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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2016

La radicalizacin de Europa

Santiago Alba Rico
Berria


El atentado de Niza, ensimo de una serie infinita, obliga a tres observaciones rpidas y, en cierto modo, banales.

La primera es que el ISIS se ha apoderado de toda la violencia del planeta. Aunque no se haya probado ningn vnculo entre el autor del atentado de Niza y el yihadismo francs o internacional, es como si todos los asesinos del mundo -al menos los que tienen un apellido rabe- se hubiesen autorreclutado para Daech y todos los gobiernos del mundo -al menos los occidentales- diesen por supuesto que el islamismo radical es la fuente de todos los crmenes y todas las matanzas. La tesis de la autorradicalizacin express permite encajar cualquier locura en un esquema de interpretacin general que, en realidad, reproduce y refuerza la existencia del yihadismo. Todas las partes trabajan para el Estado Islmico: los radicales que actuan en su nombre y los gobiernos que les atribuyen, a veces contra toda evidencia, sus acciones criminales. Esta polarizacin teolgica -una guerra sin fronteras entre un mal homogneo y un bien que slo se reconoce a s mismo frente al mal- va tejiendo una red cada vez ms extensa en la que, a travs de la dependencia meditica, se impone la lgica del potlach o del record deportivo: cada nueva matanza tiene que introducir algn valor adicional que la haga visible y provoque una reaccin igualmente superior. Hay que matar cada vez ms gente y de forma ms indiscriminada; y hay que reaccionar de un modo cada vez ms radical frente a la radicalidad adversa. De un lado y de otro, todo es propaganda. Pero esa propaganda necesita muertos reales, bombardeos reales y leyes reales que debilitan la democracia y el Estado de Derecho. El Estado Islmico, en el centro de esta gigantesca tela de araa, se frota las manos satisfecho. Ni el viejo Fumanch cinematogrfico cont con publicistas tan eficaces y complacientes.

La segunda observacin tiene que ver con la radicalidad. Recordemos una vez ms el gran nmero de vctimas musulmanas en Niza; recordemos que la mayor parte de las vctimas de Daech en todo el mundo son musulmanas. Recordemos que la mayor parte de los que lo combaten tambin lo son. Recordemos, como insiste Ramzy Baroud, que el Estado Islmico es un fenmeno del islam perifrico; y que si tiene uno de sus centros de mxima actividad europea en Francia se debe a que en este pas, en trminos culturales, econmicos y sociales, an no ha terminado la guerra de Argelia. Recordemos asmismo una reciente encuesta del Instituo Adenauer que demuestra que los ciudadanos del norte de Africa dan una enorme importancia a la religin y, al mismo tiempo, estn completamente en contra del ISIS. Los mismos datos sirven para los musulmanes europeos. Como no deja de repetir Olivier Roy, una de los ms reputados especialistas, no hay ninguna comunidad musulmana: los radicales belgas o franceses surgen de una ruptura interna con el islam de los mayores y, si se quiere, de una radicalizacin anti-islmica denunciada por las propias familias. El islam, como cualquier otra religin, des-radicaliza a sus fieles, por lo que para radicalizarlos -lo sabe muy bien el ISIS- hay que desislamizarlos. La paradoja, sobre la que llama la atencin Raphal Liogier, es que nos encontramos ante un islamismo sin islam. El acuerdo tcito entre el ISIS y los gobiernos para disolver toda forma de violencia en el Estado Islmico y asociar su violencia a la raz del islam extiende la sospecha -de potencial radicalizacin express- al conjunto de la minora musulmana europea, que asume as la consistencia de una comunidad negativa segregada del cuerpo de la nacin. La islamofobia juega a favor del ISIS y en contra de la democracia y el Estado de Derecho, los nicos valores europeos que todos deberamos defender.

La tercera observacin, derivada de la anterior, es que la guerra antiterrorista, planteada en estos trminos, no slo est condenada al fracaso sino que coopera objetivamente con el fenmeno terrorista y la fecundacin de lobos solitarios. Desde 2001, tras el 11S, EEUU y la UE (pero tambin Rusia, gran fertilizante de yihadismos) han repetido los mismos errores y con el mismo resultado: las intervenciones, bombardeos y apoyos a dictaduras condujeron en 2011 a una sorprendente primavera rabe que se opona, al mismo tiempo, a estas polticas y a la respuesta radical yihadista de Al-Qaeda. Con la derrota de las revoluciones y el restablecimiento de las mismas polticas neocoloniales, el ISIS apareci, de la forma ms natural, como expresin superior postmoderna de la variante de Bin Laden. La vulnerabilidad europea, con su radicalizacin derechista, hizo el resto. Ms all de las estrategias securitarias inmediatas (coordinacin policial y drenaje de las fuentes de financiacin) si queremos quebrar la lgica del record deportivo y la publicidad del mal, si queremos interrumpir las radicalizaciones express y la escalada de atentados, es imperativo tomarse en serio la democracia y los DDHH. Eso implica -en el exterior- rechazar todas las dictaduras (de Arabia Saud a Siria y Egipto) y dejar de alimentar la sectarizacin con intervenciones neocoloniales: al ISIS slo podrn vencerlo las poblaciones locales y slo si se sienten comprometidas en un proyecto democrtico comn. En el interior, combatir la islamofobia con ms democracia y ms Estado de Derecho, recordando que son las minoras musulmanas europeas las que necesitan proteccin y que la radicalizacin xenfoba frente a ellas no slo alimenta al ISIS sino que convierte a los regmenes europeos en potenciales dictaduras rabes. Eso es lo que debera preocuparnos: nuestra propia radicalidad y nuestra deriva autoritaria.


Fuente original: http://www.berria.eus/paperekoa/1832/018/003/2016-07-22/europaren_erradikalizazioa.htm




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