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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2016

Morir cuando y como uno quiere

Mikel Arizaleta
Rebelin




Se consume cual leo carcomido, lo mismo que un vestido apolillado, el hombre nacido de mujer, corto de das y harto de pesares. Como flor brota y se marchita, se esfuma como sombra pasajera. Y si bien, este pensamiento aparece en el libro de Job, en ese tira y afloja del hombre creyente con su dios buscando el porqu un dios bueno castiga a un hombre, que le es fiel, lo cierto es que hombre y la mujer nacen, viven como pueden y mueren, sean rectos, leales o pandilla de sinvergenzas.

Un da tambin yo pregunt a mi madre, cual Job a dios, por qu pari diez hijos (seguramente entre tanto hijo vivo se habra cruzado algn aborto) no guardndose para ella y su vivir una mayor diversin, disfrute y descanso, librndose de tanta molestia, porque diez hijos suponen casi 20 aos sin das de descanso interrumpidos por lloros y demandas de bebs, aparte de las labores del casero, de las largas coladas sin lavadora y de trabajos sin cuento. La respuesta fue: ya quise, pero el cura me dijo lo que dios quiera y te mande.

Por entonces el hijo de la familia media y baja no estaba en manos de sus padres (los ricos siempre han gozado de facilidades divinas), se mova en un entorno sagrado. Medio siglo despus, entre nosotros, aquello se ha convertido en historia pasada. Hoy el hijo es globalmente, al menos ac, cosecha y querer de sus padres, mientras la Iglesia y sus obispos siguen queriendo arrebatar al hombre una vez ms ese derecho, como en el mondongo de historietas divinas entremezcladas del relato de Job. Ms an, se ha acortado tanto la parida y la crianza que estos ltimos aos son ms numerosas entre nosotros las defunciones que los nacimientos, en parte en contra de los deseos paternos merced a la situacin econmica, a la inestabilidad del trabajo y a la reduccin salarial. Se podra decir que hoy nacen menos de los deseados.

Cosa distinta ocurre con el acabose, con el atardecer en la vida, con el morir dichosamente. Sigue ese mundo, espero por poco tiempo, en una nebulosa definida- indefinida semireligiosa de slvese quien pueda. La eutanasia sigue legalmente muy embridada y el suicidio asistido duramente castigado o, dicho claramente: a uno no se le deja morir dignamente como ni cuando quiere. Porque la muerte de uno sigue estando demasiado en manos de otros, y poco respetado el derecho de uno a morir dignamente. Quemarse de modo violento en un coche ante el dolor de un cncer terminal o poner fin a sus das arrojndose por una ventana son indicios de vlvulas sociales cerradas y ollas muy presionadas. Y eso s es grave e indigno de un ser humano en nuestros das: denuncia de inhumanidad y muerte violenta. Es cierto, hay organizaciones particulares con densidad y reclamo social, que van proponiendo soluciones como la fundacin EXIT en Suiza, basados en una ley ms de vista gorda y permisiva que positivamente reguladora, pero los estados tan propensos a las guerras, a muertes, a bombardeos y a tirar de pistola- se muestran reacios jurdicamente e imbuidos de una mentalidad sacra ante la libertad de dejar en manos sobre todo del viejo, y tambin de su entorno, el derecho a un suicidio voluntario, al menos en determinadas circunstancias expuestas y exigidas por el afectado.

Tambin en este tema se han ido dando pasos, si bien no como en el nacer. Resulta obligatorio traer a la memoria a la suiza, pregonera en este campo, Elisabeth Kbler-Ross, cuyas experiencias dej escritas en su primer libro Interviws mit Sterbenden (entrevistas a moribundos, pero que ha sido publicado en castellano como Sobre la muerte y los moribundos). Esta mujer sac a pasear a la gente moribunda y con final marcado en rojo en el calendario, los sent en su silln de profesora universitaria e hizo que hablaran a mdicos, alumnos, profesores y gente en general. Y vaya que si hablaron! Y exigieron una muerte digna, digna para ellos, no digna para las meninges y pareceres de mdicos, curas, profesores y gobernantes. Y todava en esas estamos, exigiendo respeto para la decisin responsable de la persona ante su muerte, tambin en el parlamento vasco con pasos an incipientes y muy tmidos, con riesgos punibles excesivamente grandes para las partes actoras y sin una justificacin racional.

Morir con dignidad es derecho de toda persona, incluido el derecho al suicidio, y obligacin de los estamentos estatales prestar asistencia y ayuda para que uno muera cuando y como quiera.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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