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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2016

Qu hacer con un famoso general retirado?
David Petraeus: Filtrador, portavoz, soldado, espa

Nick Turse
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Las puertas giratorias, los buenos ficheros y los generales fuera de control

Introduccin de Tom Engelhardt

He aqu algo inslito. Los estadounidenses admitimos que la corrupcin es un problema endmico en casi todo el mundo, no solo en nuestro pas. Y eso es extrao. Despus de todo, por tomar un solo ejemplo, las zonas donde el Estados Unidos del siglo XXI libra sus guerras han sido notables lodazales de corrupcin en una escala que deja a uno boquiabierto. En 2011, el informe final de la Comisin de Contratos en Tiempo de Guerra, que trabaja con el mandato del Congreso, estim que entre 31 y 60 billones (s; ley bien, cualquiera de las dos cifras seguidas de 12 ceros) de dlares del dinero del contribuyente se perdiieron en estafas y despilfarro en la reconstruccin de Irak y Afganistn emprendida por Estados Unidos (un guarismo que sin duda acabar siendo una subestimacin). Los dlares del contribuyente estadounidense se gastaron en carreteras que van a ninguna parte, una gasolinera en medio de la nada, centros de formacin de docentes y otras construcciones que nunca se terminaron (aunque se gastaron montones de dinero que fueron a parar a las manos de afortunados contratistas), una planta para desplumar pollos que jams faen un solo pollo (aunque s a quienes pagan sus impuestos en EEUU) y un esplndido cuartel general de 25 millones de dlares que nadie necesitaba ni se molest en utilizarlo. Gracias a decenas de millones de dlares del tesoro de Estados Unidos se financiaron, adiestraron, armaron fuerzas y se reclutaron soldados y policas fantasmas que formaron unidades enteras de fuerzas de seguridad (cuyos comandantes locales se forraron con salarios que nada tenan de espectrales). Y as por el estilo.

Por supuesto, todo eso se produjo en una lejana galaxia muy lejana donde la corrupcin es la norma. Dentro de Estados Unidos, la corrupcin est considerada como algo anti-estadounidense (sin embargo, no digis esto a quienes viven en Ferguson (Missouri). Esto por supuesto es sobre todo una cuestin de definicin, como Thomas Frank lo dej bien claro en una reciente entrega de TomDispatch cuando bosquej la influencia de la industria en Washington. Ya sabis, las hordas de grupos de presin que viven la gran vida y les ofrecen un bocado de ella a los funcionarios que quieran probarla, ninguno de los cuales es un corrupto. Se trata de algo completamente legal, una forma muy simptica de operar entre los agentes del poder en Washington.

En 2010, el Tribunal Supremo brind en su decisin Ciudadanos unidos su propia definicin de la corrupcin en Estados Unidos asegurando as que enormes cantidades de dinero pudieran introducirse en el sistema poltico con una notable facilidad para influenciar (por no decir comprar) en polticos y elecciones. Apenas hace unos das, el TS volvi a expresarse con una decisin unnime en favor de la corrupcin como una forma de vivir perfectamente aceptable. Fue en la anulacin de la condena al gobernador de Virginia, Bob McDonnell por el uso de su despacho para ayudar a Jonnie R. Williams (padre), que haba proporcionado a McDonnell productos de lujo, prstamos y vacaciones por un monto superior a los 175.000 dlares mientras este era gobernador (no vaya a ser que yo sea demasiado pesimista acerca de esto: permitidme que mencione una pequea seal de algo diferente; el estudioso y activista contra la corrupcin Zephyr Teachout acaba de ganar la nominacin demcrata por un escao en el congreso del estado de Nueva York. Cesar el asombro alguna vez?).

Esta habilidad estadounidense para acabar con la corrupcin en nuestra vida sin desterrar las actividades que normalmente se relacionan con ella vuelve hoy otra vez a nuestra mente porque Nick Turse, editor ejecutivo de TomDispatch dedica una mirada a un ex general que naveg con xito en las zonas de corrupcin de las guerras de Estados Unidos y cuya vida en retiro podra dependiendo de vuestro punto de vista parecer tan pura como la nieve o tan corrupta como pueda imaginarse. La eleccin es vuestra.

* * *

La vida encantada de David Petraeus

La otra noche me top con David Petraeus. Mejor dicho, corr tras l.

Ha pasado ms de un ao desde la primera vez que intente comunicarme con el general de cuatro estrellas retirado y ex director de la CIA y todava no ha habido suerte. Hace un par de atardeceres, mientras el cielo pasaba del azul a los marrones de los huevos de Pascua, volv a verlo. Petraeus sala de una zona entre bastidores rodeada de cortinas en la que se haba refugiado despus de un coloquio en el centro de Manhattan; se movi con paso brioso hacia una habitacin reservada, entr despus en un ascensor abarrotado de donde sali directamente a la calle. All le esperaba un Mercedes S550 negro de ltimo modelo.

Entonces, seguido de sus escoltas, se perdi de vista en la tibia noche de Nueva York.

Horas antes, Petraeus haba estado conversando con Peter Bergen, periodista, analista de la CNN y vicepresidente de New Amrica, el comit asesor que haba patrocinado el encuentro. De buen aspecto y descansado, el ex general de elegante traje azul oscuro haba respondido agradablemente, dado palmaditas en el hombro y a juzgar por el murmullo de aprobacin de la audiencia respuestas sencillas a las preguntas del anfitrin sobre cuestiones de la seguridad nacional que iban desde la lucha contra el Estado Islmico (Daesh, en adelante) hasta el control de las armas en poder de los civiles estadounidenses. Por ejemplo, al mismo tiempo que expresaba su apoyo a la Segunda Enmienda, hablo sobre la implementacin de soluciones sensatas a la disponibilidad de las armas, especficamente mantener las pistolas lejos de las manos de los violentos y de aquellos que estn en la lista de quienes no pueden volar. Incluso mientras expresaba su gran respeto por quienes haban practicado la tortura en las secuelas del 11-S, l denunci su empleo, excepto en el caso de una bomba de relojera a punto de estallar. En una poca en la que la palabra victoria no ha sido muy utilizada en relacin con las fuerzas armadas de Estados Unidos, l hasta presagi algo cercano a ella en el horizonte. ... lo he dicho desde el mismsimo comienzo, incluso en los das ms oscuros: el Daesh ser derrotado en Irak, dijo al admirado pblico.

Yo fui al coloquio con la intencin de hacerle a Petraeus un par de preguntas, sin embargo Bergen no me mencion cuando lleg el turno de la preguntas. No obstante, mi espera no fue una prdida total.

Viendo en accin al general retirado, volvi a mi cabeza la peculiaridad de este tiempo tan peculiar: una poca de generales cuya carrera est hecha de guerras no ganadas; unos aos en los que oficiales de alto rango y misiones no cumplidas dieron vueltas en las puertas giratorias que les depositaban no solo en los puestos ms altos con importantes comerciantes de armas, sino tambin en bancos demasiado grandes para caer, prestigiosas universidades, empresas de alta tecnologa, empresas de asistencia sanitaria y otras enormes corporaciones. Al parecer, a nadie en absoluto le importa que esos generales y almirantes se hayan desempeado en guerras tipo atolladero ni incluso que, en dos casos prominentes, terminaran su servicio al pas como el resultado de sendos escndalos de fin de carrera. Sin duda, el ciudadano David Petraeus es el arquetipo de este fenmeno.

Famoso por ser el ms cerebral de los generales, el graduado en West Point y doctorado en Princeton alcanz el estrellato en la guerra de Irak: sali airoso de la pacificacin de la revoltosa ciudad de Mosul antes de convertirse en uno de los arquitectos del nuevo ejrcito iraqu. Despus de eso, Petraeus regresara a Estados Unidos donde modernizara y reanimara la fracasada doctrina de la contrainsurgencia de la guerra de Vietnam, antes de ser destinado a comandar el Renacimiento de las fuerzas de EEUU en Irak, un esfuerzo destinado a darle un vuelco a los profundos conflictos que las afectaban. En este recorrido, Petraeus realiz una de las ms hbiles campaas de autopromocin que se recuerden: frecuentando a polticos y acadmicos, y especialmente halagando a periodistas que informaban sobre su incansable resistencia, su aficin por el ejercicio fsico, e incluso no estoy bromeando contando cmo haba revivido a un teniente, a quien se crea en coma irreversible, vociferndole el grito de combate de su unidad.

Varios bigrafos trataron al general como si fuera un personaje a quien, despus de haber conseguido lo que de alguna manera apareca como un xito en Irak, regresaba para encabezar el Comando General en Estados Unidos y supervisar dos guerras, tanto la de Irak como la de Afganistn. Cuando se derrumb la carrera militar de su subordinado, el general Stanley McChrystal, Petraeus fue designado una vez ms para llenar el hueco, comandar el resurgimiento de la guerra de Afganistn y ganar otra guerra que se haba transformado en un atolladero.

Y Petraeus lo hizo. No en Afganistn, por supuesto. Esa guerra contina sin que se vea el final. Pero de algn modo el general de tefln sali de todo eso con la gente hablando de l como un futuro candidato en la carrera presidencial. Mirando en retrospectiva los xitos de Petraeus, no se entiende cul ha sido la proeza. Las estadsticas prueban que en realidad Petraeus nunca pacific Mosul, que sigue bajo control del Daesh desde hace aos. El ejrcito que Petraeus ayud a reconstruir en Irak se hizo trizas ante la misma fuerza que, en algunos casos, fue respaldada incluso por los mismos combatientes sunnes que Petraeus haba puesto en nmina para hacer que el Renacimiento tuviera la apariencia de un xito.

Ciertamente, Petraeus lleg al cuartel general estadounidense en Nueva York para responder a una pregunta en particular: Respecto de la seguridad nacional, con qu desafos se encontrar el prximo presidente?. Al-Qaeda, el Talibn, el Daesh, Irak, Afganistn: precisamente el conjunto de adversarios contra los que l haba combatido, o qu haba sido de sus supuestas victorias.

Mandamases retirados, entonces y ahora

Qu se puede hacer con un general cuando deja de serlo? O... qu se puede hacer con un general cuando se retira?

Irving Berlin, en 1948, fue el primero en plantear estas preguntas; seis aos ms tarde, Bing Crosby las cant en Navidad blanca, la lujosa pelcula musical de Hollywood que se convirti en el ingrediente imprescindible de la temporada de vacaciones de 1954.

No obstante, da la impresin de que no son estas preguntas las que le han quitado el sueo a David Petraeus. Se retir de la vida militar en 2011 para asumir la direccin de la CIA, solo para renunciar ignominiosamente unos aos ms tarde cuando se revel que haba filtrado informacin clasificada a su bigrafa y ocasional amante Paula Broadwell; ms tarde minti al FBI sobre esta cuestin. Gracias a un arreglo con los fiscales federales, Petraeus solo se declar culpable de un delito menor y no pas ni un da entre rejas, permitindole como inform el New York Times el ao pasado centrarse en su lucrativa carrera privada como socio de una empresa de valores y dar conferencias en todo el mundo sobre temas de la seguridad nacional.

En los tiempos de Crosby y Berlin, despus de una serie de victorias militares en guerras mundiales, las cosas eran diferentes. Pensemos en el general de cinco estrellas George C. Marshall, el comandante ms importante de la Segunda Guerra Mundial, a quien hoy se recuerda mejor por el plan de recuperacin econmica de la Europa de posguerra que lleva su nombre. Su compaero de armas y tambin general de cinco estrellas Dwight Eisenhower record que, durante la Segunda Guerra Mundial, Marshall no quera ocupar una despacho en Washington y ser jefe de estado mayor. Estoy seguro de que l quera un comando operativo, pero ni siquiera permiti que su jefe [el presidente Flanklin Roosvelt] se enterara de lo que l quera, porque deca: Yo estoy aqu para servir y no para satisfacer mi ambicin personal. Da la impresin de que esta forma de pensar continu siendo su gua despus de retirarse, en 1945, y continu sirviendo como enviado especial a China, y como secretario de Estado y de Defensa.

Se sabe que Marshall rechaz varias lucrativas propuestas de escribir sus memorias, entre ellas las del editor Henry Luce, de Time y Life, que implicaban un milln de dlares de entonces despus de impuestos. Lo hizo basndose en la nocin de que no era tico obtener provecho econmico del hecho de haber servido a Estados Unidos o beneficiarse del sacrificio de los hombres que haban estado a su mando; se dice que le respondi de este modo a un editor, que ... no haba pasado su vida sirviendo al gobierno para poder vender la historia de su vida al Saturday Evening Post. En sus ltimos aos, acept colaborar con un bigrafo y entreg el archivo de sus documentos a la Fundacin de Investigacin George C. Marshall con la condicin de que ningn beneficio econmico derivado de la publicacin de libros ira a parar a sus manos o a las de su familia sino que sera destinado al trabajo de investigacin de la Fundacin Marshall. Incluso se pidi a su bigrafo que renunciase a cualquier derecho de autor. Marshall tambin rechaz formar parte de cualquier consejo corporativo.

Marshall quiz fuera un parangn de circunspeccin y rectitud moral, sin embargo no estaba solo. En tiempos tan cercanos como 1994-1998, segn un reportaje del Boston Globe, apenas un poco menos del 50 por ciento de los generales retirados de variado rango iban a trabajar a la industria de la defensa ya fuera como consultores o ejecutivos. En el periodo 2004-2008, ese nmero haba saltado al 80 por ciento. Un anlisis realizado por Ciudadanos por la Responsabilidad, una organizacin sin fines de lucro con sede en Washington, hall que entre 2009 y 2011 ese guarismo se mantena en un elevado 70 por ciento.

Generales famosos como Petraeus y sus compaeros ex generales de cuatro estrellas Stanley McChrystal (cuya carrera militar tambin acab en las llamas del escndalo) y Ray Odierno (que se retir en medio de una polmica), como tambin el almirante retirado y ex jefe del Estado Mayor Conjunto Mike Mullen, ni siquiera necesitan entrar en el mundo de los vendedores da armas y las empresas de la defensa. En estos das, estos empleos pueden ser dejados cada vez ms para luminarias militares de segunda lnea como el general de la infantera de marina James Cartwright, el ex segundo jefe del Estado Mayor Conjunto, que ahora integra la junta de directores de Raytheon, o el ex vicealmirante y jefe de la inteligencia naval Jack Dorsett, que se incorpor a Northrop Grumman.

Sin embargo, si usted fuera una de la estrellas ms brillantes de las fuerzas armadas, cada da ms el lmite es el cielo. Por ejemplo, usted puede estar al frente de una empresa consultora (McChrystal y Mullen) o asesorar o incluso sumarse a la gerencia de bancos o corporaciones privadas como JPMorgan (Odierno), Jet Blue (McChrystal) y General Motors (Mullen).

En cuanto a Petraeus, despus de haber dejado atrs su aventura extramatrimonial, se convirti en socio de la empresa de valores Kohlberg, Kravis, Roberts & Co. L.P. (KKR), para la que tambin sirve como presidente del Instituto Global KKR y, segn su bigrafa, como supervisor de la plataforma de liderazgo de pensamiento del Instituto centrada en las tendencias geopolticas y mecroeconmicas, como tambin en los temas medioambientales, sociales y de gobernanza. Entre sus ayudantes hay un ex presidente de la Comisin Nacional Republicana y jefe de la campaa presidencial de George W. Bush, como tambin una ex luminaria de Morgan Stanley.

En la cartera de KKR se puede encontrar un poco de todo, desde Seguros Alliant y Cuidados sanitarios Panasonic hasta hospedar firmas chinas (Rundong Automobile Group y Asia Dairy, entre otras). Bajo su paraguas tambin se encuentran empresas de la defensa como TASC, la autoproclamada principal proveedora de servicios de ingeniera e integracin de toda la Comunidad de Inteligencia, departamento de Defensa y agencias civiles del gobierno federal, y los negocios electrnicos de defensa del Airbus Group, donde KKR realiz una compra por 1.200 millones de dlares.

Sin embargo, en el currculo personal post-CIA de Petraeus, KKR es apenas el comienzo.

Un hombre para el Four Seasons

Una vez que han dejado de ganar y de alimentarlo, nadie piensa en darle un empleo, escribi Berlin hace 68 aos.

Cmo han cambiado los tiempos. Cuando se trata de Petraeus, evidentemente el ganar y el comer nunca cesan, como cuando Edward Luce, columnista del Financial Times, lo llev consigo a principio del ao para comer atn a la trtara, salmn hecho a fuego lento y un cuenco lleno de fresas, frambuesas y moras con crema.

En el elegante establecimiento, a pocos pasos del despacho de Petraeus en Manhattan, durante un momento el ex jefe de la CIA lo dej desolado. Cuando le pregunt qu era lo que le mantena tan ocupado en estos das, l se explay tanto que casi lament haberle preguntado, escribi Luce.

Obviamente, yo ya haba odo otra versin de lo mismo cuando interrumpiendo una pregunta del periodista Fred Kaplan en el encuentro de New American en el que estuve, Petraeus solt una larga parrafada en la que explic lo ocupado que est. Al hacerlo, derram luz sobre justamente qu significa ser un clebre general retirado de las guerras no ganadas de Estados Unidos. Tengo un empleo en KKR. Una vez por semana enseo en la Universidad de la ciudad de Nueva York, el Honors College. Doy un curso de una semana cada semestre en la Universidad del Sur de California. Dedico varios das a ensear en Harvard. Estoy en el circuito de las conferencias. Hago cosas sin honorarios como esta. Soy copresidente del Consejo Asesor Global del Instituto Wilson, vicepresidente de RUSI (Royal United Services Institute, una institucin de investigacin centrada en cuestiones militares). Formo parte de otros tres comits asesores, dijo.

En una poca en la que los denunciantes de secretos gubernamentales desde Edward Snowden, denunciante de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en ingls) y John Kiriakou, denunciante de la CIA, hasta Chelsea Manning, denunciante del Ejrcito de EEUU han acabado en el exilio o en prisin, la vida del filtrador Petraeus sin duda ha sido muy diferente.

La experiencia del ex alto ejecutivo de la NSA Thomas Drake, que comparti informacin no confidencial sobre las distintas formas de despilfarro de la agencia con un periodista es ms tpica de lo que podran esperar los filtradores. A pesar de que el departamento de Justicia retir los cargos ms graves contra l se declar culpable de un delito menor, perdi su trabajo y su pensin, qued en quiebra y pas varios aos trabajando en un almacn de Apple despus de haber sido procesado por una ley contra el espionaje de los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Mis contactos sociales desparecieron; soy una persona non grata all donde vaya, le dijo a Defense One el ao pasado. Para m es imposible conseguir un empleo en una empresa que contrate con el gobierno o en el entorno cuasi gubernamental; quienes defienden a los denunciantes no quieren tener contacto conmigo.

Petraeus, en cambio, comparti con su amante y bigrafa ocho libros negros clasificados como altamente confidenciales; segn el gobierno, estos libros contenan, entre otras cosas, la identidad de funcionarios encubiertos, estrategias de guerra, mecanismos y capacidad de la inteligencia, conversaciones diplomticas, registros de citas y conversaciones deliberativas de encuentros de alto nivel del Consejo de Seguridad Nacional y conversaciones del acusado David Howell Petraeus con el presidente de Estados Unidos. Petraeus fue procesado, se declar culpable y fue sentenciado a dos aos de libertad condicional y a pagar una multa de 100.000 dlares.

No obstante, Petraeus se mueve hoy en los crculos de la elite y en salones respetables; es miembro o trabaja en instituciones a cul ms influyente. Adems, de las tareas que enumer en New America, su currculum vitae incluye: profesor visitante honorario en la Universidad Exeter, copresidente de la fuerza de tareas sobre Amrica del Norte en el Consejo de Relaciones Exteriores, copresidente de la Comisin Asesora Global del Centro Internacional para Eruditos Woodrow Wilson, miembro del Consejo de Liderazgo de la Cumbre Concordia, miembro del consejo de administracin del Instituto McCain para el Liderazgo Mundial, miembro del Consejo Asesor en Seguridad Nacional de la Coalicin Estadounidense de Liderazgo Global, y tiene una asiento en la junta de directores del Consejo Atlntico.

La marca Petraeus

Hace ms o menos una ao intent contactar con Petraeus por dos lados: mediante KKR y tambin con el Macaulay Honors College de la Universidad de la ciudad de Nueva York; me interesaba que l comentara un trabajo mo. Nunca recib una respuesta.

Supuse que estaba evitndome o a quienquiera que le hiciese preguntas incmodas o que sus guardianes pensaran que yo no era lo bastante importante como para responderme. Aunque quiz solo estuviera demasiado ocupado. Para ser franco, yo no me haba dado cuenta de lo apretada que estaba su agenda (desde luego, Edward Luce del FT, informa de que cuando l mand un correo electrnico para invitar a Petraeus, el general retirado respondi en cuestin de minutos; por lo tanto, la falta de respuesta quiz tenga que ver con que yo no haba tenido en cuanta la posibilidad de comer en el Four Seasons).

Asist al acontecimiento de New America porque tena incluso ms preguntas que hacer a Petraeus. Pero yo no fui tan afortunado como Fred Kaplan autor, dicho sea de paso, de The Insurgents: David Petraeus and the Plot to Change the American Way of War (Los sublevados: David Petraeus y el complot para cambiar el modo estadounidense de hacer la guerra) o no fui los suficientemente rpido o gil para alcanzar al ex general antes de que se sentara en el asiento trasero de su lujoso Mercedes.

La cancin de Irving Berlin sobre lo que se puede hacer con un general termina con una nota lgubre que suena mejor en los tonos edulcorados de Crosby que lo que se lee en el papel: Da la impresin de que este pas nunca ha disfrutado de tantos generales de una, de dos, de tres y de cuatro estrellas sin empleo.

Hoy, un miembro del Estado Mayor Conjunto que se retires despus de 38 aos de servicio recibe un retiro mensual de unos 20.000 dlares, nada mal como para un desempleado de por vida; aun as en la muy unida fraternidad de los oficiales de alta graduacin hay muchos que desean complementarla. Ah est el general Cartwright, que en 2012 se incorpor a Raytheon y, segn la empresa de investigacin en inversiones Morningstar, recibe de esa compaa cerca de 364.000 dlares al ao como retribucin y tiene acciones por 1,2 millones de dlares.

Todo esto me deja con todava algunas preguntas ms para hacer a Petraeus (cuyo retiro se dice es de ms 18.000 dlares por mes o 220.000 por ao) sobre un modo de pensar que parece estar a aos luz del que Marshall mantuvo durante su retiro. Me interesaba saber, por ejemplo, por qu en su contratacin no es una condicin el haber ganado guerras para aprovechar la capacidad de liderazgo en ellas, y por qu el costo personal y profesional del escndalo es tan increblemente selectivo.

Parece que en estos momentos si se tiene un buen fichero con la apropiada lista global de turnos, un nombre de nota y una refinada marca geopoltica se pueden disimular muchos pecados. Y es precisamente este tipo de poder de fuego el que Petraeus pone sobre la mesa.

Despus de un ao sin tener respuesta, volv a ponerme en contacto con KKR. Esta vez, mediante un intermediario, Petraeus proporcion una respuesta a mi ltima solicitud de una entrevista: Gracias, por su inters, Nick, pero l rehsa respetuosamente por esta vez, se me dijo.

Sin embargo, tengo la esperanza de que el general retirado cambie de parecer. Por tener el privilegio de hacer varias preguntas a Petraeus, yo estara muy contento de invitarlo a comer en Four Seasons.

Con el elegante lugar donde comen los representantes del poder a punto de cerrar como parte de un plan para volver a abrirlo en otro lugar, es necesario que me d prisa. Conseguir una mesa podra ser difcil.

Por suerte, justamente s el nombre que debo mencionar.

Nick Turse es director de edicin de TomDispatch e integrante del Nation Institute; tambin colabora con Intercept. Es autor del xito editorial del New York Times: Kill Anything That Moves: The Real American War in Vietnam. Su libro ms reciente es Next Time Theyll Come to Count the Dead: War and Survival in South Sudan. Su sitio web es NickTurse.com.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176160/tomgram%3A_nick_turse%2C_revolving_doors%2C_robust_rolodexes%2C_and_runaway_generals/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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