Portada :: Iraq
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2016

Faluja
Las huellas del crimen

Higinio Polo
Rebelin


Haider al Abadi, el primer ministro iraqu, fue el da 26 de junio a Faluja: quera izar la bandera iraqu en la ciudad mrtir. Faluja, a sesenta kilmetros de Bagdad, ha visto, desde la invasin norteamericana de 2003, cmo la muerte se adueaba de sus calles. En 2004, las tropas norteamericanas bombardearon con fsforo blanco la ciudad, pese a las convenciones internacionales, sin temor a la comisin de crmenes de guerra. Eran los aos en que, tras el inicio de la guerra, la particin prctica del pas entre territorios kurdos, sunnitas y chitas (cuando, antes, la poblacin viva mezclada sin problema), y el derrocamiento de Sadam Hussein, instauraron el caos, el pillaje, los asesinatos cotidianos, y, tambin, la insurgencia de grupos iraques que luchaban contra la ocupacin militar norteamericana. Muchos de los militares de Sadam Hussein se incorporaron a la resistencia de inspiracin laica; otros, pasaron a engrosar grupos islamistas, y la ceguera y la feroz represin indiscriminada del ejrcito norteamericano contra la poblacin civil del pas hicieron el resto: a la presencia de al-Qaeda, creada por Estados Unidos, y de grupos armados al servicio de los mltiples servicios secretos que intervienen en el pas, se uni la aparicin de Daesh, creado en los mismos campamentos y centros de reclusin controlados por las fuerzas norteamericanas en Iraq, y que, despus, recibieron apoyo logstico y armas desde pases como Turqua, Israel, Arabia, Qatar y Pakistn, y que fueron tratados con benevolencia por Estados Unidos cuando crey que Daesh podra ser til para sus intereses, en uno de sus mltiples errores de esa disparatada poltica que ha llevado a la destruccin de Iraq y de buena parte de Oriente Medio.

La resistencia que se agitaba en Iraq en 2004 no tena nada que ver con al-Qaeda, y Daesh no exista. Era, ms bien, un conjunto de grupos armados que, alimentados por los militares del ejrcito disuelto de Sadam Hussein, intentaban oponerse a la invasin, impulsaban la lucha contra la ocupacin militar, en un contexto catico donde tambin actuaban decenas de destacamentos militares de dudosa filiacin y financiacin as como grupos de delincuentes armados. En esas fechas, Washington decidi imponer un duro castigo colectivo a los habitantes de la ciudad de Faluja, uno de los centros donde se haba concentrado la resistencia a la ocupacin. Faluja era una hermosa ciudad de trescientos mil habitantes. All se hizo fuerte el movimiento de resistencia al ejrcito norteamericano, y Estados Unidos no vacil: bombarde con saa la ciudad, que fue destruida en gran parte; los bombardeos y los incendios causados por las tropas norteamericanas iban de la mano de los bulldozers y excavadoras que fueron utilizadas por los estadounidenses para sofocar la resistencia, destruyendo calles y barrios, arrasando cualquier conato de vida. Los soldados avanzaban por las calles, derribando las casas, haciendo fusilamientos sumarios.

Durante toda la campaa de castigo, antes de que amaneciese cada da, se iniciaba el diluvio de bombas sobre Faluja, de obuses, fuego de artillera. Al mando norteamericano no le import avanzar entre la poblacin civil, y los soldados tenan orden de disparar contra todo lo que se moviese. Pese a que el Pentgono lo neg, sus soldados protagonizaron asesinatos indiscriminados entre los habitantes de Faluja. Testigos presenciales relataron cmo los militares mataban a gente dentro de sus casas porque no obedecan las rdenes; en realidad, era porque no entendan ingls, ni saban qu era lo que les exigan los soldados. La operacin de castigo destruy tres cuartas partes de la ciudad, y mat a miles de personas: algunas fuentes hablan de seis mil muertos, otras, de muchos ms. En apenas dos meses, doscientos mil habitantes de Faluja fueron expulsados. Aquellos crmenes de guerra protagonizados por los militares norteamericanos en 2004 siguen sin juzgarse, aunque sus responsables deberan comparecer como acusados ante el Tribunal Penal Internacional.

Quienes lograron salvar la vida entonces siguieron viviendo durante aos entre las ruinas, hasta que los feroces islamistas de Daesh ocuparon la ciudad, y, en la ltima ofensiva, se encontraron con que el Estado Islmico incendiaba viviendas en la ciudad e impeda escapar de ella mientras los grupos paramilitares y las fuerzas de Bagdad, asesorados por el Pentgono, rodeaban Faluja. Desde principios de 2014, Faluja estaba en manos de Daesh, como Mosul, que sigue en su poder. El asedio y los bombardeos norteamericanos han creado de nuevo el horror: en los dos ltimos aos casi diez mil personas han muerto o han sido heridas por esos ataques, mientras el pas sigue sumido en el caos. La escasez crnica de alimentos en Faluja, la falta de medicinas, ha creado situaciones desesperadas como la que llev a una madre a lanzarse al ro ufrates con sus tres hijos, y a otras a ver morir a sus hijos de hambre. Las fuerzas paramilitares a las rdenes del gobierno de Bagdad protagonizaron desmanes y asesinatos en Tikrit y Ramadi, y, trece aos despus de la invasin norteamericana, sigue siendo habitual la aparicin de decenas de cadveres con las manos atadas por todo el territorio del pas.

Faluja, la ciudad mrtir, ha visto de nuevo las huellas del crimen, el perfil de las aves de presa, la brutalidad de la guerra, la refinada maldad de quienes deciden sobre la vida y la muerte desde lejanos despachos a dnde no llega nunca el hedor de los cadveres. Porque Estados Unidos tiene una gran responsabilidad sobre todo lo que ocurre en Iraq, y es un pas que sabe bombardear con precisin pero encuentra siempre dificultades insalvables para lanzar alimentos en vez de bombas, enviar medicinas en vez de obuses, porque los habitantes que seguan en Faluja, algo menos de cien mil, no disponan de medicamentos, ni casi de comida desde haca semanas. Faluja ha sido liberada de Daesh, pero esa buena noticia sigue empaada por el recuerdo del horror, por las huellas del crimen y de una matanza que sigue oculta a los ojos del mundo.

Policas vigilando a miembros de Daesh.


Dibujo que hizo una nia sobre la triste historia de la madre de Faluja que, con sus tres hijos, desesperada, se arroj al ufrates.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter