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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2016

No fue el 9 sino el 19 de Julio
Una visin alternativa de la declaracin de la independencia de la Argentina

Atilio A. Boron
Rebelin


El proceso emancipatorio que se desatara con fuerza en el Ro de la Plata luego de la derrota de las dos invasiones inglesas a Buenos Aires, en 1806 y 1807, enfrent desde su nacimiento a dos formaciones sociopolticas muy claramente definidas. Por un lado, un bloque oligrquico-colonial que a travs de sucesivas mutaciones llega hasta la actualidad y que hoy se encarna en el macrismo como su expresin sociopoltica; enfrentndolo haba un sector de inspiracin jacobina que conceba a la emancipacin como un paso hacia la construccin de un nuevo tipo de sociedad, liberada de las lacras del viejo orden colonial.

Figuras sobresalientes en este grupo eran Mariano Moreno, Juan Jos Castelli y Bernardo de Monteagudo, todos graduados de la Universidad de Chuquisaca, la segunda universidad creada en suelo americano despus de la de Santo Domingo y situada en lo que hoy es la ciudad de Sucre. De esta suerte de Harvard hispanoamericana de la poca colonial salieron algunos de los cuadros intelectuales ms importantes de los procesos independentistas de Sudamrica. Adems de los arriba mencionados deberamos agregar los nombres de Jos Ignacio Gorriti, Jos Mariano Serrano, Manuel Rodrguez de Quiroga, uno de los lderes de la gesta independentista del Ecuador; Mariano Alejo lvarez, precursor de ese mismo proceso en el Per y Jaime de Zudez, que desempe igual papel en el Alto Per. No es un dato menor recordar que esa magna universidad fue el foco que precipit la Revolucin de Chuquisaca el 25 de Mayo de 1809, exactamente un ao antes que la revolucin de Mayo en Buenos Aires.

A este notable grupo se le uni, en el Ro de la Plata, la figura gigantesca de Manuel Belgrano, un autntico hombre del Renacimiento. Belgrano fue un refinado intelectual, un lcido economista que todava hoy sorprende con sus premonitorios anlisis y audaces propuestas reformistas, periodista de fina pluma, poltico y estratega militar, todo eso aparte de su profesin de abogado. Un hombre, como Bolvar, que naci en una familia adinerada y que puso toda su fortuna al servicio de la revolucin y la independencia. Y como el caraqueo, muri tambin l sumido en la pobreza.

Para estos radicales rioplatenses, como para Bolvar y Miranda en el norte de Sudamrica, la derrota del imperio espaol no poda ni deba limitarse a la abolicin del rgimen poltico colonial y su sustitucin por otro independiente sino que deba tambin acabar con las opresivas y arcaicas estructuras e instituciones econmico-sociales impuestas por el conquistador ibrico. La propuesta de esta ala radical del proceso independentista no se limitaba, como en el caso del bloque conservador, a sustituir unas autoridades por otras sino que apuntaban a la construccin de una nueva sociedad. Tal como lo anotara el historiador Felipe Pigna, Moreno lo expres con todas las letras en su Prlogo a El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau: Si los pueblos no se ilustran si cada uno no conoce lo que puede, lo que vale o lo que debe, nuevas ilusiones sucedern a las antiguas, y luego de vacilar algn tiempo entre mil incertidumbres ser tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir jams la tirana. Un siglo despus sera Lenin quien manifestara su preocupacin por la suerte de aquellos, en este caso el proletariado, que luchan contra el esclavista sin pretender acabar con la esclavitud.

Al igual que Bolvar, San Martn y Artigas, aquel grupo de geniales jacobinos sudamericanos que anhelaba construir un nuevo orden pos-colonial fue aplastado por la reaccin oligrquico-colonial. Pero dejaron sembradas unas semillas que fecundaran vigorosamente tiempo despus y cuyos frutos seran recogidos y multiplicados por Mart, Maritegui, Fidel, el Che y Chvez, entre tantos otros.

En este sentido, la realizacin del Congreso de Tucumn que declarara solemnemente la independencia de las Provincias Unidas del Ro de la Plata sera apenas una primera floracin de aquellas semillas. En ese momento, 1816, el escenario internacional haba cambiado para mal. Los vientos huracanados de la Revolucin Francesa y las cruzadas napolenicas haban amainado. La derrota de Napolen en Waterloo precipit, con el Congreso de Viena, la restauracin de las monarquas y la reconstruccin de las viejas fronteras europeas que haban sido borradas del mapa por el arrollador empuje de los ejrcitos de Napolen, firmando con premura el certificado de defuncin del ciclo revolucionario abierto por la Revolucin Francesa. Sin embargo, la dialctica de la historia demostr con elocuencia que aquel ciclo distaba mucho de haber sido clausurado. Gramsci observ con sagacidad que su culminacin efectiva tuvo lugar en Octubre de 1917 en Rusia, cuando los bolcheviques tomaron el cielo por asalto y clausuraron, entonces s que definitivamente, el ciclo abierto por la revuelta parisina de julio del 14 de Julio de 1789 para abrir otro, con un contenido de clase y un horizonte poltico radicalmente distinto: la era de las revoluciones socialistas.

En el caso concreto del imperio espaol en Amrica los acuerdos gestados entre Metternich y Teyllerand en el marco del Congreso de Viena decepcionaron a la monarqua ibrica porque no contemplaban el apoyo europeo para recuperar sus levantiscos territorios allende el Atlntico. Pese al desaire de sus socios europeos, cuyos principales actores y sobre todo el Reino Unido vean como beneficioso para sus intereses la desintegracin del otrora imponente imperio espaol en Amrica, el re-entronizado Fernando VII lanz una violenta y masiva ofensiva militar destinada a reconquistar sus posesiones americanas. Era, como lo confirm la historia, una empresa destinada al fracaso.

Las noticias que llegaban a Amrica, luego de la derrota de Napolen, movilizaron a los patriotas en el Ro de la Plata. Quien primero reaccion fue Jos Gervasio de Artigas, que ni lerdo ni perezoso convoc al Congreso de los Pueblos Libres en la ciudad entrerriana de Concepcin del Uruguay, mismo que culmin el 29 de Junio de ese ao con la presencia de delegados de la Banda Oriental (hoy Repblica Oriental del Uruguay), Corrientes, Santa Fe, Crdoba, Entre Ros y Misiones. Artigas reaccion de este modo en respuesta a la actitud del muy oligrquico Directorio instalado en Buenos Aires luego de la Asamblea del Ao XIII. Desconfiaba el caudillo oriental del proyecto que aqul tena para el antiguo Virreinato del Ro de la Plata. La clara admiracin del Directorio y sus principales figuras, Pueyrredn y Rivadavia entre otros, por las monarquas europeas, y muy especialmente por la britnica, y su exacerbado unitarismo contrariaba los ideales republicanos, democrticos y federales de la Liga Oriental. Fue por eso que con la excepcin de Crdoba, las dems provincias de la Liga no enviaron representantes al Congreso de Tucumn, algo que la historiografa oficial de la Argentina mucho se cuida en revelar. Los lderes de aquellas provincias ya daban por sentada la Independencia de las Provincias Unidas y, adems, desconfiaban de los planes urdidos por la oligarqua portea.

El ms audaz haba sido pergeado y llevado a la prctica por Carlos Mara de Alvear, a la sazn Director Supremo de las Provincias Unidas del Ro de la Plata. En tal carcter le haba enviado al embajador britnico en Ro de Janeiro, Lord Strangford, una carta en la que, entre otras cosas, deca que Estas provincias desean pertenecer a Gran Bretaa, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condicin alguna a la generosidad y buena fe del pueblo ingls y yo estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen. Inglaterra no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Ro de la Plata en el acto mismo que se arrojan en sus brazos generosos... Como puede comprobarse, el servilismo del actual Ministro de Hacienda de Mauricio Macri, Alfonso de Prat Gay, quien le pidi perdn a los inversionistas espaoles por los maltratos que le infligiera el gobierno de Cristina Fernndez tiene races profundas que como decamos al principio de esta nota se remontan a dos siglos atrs.

San Martn estaba al tanto de estas ignominiosas maniobras dirigidas a ahogar la revolucin y la independencia en su cuna. Mientras preparaba al Ejrcito Libertador en Cuyo, segua tan de cerca como pudiera las deliberaciones que tenan lugar en Tucumn. Era consciente que todo el proceso emancipatorio americano penda de un hilo. En Mxico y los pases del Istmo la rebelin popular estaba a punto de ser aplastada a sangre y fuego. Bolvar haba sido derrotado, Miranda agonizaba en su mazmorra en Cdiz y Nueva Granada (Colombia) y Venezuela fueron arrasadas por los realistas. El virreinato de Per segua siendo un baluarte de la reaccin ibrica al cual Chile estaba encadenado. El futuro de la independencia quedaba en las manos de las Provincias Unidas y de sus dos grandes dispositivos militares: el Ejrcito de los Andes, comandado por San Martn, presto a cruzar la cordillera, liberar a Chile y desde all atacar al Per. Y las guerrillas de Martn Miguel de Gemes en el Norte, para contener a las huestes realistas que desde Per se descolgaban para sofocar el ltimo bastin de la rebelin: el Ro de la Plata.

Por eso, cuando el 9 de Julio de 1816 los delegados al Congreso aprobaron una declaracin en la que se comunicaba solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unnime e indubitable de estas provincias romper los vnculos que las ligaban a los Reyes de Espaa, recuperar los derechos de que fueran despojadas e investirse del alto carcter de nacin independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrpoli, un sabor amargo se apoder de algunos diputados. Uno de ellos, Pedro Medrano, anticipando la furiosa reaccin que tendra San Martn al enterarse de la insoportable ambigedad de una declaracin como la del 9 de Julio, que dejaba abierta las puertas a la entronizacin de una dominacin colonial, logr que en la sesin del Congreso que tuvo lugar el 19 de Julio se aprobara el siguiente texto que deba ser agregado a continuacin de sus sucesores y metrpoli. Deca, ya sin ambages, de toda dominacin extranjera.

Por eso, la fecha genuina de la declaracin de la independencia es el 19 de Julio, y no la que consagrara la muy conservadora historiografa oficial de la Argentina. Es el 19, no el 9, el momento en que las Provincias Unidas se internan en el camino sin retorno de la independencia nacional, declarndose ya sin eclecticismo ni oportunismo algunos independientes no slo de la corona espaola sino de cualquier otra dominacin extranjera. Dos siglos despus esa aspiracin sigue en pie, y la lucha iniciada por aquellos gigantescos patriotas sudamericanos dos siglos atrs contina con toda su fuerza para lograr que, por fin, podamos sacudirnos el yugo del sucesor del viejo imperio espaol: el imperialismo norteamericano.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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