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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-07-2016

La impertinencia de los americanos

Luis Toledo Sande
Rebelin


Los nexos entre pensamiento y lenguaje alcanzan especial relieve en asuntos histricos, polticos y culturales. Sera errneo resignarse ante el mal uso de trminos y conceptos, y, an peor, soslayar o menospreciar debates en temas como las relaciones de los pueblos de nuestra Amrica y los Estados Unidos.

En ese terreno se requiere claridad acerca del origen, el devenir y los propsitos pasados y actuales, y hacia el futuro de la nacin construida sobre las que fueron Trece Colonias britnicas. Se form a base del exterminio o la segregacin en reservas similares al apartheid impuesto en Sudfrica por los herederos de la colonizacin inglesa de los pobladores originarios de las tierras inicialmente ocupadas por dichas Colonias.

Tras la violenta conquista del Oeste manipulada por la creciente maquinaria cultural con que los conquistadores satanizaron a las vctimas y se presentaron como los misioneros y garantes de la civilizacin la nacin usurpadora sigui desbordando fronteras. A Mxico le arrebat ms de la mitad del territorio, robo en cuya estela se situaron los disturbios azuzados por un sombro personaje, Augustus K. Cutting. En l vio Jos Mart, adelantado conocedor de aquella sociedad, el smbolo de una patria que prim sobre la representable con el nombre de Abraham Lincoln, la que tampoco era para idealizar.

El leador de ojos piadosos retratado en Madre Amrica discurso martiano centrado en deshacer mistificaciones imperiales no fren la orientacin dominante de su pas. Triunf una libertad conceptuada por Mart como seorial y sectaria, de puo de encaje y de dosel de terciopelo, ms de la localidad que de la humanidad, una libertad que bambolea, egosta e injusta, sobre los hombros de una raza esclava.

El presidente se prestigi con la lucha antiesclavista que unific a su nacin en un capitalismo de corte moderno. Pero, con respecto a Cuba, pudo or sin ira que un demagogo le aconsejara comprar, para vertedero de los negros armados que le ayudaron a asegurar la unin, el pueblo de nios fervientes y de entusiastas vrgenes que, en su pasin por la libertad, haba de ostentar poco despus, sin miedo a los tenientes madrileos, el luto de Lincoln. Del propio Mart quien fuera uno de aquellos nios son esas palabras en otro texto nacido, como el discurso antes citado, de las graves preocupaciones que le causaba un congreso internacional sobre el que este artculo ha de volver.

Recursos verbales para avasallar pueblos

El afn de aquel pas por dominar todo el continente se plasm en su autobautizo. La misma dificultad de hallar un topnimo distintivo, y de sesgo nacional, para la amalgama de territorios usurpados, le facilit nombrarse de un modo simblicamente provechoso para sus planes. No sera los Estados Unidos de un rea de Amrica, ni siquiera de una tan vasta como la Amrica del Norte, sino de toda la Amrica, acto inocente con el cual, de paso, se adueaba tambin del gentilicio americano.

Otras naciones se constituiran tambin como uniones de estados; pero tenan y reconocan lindes que permitiran prescindir del sintagma Estados Unidos al nombrarlas. As Mxico y Brasil, y esta ltima lo cambi en 1968 por el de Repblica Federativa. En la nacin forjada sobre las otrora Trece Colonias, al omitir los Estados Unidos se llamara Amrica. Sus pobladores seran los americanos, y ello reducira a los de otras tierras del continente y sus islas a ser americanos de segunda, si acaso.

El engendro lo reforzara la inercia de las traducciones, unida al deslumbramiento que en muchas mentes gener una nacin que alcanz para s la independencia, pero menospreciara, o impedira, la de otros pueblos. Muy pronto se aadi la propaganda de esa nacin para vender su imagen con su capitalismo y su fase imperialista como supuesto paradigma.

Tal modelo va desde la ropa y las comidas aunque las haya chatarra y causantes de obesidad hasta la tecnologa y el arte, calzado todo con la hegemona del dlar y la expansin del ingls como lingua franca imperial. En la venta de su imagen la potencia en desarrollo capitaliz victorias blicas debidas sobre todo al sacrificio de otros pueblos, en especial la del sovitico en el aplastamiento del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

Como parte de la ofensiva y los logros del imperio en el terreno cultural, sus engaifas han minado la expresin hasta el punto de mellar el habla cotidiana y aun textos de revolucionarios preparados y consecuentes. Por desprevencin o por menosprecio del valor de las palabras, no faltan quienes, incluso con responsabilidades especficas en la lucha antimperialista, se traguen ruedas de molino enmascaradas en algo tan insignificante o secundario como el uso impropio del lenguaje.

Retos lingsticos y vitales

Al margen de las intenciones, desde otro ngulo tal desprevencin viene a ser como si en pblico exigiramos respeto y luego, en privado, aceptramos ser tildados de tontos, o algo peor. Un asunto como ese que no es cuestin de guerritas verbales no se encara adecuadamente con prohibiciones ni con decretos impositivos. Como el hecho cultural que es, se debe instalar en la conciencia y tratarse con persuasin bien fundada.

Actuar acertadamente en esa esfera puede plantear retos expresivos que hasta se esgrimen para justificar inercias o facilismos, pero lo que es de fondo es de fondo. Un gentilicio parcial y poco protocolar como yanqui funciona, a veces irnicamente, para repudiar excesos de los Estados Unidos, aunque tambin se use para que un texto no se plague de repeticiones.

Si yanqui no siempre es una solucin satisfactoria, tampoco lo es norteamericano. Vale, por ejemplo, decir el pas norteamericano e incluso americano y el europeo si antes se ha mencionado a los Estados Unidos y a Francia, por ejemplo. Este pas no es el nico en Europa, y aquel no es el nico en la Amrica del Norte, ocupada igualmente por otros, aunque uno de ellos, Mxico, sea y se sienta esencialmente latinoamericano, como en el otro, Canad, lo es Qubec, extensa rea francfona.

Las relaciones entre Amrica y Europa son tambin complejas. Inglaterra, o ms exactamente el Reino Unido potencia ya no hegemnica y que tiene con su hija putativa en la Amrica del Norte una coincidencia nominal, United, asociable al parentesco entre ambas, sugiere otros matices. Mart llam Amrica europea a los Estados Unidos para sealar la filiacin que los distanciaba de nuestra Amrica mestiza, o nuestra madre Amrica, expresin a la que debe su ttulo habitual el discurso citado.

A la raigambre europea, britnica, de los Estados Unidos aludi igualmente al llamarlos la Roma americana y repblica cesrea. Con esos rtulos condenaba el expansionismo imperialista y el signo opresor caractersticos de la patria de Cutting, no solo del Cutting individuo, como podra inferirse de un texto publicado en La Habana en vsperas de la visita del presidente Barack Obama, y en el que se glos mal se false la Vindicacin de Cuba escrita por Mart en 1889 para combatir insultos anticubanos de la prensa estadounidense.

Ms all de un continente

Si la separacin de Gran Bretaa de la Unin Europea se consuma y no corre la suerte de los referendos burlados, quizs las alianzas y subordinaciones reinantes se tornen ms ostensibles. No valdra entonces, con mayor base que hoy, hablar de una Inglaterra estadounidense? Tngase en cuenta que, a pesar del podero de la Unin Europea, creada para contrarrestar el empuje econmico de los Estados Unidos, con la OTAN ese pas domina gran parte de Europa: una Europa estadounidense?

De semejante urdimbre no se debe menospreciar detalle alguno, y en ello se ubica el cuidado que se ha tenido al acuarse la Amrica Latina y el Caribe. En gran medida es una expresin pleonstica, porque el Caribe, tanto el continental como el insular, en su inmensa mayora es latino, pues sus idiomas son romances: espaol, portugus, francs o el caso de Hait una variante criolla (creole) de esta lengua. Pero la denominacin es, sobre todo, justa: hay pueblos del Caribe que no son de condicin latina, pues se expresan en ingls y en holands o en sus creoles, idiomas en los cuales el gentilicio estadounidense es American y Amerikaan, respectivamente.

Sin ceder a una digresin tentadora pero desmesurada, apntese que con las especificidades propias tambin han generado complejidades terminolgicas similares otras federaciones de territorios que desbordan una nacionalidad determinada, aunque esta sea dominante en algn sentido. El nombre Federacin Helvtica, uno de los dados a Suiza, se debe a Helvecia, topnimo latino que ostent la regin ubicada en la otrora Galia donde se ubica aquel pas plurinacional y plurilingstico.

Un ejemplo particularmente ilustrativo para el tema es la otrora Unin de Repblicas Socialistas Soviticas, nombrada as por motivos polticos e ideolgicos, y heredera de reminiscencias coloniales contrarias al internacionalismo de sus ms lcidos fundadores, empezando por Lenin. Cuando por inercia o intenciones diversas se llamaba rusos a sus pobladores que no pertenecan a Rusia central y dominante en la Unin, ellos se sentan mal nombrados, si no ofendidos. Razones tenan.

Precisin necesaria

El cuidado al emplear la Amrica latina y el Caribe no es menos importante que precisar de qu se habla al decir ruso o rusa. Resulta especialmente necesario para no regalar a los Estados Unidos topnimos y gentilicios de un continente del cual la potencia imperialista no es ni se debe favorecer que siga creyndose duea.

Para los pueblos latinoamericanos y caribeos en general se trata de cuidar su cultura, la valoracin de su historia, su identidad, el respeto que deben reclamar para s y darse ellos mismos. Cubanos y cubanas de cualquier ocupacin qu decir si tienen responsabilidades concretas en la poltica, deben tomarlo como cuestin de principio y raz. No se aprendi en Cuba a nombrar bloqueo lo que el imperio y sus voceros o desinformados o insensibles sobre ese punto llaman embargo?

Es un asunto inmerso en la lucha antimperialista y, dentro de ella, en la defensa de pueblos contra las agresiones que les han venido y an les vienen de los Estados Unidos, como el mencionado bloqueo a Cuba. No se habla de caprichitos propios de fillogos maniticos o fabricantes de alucinaciones. El imperialismo no es un fantasma, ni cuestin de quisquillas formales.

Ante l como ante la guerra, plaga con que lucra mantenerse indiferente resulta criminal: es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente, para decirlo con la cancin de Len Gieco difundida por Mercedes Sosa. Ni siempre se aplica los americanos a los Estados Unidos con el tino irnico de otra cancin argentina, la de Alberto Cortez prohibida en 1971se ha dicho por la dictadura de su pas.

Mart, gran fundador antimperialista, estuvo al tanto de las trampas culturales del monstruo, incluidas las lingsticas, en sus estrategias de dominacin. Las denunci, por ejemplo, entre 1889 y 1890, aquel invierno de angustia que menciona en el prtico de Versos sencillos refirindose al ya aludido congreso internacional con que los Estados Unidos buscaban uncir a nuestra Amrica por medio del comercio. Para ello estimulaban un panamericanismo imperialista contrario al deseable para pueblos que, adems de un continente, comparten competencias deportivas e instituciones panamericanas frtiles.

En la dramaturgia del foro el gobierno anfitrin ide un tren-palacio para deslumbrar a los delegados hispanoamericanos. Mart caracteriz la estratagema citando al poderoso vocero imperial The New York Herald: Es un tanto curiosa la idea de echar a andar en ferrocarril, para que vean cmo machacamos el hierro y hacemos zapatos, a veintisiete diplomticos, y hombres de marca, de pases donde no se acaba de nacer.

Contra camelos imperiales

Tretas como esa explican el elogio de Mart al digno representante de Argentina, a quien enalteci por haber sabido responder la convocatoria Amrica para los americanos hecha por los artfices del congreso. Cuando Roque Senz Pea dijo , como quien reta, la ltima frase de su discurso sobre el Zollverein [arbitraje propuesto por los Estados Unidos en el camino de lo que un siglo despus conducira al ALCA], la frase que es un estandarte, y all fue una barrera: Sea la Amrica para la humanidad,todos, como agradecidos, se pusieron en pie, comprendieron lo que no se deca, y le tendieron las manos.

Hasta su muerte en Dos Ros, Mart asumi como deber mayor la lucha contra los planes de los Estados Unidos. Su ejemplo debera servir para no menospreciar nada ni tantito as, dgase con otro revolucionario de su estirpe de un tema ubicado en la lucha en que a los pueblos de nuestra Amrica, y a Cuba en particular, les va la salvacin o la muerte histrica.

Asumir tales verdades no implica desatar hostilidad alguna contra el pueblo de los Estados Unidos, ni oponerse a las buenas relaciones ojal fueran las predominantes! de su gobierno con el resto del mundo. Supone, s, tratar las cosas como son, y no decirle al vino pan, ni pan al vino.

Con lo esbozado hasta aqu no se ha pretendido agotar el tema ni en sus causas ni en sus implicaciones. Ms habra que decir en asuntos como la denominacin, no menos que redundante, de cubano-americanos (y sus derivados) aplicada a personas cubanas o nacidas de estas y que residen en los Estados Unidos. Si alguien es cubano, ya es americano. En todo caso, lo adecuado sera cubano-estadounidenses .

Para no volver a los matices sobre bloqueo y embargo , cabe preguntar si en Cuba se aceptan manipulaciones como la de llamar rgimen a su sistema social, y otras maneras tendenciosas propaladas por los medios dominantes en los Estados Unidos. Las tcticas de esa potencia, que parten de su autosublimacin, incluyen descalificar, o insultar, a dirigentes cubanos.

Donde no necesariamente solo medios propagandsticos enemigos, sino tambin el distanciamiento afectivo, la inercia y ciertas normas o tradiciones protocolares zarandean un apellido cuyo origen recuerda un campamento militar, en la Cuba revolucionaria se prefiere un nombre de pila asociado, en el imaginario consciente o inconsciente, a la lealtad. Por qu no tener cuidados y cultivar matizaciones similares al nombrar realidades como siglos ya de historia y, con implicaciones que los desbordan, todo un continente y sus pobladores?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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