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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2016

El largo itinaerario del PSUC
Un viaje que ya dura ochenta aos

Higinio Polo
Rebelin


A la memoria de Leopoldo Espuny


Contaba Gregorio Lpez Raimundo que, en 1954, cuando la polica lo llev desde la crcel de Carabanchel hasta el aeropuerto de Barajas para expulsarlo de Espaa (despus de la gran campaa mundial de solidaridad que consigui su libertad aun a costa de un nuevo exilio) llevaba con l un pasaporte que tena escrito en todas sus pginas: Vlido para un solo viaje. Lpez Raimundo hizo caso omiso de la imposicin fascista: volvi enseguida a Espaa para proseguir el esfuerzo comunista de sus camaradas, atravesando los Pirineos con guas del partido que se jugaban la vida en cada misin, para vivir en la clandestinidad, mientras iba organizando los ncleos comunistas que trenzaban la resistencia al fascismo, pese a la dureza de la represin. Mucho se ha hablado de la gente del PSUC, de esos hombres y mujeres que desde la guerra civil han acompaado siempre las luchas populares por la libertad y la dignidad de los trabajadores: ellos son la organizacin que ahora cumple ochenta aos de un largo viaje que no ha terminado.

Quienes formaron el PSUC eran esas personas capaces de combatir en los frentes de la guerra civil, de elaborar los peridicos de la resistencia desde los stanos del fascismo, como esos Mundo Obrero o Treball hechos a mano por los presos del penal de Ocaa o de la crcel Modelo de Barcelona; fue gente capaz de resistir aos en las prisiones, de soportar las torturas, de arriesgar los despidos en el trabajo. Desde la guerra civil, con episodios no exentos de errores que no siempre se explican por el miedo y la clandestinidad, incluso arrastrando a veces los defectos del sectarismo o la arrogancia, la gente del PSUC ha estado presente en todos los momentos que nos explican, apostando siempre por la poltica unitaria, pugnando por articular grandes sectores sociales que han impulsado las rfagas siempre precarias de los cambios progresistas, defendiendo el discurso democrtico implcito en el proyecto socialista. Esa es la gente que ha caracterizado la trayectoria del PSUC, y ha contribuido a construir la crnica de las ltimas ocho dcadas. Porque nuestra historia, el relato vital de Catalua y del conjunto de Espaa, est tejida por ellos, y no slo nos explica cmo somos, cmo hemos llegado hasta aqu, qu jirones de tantas vidas se han quedado en el camino, sino que tambin nos define: somos nuestra historia.

Recoger lo mejor de aquellos militantes que atravesaron la tierra putrefacta del fascismo, que guardaron la dignidad catalana sin resignarse a la derrota, sin aceptar el paisaje desolado de quienes adoptaron los ropajes del vencedor, fue el empeo de quienes reconstruyeron la razn y la casa colectiva del fantasma comunista que siempre recorre los territorios de la explotacin y la injusticia. Lo peleamos todo. Y todo, es todo. De las alcantarillas a la escuela de adultos. As habla Custdia Moreno, por ejemplo, una mujer que viva en las barracas del Carmelo barcelons en esos oscuros aos de la dictadura fascista, y que expresa con rigor la determinacin con que tantas generaciones se empearon en conquistar la dignidad. En esos territorios populares estaban los comunistas, porque el PSUC fue siempre eso: la lucha de los trabajadores, de los barraquistas, de los pobres, de los condenados a las cunetas de la historia por el dios sombro de la explotacin.

El PSUC fue imprescindible para construir un entramado democrtico donde la palabra libre pudiera atravesar las fronteras del miedo. Pero nada ha sido fcil. Durante la Festa de Treball de 1977, Gregori Lpez Raimundo alert de las dificultades que comportaba el cambio democrtico sin que se haya producido una ruptura del aparato estatal franquista. Hoy podemos ver hasta qu punto era adecuada aquella observacin cuando, casi cuarenta aos despus, todava no se ha rehabilitado jurdicamente a las vctimas del fascismo, ni se ha reparado el dao y el horror causados. Llegaron, adems, los aos de la debilidad del PSUC, que tuvo que hacer frente, incluso, a la persistente obsesin de un secretario (de cuyo nombre no quiero acordarme, convertido en defensor popular) por arrojarlo al museo de los objetos intiles, obligando, otra vez, a la paciente reconstruccin de los crculos diseminados de la razn socialista. Por eso, ahora, cuando sigue oyndose con insistencia la voz de quienes quieren abandonar viejas trincheras recordndonos (como si no fuera una obviedad) que los partidos son instrumentos para el combate, utensilios para perforar el muro del sistema, es conveniente precisar que buena parte de las carencias democrticas y de la ferocidad de la revancha neoliberal de las ltimas dcadas se explican por la fragilidad de las herramientas histricas de los trabajadores, al igual que en Italia, donde la desaparicin del PCI arras buena parte de la cultura democrtica y antifascista del pas, y abri paso, otra vez, a la desacreditada socialdemocracia y a los nuevos y demaggicos populismos.

El PSUC forma parte de ese amplio contingente comunista que, con otras organizaciones progresistas, articul la cultura democrtica en Europa y en el mundo gracias a la victoria del antifascismo en la II Guerra Mundial, y, pese a la clandestinidad, la mantuvo, junto al PCE, en la Espaa franquista. El PSUC, a lo largo de toda su historia, insisti siempre en que la democracia era un objetivo inseparable del socialismo que propugna, aliment la centralidad de los trabajadores en la tradicin del movimiento obrero surgido con la revolucin industrial, defendi los derechos nacionales de Catalua en la apuesta por una Repblica federal espaola, y el objetivo del socialismo.

Algunas imgenes acumuladas en la trayectoria del PSUC, explican la relevancia y el carcter de un partido que siempre sostuvo la dignidad en los tiempos difciles: Lpez Raimundo, Teresa Pmies y Francesc Boix (el fotgrafo de Mauthausen) esperando sentados en el suelo de la estacin de Montgat, en el verano de 1937, cuando an respiraba la digna repblica espaola. Un recorte del peridico La Vanguardia, con la noticia Consejo de guerra contra un grupo de agitadores comunistas. Lpez Raimundo, entre Antoni Tpies y Joan Brossa, en la primavera de 1978, en una escena donde los tres parecen interrogarse sobre los das que estaban por llegar. Dolores Ibrruri hablando con Lpez Raimundo, junto a Enrico Berlinguer que sonre mientras observa las gradas llenas de la Monumental de Barcelona, en mayo del mismo ao. Un acto en las Casas Baratas de la Zona Franca, con una chica que reparte claveles rojos. Un hombre que mira el dibujo, de Josep Renau, de un hombre encadenado, en el Mxico de 1952, con la leyenda los puos en alto el corazn comunista. Una risuea Montserrat Roig, junto a Rafael Alberti, en el primer viaje que el poeta hizo a Barcelona tras la larga noche franquista. Miguel Nez y Gutirrez Daz, un da de febrero de 2004, en el Fosar de la Pedrera de Montjuc, recordando a los dirigentes del PSUC (Numen Mestre, Pere Valverde, ngel Carrero, Joaquim Puig Pidemunt) fusilados en el Camp de la Bota en 1949.

En estos ochenta aos, el PSUC ha hecho un largo viaje, llevando entre sus filas desde Joan Comorera a Montserrat Roig, desde Marina Ginest a Cipriano Garca, desde Lpez Raimundo a Trinidad Gallego, de Neus Catal a Gutirrez Daz, de Margarida Abril a Miguel Nez, de Ovidi Montllor a Teresa Pmies, de Vzquez Montalbn a Alfred Lucchetti, de Tomasa Cuevas a Leopoldo Espuny. Ah est ahora, con ochenta aos, junto al PCE, limitado pero firme, navegando en otros tiempos de confusin, de incertidumbre y temor ante el futuro, resistiendo el huracn neoliberal de los ltimos aos, enfrentando el vendaval de las derrotas, dispuesto, como siempre, a interrogar el futuro; un partido, que, a diferencia de aquel documento que le entreg la polica fascista a Gregorio Lpez Raimundo, sabe que tiene entre las manos un pasaporte que no caduca porque no es vlido para un solo viaje.



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