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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2016

Mentiras, espas y la historia que Chilcot se perdi

Yvonne Ridley
Middle East Monitor

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


El informe de Sir John Chilcot sobre la guerra en Iraq contiene 1,6 millones de palabras y ha necesitado siete aos para poder completarse, aunque hay una historia que no aparece en el dosier. Es la historia de cmo dos heroicas integrantes del GCHQ britnico (siglas en ingls de la entidad del gobierno que recoge datos a travs de escuchas telefnicas) sacrificaron sus carreras y ambiciones intentando parar la invasin de Iraq por parte del pas ms poderoso del mundo e impedir as la matanza de inocentes.

Una de las mujeres, a la que llamaba Isabel, vino a verme despus de una concentracin contra la guerra en la que intervine celebrada en la Universidad de Bristol. Fue hacia finales de 2002 y haba regresado recientemente de una misin de investigacin en Iraq, convencida ms que nunca de que Sadam no tena armas de destruccin masiva (WMD, por sus siglas en ingls). Sin embargo, al ser una periodista que se posicionaba contra la guerra, muy pocos de mis colegas de los medios dominantes en Fleet Street queran publicar una historia que deca que no haba WMD en Iraq, aunque esta fuera tambin la conclusin del inspector-jefe de armamento de la ONU, Hans Blix, y de su equipo de expertos.

Isabel me entreg un documento muy secreto que result ser la mayor y ms concluyente filtracin de inteligencia desde la II Guerra Mundial. Me preguntaba cmo podra conseguir que llegara a conocimiento de todo el mundo que EEUU estaba tan desesperado presionando a favor de la guerra en Iraq, que estaba dispuesto a utilizar el chantaje para que las personas que se sentaban en el Consejo de Seguridad de la ONU se plegaran a sus deseos.

El documento dejaba muy claro que las agencias de espionaje britnicas haran la labor de zapa buscando y desenterrando los trapos sucios de los miembros del Consejo que pudieran utilizarse despus contra ellos para asegurar sus votos a favor de la guerra. Era algo tremendo.

Toda esa informacin estaba contenida en un correo que la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA, por sus siglas en ingls) diriga a la sede del GCHQ. Las agencias de espionaje britnicas reciban la orden de sus colegas estadounidenses de que espiaran a todos los miembros del Consejo de Seguridad para intentar averiguar cul iba a ser su voto para el caso de que Bush y Blair buscaran la aprobacin de las Naciones Unidas para su guerra en Iraq.

Cuando Isabel me entreg el documento yo estaba trabajando como periodista independiente y automticamente pens que el mejor lugar para colocarlo sera en el Daily Mirror, que era uno de los pocos rotativos de Fleet Street, bajo su editor Piers Morgan, que haba adoptado una posicin en contra de la guerra. Las historias de inteligencia son siempre difciles de probar y, sin comprometer a mis contactos en el GCHQ, no poda aportar al Mirror nada ms que el correo original, aunque haba utilizado un contacto en la inteligencia para verificar su autenticidad.

Los tambores de guerra estaban sonando cada vez ms fuerte cuando me lo devolvieron con una decisin decepcionante: el Mirror no iba a sacarlo. Vista a posteriori, la historia era tan enorme que deba haber ido directamente a Morgan para intentar persuadirlo de que la publicara.

Para entonces estbamos ya a principios de febrero, y comprendiendo que tena una vida til limitada, contact con un antiguo colega del Observer y le expliqu lo que haba. Me reun con Martin Bright en un pequeo caf del West End londinense y supe de inmediato que l iba a hacer cuanto pudiera cuando captara la importancia del documento.

Bright necesit de tres semanas enteras, con la ayuda del entonces corresponsal para temas de defensa del Observer, Peter Beaumont, y del editor de la seccin de EEUU, Ed Vulliamy, para defender la historia y persuadir al editor, Roger Alton, de que la publicara. No fue sino hasta aos despus cuando descubr que el editor poltico, Kamal Ahmed, hizo cuanto pudo para persuadir a Alton de que rechazara la exclusiva.

Hubo incluso intentos de destruir mi reputacin personal como periodista y recordatorios que bordeaban la histeria sobre el bochornoso paso en falso dado por el Sunday Times en la dcada de 1980 con el fraude de los Diarios de Hitler, pergendose un plan desesperado para disuadir a Alton de que no utilizara la historia, pero l sigui adelante y la primicia viaj pronto por todo el mundo. Lamentablemente, das despus, Iraq era invadido y los titulares de la operacin de Conmocin y Terror anegaron la historia. Ahora est prcticamente olvidada pero a menudo me pregunto si no habra podido alterar el curso de los acontecimientos si hubiramos conseguido que apareciera a primeros de febrero de 2003.

La mujer que me entreg el documento Isabel- y su colega, Katharine Gun, una traductora de mandarn de 29 aos que tambin trabajaba en el GCHG en Cheltenham, fueron arrestadas. Cuando la polica asalt y registr sus hogares, Isabel me envi un mensaje; me encontraba en aquel momento en Bahrin y envi a Bright un sms que simplemente deca: Ya se arm la gorda.

Recordando los acontecimientos de cinco aos antes, Martin Bright escribi en el New Statesman: El correo lo enviaba un individuo con un nombre directamente sacado de un thriller de Hollywood, Frank Koza, que diriga la seccin de objetivos regionales de la Agencia de Seguridad Nacional, el equivalente estadounidense del GCHQ. Nombraba seis naciones que deban ser objeto de la operacin: Chile, Pakistn, Guinea, Angola, Camern y Bulgaria. Estas seis supuestas naciones impresionables eran miembros no permanentes del Consejo de Seguridad cuyos votos eran vitales para conseguir que la resolucin se aprobara.

Segn Bright: Ms tarde se supo que tambin se haba presionado a Mxico debido a su influencia sobre Chile y otros pases de Latinoamrica, aunque no se mencionaba en la comunicacin. Pero la operacin fue mucho ms amplia; de hecho, slo se aluda especficamente a Gran Bretaa como pas exento de la oleada.

Demostrar que el documento era autntico result ser la tarea ms difcil, y los periodistas blairistas incrustados en la redaccin del Observer continuaron susurrando en el odo del editor teoras de la conspiracin, falsificaciones rusas e incluso un escenario de doble farol de los jefes de espionaje del GCHQ para purgar a los traidores.

Al final, Vulliamy telefone simplemente a la sede de la Agencia Nacional de Seguridad en Maryland y pidi hablar con el autor del correo. En cuestin de segundos le pasaron con la oficina de Frank Koza y l mismo se puso al telfono. Aunque se neg a comentar la historia, la llamada demostr que Koza exista y que no era fruto de una invencin de los espas del Kremlin.

La historia se public el 2 de marzo de 2003, pero ya haba quedado claro que el presidente de EEUU iba a ir a la guerra pasara lo que pasara, y que estaba dispuesto a pasar del apoyo de la ONU. Gracias a Chilcot, ahora sabemos que Blair le haba dado ya su apoyo incondicional a Bush en septiembre de 2002.

Gun e Isabel fueron arrestadas por presuntos delitos en virtud del Acta de Secretos Oficiales, pero el fiscal general de aquella poca, Lord Goldsmith, desisti de la demanda en la onceava hora del 26 de febrero de 2004. De haber seguido el caso adelante, habra sido una historia sensacional a la vez que embarazosa para EEUU y Gran Bretaa. Ahora me pregunto si esa es la razn de que Chilcot decidiera ignorar la historia, que en parte ha vuelto a contar Bright. Los intrngulis de lo que pas en la redaccin del Observer los aport con ms detalle el galardonado periodista Nick Davies. Decidi romper con la norma tcita de Fleet Street investigando a sus propios colegas para exponer cmo los medios dominantes subvierten la verdad.

En su libro Flat Earth News, Davies nos ofreci una crtica mordaz de los medios de comunicacin; no slo de algunos, sino de todos ellos. Lo ms duro lo reserv para Kamal Ahmed, el hombre que sin ninguna experiencia anterior- fue nombrado editor poltico del Observer una vez que Patrick Wintour se traslad al Guardian. El ms obviamente cualificado, Andy McSmith, fue ignorado por el nuevo editor, Roger Alton, cuyas simpatas estaban por lo general con la derecha. Segn Davies, tanto Alton como Ahmed eran receptivos a las manipulaciones sin fin de Downing Street, lo que dio lugar a historias carentes de sentido crtico sobre los hallazgos del ya tristemente clebre srdido dosier.

Hubo otras mentiras escandalosas que se publicaron sobre las supuestas conexiones de Sadam con Al-Qaida y su arsenal de WMD. Periodistas como yo misma, que apoybamos el movimiento contra la guerra, y personas como Blix y el republicano estadounidense Scott Ritter, fuimos demonizados y ridiculizados por defender una narrativa que difera de la del lobby proguerra.

Los medios de comunicacin britnicos y estadounidenses fueron manipulados por tipos que estaban dentro de las redacciones y bajo los campos de influencia de Bush y Blair, manipulaciones como las que podemos ver que prosiguen hoy en los ataques contra el lder antibelicista del Partido Laborista Jeremy Corbyn. El lobby proguerra parece estar infectando todos los mbitos de la vida, incluidos los medios de comunicacin y el gobierno.

No s si a Chilcot le han persuadido de que ignore la historia de la filtracin del GCHQ o simplemente la ha pasado por alto, pero como la denunciante Kathryn Gun escribe aqu, fue una oportunidad perdida. Al menos, es una advertencia que nos previene sobre la clase de medidas desesperadas que los gobiernos estadounidense y britnico estn dispuestos a emprender con tal de conseguir lo que quieren, especialmente en los asuntos relativos a Oriente Medio. Si eso implica chantajear, espiar e interceptar las comunicaciones privadas de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, hay un montn de tipos tanto en Washington como en Londres realmente dispuestos a hacerlo.


Yvonne Ridley es una periodista britnica y activista del Respect Party.

Fuente: https://www.middleeastmonitor.com/20160710-lies-spies-and-the-story-chilcot-missed/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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