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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2016

La paz son los cambios

William Ospina
El Espectador


Tal vez si el acuerdo de cese al fuego bilateral se estuviera firmando en Colombia, en la Plaza de Bolvar de Bogot, en medio de una multitud entusiasta, o en el Catatumbo, o en Chaparral, o en Tumaco, y en carpetas que tengan impreso el escudo nacional y no otro, no nos quedara esta sensacin angustiosa de que siempre queda algo faltando, de que la paz que nos venden pende de un hilo, y no parece inaugurar una nueva poca, sino dejar a lado y lado bloques hirsutos que se rechazan y parecen a punto de arrojarse de nuevo con rabia contra sus hermanos.

Fue Barba Jacob el que escribi, hace muchos aos, la paz es mi enemigo violento y el amor mi enemigo sanguinario. No entendemos qu quiso decir, pero vivimos en un pas donde a menudo la paz no son brazos abiertos y corazones reconciliados, sino un argumento ms contra los otros. Muchos de quienes estamos convencidos de que no hay otra solucin que la paz negociada, siempre hemos sostenido tambin que es inverosmil una paz sin justicia social, que es peligrosa una paz edificada sobre la discordia de los dirigentes, y que es incongruente una paz en la que el pueblo sea un invitado de piedra.

Porque es la gente la que tiene que vivir la paz, que construir la paz, que garantizar que la paz sea un hecho y no un mero decreto. El Gobierno trata de hacernos sentir que un acto pblico en compaa de algunos gobernantes amigos es ya la prueba de que el acuerdo no tiene marcha atrs, pero acto seguido nos dice que todo depende de un plebiscito que podra reversar las cosas hasta ms all del comienzo, justo en momentos en que la comunidad no slo parece ms escptica que nunca con respecto al proceso, sino que se ve golpeada por una economa a la deriva, por una vergonzosa discordia entre los dirigentes que nadie se esfuerza por atenuar, y por un nuevo Cdigo de Polica como no lo vimos ni siquiera en tiempos del Estatuto de Seguridad. Un cdigo que autoriza a la Polica a entrar en los hogares sin orden judicial, que le permite multar a las personas por sospechas o por supuestos actos que mortifiquen a la comunidad, y que convierte el no pago de las multas en causa de arresto, lo que equivale a criminalizar la pobreza. Todo esto mientras se nos anuncia que estn llegando la paz y la modernidad postergada.

He visto ms jbilo en las calles con el triunfo en un partido de ftbol que con este supuesto comienzo de un nuevo pas. Y me duele inmensamente, porque s que quienes quieren la guerra sin cuartel estn equivocados, porque s que la verdadera paz negociada es fundamental y es urgente.

Pero por qu la gente est tan escptica? Por qu no hemos visto el jbilo que debera acompaar a un proceso tan vital para nuestro futuro? Porque nadie siente que este proceso est cambiando las condiciones que nos llevaron a la guerra y que la hicieron posible durante 50 aos. Algo en el corazn de la sociedad presiente que una paz sin grandes cambios histricos, una paz que no siembre esperanzas, es un espejismo, hecho para satisfacer la vanidad de unos polticos y la hegemona de unos poderes, pero no para abrirle el horizonte a una humanidad acorralada por la necesidad y por el sufrimiento.

Curiosamente slo se habla de las garantas para los guerrilleros, pero hasta eso parece cuento. Concentrarlos en unas veredas slo parece demostrar que se les teme mucho y que no se confa en ellos: muy mal comienzo para una paz generosa. Saber que el pas tiene muchas bandas criminales al acecho, y decidir sin embargo que los guerrilleros slo pueden salir de sus campos transitorios de concentracin vestidos de civil y sin armas, parece brindarles pocas garantas de supervivencia, y causa extraeza que los guerrilleros rasos lo acepten. De todos modos no parece prometer paz, y menos reconciliacin.

Yo habra querido ser el primero en salir a las calles a recibir con lgrimas en los ojos el anuncio del fin de la guerra, pero en un hecho de tanta trascendencia no se puede pecar de frivolidad. Es nuestro deber ciudadano decir cul es la paz en que podemos creer, porque es larga nuestra historia de ilusiones y de desengaos.

Habra sido fcil para el Gobierno asegurar un triunfo sin sombras de una paz generosa y entusiasta. Todava sera posible. Pero exige de verdad unos cambios histricos, nada melodramticos, pero hechos con grandeza y pensando en la gente, cambios que garanticen un poco de justicia en el pas ms desigual del continente, ingreso social para los jvenes, y convocar de verdad a la comunidad a inventar una paz con imaginacin que nos incluya a todos, que traiga algo nuevo a nuestras vidas. Exigira tambin frente a la oposicin, que est en su derecho de pensar distinto, un lenguaje ms respetuoso, menos lleno de desplantes y de arrogancia.

Y exigira que no se piense tan olmpicamente que la fiesta es el acuerdo y que la paz viene despus. El da en que los guerrilleros se concentren, y entreguen las armas, ya tendra que haber mucha paz en las veredas y en los corazones para que de verdad algo nuevo comience.


Fuente original: http://www.elespectador.com/opinion/paz-son-los-cambios


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