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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2016

A tres aos del golpe, siguen sin aprenderse las lecciones de la reciente y trgica experiencia egipcia

Abdullah Al-Arian
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



La plaza Tahrir de El Cairo el 24 de enero de 2016, la vspera del quinto aniversario de la revolucin de 2011 (AFP)

La complicidad de amplios sectores del campo revolucionario en la contrarrevolucin asegur la destruccin del frgil proceso.

Si hubiera podido continuar, el pasado mircoles se habra cumplido el mandato de cuatro aos de Mohamed Morsi como presidente de un Egipto posautoritario. En cambio, la pasada semana marc el tercer aniversario de la destitucin forzosa de Morsi por un golpe militar que ha vuelto a imponer una dictadura imperecedera sobre 90 millones de ciudadanos.

La desgracia contina desplegndose cada da en Egipto, con crecientes abusos de los derechos humanos, represin de la disidencia, corrupcin extendida, crisis econmica y consolidacin del poder en manos de un nuevo gobernante autoritario: Abdel Fatah al-Sisi.

Todas las fuerzas polticas independientes de Egipto reconocen que el psimo estado del pas simboliza la traicin al movimiento revolucionario iniciado en 2011. Pero, a pesar de que se diga que los rescoldos de la revolucin egipcia continan ardiendo, si bien dbilmente, ese momento no podr reavivarse sin una valiente evaluacin de los sucesos acaecidos el 30 de junio de 2013 y de sus consecuencias.

La Hermandad Musulmana, como movimiento social ms organizado de Egipto, estaba bien situada para jugar un papel clave en la transicin, pero su deseo de dominar ese proceso excluyendo a otras fuerzas caus profundas divisiones dentro de las filas del movimiento revolucionario egipcio en un momento en que la necesidad de unidad era fundamental.

Morsi confundi la agudizada discordia dentro de la sociedad con las saludables discrepancias que son parte esencial de cualquier democracia dinmica. Pero, en 2013, Egipto estaba lejos de ser un orden democrtico funcional y los deseos de un partido de apalancar sus ventajas electorales dictando las normas de gobierno del futuro del pas desde la emisin unilateral de decretos a la imposicin de una constitucin- escenific un enfoque peligroso en un momento en que era crucial un toque de habilidad.

A pesar de la postura defensiva de los altos dirigentes del grupo, los pasados tres aos han sido testigos de la aparicin de una clase ms introspectiva de activistas de la Hermandad Musulmana, que se han comprometido a revisar las acciones de la organizacin durante la era Morsi. Han propuesto a la Hermandad reformas importantes, como separar su actividad misionera del trabajo poltico, unirse a las filas de los revolucionarios como un socio en pie de igualdad y renunciar a la vuelta de Morsi como presidente a fin de auspiciar un gobierno de unidad acordado por todas las partes.

Quiz sea ms importante an que mientras la vieja guardia conservadora cree que el error del gobierno de Morsi fue desafiar demasiado agresivamente instituciones clave del Estado, el ala revolucionaria de la Hermandad Musulmana piensa que Morsi se equivoc al abandonar las demandas de la revolucin.

Pero a pesar de todas sus deficiencias estratgicas y polticas, no hubo nada en la breve etapa de Morsi como presidente que justificara la intervencin del ejrcito, y mucho menos ante la respuesta entusiasta con la que fue recibido por millones de egipcios. La falsa ira de las fuerzas liberales e izquierdistas de Egipto ante las acciones de Morsi delataron su grave carencia de profundidad poltica y su inconsistencia moral.

La culpabilidad de Morsi en la crisis energtica de Egipto fue, como mucho, dudosa. En el peor de los casos, fue una cnica estratagema para desestabilizar al primer gobierno libremente elegido en el pas. Su decisin de cesar a un corrupto fiscal general del Estado, junto con el ya tristemente clebre decreto de noviembre de 2012 para recuperar los poderes ejecutivos de la presidencia, fueron ambas decisiones que estaban en consonancia con las demandas de la revolucin, sin embargo, hicieron que se le comparara con un faran.

Si uno mira ms all de los hiperblicos arrebatos de los crticos, las decisiones por las que Morsi recibi mayor desdn de los revolucionarios fueron en realidad los pasos ms revolucionarios que dio durante su ao en el cargo.

Contrarrevolucin

En realidad, esas fuerzas an no han asumido el hecho de que su supuesta revolucin correctiva del 30 de junio fue de hecho la contrarrevolucin que restaur las formas autoritarias del Estado. Tamarod, el movimiento de base que al parecer recogi 22 millones de firmas pidiendo la dimisin de Morsi, estaba infiltrado de fuerzas de la seguridad estatal egipcia.

El Frente de Salvacin Nacional, dirigido por Amr Musa y Hamdin Sabahi, tambin hizo cuanto pudo para intensificar las tensiones en vsperas de las protestas del 30 de junio, abandonando de hecho el tenue proceso que empez tras el derrocamiento de Hosni Mubarak al favorecer una absurda alianza con el ejrcito egipcio y sus patrocinadores del Golfo. Por su parte, al legitimar el golpe, Mohamed El Baradei fue elegido como vicepresidente del gobierno que origin la renaciente dictadura de Sisi.

Incluso despus de la mayor de las masacres en la historia egipcia moderna, no hubo examen de conciencia entre los activistas e intelectuales de Egipto. Algunas personalidades populares, incluido el novelista Alaa Al-Aswany, elogiaron el asesinato de ms de 800 manifestantes pro-Morsi en Rabaa. Otros, como El Baradei, se limitaron a criticar como excesivas las tcticas del ejrcito, pero no asumieron responsabilidad alguna por el papel que jugaron como animadores y facilitadores civiles del ejrcito. Sin el apoyo popular de las filas liberales y revolucionarias que proporcionaron cobertura a la brutalidad de Sisi, el ejrcito no habra podido emprender tan fcilmente esas actuaciones.

Aunque a los antiguos partidarios de Sisi pueda haberles cogido por sorpresa que sus armas se volvieran finalmente contra ellos, cualquier estudiante de la historia sabe que los golpes militares violentos rara vez acaban en sintona con sus partidarios civiles. Tres aos despus de los acontecimientos de aquel fatdico da de verano, las crceles de Egipto estn atestadas de presos de todo el espectro poltico e ideolgico.

Como deberan tener ya claro la mayora de los egipcios, la importancia de haber permitido que Morsi completara su mandato como presidente trasciende los beneficios personales que pudiera conseguir para s o para sus compatriotas de la Hermandad Musulmana. El resto de su mandato habra estado sin duda lleno de gobernanzas cuestionables, malas decisiones polticas y, probablemente, obligados enfrentamientos continuos con las instituciones estatales leales al viejo rgimen conjuntamente con elementos del campo revolucionario. Pero no importa lo que hubiera hecho, difcilmente podra uno sostener que las acciones de Morsi habran superado los horrores del Egipto de Sisi.

Como los tunecinos han empezado comprender, la resistencia durante una transicin posautoritaria, independientemente de las cargas que pueda haber respecto a disfunciones polticas, incertidumbres econmicas y sacrificio de demandas fundamentales, es algo vital para el establecimiento de instituciones democrticas y el imperio de la ley a largo plazo.

No hay garanta de que Morsi, al carecer del apoyo de segmentos importantes del pueblo egipcio, no hubiera sido an derrocado por los residuos del viejo rgimen y sus patrocinadores extranjeros. Sin embargo, la complicidad de amplios sectores del campo revolucionario en la contrarrevolucin asegur que cualquier proceso frgil existente en la era pos-Mubarak acabara destruido sin posibilidad alguna de recuperacin.

El abandono de ese proceso, a pesar de todos los defectos que pudiera tener, supuso renunciar a las posibilidades de democracia en Egipto en un futuro prximo. Y aunque la oposicin a Sisi contine aumentando, hasta que los egipcios no aprendan las lecciones de su pasado reciente, un futuro mejor seguir siendo algo inalcanzable.


Abdullah Al-Arian es profesor adjunto de historia en la Universidad de Georgetown y en la School of Foreign Service de Qatar. Es autor del libro Answering the Call: Popular Islamic Activism in Sadats Egypt . Puede segusele en Twitter: @anhistorian

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/lessons-still-unlearned-egypts-tragedy-502416402

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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