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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2016

A 37 aos de la victoria popular de 1979
Nicaragua, tan violentamente dulce

Sergio Ferrari
Rebelin


Ya ves, viajero, est su puerta abierta,
todo el pas es un inmensa casa.
No, no te equivocaste de aeropuerto:
entr noms, ests en Nicaragua

De Noticias para viajeros, Julio Cortzar, febrero 1980


Nuestra llegada a la capital de ese pas sudamericano a inicios de 1981 fue por tierra. Con el Ticabus que, por entonces, en unas doce horas recorra los 420 kilmetros desde San Jos, Costa Rica. El punto de llegada: una improvisada estacin de mnibus en el centro histrico inexistente de Managua, desaparecido por el devastador terremoto de diciembre de 1972.

Managua, una de las pocas tal vez la nica- capital planetaria con escombros por puntos cardinales, rpidamente confrontaba al viajero con una realidad repleta de certitudes histricas. Haba sido la corrupcin generalizada con los fondos internacionales de reconstruccin post-terremoto lo que precipit la derrota de Anastasio Somoza Debayle, ltimo de una dinasta familiar que con fuego y sangre haba gobernado el pas desde haca ms de 40 aos.

Una sociedad movilizada, un pueblo insurrecto y un grupo de jvenes guerrilleros del Frente Sandinista de Liberacin Nacional (FSLN), arrastraron la cada del ltimo de los Somoza el 19 de julio de 1979. A pesar de las cuatro dcadas de dictadura feroz y de la categrica victoria insurreccional, la consigna de los vencedores fue el perdn como nica condena a los vencidos. La guardia nacional somocista en desbandada, el dictador huido a la desesperada hacia Miami en el avin presidencial y la obligacin para los jvenes guerrilleros de construir un nuevo Estado de la nada. Nicaragua, desde los escombros del terremoto y de los restos de una dictadura sangrienta, apareca como el ms reciente escenario latinoamericano de la revolucin posible y de la imaginacin al poder.

Nuestra primera tarea como cooperantes internacionalistas en esa nueva nacin centroamericana fue la de maestros populares en Ciudad Sandino, barrio obrero y popular a 13 kilmetros de los escombros que indicaban el antiguo centro solo identificado por la vieja catedral capitalina en ruinas.

La educacin de adultos era uno de los programas esenciales de ese nuevo pas en acelerada reconstruccin. Era la continuidad lgica de la Cruzada Nacional de Alfabetizacin que en apenas cinco meses, desde marzo a agosto de 1980, haba permitido reducir el analfabetismo del 50% al 13%, provocando la sorpresa de la comunidad internacional y el reconocimiento eufrico de la UNESCO.

Para logarlo, el nuevo Estado recurri a cerrar temporalmente escuelas y universidades y a movilizar masivamente a miles de jvenes estudiantes algunos de ellos casi nios-, distribuidos hasta en el ltimo de los rincones rurales del pas. Esa escuela de vida, pura pedagoga participativa, se convirti en el sello distintivo de la revolucin popular sandinista, conmoviendo el alma de una sociedad civil planetaria que rindi pleitesa al nuevo Gobierno de Reconstruccin Nacional.

Si Nicaragua vibraba ante la fuerza del cambio juvenil, en Amrica latina, Europa y Norteamrica, se sentan las ondas del nuevo terremoto ahora poltico- y una cooperacin internacional (o militancia internacionalista) hasta entonces inexistente empezaba a tomar forma y manifestarse activamente.

No fue por entonces difcil adherir a esta nueva esperanza nacida de una de las naciones ms empobrecidas de Latinoamrica. La solidaridad internacional es la ternura entre los pueblos, enfatizaba por entonces uno de los dirigentes histricos del FSLN. No menos tierna, la simpata activa hacia el modelo sandinista que se apoyaba en cuatro pilares novedosos para una revolucin armada: el pluralismo poltico; la economa mixta; el no-alineamiento internacional y la participacin popular activa en cada tarea nacional de la nueva etapa.

Los cristianos progresistas ocuparon un lugar destacado del nuevo panorama social. La Teologa de la Liberacin vio materializar sus dogmas transformadores y entre cristianismo y revolucin no hay contradiccin, asom como consigna refrescante en un continente donde las iglesias ostentan desde siempre cuotas importantes de poder, sea para conservar, sea para transformar.

Seguimos trabajando siempre ms en tareas comunales. Incursionamos luego en el periodismo activo y en la salud pblica. La euforia popular continuaba pero tambin aparecan las primeras seales de agresin desde el norte. A inicios de 1984 se registraron los primeros bloqueos a los puertos nicaragenses y las acciones armadas antisandinistas iniciales desde las fronteras vecinas, tanto al norte como al sur. La agresin masiva nubl el horizonte. Y en escasos 6 aos, el esfuerzo por construir otro modelo de democracia participativa se dilua ante la guerra impuesta. Casi 40 mil vctimas (entre ellos decenas de internacionalistas) y no menos de 17 mil millones de dlares en prdidas el equivalente de casi 50 aos de exportaciones a los valores de entonces- , segn el Tribunal Internacional de La Haya, revolcaron por tierra el sueo sandinista del amanecer que dej de ser una tentacin.

Managua, la ciudad de las paradojas en ruinas. Nicaragua, el pas de la imaginacin al poder, amenazada. Imgenes que afloran como siluetas diluidas de la historia de hace apenas algunos aos. Con el acento de ese pas tan violentamente dulce, de puertas de par en par abiertas, al decir del escritor argentino Julio Cortzar, amigo carnal hasta su muerte de la nueva Nicaragua.

Pas de la innovacin poltica; de la juventud convertida en dirigencia de la historia la mayor parte de los lderes sandinistas tenan entre 25 y 30 aos en 1979-; del jbilo de la libertad en la creacin, su fiesta continua, segn Cortzar. Estoy convencido, deca el escritor argentino, es algo que siento cada vez con ms fuerza en cada una de mis visitas a Nicaragua, que sa ser la cultura de su pueblo en el futuro, firme en lo que le es propio y abierta a la vez a todos los vientos de la creacin y de la libertad del hombre planetario.

Y hoy, la vuelta a Nicaragua. Para homenajear a los que no estn pero siguen estando. A los que se fueron sin partir. Para volver a atravesar el portal de esa inmensa, infinita, casa abierta


Sergio Ferrari, colaboracin de swissinfo.ch

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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