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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2016

La palabra-nmen
Una lectura de "Todo tanto" de Arturo Borra

Juan Armenteros
Rebelin


Todo tanto, de Arturo Borra (Tigres de Papel, Madrid, 2016) me invita a un recorrido personal por sus pginas, detenindome en lugares que me han atrapado o me han conmocionado, con una lectura profana, diletante incluso, que bebe del propio libro y de todo aquello que me ha llevado a encontrarme con su escritura.

Casi siempre las palabras que se dirigen a otras palabras ocultan ms que ensean o eso al menos pretenden, casi siempre sin conseguirlo. En multitud de ocasiones desvelan y muestran una proyeccin casi hologrfica del autor y, si el autor es un buen mdium, de muchas ms cosas que quieren ser contadas. Arturo Borra muestra mucho en su libro, se abre en canal y su dolor que es el dolor del mundo se convierte tambin en nuestro dolor. Tambin la esperanza, su esperanza, es nuestra esperanza.

En sus primeras pginas nos llega el eco de lo que vendr despus, de todo lo que vendr despus, todo tanto, gramtica fracturada, escritura que agoniza, y la imagen del stano retumba, la bsqueda que no reniega de investigar la herida, la fractura, el dolor, la oscuridad.

El subrayado de la escisin invita a una lectura difcil, en dos niveles de dificultad diferentes, en dos planos de inmanencia superpuestos que dira Deleuze, (1) por un lenguaje que no quiere vocear el poder la expresin no puede ser complaciente; (2) y adems para una mirada que quiere verdad -o, al menos, veracidad- el espejo tampoco puede ser idlico. Y no lo es.

Soledad, noche, nadar en la nada. Atreverse a eso. Para ello bucear en una sincrona improbable, al mismo tiempo ver en la infancia indicios de otra vida, de la vida no daada, del cuerpo flexible que an no se ha tornado esclerosis tras el dolor infinito que obliga a dejar de sentir para poder sobrevivir.

Anticipacin del desastre de los sentidos -sus ahogados, irrescatables en la fiesta de la amnesia. (2016: 17) ***

En este libro se combate y se conjura la amnesia, tanto dolor, tanta imposible redencin. Sin embargo, esta voz se oye contrafcticamente. No hay rescate de los ahogados pero s hay posibilidad de darles voz por trmula que sea. Aqu la encontramos. Ahogados, tambin aqu el texto nos lleva a diversos ahogos, no tener aire, bajo el agua, inmersin definitiva, oscuridad; no tener aire, porque ya la vida daada no permite respirar. Y sin aire, afona.

CONTINENTE es hacerse un vaco para dar lugar (2016: 18).

Acoger, desdibujar las lejanas del lejano. Para ello trabajar al otro de uno mismo en uno mismo, trabajar la propia noche. Se intuye ese trabajo, se siente, se ve, se entiende en estas pginas. En todos esos planos superpuestos y muchas veces conflictivos: familia y afectos cercanos, los desdobles internos, los otros difciles de integrar en uno mismo.

Es duro enfrentar la muerte, las muertes, sin defensa. Aqu hay mucho ms que una dificultad conceptual (que tambin: no hay problema ms difcil para el intelecto que el de la propia desaparicin, una especie de reduccin al absurdo del momento o insight en que se percibe que est -siempre- demasiado cercana), la ms potente es la que incluye la intuicin contradictoria de que algo falla en esta sintaxis aterradora: qu cauce tiene lo propio en un ro de desapariciones? (2016: 33). Hay aqu otro doble nivel: muerte evitable, muerte inevitable. Asesinato por accin u omisin; ontologa de todo lo vivo. En las dos habitan angustias.

No preguntan quin queda/ fuera. Preguntar sera abrir puertas diminutas/ traspasar el umbral/ hundirse en los otros.

Hundirse en los otros como temor. Temor a la escasez. Temor a perder la condicin de miserable elegido. Aqu no se puede dejar de subrayar: hambre, puentes como refugio, suburbio, planeta que es un enorme suburbio fractal. Como tambin enormes son los vertederos de nuestra boca-culo insaciable para que tampoco queramos ver los ahogados, que vienen desde dentro, dice Arturo, que somos NOSOTROS. Aunque an no lo queremos ver. Somos, como en el film de Amenbar, Los Otros. Y no hay peor forma de estar muerto que no saberlo, y no hay vida donde no se siente la mirada ni el aullido del dolor.

Pero tambin la lluvia, siempre la lluvia (2016: 54), como para Itzanam1, Yo soy la sustancia del cielo, el roco de la nubes, tambin nosotros respiramos bajo esas gotas, ah la esperanza. Aunque fuera en forma de gotera, inundar la vida, dar la vida. Lluvia, fro, noche. No hay metfora, desamparo. De noche duele an ms. Noche tambin es muerte, o confusin o indeterminacin2. Para que la noche sea goce, para que devenga gestacin, la herida debe ser restaada.

TANTO

Lo que no ves/ es lo que te falta.

Tanto nos falta. Tanta ceguera.

El juego con la negacin que es tambin el juego de la separacin. Hemos querido como especie diferenciarnos sin saber que crebamos un silencio ms desolador que el previo al lenguaje, la palabra impedida, la palabra que sangra porque no puede ser dicha, lo que no puede hablar sangra (2016: 71). La palabra no dicha reclama su presencia de mil maneras, se hace smbolo. Sangra sin descanso. Y aqu ya se expresa el nmen.

TODO TANTO

Un pozo es adems cantera. Un mundo brota de esa soledad.

Vuelve la palabra-nmen, pozo de la verdad, de la sinceridad. De dnde podra brotar si no de esa soledad? El mundo inmenso que surge de ese pozo debe ser reconocido, aceptado, ese pozo somos nosotros esperndonos a nosotros mismos, la paradoja del bdico testigo, los ms desconocidos para nosotros mismos, pozo, soledad, dispora, y un caballo rojo trota por mis pramos, todo en el mismo poema.

Hay peligros. La soledad que permite la escucha tambin proyecta monstruos y por ello requiere tenaz aprendizaje. Aprender a soar (2016: 88) Ser posible evitar el miedo? Ya sabemos que no. Siempre tenemos miedo a lo indeterminado por ms que seamos los inevitables determinantes. Y miedo tambin a saber que ese viaje siempre est poblado de espectros, que se hace a solas, temblor.

Y an as Mirar de frente (2016: 92). Y un impersonal aparece para salvar al poeta del ahogo, para que el poeta, nadie, pueda des-ahogarse, ante la avalancha inevitable, la presin del ro. Admirable valor, porque no hay valor sin afrontar el miedo, para horadar, para visitar tneles, profundizar y de los pozos seguir brotando agua ennegrecida. Cmo no, inmensa y heroica limpieza -en uno mismo. Y algn da sabremos que no hay otro camino posible, limpiar esas aguas negras, clarificar-se.

Dnde somos cuando somos / en la niebla? (2016: 101)

La niebla vela, pero tambin invita a que quitemos el velo. La niebla ya no es noche. O no es noche cerrada, preludia amanecer aunque fuera no sabido. En forma de pregunta que contiene el destello, a punto de aparecer, no cerrar los prpados, y entonces entender de otra forma el deseo, que no puede ser impotencia, aunque en el camino duela tanto. Y prevenir no el dolor, imposible deseo, desdichado deseo, en el que viene, sino el sufrimiento, el mal tantas veces proyectado y reproducido, el sadismo heredado, hacer magia con esos ojos vrgenes, y comprender los rboles inmviles (2016: 113). Qu bello acompaar.

Tus ojitos revelan la ceguera ensayada. Que el mundo no te los cierre. (2016: 114)

No lo har. Esta es la esperanza. Puede que no haya redencin, pero esos ojitos abiertos contienen ese mundo de aquel pozo. Pozo de aguas lmpidas. Uno se pregunta qu disco de Chico Buarque se dobl por el sol (a m se me dobl el Sargent Peppers y an me duele) para escucharlo (ahora con Spotify en vez de surcos polvorientos girando romnticamente) mientras releo la pgina 115 de todo tanto. Releo y me invento tambin ese intervalo entre dos soledades, una vez aceptado que, aunque solos, podemos compartir charla y hacer chocar las copas de tanto en tanto.

Notas:

1 Chevalier, Cheerbrant, Diccionario de los smbolos, Herder.

2 Ibd.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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