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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2016

Erdogan y la contra-revolucin mundial

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Lo que muchos temamos la noche del 15 de julio, se ha cumplido de la manera ms sombra. Si hubiese sido terrible el triunfo del golpe de Estado en Turqua, no mucho menos terrible se anuncia ya su fracaso. En apenas una semana el presidente Erdogan ha detenido o purgado a ms de 40000 funcionarios del Estado: oficiales del ejrcito, policas, jueces, docentes, periodistas. Ha declarado el estado de emergencia por tres meses -prorrogables al infinito- y ha suspendido la Convencin Europea de Derechos Humanos, lo que podra dar paso -segn ha insinuado ya el gobierno- al restablecimiento de la pena de muerte y viene a normalizar, en cualquier caso, la represin contra toda forma de oposicin y, de manera particular, contra los gulenistas y los kurdos, convertidos una vez ms, tras la reanudacin hace un ao de la confrontacin militar, en el enemigo interior. En definitiva, para frenar o vengar un golpe de Estado, real y manipulado, Erdogan y su partido han dado a su vez un golpe de Estado. Sobre el golpe y sobre la figura de Erdogan recomiendo leer las crnicas de Andrs Mourenza, alejadas por igual del complotismo y de la complacencia

Ahora bien, sera un error interpretar esta deriva autoritaria como la locura de un megalmano y, menos an, como el resultado inexorable -por fin desenmascarado- de la estrategia del islamismo poltico. Los recientes avatares turcos hay que inscribirlos al mismo tiempo en el nivel local, en el regional y en el global. En el local, inseparable de los otros dos, el golpe de Erdogan significa el restablecimiento del estatalismo nacionalista turco, provisionalmente suspendido o aliviado en los primeros aos de gobierno del AKP. En trminos regionales, significa el cierre definitivo del ciclo de cambios iniciado en 2011 y abortado en Siria con la militarizacin de la revolucin y la intervencin multinacional posterior. En cuanto a la dimensin global, el autoritarismo erdoganista se ajusta a esa ola contra-revolucionaria -o de revolucin negativa- que se extiende por todas partes y que no excluye ningn continente y ningn pas.

Veamos. El AKP lleg al poder en 2002 como una ruptura esperanzadora. Frente a una tradicin laica autoritaria y golpista, propuso la democratizacin de Turqua a travs de un islam moderado que reflejaba sobre todo el conservadurismo cultural de las clases populares ms desfavorecidas y que, en cualquier caso, acept siempre y hasta reivindic de manera muy explcita el carcter laico del Estado y, por supuesto, la economa de mercado. Un analista marxista como Emre Ongun escribe, por ejemplo, que (el triunfo electoral del AKP en 2002) fue el signo, para una gran parte de la poblacin, de una estabilizacin poltica, de un crecimiento econmico fuerte, de la domesticacin real del ejrcito e incluso, en los primeros tiempos, de una nueva esperanza de reforma liberal de la cuestin kurda. En definitiva, el modelo del AKP y de Erdogan se presentaba como la nica alternativa democrtica autctona a -simultneamente- las dictaduras teocrticas y a las laicas en una regin en la que la izquierda haba sido largamente derrotada y en la que, frente a las tiranas locales, las intervenciones imperialistas y las respuestas yihadistas, pareca cerrada cualquier va, por muy modesta que fuera, hacia el desarrollo econmico, la ciudadana y el Estado de Derecho. Cuando en 2011 estallaron las llamadas revoluciones rabes -que fueron tambin kurdas, amazigh, feministas y de clase- ese modelo se irgui del modo ms natural como respuesta poltica a las demandas populares, completamente ajenas al islamismo y tan radicalmente econmicas como institucionales. Es ese modelo el que se entierra hoy definitivamente mediante el golpe de Erdogan contra el golpe del 15 de julio.

Conviene recordar, en efecto, que en 2011 comenz en esta zona del mundo, consecuencia retrasada del deshielo de la guerra fra, una revolucin democrtica global que prolongaba los procesos iniciados en Amrica Latina diez aos antes y prolongada a su vez por el 15M en Espaa, por Ocupy Wall-Street en EEUU, por Gezi en Turqua, por las protestas contra la austeridad en Grecia. En el mundo rabe esa revolucin, que no era ni islamista ni de izquierdas, afront enseguida dos reacciones contra-revolucionarias que trataron de frenar, gestionar o neutralizar el impulso popular. Dos modelos se enfrentaron, en efecto, en Libia, Tnez y Egipto. De un lado el ya citado de Erdogan, quien abandon su poltica de intervencin cero y buena vecindad en favor de un intervencionismo neo-otomano, muy oportunista, orientado a apoyar a y apoyarse en los Hermanos Musulmanes y sus ramas locales a fin de extender su influencia en el marco geogrfico de su viejo imperio. Frente a este modelo, uno mucho ms reaccionario, el de Arabia Saud, enemigo de la Hermandad y de Qatar, aliados de Turqua, se impuso finalmente a travs, sobre todo, del golpe de Estado del general Al-Sisi en Egipto en julio de 2013. La nica opcin realista en el norte de Africa en 2012 era la de escoger entre Turqua y Arabia Saud; y enseguida entre Erdogan y Al-Sisi: es decir, entre un islamismo democratizador y una dictadura laica apoyada, en realidad, por un islamismo retrgrado, teocrtico y criminal. Aclaremos dos cosas. La primera es que estos dos modelos enfrentados entre s estaban encabezados por pases igualmente aliados de EEUU y de la UE; la segunda es que los EEUU y la UE, errticos y en retirada, preferan sin duda el modelo turco -y negociaron sin problemas con los HHMM- y tuvieron que tragarse el golpe de Al-Sisi, y la victoria saud, por puro pragmatismo geopoltico en una situacin -como insiste Wallerstein de hegemona debilitada.

No haba ninguna alternativa revolucionaria democrtica anti-imperialista en 2012 y, resignado ya a que se me malinterprete, me atrever a decir que hubiera sido bueno que, en ese momento y en esas circunstancias, el modelo turco, oportunista pero potencialmente ms democrtico, se hubiera impuesto al saud como sustituto regional del fracasado imperialismo estadounidense. No haba, digo, alternativa poltica revolucionaria, pero s, en cambio, un tercer modelo contra-revolucionario, fuente de buena parte de los males de la zona: el de la dictadura siria, apoyada por Irn, Rusia y Hizbullah, cuyos crmenes atroces contra el pueblo sirio franquearon el paso al ISIS y enterraron definitivamente el ciclo de cambio abierto en Tnez con la inmolacin de Mohamed Bouazizi. Frente a este tercer modelo, los otros dos -Arabia Saud y Turqua- alcanzaron un acuerdo o una tregua que, camuflando el conflicto inter-sunn, aliment la dimensin sectaria (sunnes contra chies) de la contra-revolucin en curso, extendida ahora a Bahrein y Yemen. Pero la dictadura siria, aliada de Turqua hasta mayo de 2011 y amiga imprescindible en la represin de los kurdos, se convirti en la tumba de Erdogan y de su modelo democrtico. Enfrentado a su propia primavera rabe en Gezi, viendo contestado en 2014 su poder electoral, la intervencin de Erdogan en Siria, que l imaginaba como la fundacin de un nuevo y triunfal liderazgo democrtico neo-otomano, acab metindolo en un callejn sin salida: la amenaza kurda desde Rujova lo llev a interrumpir todas las negociaciones con el PKK y a financiar o tolerar distintos grupos yihadistas, incluido el ISIS, lo que a su vez abri un doble frente de lucha anti-terrorista en Turqua, fuente y pretexto, como es habitual, de una deriva autoritaria que, en este caso, desemboc en el golpe del 15 de julio y en el contragolpe del 16, todava en curso. El cruce y retroalimentacin entre los niveles local y regional, con la cuestin kurda en el centro, explica la derrota del modelo AKP y revela una vez ms la volatilidad y promiscuidad de todas las alianzas geoestratgicas en la zona. EEUU, que hace cuatro aos hubiera preferido el modelo contra-revolucionario turco y que se trag el golpe de Estado de Al-Sisi financiado por Arabia Saud, apoya militarmente a los kurdos del PYD sirio, hermanos siameses del PKK turco, y mantiene hoy una spera relacin con Erdogan, hasta el punto de que se hubiese tragado tambin, de buena gana, un golpe glenista o kemalista contra el AKP. Al mismo tiempo, Washington se muestra cada vez ms proclive a ceder tambin ante el tercer modelo contra-revolucionario, el ruso-iran, con el que negocia una solucin para Siria que, obviamente, no pasa por derrocar el rgimen y promover la democracia. Conclusin? Las dictaduras, los imperialismos, los yihadismos ganan. Los pueblos pierden.

Todava en 2013, entre Erdogan y Al-Sisi, pareca obvia la eleccin. Hoy ya no. Digamos que, para evitar el golpe de Al-Sisi, Erdogan ha escogido convertirse en Al-Sisi, arrojando el modelo Erdogan, trgicamente, al basurero de la Historia. De ese modelo slo queda el islote tunecino, donde Rachid Al-Ghanoushi intenta ahora, en las condiciones ms adversas, el camino que inici el AKP hace quince aos: el de la democratizacin del conservadurismo social musulmn. No le saldr bien. En todo caso, sera un grave error interpretar que, tras el 15 de julio, se ha impuesto en Turqua el islamismo sobre el laicismo, como si fuera sta la alternativa en juego en la regin y en el mundo. En Turqua se ha impuesto una vez ms el estatalismo nacionalista del siglo XX y ello en el marco de una contra-revolucin global (o revolucin negativa) que est desmantelando muy deprisa las esperanzas nacidas en 2011. En un sector de la izquierda muy islamofbico y, en general, religiosamente laico y mal informado, existe la tendencia a echar la culpa de todo a las revoluciones rabes, preadas de yihadismo, porque no eran socialistas y porque fueron derrotadas. Pero tampoco el 15M era socialista y tambin fue parcialmente derrotado. Y lo mismo pas en Gezi. Y en Ocupy Wall Street. Y tambin han sido derrotados el chavismo y el kirchnerismo y el lulismo; y hasta Sanders en EEUU en favor del radicalismo derechista de Clinton y Trump. En cinco aos el retroceso ha sido brutal; tanto ms brutal cuanto ms pareca en 2011 que bamos a emprender un gran salto adelante contra el neoliberalismo capitalista y en favor de la democracia global. La contrarrevolucin poltica, como el ser de Aristteles, se dice de muchas maneras. Se dice PP en Espaa, Le Pen en Francia, Erdogan en Turqua, Al-Sisi en Egipto, Al-Asad en Siria, PVV en Holanda, UKIP en Inglaterra, FP en Austria, Macri en Argentina, Temer en Brasil etc. Sera un grave error considerar que la batalla es entre laicismo y religin. Es entre dictadura y democracia. Esa batalla la vamos perdiendo, igual que la lucha de clases y por las mismas razones, pero sustituir un esquema campista ideolgico, ya periclitado sobre el terreno, por uno cultural igualmente invlido slo servir, como quiere la contra-revolucin en marcha, para que aceptemos ceder derechos y libertades en nombre de alineamientos identitarios, culturales y tribales. El radicalismo derechista europeo puede adoptar una forma laica y anti-terrorista; el radicalismo derechista turco una forma islmica y antikurda. En ambos casos, es el conservadurismo social mayoritario el que legitima estas peligrosas derivas. Derechizacin institucional y populismo conservador van ganando terreno en todas partes y los enfrentamientos geoestratgicos, cada vez ms voltiles y cruzados, no deberan engaarnos sobre lo que realmente est en juego. La tarea sigue siendo la misma que hace seis aos, hoy quizs un poco ms difcil: hay que democratizar el conservadurismo laico europeo, hay que democratizar el conservadurismo social musulmn. El contragolpe de Erdogan, que cierra el ciclo abierto en 2011, es una psima noticia para todos los que, ateos, musulmanes o cristianos, luchamos en esa direccin.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/07/24/erdogan-la-revolucion-mundial/8910

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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