura de la clase alta (Bourdieu y Passeron, 2011 pg. 109).

Estas verdades sociolgicas que han sido objetos de estudios en investigaciones cualitativas y cuantitativas y descritas en tablas y anlisis estadsticos, han creado las bases de la Universidad pblica en el sentido de que la institucionalidad universitaria debe estar al servicio de la adaptacin de los que menos han tenido la oportunidad de adaptarse a los enfoques clasistas de una academia que no ha sabido librarse de su connatural elitismo, y por ello, los que han sabido percibir ese fenmeno social como autoridades universitarias pasadas, han dispensado espacios de tolerancia para tratar en un plano de igualdad a los desiguales. Sin embargo, la recurrencia a la calidad acadmica por la calidad acadmica misma, importando un bledo el destino de los estudiantes, clarifica la intencionalidad de crear las condiciones objetivas para transitar de la universidad pblica a la Universidad privada donde se aplican criterios de competencia, y en una perspectiva darwiniana, solamente sobreviven los ms aptos y se le rinde honores al xito personal y a la mercantilizacin de la educacin.

El ejercito de excluidos con normas acadmicas que castigan y criminalizan el origen social de los estudiantes, si pretenden coronar una carrera universitaria tendrn que buscar una universidad privada, y la Universidad Nacional Autnoma se convierte de facto en el olimpo de las lites peripatticas que acortan las inversiones sociales y cumplen con las exigencias de los organismos internacionales de crdito, y de paso se abre la posibilidad para el incremento de las tarifas estudiantiles que ya fueron aprobadas sin agotar consensos democrticos. De manera pues que los planes educativos y la misma carga curricular no ensean el funcionamiento de la sociedad misma. Sino ms bien la cultura de un grupo o una clase social determinada que ocupa una posicin de poder en la sociedad. Ese sistema educativo reproduce las relaciones estructurales de la sociedad, y las relaciones de fuerza entre las diferentes clases sociales.

La educacin, por tanto, cumple varios cometidos, una funcin cultural al inculcar, transmitir y conservar la cultura dominante: hace cotidianamente aceptable la cultura universitaria, codifica, homogeneza y sistematiza el mensaje educativo y a quien lo transmite. Tiene tambin una funcin social, al reproducir la estructura social y sus relaciones de clase. Y adems posee una funcin ideolgica, al enmascarar esa funcin social bajo la apariencia de ser autnoma, independiente y neutral; y cuanto mejor aparente esto la educacin, mejor realiza esas funciones.Y todo ello se suscita en ltima instancia, de la mano del agente que es el catedrtico, del cual el sistema educacin se asegura de que ponga todos sus recursos y celo al servicio de su funcin de inculcacin, al concederle la delegacin de la autoridad institucional de la educacin.

El catedrtico ejerce sus funciones mediante sus acciones pedaggicas, pero ellas estn controladas por las clases dominantes, puesto que se instrumentalizan para adoctrinar la arbitrariedad cultural; por ello, ellas son medios de dominacin y de reproduccin. De esta maneta poder y cultura firman un pacto para reproducirse en el tiempo y en el espacio. Por lo que toda accin pedaggica se convierte ineludiblemente en una violencia simblica.

Ahora la reaccin que se produce en la persona cuando interioriza los principios de esa arbitrariedad cultural, son hbitos, prcticas intelectuales, morales y laborales, que perpetan el poder social. La institucionalidad secuestrada selecciona y legitima ese sistema de hbitos y prcticas sociales impuestos por una clase, y bajo el discurso manido de la academia asptica presenta unos valores y normas culturales de clase como si stas fueran universales.

Contra todos esta axiologa de falsos valores se han enfrentado los estudiantes, y han desenmascarado los planes tenebrosos que buscan con olores de modernidad despojarlos de la educacin pblica y gratuita de la que siempre haban gozado, y que en la lgica de las privatizaciones del actual gobierno, el turno toc las puertas a la educacin, pero los estudiantes han plantado la cara frente a las pretendidas movidas hegemnicas, y han estado a la altura de la valenta y de la heroicidad en el mero epicentro de un sistema dictatorial y represivo, y sobre todo, han puesto en peligro sus vidas para salvar con su imaginacin y su erudicin precoz el futuro de millones de hondureos.

Ante este panorama desolador, comprendemos y levantamos banderas de solidaridad y admiracin ante las inteligentes propuestas de dialogo que hacen los estudiantes a las autoridades universitarias, al relacionar la falta de integracin estudiantil en la conformacin del gobierno universitario, y en la nula y deliberada ausencia de comprensin cultural y el carcter impositivo de las normas acadmicas que bajo enfoques neoliberales pretenden arrebatarnos la universidad pblica, y llevarla mansamente al redil bobalicn de la universidad privada, donde el debate se anula, el pensamiento se uniforma, la democracia es un grito soslayado para unos pocos ingenuos y el elitismo cultural estampa su huella para segregar la educacin, y librarla de ese ejercito asqueroso de pobres que en este espacio asignado por la providencia de los que hipotecan el pas entero no se les quiere dar ninguna cabida.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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