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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2016

El dogma de mercado y las herejas que nunca llegan a convertirse en Blasfemias
Las crticas neoliberales al neoliberalismo

Jos Francisco Puello-Socarrs
Rebelin


Resumen. El artculo analiza los cambios y las continuidades ideolgicas en los procesos de alienacin en el marco de la crisis del capitalismo neoliberal actual, ponderando este plano a partir de la activacin de las capacidades hegemnicas para renovarse (resiliencia). Mantiene como clave de argumentacin el giro en las prcticas discursivas al interior del pensamiento neoliberal. Este movimiento registra un desplazamiento discursivo (tambin de los lugares de enunciacin) desde las corrientes ortodoxas (posiciones consideradas dogmticas y fundamentalistas de mercado), hacia expresiones heterodoxas del neoliberalismo (perspectivas en las cuales el mercado contina siendo el eje fundamental para la produccin y reproduccin de las relaciones sociales). Los cambios intra-hegemnicos se caracterizan por el trnsito desde una primera versin de neoliberalismo tendiente a la desregulacin (1970-2000) hacia una nueva sntesis o versin de nuevo cuo: el neoliberalismo regulado o nuevo neoliberalismo (2000-actual). Este acontecimiento garantiza relegitimar ideolgicamente la doxa de mercado (hoy en crisis) reforzando la continuidad del statu quo para el capitalismo de poca. Una manera para aproximar este hecho, histrica y actualmente, parte de la reflexin sobre las crticas neoliberales al neoliberalismo, conceptualizndolas como herejas frente a este pensamiento en su faceta dogmtica.

 

La hereja es indispensable para comprobar la salud del dogma. Jos Carlos Maritegui

 

1. Neoliberalismo sobrevendido? Preliminares 

La ltima edicin de la revista oficial del Fondo Monetario Internacional (FMI): Finance & Development (Junio 2016), incluye un artculo, titulado suspicazmente: Neoliberalism: oversold? (traducido al espaol como: Neoliberalismo un espejismo?). Ostry, Loungani y Furceri (2016), tres economistas pertenecientes a ese organismo, reconocen algunos secretos a voces que estratgicamente han sido omitidos por la ideologa dominante.

Por ejemplo, la emergencia de la agenda neoliberal, la cual varios analistas han venido ubicando alrededor de la dcada de 1980s asociada a los gobiernos conservadores de Reagan y Thatcher haba evitado vincular al neoliberalismo ab origine con el milagro chileno. A su manera, estos autores desmienten la pretendida epifana planteada en su oportunidad por Milton Friedman.

Esta primera alusin resulta importante puesto que si bien no se reconoce explcitamente, permite seguir subrayando que la plataforma neoliberal irrumpi tempranamente en Amrica Latina a travs de los golpes de Estado, empezando por el asestado al gobierno socialista democrticamente elegido de Salvador Allende, y la dictadura cvico-militar que impuso Pinochet en el marco del Plan Cndor auspiciado por los Estados Unidos, segn lo han ratificado los documentos desclasificados por este mismo gobierno. Este modelo despus de haber sido decretado manu militari en la regin, fue imitado en Inglaterra y los Estados Unidos, y ms tarde desplegado a nivel global, en varias ocasiones siguiendo su mecanismo inaugural: a sangre y fuego (cuestin crucial que se omite nuevamente).

En todo caso, esta declaracin fondomonetarista abre de nuevo la oportunidad para seguir subrayando la naturaleza inherentemente autoritaria y antidemocrtica del neoliberalismo desde su mismo estreno, hasta los tiempos presentes. El documento destaca adems que, si bien la agenda neoliberal habra trado "beneficios" para el mundo contemporneo −segn los autores, mayores tasas de crecimiento y competencia internacionales; limitaciones a los Estados que desgobernaban sus sociedades abusando del dficit fiscal; la expansin del comercio global, de la cual afirman los autores rescat a millones de personas de la pobreza (nunca lo demuestran!); la transferencia de tecnologa hacia los pases en desarrollo; y, mejoras en la eficiencia en la provisin de servicios, entre otras tantas virtudes−, existiran tres promesas incumplidas por el neoliberalismo que pueden resumirse as:

- Los beneficios en trminos del crecimiento econmico son bastante difciles de establecer cuando se observan un nmero amplio de pases.

- Los costos en trminos de una creciente desigualdad son prominentes. Tales costos reflejan la contrapartida entre los efectos del crecimiento y la desigualdad de varios aspectos de la agenda neoliberal.

- La creciente desigualdad a su vez afecta (negativamente) el nivel y la sustentabilidad del crecimiento. Incluso si el crecimiento es el nico o el principal propsito de la agenda neoliberal, la defensa de tal agenda an necesita prestar atencin a los efectos distributivos.

Las reacciones no se hicieron esperar. Para el Financial Times la publicacin ha sido un inapropiado mea culpa del neoliberalismo as se lee literalmente en una editorial dedicada a este artculo−, puesto que esas ideas auxilian () regmenes opresivos en todo el mundo que se posicionan como cruzados contra el neoliberalismo, subyugando a su poblacin con medidas econmicas ineficaces. Otros comentaristas, en cambio, dicen estar sorprendidos que desde las entraas del FMI se haya criticado la orientacin ideolgica, poltica y econmica defendida dogmticamente por ese organismo durante dcadas: el neoliberalismo.

Entre el calidoscopio de las reacciones, por ejemplo, Dani Rodrik afirm: Qu demonios est pasando? El FMI se une a las crticas al neoliberalismo. Por su parte, Naomi Klein (autora del best-seller: La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, 2008), se pregunt: el FMI admite que el neoliberalismo es un fracaso, ahora todos los multimillonarios que ha ayudado a crear van a devolver su dinero, verdad? [1] . Pero, qu tan cierto es que el FMI se une a las crticas al neoliberalismo? Cules son los alcances y el significado ideolgico y prctico de estas crticas?

De entrada hay que matizar las extraezas advirtiendo que situaciones como las propiciadas por el artculo de Ostry et alter y algunos comentaristas, no son nuevas ni inditas. Hacen parte de la tendencia ms reciente y actual del discurso hegemnico, el cual pretende seguir reforzando la continuidad del capitalismo neoliberal aunque bajo una nueva sntesis, una versin de nuevo cuo. Este giro en las prcticas discursivas hegemnicas desde posiciones consideradas dogmticas y fundamentalistas de mercado hacia otras perspectivas neoliberales en las cuales el mercado es fundamental, recientemente han sido denominadas de varias maneras: (neo)liberalismo regulado (Watkins 2010), nuevo neoliberalismo (Puello-Socarrs 2008a y Puello-Socarrs et alt. 2015) [2].

Aunque estos acontecimientos no son signos que alertan sobre un cambio de poca y de rupturas, s evidencian una poca de cambios al interior del neoliberalismo que debe ser subrayada, terica y polticamente, con el objetivo de reorganizar las fuerzas social-populares y retomar las praxis autnticamente contra el neoliberalismo.

Despus de varios aos de ser demostrativas −en frecuencias e intensidades−, especialmente en NuestrAmrica, las resistencias sociales y populares lograron posicionar regionalmente una perspectiva de contestacin poltica frente al neoliberalismo. Incluso, los primeros aos del siglo XXI llegaron a elevar tanto horizontes anticapitalistas como formas alternas-y-nativas, alternativas al desarrollo neoliberal: v.gr. post-desarrollismos (vase Escobar, 2005 y Quijano, 2014); paradigmas civilizatorios del Buen-vivir-Bien como suma qamaa, summa kawsay, ande reko (vase Yampara & Temple, 2008); socialismos raizales (vase Fals-Borda, 2013). Sin embargo, este movimiento de alternativas parece hoy ponerse entre parntesis, entre varias razones, por inadvertir las influencias que ejercen esta clase de operaciones ideolgicas hegemnicas.

2. Crticas neoliberales al Neoliberalismo: tesis y evidencias 

Tesis #1. Lejos de verificar el final de sus finales, como fue anticipado errnea y precipitadamente al decir de Harvey (2004), por agoreras predicciones desde distintos orculos entusiastas realizados por distintos sectores, hoy nuevamente exacerbados con ocasin del artculo de Ostry et alter [3], y a pesar de debatirse en una crisis sin precedentes que cuestiona fuertemente sus fundamentos histricos en diferentes dimensiones (una de ellas: la ideolgica), el neoliberalismo ni se desvanece ni se debilita. En contraste: el neoliberalismo contina profundizndose globalmente y se consolida como el proyecto econmico poltico del capitalismo tardo, hoy actualmente vigente.

La construccin de una sociedad de mercado (no slo de una economa, dos cosas distintas) a nivel planetario contina siendo la (contra)utopa de las lites mundiales. Como muestra Mirowski (2013), la crisis capitalista mundial en curso y los ltimos shocks (v.gr. financiero, socio-ambiental, trayendo a colacin nicamente dos de ellos), antes que servir para debilitar socialmente o falsear en lo ideolgico la vigencia del neoliberalismo, paradjicamente han reforzado su persistencia.

Le asiste la razn a Slavoj iek (2003, 7) cuando seala que para la mayora de la gente comn: Hoy... parece ms fcil imaginar el fin del Mundo que un cambio mucho ms modesto en el modo de produccin, como si el capitalismo liberal fuera lo real que de algn modo sobrevivir, incluso bajo una catstrofe ecolgica global.

Esta (contra)utopa se encuentra hoy en firme y proyectndose. Varios dispositivos concretos como los Tratados de Libre Comercio de ltima generacin: Trans-Atlntico (EE.UU. + Unin Europea) o Trans-Pacfico (EE.UU. + 11 pases pertenecientes a la Cuenca del Ocano Pacfico) o, instancias subordinadas a estos acuerdos como la Alianza del Pacfico, son ilustrativos de este hecho.

Tesis #2. Hoy y ayer, las (supuestas) crticas al neoliberalismo, sobre todo aquellas que provienen desde lugares de enunciacin indudablemente hegemnicos, como el FMI (el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, ms recientemente, el Foro Econmico Mundial), no son crticas en el sentido de pretender modificar, menos an intentar superar, el actual estado de cosas. Ciertamente, este neoliberalismo crtico del neoliberalismo, ni siquiera pretende impugnar los efectos que l mismo ha causado en el pasado, acertadamente descritos como holocausto social (Max-Neef 2015). Este tipo de sagaces diatribas hay que interpretarlas como estrategias discursivas resilientes desde el interior del neoliberalismo, una forma de regenerar −al decir de F. Bergsten (2011)− su maltrecha imagen, tanto en el sentido ideolgico como prctico [4].

Tres argumentos claves permiten confirmar la tendencia comentada en la anterior tesis.

2.1. Desde el shock financiero global (2007-2008) se han exacerbado las crticas al libre mercado. Incluyendo las crticas al neoliberalismo hechas por los mismos neoliberales!

En tiempos recientes, no hay lder en el mundo que pertenezca a las potencias globales, norteamericanas o europeas, o provenga de las lites desde los mal-llamados pases emergentes o las naciones consideradas sub-desarrolladas, que no se haya pronunciado en contra del neoliberalismo. Por supuesto, esta astucia ha sido caracterstica entre aquellos que han promovido dogmtica y obedientemente la agenda econmica y el proyecto sociopoltico neoliberales en el pasado. Algunos ejemplos sobre este particular resultan paradigmticos.

Para Peer Steinbrck, Ministro de Finanzas de Alemania (2005-2009): El capitalismo de laissez-faire y la idea de que los mercados deberan ser liberados de la regulacin tanto como fuera posible son argumentos errados y peligrosos (EUObserver, 26 septiembre 2008). Los mercados financieros globales se haban convertido en monstruos, propona Steinbrck, siguiendo un apelativo antes enunciado por Horst Khler, antiguo director gerente del FMI! (2000- 2004) cuando oficiaba como Presidente de la Repblica Federal Alemana. Ante ello, se precisaba civilizar a los mercados, a travs de la decidida accin de los gobiernos o, en palabras de Khler (Financial Times, mayo 15 2008), mediante una mayor regulacin.

La idea de un mercado libre pero civilizado fue replicada en simultneo por otro alemn: Joseph Ratzinger (Papa Benedicto XVI) en la Carta Encclica: Caritas in Veritate (2009). Hoy es un pronunciamiento insistente en las exhortaciones supuestamente contra el neoliberalismo, por parte del argentino Jorge Bergoglio, actual Papa Francisco. Las controversias, en este sentido, han tenido que ser aclaradas pblicamente por el Vaticano, a travs de su mano derecha, el cardenal Reinhard Marx. Esta lnea discursiva, el cato- neoliberalismo (vase Puello-Socarrs 2015 y 2014a) resulta ser una de las expresiones ms difanas sobre las pretensiones del neoliberalismo crtico del neoliberalismo: recrear una Economa Social de Mercado (ESM) a nivel global, derrotero en cual coinciden contemporneamente el Vaticano y la canciller alemana ngela Merkel e histricamente, con Milton Friedman y Augusto Pinochet.

Gordon Brown, ex Primer Ministro Britnico, propona que el ao 2008: finalmente marcaba el final de la vieja poca del dogma del libre mercado desenfrenado. Nicols Sarkozy, reconocido promotor de las ideas neoliberales, fungiendo como Presidente de Francia sentenciaba tambin: () la idea del mercado omnipotente sin reglas ni intervencin poltica es descabellada. La autorregulacin se acab. El laissez-faire se acab. La omnipotencia del mercado que siempre tiene la razn, se acab (Liberation, 26 septembre 2008). Mientras que su compatriota, Dominique Strauss-Kahn (2011), en la poca en que serva como !Director Gerente del FMI!, durante una conferencia en Washington, silenciaba un auditorio sosteniendo que la bitcora fondomonetarista desde los aos 1990s: El Consenso de Washington pertenec[a] al pasado.

Barack Obama inaugur su mandato presidencial en los EE.UU., diciendo:

La pregunta que hay ante nosotros no es si el mercado es una fuerza benfica o enferma. Su poder para generar riqueza y ampliar la libertad resulta incomparable. Pero esta crisis nos ha recordado que sin un ojo vigilante, el mercado puede salirse de control (Discurso de posesin presidencial, 2008)

Al mismo tiempo que el Premio Nobel de Economa, Joseph Stiglitz aseguraba:

El programa de la globalizacin ha estado estrechamente ligado a los fundamentalistas del mercado: la ideologa de los mercados libres y de la liberalizacin financiera. En esta crisis, observamos que las instituciones ms basadas en el mercado de la economa ms basada en el mercado se vienen abajo y corren a pedir la ayuda del Estado. Todo el mundo dir ahora que ste es el final del fundamentalismo del mercado. En este sentido, la crisis de Wall Street es para el fundamentalismo del mercado lo que la cada del muro de Berln fue para el comunismo: le dice al mundo que este modo de organizacin econmica resulta insostenible. Al final, dicen todos, ese modelo no funciona [nfasis propio] (El Pas, 21 de septiembre de 2008).

El cientista poltico norteamericano Francis Fukuyama quien un par de dcadas atrs haba sentenciado El fin de la Historia (de la humanidad!) bajo el capitalismo neoliberal y sus instituciones, propona taxativamente, ese mismo ao:

() cierta versin de capitalismo ha colapsado Entre 2002 y 2007 mientras el mundo disfrutaba un perodo de crecimiento econmico sin precedentes, era fcil ignorar a esos socialistas europeos y populistas latinoamericanos que denunciaban el modelo usamericano como capitalismo de vaqueros. Pero ahora que el motor de ese crecimiento, la economa norteamericana, se ha descarrilado y amenaza hundir al resto del mundo con ello. Peor, el culpable es el modelo Americano mismo: bajo el mantra de menos gobierno [nfasis propio; cursivas no pertenecen al texto]. (The End of American Inc., The Economist, 3 octubre de 2008).

En este itinerario de relatos, no hay que dejar de sealar que desde Amrica Latina y el Caribe, laboratorio de resistencias donde se desplegaron las luchas ms determinantes contra el neoliberalismo durante el cambio de milenio, varios gobiernos se hicieron al mote del capitalismo (en) serio, convergiendo con la impronta de las prcticas discursivas de los pases centrales que antes consignbamos.

Precozmente en 2003, el extinto presidente de Argentina, Nstor Kirchner explicaba ante la Bolsa de Comercio de Buenos Aires:

El plan es construir en nuestra patria un capitalismo en serio, con reglas claras en las que el Estado juegue su rol inteligentemente para regular, para controlar, para hacerse presente donde haga falta mitigar los males que el mercado no repara, poniendo un equilibrio en la sociedad que permita el normal funcionamiento del pas (Kirchner, 2003).

Como antesala a las reuniones del G-20 en 2011, en la Cumbre paralela al G-20, llamada B-20 (congreso de empresarios), realizado en Cannes (Francia), su esposa, Cristina Fernndez de Kirchner, presidente en ejercicio, insista por ensima vez:

Lo que estoy proponiendo es volver al capitalismo en serio, porque esto que estamos viviendo, seores, no es capitalismo. Esto es un anarco-capitalismo financiero total, donde nadie controla a nadie [nfasis propio] (Clarn 3/11/2011).

Este lema encontr afinidades tanto con la versin uruguaya, muchas veces remarcada por ex presidente de la Repblica Jos Pepe Mujica (vase Percy 2015) [5] ; como con el neo-liberal-desarrollismo del Partido de Los Trabajadores brasileo durante los gobiernos de Luiz Incio Lula Da Silva y Dilma Rousseff (vase Iasi , 2012).

En esos momentos, muchas personas pudieron reaccionar desprevenidamente de la misma manera en que lo hizo Rodrik y decir: Qu diablos est pasando? Reconocidos neoliberales se critican as mismos!. Y de ah pudieron surgir las ms variadas especulaciones sobre hipotticos mea culpa, arrepentimientos o supuestos actos de contricin.

Todas estas declaraciones, no obstante, se entienden en su justa proporcin y real dimensin cuando se revelan los autnticos propsitos que las animan:

a) Regenerar la maltrecha imagen del capitalismo neoliberal, presentndolo ahora en una versin menos fundamentalista (dogmtica) . Para ello ha sido preciso realizar una crtica al mercado desenfrenado, anrquico, desregulado, monstruoso, pero al mismo tiempo, avalando la existencia de otra (supuesta) cara del Mercado con lmites, serio, regulado, civilizado, etc.

b) Alejarse del perfil ab origine del neoliberalismo promoviendo su continuidad bajo una versin de tercera va, en la cual los llamados a la regulacin estatal (o gubernamental), resultan cruciales . Estas invocaciones niegan firmemente toda posibilidad de convalidar el intervencionismo de Estado (a la Keynes) o las modalidades de Planificacin estatal (Socialista), reafirmando tambin el reconocimiento neoliberal segn el Mercado ni es omnipotente ni perfecto; no obstante, sigue intacta la conviccin que el Mercado debe ser el criterio ordenador omnipresente y (re)productor de la totalidad de las dinmicas sociales −no slo en cuestiones de economa, como suele pensarse−, a pesar de la competencia imperfecta que hoy se acepta en las lgicas de mercado [6].

Ambas situaciones, ltimamente, han sido reiteradas tanto en los discursos como en las prcticas en medio del trnsito global, desde el neoliberalismo desregulado del pasado (el modelo angloamericano) hacia el (nuevo) neoliberalismo regulado del presente [7].

Este giro se encuentra respaldado ideolgica y tericamente por versiones menos fundamentalistas del neoliberalismo histrico, alejadas precisamente del modelo (anglo)americano −tal y como lo sugieren Fukuyama y tambin lo recalca Stiglitz, como se ver ms adelante−, ms prximos a los fundamentos heterodoxos de raigambre austro- alemn, entre ellos la economa social de mercado, los cuales podran resumirse sintticamente alrededor de dos lemas bsicos: i) Freie Wirtschaft, starker Staat (Economa libre, Estado fuerte); y, ii) So viel Markt wie mglich; so viel Staat wie ntig (tanto Mercado como sea posible, tanto Estado hasta donde sea necesario) (vase Puello- Socarrs 2008a y 2015a).

Y es que no hay que olvidar que el proyecto neoliberal de largo plazo, es decir, ms all de las coyunturas propias de su auge y evolucin tempranas si se quiere, las fases de choque, identificadas con aquella versin fundamentalista ms dogmtica, a lo cual Klein (2007) llam: la doctrina del shock−, se concibi alrededor de una Economa Social de Mercado (ESM), la cual tuvo como laboratorio in vivo ab origine Chile en tiempos de Pinochet!, como qued registrado en uno de los tantos intercambios epistolares entre el dictador austral y el pater putative del neoliberalismo, Milton Friedman:

El problema econmico fundamental de Chile tiene claramente dos aristas: la inflacin y la promocin de una saludable economa social de mercado () El mayor error, en mi opinin plantea Friedman -, fue concebir al Estado como el solucionador de todos los problemas, de creer que es posible administrar bien el dinero ajeno. [nfasis propio; cursivas no pertenecen al texto] (Friedman 1998, 591: Carta al Excmo. Sr. Augusto Pinochet Ugarte, 21 de abril de 1975).

2.2. Operadores (intelectuales) en construccin (del nuevo neoliberalismo)

Al da de hoy, existe un contingente emergente, pero relativamente consolidado de neoliberales crticos del neoliberalismo. Desde variados locus individuales y colectivos: organizaciones multilaterales (entre ellas el Fondo Monetario Internacional!), centros de investigacin, universidades, think tanks y, especialmente, personalidades mundialmente publicitadas, los denominados (nuevos) money-doctors o profetas de la economa; aunque aqu preferimos seguir la caracterizacin hecha por John Perkins: Economic hit-men (2006) , las operaciones para la regeneracin ideolgica del neoliberalismo tardo avanzan sin titubeos.

El anlisis sobre los mbitos acadmicos e intelectuales, hoy (progresivamente) hegemnicos, es una oportunidad para comprender y explicar este acontecimiento. Estos lugares de enunciacin y produccin inmateriales se constituyen en piezas claves dentro de la alienacin ideolgica, es decir: los procesos de ocultamiento sistemtico de las contradicciones del capitalismo de poca. En su fase actual: la neoliberal, en la cual los desajustes y conflictos socioeconmicos se exacerban (v.gr. los niveles de desigualdad, pobreza, pauperizacin, etc.), la mistificacin y el fetichismo ideolgicos resultan conditio sine qua non para la reproduccin del sistema como un todo.

La alienacin actual puede ser ejemplificada a partir de los roles que han venido jugando contemporneamente ciertos perfiles intelectuales, especialmente, los premios nobel en economa contemporneos. Sus actuaciones no slo influyen sobre los campos de pensamiento en abstracto en las universidades, comunidades epistmicas o en los imaginarios de la opinin pblica. Son una de las mediaciones ideolgicas cruciales con efectos reales y concretos en distintas orientaciones institucionales: referenciales e instrumentos en el terreno de las polticas pblicas, econmicas; diseos organizacionales, etc.

Algunos casos son demostrativos de lo que hemos venido argumentando. Elinor Ostrom, primer mujer en ganar el premio nobel en economa en 2009 y politloga usamericana crtica de la ortodoxia neoclsica (especialmente del homo economicus) es, a su vez, una de las principales promotoras de las teoras del emprendimiento y el homo redemptoris, argumentos desarrollados originalmente por los neoliberales austriacos!

El Gobierno de los bienes comunes (Ostrom 2011), inspirado en las teoras de F.A. Hayek recordemos, bautizado como el padre del neoliberalismo, ha ganado difusin y gran aceptacin, incluso entre sectores de la izquierda acadmica en Amrica Latina. Esto aun cuando los planteamientos de Ostrom proponen una forma tan indita como velada de gobernanza o gestin privada de lo comn (es decir, la mercantilizacin de los territorios y bienes comunitarios), a travs de la construccin de (nuevas) esferas pblico-privadas: espacios sociales que funcionan a partir de lgicas de mercado, pero respaldados y, sobre todo, regulados por el Estado.

Por esta razn, varios autores no han dudado en destacar que la propuesta terica de Ostrom insiste en desarrollar una concepcin de lo comn sin comunidad, es decir: sin lazos comunales (Federici & Caffentzis 2013). Sea va negacin o destruccin de lo comunal, esta clase de gobernanza para los bienes comunes reforzara un tipo de neoliberalismo contemporneo aplicado a estos mbitos [8] (vase Harvey 2013, 28 y 131; Puello-Socarrs 2012, 2015c).

Por otra parte, el francs Jean Tirole, doctor en economa del Massachusetts Institute of   Technology   (MIT) estadunidense y galardonado en 2014, refuerza en otros temas la misma lnea discursiva de Ostrom. Tirole ha venido convocando la construccin de un neoliberalismo regulado como forma para regenerar la dinmica neoliberal de los mercados en medio de la crisis capitalista hoy vigente:

La economa de mercado ha sido y ser el motor de crecimiento y de bienestar de las naciones. Pero para funcionar bien, la economa de mercado necesita de regulacin para paliar ciertas fallas de mercado y restablecer una buena responsabilizacin [sic] de los actores econmicos (La Dpche, diciembre de 2008).

Para que la competencia florezca plantea Tirole resulta fundamental que existan reglas de juego claras y reguladores independientes pues sin un regulador fuerte, no hay liberalizacin eficaz (Tirole, 2005), advirtiendo que las acciones estatales o gubernamentales sobre los mercados (la regulacin) deben evitar ser permanentes. Solo se justifican momentneamente, y en caso que los mercados fallen, es decir: no funcionen correctamente.

Por su parte, el acadmico-tecncrata Joseph Stiglitz tambin premio nobel de economa en 2001 personifica paradigmticamente el tipo de operativos ideolgicos a los cuales nos estamos refiriendo. Desde hace varios aos, Stiglitz ha sido posicionado entre la opinin pblica estadounidense y mundial como un crtico del neoliberalismo.

Autor del Consenso Post-Washington (Stiglitz, 1998), propuesta que publicitariamente se postul a contracorriente del Consenso de Washington (declogo de polticas que simplemente es una de las tantas expresiones del proyecto neoliberal, cuestiones distintas en grado y magnitud), Stiglitz en realidad continu reafirmando, con algunos matices, la preeminencia de las lgicas de mercado, en la misma lnea argumentativa de sus pensamientos y actuaciones ms recientes. Hay que reconocer que el zigzagueo discursivo de Stiglitz y su manera para presentar ciertos temas ante pblicos no especializados tienden a confundir.

Por ejemplo, Stiglitz es reconocido como uno de los ms crudos opositores de los Acuerdos de libre comercio: Trans-Atlntico y Trans-Pacfico que adelanta el gobierno de su pas, los cuales no duda de calificar como farsa, porque en su opinin estos acuerdos comerciales () colocan habitualmente los intereses comerciales por encima de otros valores [que] no deben ser negociables (Stiglitz, J. La farsa del libre comercio, El Espectador, 13 de julio de 2013).

A primera vista, esta posicin podra parecer justamente una crtica; sin embargo, el mismo autor, aclara:

Si los negociadores crearan un rgimen de libre comercio autntico, en el que se concediera a las opiniones de los ciudadanos de a pie al menos tanta importancia como a las de los grupos de presin empresariales, podra sentirme optimista, en el sentido de que el resultado fortalecera la economa y mejorara el bienestar social. Sin embargo, la realidad es que tenemos un rgimen de comercio dirigido, que coloca por delante los intereses empresariales, y un proceso de negociaciones que no es democrtico ni transparente [nfasis propio] (Stiglitz, J. La farsa del libre comercio, El Espectador, 13 de julio de 2013).

Tal y como reza un refrn anglosajn: el diablo est en los detalles. Aqu las crticas realizadas al rgimen de libre comercio dirigido, la farsa, son para reclamar la necesidad de una versin autntica, un libre mercado puro. Stiglitz en otras oportunidades ha reafirmado esta cofrada con los postulados del neoliberalismo heterodoxo (la segunda escuela, segn sus palabras), a travs de sus crticas a la ortodoxia neoliberal (la primera escuela que l considera heredera de Adam Smith), pero exclusivamente para relegitimar el proyecto neoliberal del capitalismo de mercado:

Durante 200 aos, ha habido dos escuelas de pensamiento sobre qu es lo que determina la distribucin de los ingresos y sobre cmo funciona la economa. Una, que surge de los pensamientos de Adam Smith y los economistas liberales del siglo XIX, se centra en los mercados competitivos. La otra consciente de la forma como el liberalismo de Smith conduce a una rpida concentracin de la riqueza y el ingreso toma como punto de partida la tendencia sin restricciones que tienen los mercados para dirigirse hacia el monopolio. Es importante entender ambas escuelas debido a que nuestros puntos de vista sobre las polticas gubernamentales y las desigualdades existentes se moldean segn cul de las dos escuelas de pensamiento cada uno de nosotros cree que es la que proporciona una mejor descripcin de la realidad [nfasis propio] (Stiglitz, J. La nueva era del monopolio, El Espectador, 27 de mayo de 2016).

Precisamente, en una entrevista concedida al Nuevo Herald, Stiglitz testific, en una lnea ideolgica idntica a la registrada anteriormente en Francis Fukuyama:

Soy un crtico de la manera en que se han implementado ciertas versiones del capitalismo... Creo que el capitalismo irrestricto, la desregulacin que fue uno de los ejes del capitalismo norteamericano desde el principio de la presidencia de Reagan, es una era que ha llegado a su fin... (El Nuevo Herald entrevista reproducida por El Colombiano, "Los consejos de Joseph Stiglitz", 22 de agosto de 2009).

Complementando enseguida:

En rigor, Estados Unidos no tiene lo que podra llamarse un sistema capitalista puro: hemos estado socializando las prdidas y privatizando las ganancias. Tenemos toda clase de intervencin gubernamental, pero desafortunadamente, se trata en general de una intervencin destinada a ayudar al sector bancario, a las empresas farmacuticas, a diversos intereses especiales. Es una suerte de sistema de beneficencia para las corporaciones. De manera que lo que realmente he defendido es una forma ms pura de economa de mercado, que no centre su proteccin en las empresas, sino en la gente. [nfasis propio] (El Nuevo Herald entrevista reproducida por El Colombiano, "Los consejos de Joseph Stiglitz", 22 de agosto de 2009).

En sntesis, convergiendo con el Vaticano, Merkel, Friedman y Pinochet, Stiglitz se inscribe tambin en la misma lnea de argumentacin propia de las corrientes neoliberales heterodoxas, las cuales han criticado frreamente la desregulacin y el libertinaje de los mercados −recordemos los adjetivos: monstruoso, desenfrenado, sin lmites−, tanto como el poder de los monopolios. Este pensamiento neoliberal crtico del neoliberalismo defiende la presencia estatal en funcin de una economa regulada (aunque no dirigida, dos cuestiones distintas), como presupuesto econmico poltico para garantizar la mxima libertad (genuina) de los mercados [9].

Estos discursos han encontrado su correlativo en expresiones cada vez ms sofisticadas en las teoras econmicas contemporneas, ms puntualmente: las corrientes de la nueva sntesis neoclsica-keynesiana (vase Puello-Socarrs 2008a), tambin autoproclamados: los nuevos keynesianos.

El rol intelectual, ideolgico y tecnocrtico que vienen jugando teoras emergentes de este tipo ha sido fundamental para reforzar esta vez en el campo acadmico las crticas neoliberales al neoliberalismo. Esta ltima denominacin y las abusivas alusiones a Keynes no deben confundir. Las verdaderas convicciones de este Frankenstein terico keynesianismo bastardo como alguna vez Joan Robinson (1962) calific la primera sntesis neoclsica del premio nobel en economa, J. Hicks en los 1930s, difundida a la postre por P. Samuelson comparecen plenamente y se refuerzan con el nuevo ideario neoliberal:

() lo que diferencia a esta sntesis de la sntesis neoclsica de la primera posguerra es que sus rasgos neoclsicos son todava ms acentuados, debido a que incorporan la mayor parte de los desarrollos tericos monetaristas y nuevos clsicos [citando a Argadoa, Gamez y Mochn, se aade] los nuevos keynesianos no tienen diferencias a fondo con los nuevos clsicos en cuanto que el origen de las rigideces se busca no en factores institucionales o sociolgicos, sino en la competencia imperfecta de los mercados. (Astarita, 2008, p. 199).

2.3. Hasta ahora se extraan de las crticas neoliberales al neoliberalismo? Si desde hace varios aos es la visin poltica oficial del FMI!

Extraarse por el contenido del artculo de los fondomonetaristas Ostry et alter, como pretende simular D. Rodrik quien es otro ejemplo de los operadores neoliberales crticos del neoliberalismo resulta al final simplemente un acto de entusiasta suspicacia.

Desde febrero de 2010, a travs de una Nota del FMI: Repensar la poltica macroeconmica, documento que abriga las posiciones de su staff, liderado por los nuevos keynesianos, principalmente: Oliver Blanchard, se establecieron los principios generales del nuevo marco para la poltica macroeconmica, con el objetivo de enfrentar la crisis en el corto, el mediano y el largo plazo.

All se inauguraron y oficializaron las nuevas crticas fondomonetaristas al considerado hoy viejo neoliberalismo, en la forma en que ya hemos comentado este trnsito [10].

Intentando presentarlos como un acto de contricin respecto al pensamiento convencional mantenido hasta ese momento por el FMI, esta nota propona la revisin de sus axiomas centrales, la conocida dogmtica neoliberal y el consenso (intelectual y prctico) pre-crisis en donde el entusiasmo orientador haba sido la desregulacin.

El FMI segua sosteniendo que, sin embargo, el pensamiento y el conjunto de axiomas previos a la crisis haban sido efectivos y correctos, puesto que, desde mediados de la dcada del 2000, no era insensato pensar que una mejor poltica macroeconmica podra llevar () hacia una mayor estabilidad macroeconmica. Pero entonces lleg la crisis, haciendo que esas opciones de poltica plantean - se mostraron inefectivas e incapaces de gestionar los desafos emergentes (Blanchard et alt 2010).

Desde ahora la palabra clave y salvadora sera: regulacin [11] (recordemos a J. Tirole); subsidiariamente su correlato: gobernanza [12] (no olvidemos E. Ostrom). Este revisionismo fondomonetarista se ha intentado difundir y consolidar a partir de varias publicaciones y eventos auspiciados por y desde el FMI.

Entre los principales se destacan: a) Staff discussion note (abril 2013) a cargo de Olivier Blanchard, Giovanni DellAriccia y Paolo Mauro: Rethinking Macro Policy II: Getting Granular (Blanchard et al. 2013), publicacin que contina con las conferencias inauguradas en 2011 (Macro and Growth Policies in the Wake of the Crisis) y que sern tituladas con el mismo objetivo de repensar la poltica macroeconmica: i) First steps and early lessons (2013) [13] y ii) Progress or confusion (2015), lugares donde asisten habitualmente, desde luego, los directores del Fondo Monetario Internacional (en su momento Dominique Strauss-Kahn; hoy: Christine Lagarde ), el Consejero Econmico y director de investigaciones del FMI: Olivier Blanchard, al lado de personalidades de los mundos tecnocrtico y acadmico en su absoluta mayora estadunidenses, comprometidos directa o indirectamente con el Fondo [14].

Todos estos lugares de enunciacin han sido claves para el reforzamiento del giro ideolgico en materia de poltica macroeconmica en el pensamiento neoliberal y que, en lo fundamental, desarrollan las principales ideas e instrumentos presentados tempranamente en Rethinking macroeconomic policy (Blanchard et alt 2010).

El antiguo credo fondomonetarista entonces ha visto la necesidad de aprender de esta crisis la ms espectacular en la historia del capitalismo, y revisar sus presupuestos tericos y prcticos en lo que se considera ahora una primicia. Este giro empero no pretende extralimitar el statu quo neoliberal, hoy vigente, pero s propone una versin de nuevo cuo, una sntesis supuestamente novedosa, lase: un neoliberalismo regulado por el Estado [15].

Este cambio obliga a matizar algunos elementos pertenecientes al programa especfico de polticas (nivel instrumental en lo econmico y/o social), pero nunca se propone transformar el proyecto poltico neoliberal horizonte articulado en torno a la (contra)utopa sobre una futura sociedad de mercado y que se ha materializado a travs del paradigma del desarrollo) , dos cuestiones diferentes.

Si se interpreta que el neoliberalismo-ortodoxo-fondomonetarista del pasado reciente se transforma en alguna otra cosa distinta por el simple acto de paliar como propona Tirole, la utilizacin de los instrumentos de la poltica macroeconmica (como es el caso de los estabilizadores automticos), no se puede aludir ni mucho menos justificar metamorfosis alguna que no sea al interior del neoliberalismo mismo [16].

Al final de cuentas y a propsito de las herejas de Ostry et alter, el propio FMI, a travs de su economista jefe: Maury Obstfeld, ha salido a aclarar esta situacin en un boletn titulado con cuidadosa precisin: Evolucin, no revolucin: replanteamiento de la poltica en el FMI:

El FMI desde hace mucho tiempo procura aprovechar las experiencias concretas en el terreno y las nuevas investigaciones para hacer ms eficaz su supervisin econmica, su asistencia tcnica y la forma en que responde a las crisis. (...) Ese proceso no ha alterado fundamentalmente la esencia de nuestro enfoque, que se basa en mercados abiertos y competitivos, marcos robustos de poltica macroeconmica, estabilidad financiera e instituciones slidas. Pero s ha aportado importante informacin sobre cul es la mejor forma de alcanzar esos resultados de una manera sostenible. [nfasis propio] (Obstfeld, 2016).

3. Las Herejas neoliberales, no son blasfemias (contra el neoliberalismo). Liminar 

Pierre Bourdieu, tanto como Jos Carlos Maritegui, han contribuido en la interpretacin correcta del significado de la hereja, la crtica hereje. Esta rectificacin es til a la hora de dar cuenta de los cambios en el neoliberalismo y fundamental para interpretar su versin de nuevo cuo que se pretende consolidar hoy:

() La hereja, la heterodoxia, como ruptura crt ica, que est́ a menudo ligada a la crisis, junto con la doxa, es la que obliga a los dominantes a salir de su silencio y les impone la obligación de producir el discurso defensivo de la ortodoxia, un pensamiento derecho y de derechas que trata de restaurar un equivalente de la adhesio ́ n silenciosa de la doxa () la subversión herética afirma ser un retorno a los oriǵ enes, al espiŕ itu, a la verdad del juego, en contra de la banalización y degradación de que ha sido objeto [nfasis propio; las cursivas no pertenecen al texto] (Bourdieu 2002, 121-122).

As se entiende y se clarifica que la doxa del mercado, el neoliberalismo, existe en su versin orto-doxa: el fundamentalismo de mercado, dogmtica que defiende a limine el libertinaje hoy casi desahuciado, por los mismos neoliberales! pero, al mismo tiempo, se consolida una nueva versin: la hetero-doxa, donde el mercado es fundamental, defensora de las libertades autnticas de mercado, operacin que pretende renovar la fe en el neoliberalismo y actualizarlo.

Esa es la funcin para la cual est dispuesta la hereja (neoliberal) y las crticas herejes. Lo que se necesita, sin embargo, para superar esta doxa, son blasfemias.


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Notas

Agradezco a Carolina Jimnez y Lucas Castiglioni quienes me suministraron distintas informaciones en torno a la controversia generada por el artculo de Ostry et alter (2016).

[1] Las referencias sobre el Financial Times, Rodrik y Klein fueron tomadas del artculo: La crtica del FMI al neoliberalismo levanta polvareda del blog Jaque al Neoliberalismo (visita del lunes 6 de junio de 2016).

[2] Mientras que autores como Lazzarato (2013, 102) observan que el viraje neoliberal consiste en el paso del ordoliberalismo al neoliberalismo norteamericano, el trnsito al cual aqu aludimos recorre precisamente un itinerario inverso: desde las visiones ortodoxas (angloamericanas) hacia las heterodoxas (austroalemanas) del neoliberalismo. Adems de registrar el desplazamiento de las prcticas discursivas en ese sentido (Fukuyama, Stiglitz, etc.), anlisis recientes confirman nuestra interpretacin (Mirowski 2013, 83-84). Por ejemplo, Blyth (2014, 203), explicando el disputado presente en la idea de austeridad anota:

() la austeridad acabara consolidndose como una forma peculiarmente germana de organizar la economa, hasta terminar convertida en el principio rector del diseo sobre el que habra de estructurarse el proyecto europeo La escuela austriaca tambin vendra a transformarse en una especie de cabeza de playa para los estadounidenses deseosos de recargar sus bateras con nuevos argumentos a favor de la austeridad [nfasis propio].

[3] La centro-izquierda poltica, europea y suramericana, han enarbolado la hiptesis de la inminencia. Resulta, en todo caso, de una tesis insostenible a partir de las tendencias que muestran los hechos histricos empricos, an ideolgico-polticos, de este esperado suceso. El neoliberalismo sobrevendido ha propiciado todo tipo de oportunismos. The Guardian, por ejemplo, ha interpretado instantneamente (ingenuamente?) que hoy estamos presenciando la muerte del neoliberalismo desde adentro (Chakrabortty 2016). Otra declaracin, firmada por el Instituto Argentino para el Desarrollo Econmico (IADE), resulta igualmente llamativa; animada por la sorpresa (increble pero cierto), aprovecha la polvareda levantada por la posicin fondomonetarista para convencer que:

A partir del ao 2003, otro rumbo tom Argentina. Esencialmente, una poltica opuesta a las recomendaciones del FMI En el ao 2015, los avatares de la poltica dieron la victoria electoral a Mauricio Macri y con ello vuelve a la arena el ideario neoliberal () [nfasis propio] (IADE 2016, 2).

Esta declaracin omite deliberadamente que varias polticas de la era Kirchner (los ex - presidentes Nstor y Cristina Fernndez, entre 2003-2015), estuvieron evidentemente alineadas y en consonancia con los postulados neoliberales del fondomonetarismo. Seguramente, uno de los ejemplos paradigmticos fue la reforma a la Carta Orgnica del Banco Central de la Repblica Argentina (BCRA) (vase Gambina, Puello-Socarrs & Castiglioni 2012).

[4] Esta sugerencia fue hecha hace poco por el fundador del Institute for International Economics (hoy: Peterson Institute), cuna del Consenso de Washington en 1989. A travs de recomendaciones de poltica dispuestas ante el Congreso de los Estados Unidos, el Peterson Institute propuso cul debera ser el nuevo papel del FMI en medio de la crisis, entre otros:

() proveer consejos expeditos y persuasivos de poltica y ayudar a disear e implementar programas de reforma econmica anticipando que tales programas de reforma involucraran un balance entre dolorosos ajustes de poltica que necesariamente afectan el crecimiento econmico en el corto plazo y el transitorio y necesario apoyo financiero (Truman citado por Puello-Socarrs 2010).

[5] En la campaa se garantiz la continuidad del equipo de gobierno y las polticas econmicas del antecesor Tabar Vsquez. Para Mujica estas polticas se resumen en la idea de alcanzar un capitalismo en serio basado en el presupuesto de sociedades decentes en lo econmico para desarrollar al mximo las fuerzas productivas. Muchas veces ha manifestado que rechaza el consumismo pero asume que es el motor de la economa y el crecimiento [nfasis propio] (Percy 2015).

[6] Existen mltiples ejemplos. Exactamente hace un ao, la edicin de junio de 2015, Finance & Development, el FMI publica el artculo: Whats capitalism ( Jahan & Mahmud 2015), donde se acepta: Puede que los mercados libres no sean perfectos pero son probablemente la mejor manera de organizar una economa.

[7] Este cambio tiene poderosos efectos, por ejemplo, en el mbito estructural y funcional de la (vieja) administracin pblica estatal (aparatos, organizaciones e instituciones). La idea de un Estado regulador viene siendo promocionada acrticamente desde los aos 1970s bajo nociones como el Estado modesto (Crozier, 1992), el post-burocratismo (Barzelay & Armajani, 1998) de los 1980s-1990s y hoy, de la mano de teoras y fenmenos reformistas como la (Nueva) Gestin Pblica (vase Bozeman 1998, 21). Estas expresiones son, en lo fundamental y como bien las ha calificado entre otros O. Guerrero (2004), el neoliberalismo en la administracin pblica contempornea (vase Puello-Socarrs 2008b y Miroswski 2013, 87).

[8] Otro ejemplo sobre este tipo emergente de dispositivos e instrumentos de poltica pblica son las Alianzas pblico-privadas que promueve el Grupo del Banco Mundial, a pesar que los balances tcnicos, de poltica y poltico, muestran un xito (o fracaso) relativo, por cierto bastante limitado, despus de varios aos de aplicacin a nivel global (vase Engel, Fischer & Galetovic, 2014).

[9] Se trata de los fundamentos presentes en la definicin que A. Mller-Armack le otorga a la Economa Social de Mercado en 1956 y en donde reconoce como cofundadores a W. Eucken, F.A. von Hayek y W. Rpke (ste ltimo quien acuo por primera vez la voz: neoliberalismo). La cita es larga pero ilustrativa:

() Los representantes de la economa social de mercado comparten con el neoliberalismo la conviccin de que el antiguo liberalismo, si bien reconoci correctamente la importancia funcional de la competencia, dej de lado los problemas sociales y sociolgicos. A diferencia del antiguo liberalismo, su finalidad no es la reinstauracin de una economa de laissez faire; su objetivo es ms bien una sntesis novedosa. Asimismo, el concepto de la economa social de mercado se diferencia de manera precisa de una poltica econmica intervencionista que mezcle elementos de dirigismo centralizado con otros de economa de mercado, hasta llegar a un bloqueo mutuo de aquellos elementos contradictorios entre s, interfiriendo con el redimiendo econmico. La economa social de mercado es un ordenamiento global de economa de mercado, conformado concientemente [sic]. La competencia debe ser el principio fundamental de coordinacin () De este modo se distingue al socialismo, el cual desea lograr la reforma social a travs de un dirigismo centralizado Por consiguiente se puede definir el concepto de economa social de mercado como una idea de ordenamiento econmico que persigue el objetivo de combinar, sobre la base de una economa competitiva, la libre iniciativa con el avance social, asegurado a su vez por el rendimiento de la economa de mercado. [nfasis propio] (Mller-Armack, 1956: 17).

[10] Esta discusin fue desarrollada en el marco de la Conferencia: Macro and Growth Policies in the Wake of the Crisis (marzo de 2011) llevada al libro editado por Blanchard, Romer, Spence y Stiglitz: In the Wake of the Crisis (vase Blanchard et alt 2012).

[11] El acadmico tecncrata colombiano, Jos Antonio Ocampo, uno de los ponentes de la conferencia fondomonetarista a la que hacemos mencin y quien histricamente se ha identificado con las posturas heterodoxas del neoliberalismo, ofrece una buena nocin sobre qu significa la regulacin. Refirindose a la cuenta de capitales, indica que las regulaciones deben ser concebidas: () as speed bumps rather than permanent restrictions This is true for any prudential regulation. Authorities always have to see how the market is evolving and adjust regulations to make them more effective (Ocampo 2011, 5), es decir: intervenciones de golpe, de topeteo, nunca permanentes y siempre en funcin de los mercados. Oliver Blanchard inauguraba esta misma conferencia diciendo: The crisis has clearly shown both the limits of markets and the limits of government intervention... [nfasis propio], frase que refirma en qu consiste exactamente concepto de regulacin.

[12] Stiglitz (2012) insiste en good governance, buena gobernanza.

[13] Despus llevada al libro editado por Akerlof, Blanchard, Romer y, una vez ms: Stiglitz titulado: What Have We Learned?: Macroeconomic Policy after the Crisis (vase Akerlof et alt 2014).

[14] La lista resulta extensa, sin embargo, varios nombres llaman la atencin por la frecuencia habitual en las conferencias fondomonetaristas y el rol que vienen jugando en las crticas neoliberales al neoliberalismo: John Williamson (relator del Consenso de Washington en 1989) y Adam Posen (ambos por el Instituto Peterson para la Economa Internacional), George Akerlof (Universidades de California y Berkeley, y FMI), David Romer (Universidades de California y Berkeley), Stanley Fischer, Nouriel Roubini, Jos De Gregorio, Jos Antonio Ocampo, Dani Rodrik y los premios nobel en economa: Michael Spence, Jean Tirole y, desde luego, Joseph Stiglitz.

[15] Como Director Gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn (2011) reforzaba esta idea: Al formular un marco macroeconmico nuevo para un mundo nuevo, el pndulo se desplazar por lo menos un poco del mercado hacia el Estado, y de un entorno relativamente simple hacia uno relativamente ms complejo tambin debe dedicar[se] ms atencin a la cohesin social [nfasis propio].

[16] Repensar el nuevo marco para la poltica macroeconmica debe interpretarse al interior del neoliberalismo fondomonetarista. Ello no implica que las ideas fundamentales hayan cambiado; nicamente se matizaron algunas lneas e instrumentos de poltica. Por ejemplo, la mal-llamada estabilizacin econmica, corazn de la estrategia neoliberal de desarrollo desde mediados de siglo y llevada a cabo en la poca de las reformas estructurales, contina hoy intacta:

() Yendo hacia adelante, el nivel de ajuste fiscal   requerido ser formidable () Las implicaciones de poltica para la prxima o prximas dos dcadas es que, cuando las condiciones cclicas lo permitan, es necesario un gran ajuste fiscal, y si el crecimiento econmico se recupera rpidamente, ste debera ser utilizado para reducir sustancialmente las proporciones de deuda/PIB en vez de financiar incrementos en el gasto o recortes en los impuestos [nfasis propio] (Blanchard et alt 2010).


Jos Francisco Puello-Socarrs, Escuela Superior de Administracin Pblica (ESAP).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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