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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2004

Los recursos y la dignidad

John Ross
Ojarasca


Bolivia se despedaza en luchas por defender sus recursos. La fuente de este ardor popular se remonta a la guerra en defensa del agua, entre enero y abril de 2000. En la resaca de la movilizacin de Seattle de diciembre de 1999, se dio la batalla contra Bechtel Corporation (odiada transnacional) y el robo global de un recurso vital. Cochabamba es un smbolo de la lucha anti globalizacin.

La guerra por el agua se incub en los valles montaosos, secos como yesca, de la parte alta de Cochabamba, la tercera ciudad ms grande de Bolivia. Ah, en los ochenta, los campesinos y los rancheros de la meseta --Los Rogantes-- se organizaron en defensa de su frgil cuenca y exigieron una distribucin justa del agua municipal, recuerda Omar Fernndez, dirigente de entonces. "Despus de la ley de privatizacin de 1985, notamos que las corporaciones privadas extraan ms y ms agua. Luego vimos una lista con 32 proyectos. Uno era el de Aguas de Tunari, concesin a una compaa controlada mayormente por Bechtel Corporation, de San Francisco, California, que habra vaciado el agua de Cochabamba triplicando las cuotas para los campesinos de la meseta".

Las marchas comenzaron en el campo y lentamente rodearon Cochabamba, hasta tomarla en marzo y abril, ocupando oficinas municipales y estaciones de polica. Tras el encarcelamiento de 30 lderes, se organiz un campamento que durante una semana colm la plaza arbolada, con decenas de miles de activistas. Fue un clmax en la radical historia reciente de Bolivia.

Hace poco, durante una challa, la bendicin de una casa, en que se quema el feto de una llama junto con semillas, granos y hojas de coca en ofrenda a la Pachamama, la Tierra, cinco trabajadores urbanos del agua y un viejo chamn se animaron a contar historias de esa guerra mientras apuraban vasos de chicha. "Los militares nos disparaban balas de verdad y aprendimos a bailar para evitarlas", recuerda Leopoldo. "Algunos compaeros cayeron, pero la mayora de los muertos eran transentes. Finalmente logramos que se modificara la ley y hubo gran fiesta..." Los jvenes hicieron pintas, como esa en la plaza que deca: un pueblo sin miedo es capaz de lograr lo imposible.

Oscar Oliviera fue la buja que encendi el Comit en Defensa del Agua. "Es larga la memoria de un pueblo. Bolivia ha sido saqueada en sus recursos naturales y sus materias primas por 500 aos. Tristemente, esa es nuestra historia. Pero llega el momento en que tenemos que decir basta ya!, como dicen los zapatistas de Mxico", informa al reportero.

"Hubo cuatro pilares que mantuvieron la lucha en defensa del agua. El primero eran Los Rogantes, campesinos como Omar, que defendieron sus manantiales y las fuentes de agua por aos. Los trabajadores urbanos del agua fueron la columna vertebral del Comit en Defensa del Agua --ellos saben cmo funciona el sistema. No habramos podido resistir a los militares sin Evo Morales y los cocaleros, y sin la Confederacin de Obreros de Cochabamba, con su ejemplar organizacin y convocatoria. Juntos, forjamos una unidad en defensa de los derechos colectivos del pueblo boliviano y le dimos un viraje al pas, diciendo no a la dominacin de las transnacionales y el Banco Mundial, que financiaban el proyecto Tunari. Aqu en Cochabamba demostramos que otro mundo es posible."

Los levantamientos surgidos de la lucha en defensa del agua en 2000, fueron cotidianos durante la primavera de 2004. Las masivas movilizaciones tomaran La Paz y las ciudades provinciales agitando cargas de dinamita ante la polica conforme el pas se hunda en un caos atento. Si no eran los transportistas en paro que inmovilizaban los autobuses urbanos y suburbanos, eran los universitarios que bloqueaban la autopista central hacia la capital. As lo vi un da por cinco horas en Caracola, mientras se dilua el duelo de miradas entre 150 jvenes enmascarados de rojo y unos 500 pasajeros iracundos --separados por un puado de policas en camuflaje de cebra.

El referendo convocado por el presidente Meza para julio quiere revivir "la ley de hidrocarburos", inflamando una frmula muy voltil. El ncleo de la oposicin a esta ley son las regalas y los recortes fiscales que permitirn a los conglomerados transnacionales de la energa llevarse 80 por ciento de las ganancias de expropiar billones de pies cbicos de gas boliviano, que el Movimiento al Socialismo (MAS) insiste en que se usen para impulsar la industria nacional.

La venta de gas a Argentina fue recibida con amenazas no tan veladas de un nuevo levantamiento, en nombre de los mrtires de El Alto. Y ah, en sus calles, la ley fue quemada por estudiantes enmascarados. A fines de abril, corran rumores de un golpe de Estado, y se insiste en que quien instiga es la embajada estadunidense.

Bolivia tiene rcord de golpes de Estado: van ms de 400 gobiernos que intentan manejar un pas inmanejable, desde que con Simn Bolvar gan su independencia.

El 22 de abril el trfico fue pesado en el centro de La Paz. Los campesinos aymaras procedentes de sus ayllus, sus comunidades, y de las markas, uniones de comunidades, bloqueaban las calles frente al ministerio de asuntos indgenas, donde un funcionario designado por Meza, demasiado cercano al MAS para el gusto de Felipe Quispe (El Mallku) y su movimiento Pachakuti, no pudo entrar a su oficina por tres das.

Cerca de ah, los Sin Tierra, eco del movimiento brasileo del mismo nombre, coparon el ministerio de reforma agraria. Los universitarios y la polica antimotines intercambiaban piedras por gases lacrimgenos en la plaza Murillo. Los maestros rurales y los pensionados marchaban hacia La Paz. En las lejanas selvas orientales de Beni, los guaranes amenazaban cerrar las vlvulas de los gasoductos.

El sbado 24, tres mineros forzados a jubilarse --Julio Sarabio, de 53 aos, Francisco Franco, de 54, y Ana Bazagoitia, de 58-- se enfilaron a la sede de su sindicato en Prado, en el corazn de La Paz, se amarraron dinamita a las costillas, y durante 22 horas fumaron, mascaron hojas de coca y bebieron cocacolas mientras negociaban. La amenaza de volarse en pedazos trajo el mal recuerdo del finado Eustacio Pizacuri Chanaku, de 47, minero despedido de la histrica mina Siglo XX, de Potos, que el 30 de marzo entr al congreso boliviano con cargas explosivas semejantes, que se dice detonaron por accidente mientras esperaba que el gobierno de Meza respondiera a sus demandas, haciendo aicos junto con l a dos oficiales de polica de alto rango. Su viuda no recogi sino ropa.

Segn la Confederacin de Obreros Bolivianos, ms de 2 mil mineros vieron esfumarse sus pensiones con la ley de privatizacin de 1985, y en estos das la dinamita es moneda comn en las calles bolivianas. Muchos explosivos siguen almacenados en El Alto que, cual cndor, sobrevuela la capital aguardando.

En las horas oscuras de la madrugada, cuando los obreros se apilan en los atascados autobuses, las ondas radiales de su ciudad india fluyen con la puntillosa lengua aymara: la lenta y deliberada voz de El Mallku se cuela en la pltica y los pasajeros hacen pausa para considerar sus palabras. No s qu dijo pero me record La batalla de Argel.

Para el padre Sorria, el mensaje de Pachakuti y El Mallku es uno preocupante en este "Soweto" montaoso donde el trabajo es ms escaso que antes de la insurreccin de octubre y el detonador parece encendido todo el tiempo. "La gente no olvida que corrieron a un presidente y estn orgullosos, pero lo que quieren ahora es dignidad, no ms matanza".

"Los aymara tienen una estructura militar en cada comunidad, que invocarn llegado el momento", me explica un colega mientras me lleva a un hotel en las afueras de El Alto. "Tienen su propio ritmo, sus propios tiempos. No confan. Se dice que no usan radio comunicacin porque saben que todas las frecuencias estn intervenidas. As que recurren al viejo modo, como en los ayllus, y prenden fuegos en los cerros para conversar".

De noche, desde la ventana de un hotel astroso, miro flamear luces en los negros cerros.

26 de mayo, 2004



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