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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2016

La guerra de 1936-1945, crisol del pueblo trabajador vasco

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin

Texto escrito para la revista que lleva el ttulo de "Nmero especial de Espineta amb Caragolins en conmemoracin a los 80 aos de la Guerra Civil". Para adquirirla hay que escribir a [email protected]


1. Introduccin

2. La dictadura militar

3. Bajo la III Repblica

4. La comuna de Donostia

5. Gobierno burgus vasco

6. Ejrcito desorganizado

7. Rendicin de Santoa

8. Hacia la anomala de los aos 50 

1. Introduccin

Existe un paradigma terico franco-espaol de interpretacin de la realidad que entre otras cosas se caracteriza por una visin estatato-nacional como encuadre ontolgico, gnoseolgico y axiolgico de lo existente en su interior. Aplicado a la historia, este paradigma solucionara todas las dudas desde dentro de la unidad material y conceptual del Estado. Un paradigma funcional a la continuidad de Espaa y Francia como naciones nicas, aunque, en el caso espaol, segn sus corrientes ideolgicas internas, pudiera ser nacin de naciones, nacin poltica con nacionalidades culturales, nacin con regiones y culturas o simplemente nacin espaola a secas, por citar solo algunas. El jacobinismo francs es incluso ms obtuso y cerrado.

Los pueblos oprimidos por dos Estados nos enfrentamos a dos historias nacionales diferentes en su forma la francesa y la espaola pero idnticas en su fondo de clase porque ambas asumen la defensa del capitalismo. Las historias que producen estos Estados llegan a ser incluso opuestas en las defensas de sus respectivos intereses estato-nacional burgueses, pero coinciden en la visin bsica: las clases trabajadoras, los pueblos oprimidos, las mujeres explotadas, son sujetos secundarios y pasivos en el devenir.

Nosotros tenemos otra concepcin de la historia. Pensamos que la historia gira alrededor de la formacin del sujeto colectivo que mediante luchas, errores y victorias, va tomando conciencia-para-s de la explotacin que sufre, siempre en conflicto con su enemigo de clase, la burguesa. La unidad y lucha de contrarios sociales lucha de clases es el motor de la historia. Desde esta perspectiva, lo fundamental es que el eje terico gire siempre en el ncleo de la formacin y evolucin de la contradiccin antagnica entre el capital y el trabajo. El capital no es una cosa, sino una relacin social de explotacin permanentemente acrecentada del trabajo explotado.

Este nivel de concrecin terica es fundamental para entender qu papel jug la guerra de 1936-1945 en Euskal Herria, en la que nuestra nacin pag las consecuencias de estar ocupada por dos Estados y por tener en su seno burguesas reaccionarias y fascistas. La guerra convencional de 1936-1945 forma parte de una guerra social ms larga que aqu circunscribiremos a las tres dcadas que van de 1917 a 1953. Naturalmente, estas fechas expresan momentos significativos que simbolizan los saltos de fases concretas dentro de las dinmicas de larga duracin en las emergen las contradicciones de fondo entre la evolucin de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de produccin.

Es fcilmente comprensible por qu incluimos la guerra de 1936-1945 en el perodo mundial abierto por la toma del Palacio de Invierno en 1917 hasta comienzos de los aos 50 de ese siglo: las izquierdas tuvieron que enfrentarse a realidades nuevas en el plano terico, poltico y prctico puestas a la orden del da por las aportaciones del bolchevismo, entre las que destacaban y destacan el derecho de autodeterminacin, el imperialismo y la organizacin de vanguardia: los Estados espaol y francs eran son imperialistas que negaban niegan el derecho a la independencia de los pueblos que opriman y oprimen. Las izquierdas franco-espaolas, y algunas de los pueblos oprimidos siguen siendo cuestionadas en su dogmatismo estatalista por aquel 1917.

La guerra de 1936-1945 fue un conflicto blico convencional dentro de esa prolongada guerra social que hemos delimitado en las tres dcadas citadas. El concepto de guerra social proviene de la Roma del I y hace referencia a la guerra entre varios Estados y pueblos para recibir el derecho a la ciudadana romana tal cual se entenda en aquella poca. Marx y Engels lo adecuaron a la guerra de clases en el capitalismo del siglo XIX, y su valor como concepto terico y heurstico crece da a da.

La guerra social, visible o no, es el estado objetivo de la lucha de clases, al margen de las apreciaciones subjetivas. Toda guerra social simultanea momentos y coyunturas pacficas y violentas segn las clases y fracciones de clase que las disfruten o sufran, segn las naciones que padezcan la paz del ocupante, segn la resistencia de las mujeres a la violencia patriarcal, segn la fuerza del racismo Tales coyunturas y momentos se inter penetran e interactan de manera compleja y hasta aparentemente catica, pero coherente si se descubren la lucha de contrarios en su subsuelo. La guerra social es poltica y la forma ms poltica de la guerra social es su forma blica, armada, sea convencional o irregular, segn las definiciones oficiales o insurgentes. Cuando la guerra social da el salto a guerra militar es cuando la lucha poltica se transforma en guerra abierta y cuando no hacen falta mayores argumentos para comprender que la guerra es la continuidad de la poltica por otros medios.

2. La dictadura militar

1917 fue un gozne como lo haba sido 1871: en Euskal Herria y el Estado espaol coincidi con una Huelga General Revolucionaria ese mismo ao, y en Euskal Herria y el Estado francs con el profundo malestar social y militar expresado en los motines de tropas iniciados en 1916. Las fuerzas destructivas emergidas en 1917 crearon el fascismo, los militarismos, el salazarismo, el nazismo, el franquismo; fuerzas irracionales azuzadas por la Gran Crisis de 1929. La II Repblica espaola de 1931 y la insurreccin de octubre de 1934; la III Repblica francesa en 1932 y la ofensiva de la extrema derecha francesa ese ao; el Frente Popular en ambos Estados en 1936, estos y otros acontecimientos van unidos a los cambios de estrategia de la Internacional Comunista entre su VI Congreso de clase contra clase de 1928 y su VII Congreso de frentes populares de 1935.

La Huelga General Revolucionaria de agosto de 1917 haba sido precedida por una huelga general en diciembre de 1916 contra la caresta de la vida, que tuvo fuerza en Euskal Herria: en Donostia hubo once heridos en los enfrentamientos. Sobre esta base, la Huelga General de 1917 se prolonga una semana. Un piquete descarril un tren el da 13 causando cinco muertos y diecisis heridos. Se moviliz al ejrcito, los barrios obreros fueron cercados y detenidas cientos de personas: el da 15 el acorazado Alfonso XIII desembarc en Bilbo soldados de infantera y artillera, y en un tiroteo con los insurgentes hubo doce muertos. Tambin hubo huelga en Gipuzkoa y en menor medida en Araba y Nafarroa.

Cuatro meses despus estallaba la revolucin bolchevique divulgndose sus aportaciones tericas y polticas. La fundacin de la Internacional Comunista en 1919 tensa las diferencias en el PSOE vasco y su mensaje penetra en sectores que empiezan a radicalizarse fuera de este partido. La crisis econmica de 1921 pone el marco en el que en ese ao se produce la escisin en el PSOE entre partidarios de la socialdemocracia y del comunismo. El contexto sociopoltico es duro: protestas contra la guerra en frica, gran huelga en septiembre de ese ao y creciente lucha de clases en los meses posteriores, paulatino acercamiento en las luchas entre bases comunistas y solidarios de ELA a pesar de su choque frontal con el espaolismo de UGT. La tensin aumentar hasta 1923, lo que explica la radicalizacin de la juventud nacionalista.

En efecto, el PNV se haba escindido en 1916 entre Comunin Nacionalista Vasca, autonomista y de derechas, econmicamente unida al gran capitalista Ramn de la Sota, y Aberri, independentista, reformista en lo social y con valenta para salir en defensa de los jvenes comunistas muertos en las huelgas, reafirmando que la juventud de Aberri era, como la comunista, gente modesta, gente humilde, con ideales. En 1920 la juventud de Aberri critic ferozmente a Comunin Nacionalista y en unin con otros sectores refund el PNV en 1921.

El sindicato nacionalista vasco ELA, creado en 1911, no poda ser impermeable a esta evolucin. La lucha de clases antagnica con la lnea burguesa del PNV hasta 1916. La creacin de Aberri y el impacto de la oleada revolucionaria iniciada en 1917 minaban su doctrina social catlica. El aumento de la juventud comunista en las zonas industriales y el hecho de que asumiera la teora leninista de la autodeterminacin de los pueblos, combatida a muerte por UGT y el PSOE, excepto por un sector muy reducido, impulsaba el acercamiento en la lucha diaria, cotidiana.

Comprendemos as que para 1922 comunistas y nacionalistas de ELA y del recin refundado PNV actuaran unidos en la huelga de la importante empresa Euskalduna, propiedad de Ramn de la Sota, capo de Comunin Nacionalista. La radicalizacin social de ELA alarm a la derecha ms reaccionaria, fuera espaolista o autonomista vasca, sobre todo cuando se vio la influencia vasca en la fundacin del Partido Comunista de Espaa en 1922, influencia que reaparecera a partir de 1931. Por su parte, el diario Aberri sostena que se estaban gestando las condiciones para una sangrienta revolucin independentista.

En Nafarroa, la lucha de clases tambin estuvo muy marcada por la defensa de los comunales, o por su recuperacin, contra la furia privatizadora del capital. En realidad, la defensa de lo comn, lo colectivo, forma parta de la lucha del pueblo explotado desde la aparicin de la propiedad privada. Por circunstancias histricas, en Nafarroa subsista mucho comunal, y en el resto de Euskal Herria los comunales haban sido considerables hasta finales del siglo XIX. Uno de los objetivos prioritarios de la derecha navarra para rebelarse en armas era apropiarse de lo comn, privatizndolo.

La dictadura militar de 1923 a 1931 tuvo como objetivo aplastar la radicalizacin social y nacionalista. Surge aqu una constante que va a recorrer la historia vasca hasta el presente: en el II Congreso de la Internacional Comunista, en verano de 1920, se dictan veintiuna condiciones que deben cumplir las organizaciones y partidos que quieran integrarse en la Internacional Comunista. La tercera condicin dice que como no hay que fiarse de la legalidad burguesa, hay que crear un organismo clandestino paralelo a la organizacin legal, en previsin de los golpes represivos. La tercera condicin no solo responde al certero anlisis contextual realizado por la Internacional Comunista, sino tambin al permanente debate desde la dcada de 1840 entre el socialismo reformista, por un lado, y el comunismo utpico y el marxismo, por otro, sobre la cuestin organizativa, que es una cuestin poltica.

La dictadura espaola golpe muy especialmente al diario Aberri y al PNV, no tocando apenas a Comunin Nacionalista, pero prohibiendo toda expresin nacionalista, excepto la sindical de ELA-SOV; tambin golpe muy duro a la izquierda revolucionaria, a los comunistas en ascenso y a los anarquistas en declive, dejando intacta la UGT y el PSOE que colaboraron con el Directorio Militar al tener visiones muy semejantes, como en el corporativismo y el espaolismo. Aunque la represin hizo dao a los comunistas, estos haban aplicado la tercera exigencia de la Internacional Comunista y, con su red clandestina, lograron crecer bajo la dictadura, asumiendo los valores nacionales vascos como se refleja en el documento de comienzos de 1930 en el que la Federacin Comunista Vasco-Navarra declara que ayudar a crear la Repblica Socialista Vasca, en unin con los obreros de todos los pases y razas. Los anarquistas suplieron con herosmo sus deficiencias organizativas, pero no pudieron evitar la aniquilacin a finales de 1923 del grupo de cincuenta hombres armados que queran entrar por la localidad navarra de Bera: un miembro de la embajada espaola en Pars se haba infiltrado desde el comienzo del plan, ayudado por otros dos agentes ms.

3. Bajo la III Repblica

Para 1930 la agona de la dictadura era innegable porque no haba podido aplastar a las fuerzas revolucionarias y nacionalistas, y porque su ideal corporativo era impotente ante las gigantescas proporciones de la Gran Crisis iniciada en octubre de 1929. A las 7 de la maana del 13 de abril de 1931 en Eibar se declara la II Repblica. Es como si se quitase la tapa a una cazuela en ebullicin: surgen cuatro grandes corrientes que desencadenarn la guerra de 1936-1945. Una de ellas es la movilizacin nacionalista. Casi al instante de proclamarse la II Repblica se proclama la Repblica Vasca, se pide a todos los ayuntamientos que hagan lo mismo y se exige la derogacin de la ley de 1839 impuesta por Madrid y que supeditaba los derechos vascos a la constitucin espaola de 1837.

La presin para conseguir un Estatuto de Autonoma logra acercar al PNV con el carlismo y otras fuerzas, pero choca con la decidida negativa del PSOE en mayo de 1931. A pesar de todo se elabora un proyecto de Estatuto para los cuatro territorios vascos que se oficializ en junio de 1931 en Estella. En septiembre, el proyecto fue rechazado en las Cortes espaolas con la excusa de que el Estatuto Vasco estableca relaciones directas con el Vaticano. En diciembre se aprueba la Constitucin de la II Repblica, laica y separada de la Iglesia, lo que impide cualquier intento de Estatuto Vasco con relaciones directas con el Vaticano.

La negativa espaola crea fisuras entre el carlismo y otras fuerzas polticas navarras, lo que refuerza la intransigencia del PSOE, de modo que en 1932 fracasa el segundo y ltimo intento de Estatuto hasta 1936. Las derechas y el espaolismo no solo vean que en Catalunya, Galiza, Aragn y Andaluca crecan antiguas solidaridades e identidades colectivas, sino que, tambin, la Diputacin y la Cmara de Comercio e Industria de La Rioja pidi en ese 1932 ser parte del Estatuto Vasco por obvias razones lingsticas, toponmicas, culturales y econmicas: ese ao se public un libro en el que se demostraba que todava en el siglo XIII se hablaba la lengua vasca en La Rioja, adems del hecho de que las primeras palabras en castellano antiguo fueron escritas por un euskaldun riojano. La peticin riojana es inseparable de las necesidades socioeconmicas de su burguesa, pero tambin de la tendencia al alza de la (re)construccin de un ideal vasquista, como se aprecia en el movimiento cultural navarro representado por Arturo Kanpion, movimiento que el franquismo quiso exterminar con el terrible bando militar contra la lengua y cultura vasca de 1936 que iniciaba una fase de genocidio cultural, como veremos.

La segunda fue la del golpismo militar que pretendi contactar mediante el general Orgaz con el PNV en 1932, ao en el que hizo su primer intento de derrocar al Gobierno. El general Sanjurjo habl con el carlismo para empezar la sublevacin en Sevilla. Tras el fracaso, consigui salvar la vida y refugiarse, en 1934, en Portugal, precisamente cuando los carlistas solicitaron dinero y armas a Mussolini para preparar la insurreccin antirrepublicana. En 1931-1933, el gobierno republicano-socialista reform el ejrcito pero no lo depur. Aun as esos ligeros retoques enfurecieron a los llamados africanistas, incondicionales del general Franco, inepto militarmente pero experto en exterminios. En el Bienio Negro, 1933-enero de 1936, la derecha miraba para otro lado dejando hacer a los golpistas creyendo que volvera a ganar las prximas elecciones.

Madrid estaba al tanto de los preparativos golpistas pero no los cort de raz cuando podan haberlo hecho con gran facilidad: fue mezcla de impotencia poltica, miedo a la clase obrera y engreimiento de la dbil burguesa. El gobierno del Frente Popular de febrero de 1936, conocedor al detalle de la trama y de sus mandos, no hizo nada para abortarla y cuando estall perdi un tiempo precioso intentando dividir a los militares y negndose a armar a los pueblos y clases explotadas. Veremos cmo las lecciones de la insurreccin de octubre de 1934 y de las insurrecciones de julio de 1936 confirmaron la teora marxista de la violencia: que el Estado es el centralizador estratgico de la violencia burguesa, que la organizacin revolucionaria debe tener una oficina militar invisible, que la militancia debe estar tica, poltica y tericamente formada en la teora de la violencia, y que la insurreccin es un arte.

La tercera corriente es el avance subterrneo en la autooganizacin del movimiento obrero y popular vasco que, poco a poco, logr llegar a verano de 1936 con una mnima coordinacin. Ya para 1929 la colaboracionista UGT haba tenido que girar a la izquierda. Tambin en ese ao ELA hizo una decisiva asamblea en Bergara tomando decisiones que entonces eran muy progresistas como la de exigir la igualdad de salarios entre hombres y mujeres. La suave pero innegable radicalizacin de ELA alarm a la derecha autonomista y tradicionalista que en 1932 intent crear un sindicato amarillo y catlico, como en 1911 con ELA, pero el pueblo trabajador haba aprendido mucho en dos dcadas y el intento fracas. Por el lado opuesto, con las libertades burguesas recuperadas el anarquismo comenz su remontada.

Muy difcilmente poda esperarse en 1931-1933 que se llegase en solo tres aos a ese mnimo de unidad antifascista en amplias zonas de Euskal Herria porque el pistolerismo del PSOE, con sus excusas sociales, ocultaba una defensa armada del nacionalismo espaol. El objetivo espaol del terrorismo del PSOE coincida con el pistolerismo de la Falange contra nacionalistas vascos. Bajo el paraguas de las fuerzas armadas y judiciales del Estado, dirigidas por el gobierno republicano-socialista en Madrid, el PSOE asesin a ms de una docena de militantes del PNV, ANV y mendigoizales sin apenas investigacin judicial, ni detencin firme, ni condena pblica. Podra hablarse de una especie de divisin del trabajo entre el Estado y el brazo armado del PSOE.

La reaccin de las corrientes nacionalistas se hizo mediante tres vas: una intensa campaa en la prensa propia llamando al cese del terrorismo; a la creacin de grupos de autoproteccin que respondan con la violencia defensiva, y al acercamiento a los comunistas que defienden el derecho a la independencia, actan con mucha autonoma con respecto al Partido Comunista Espaol, del que se separarn en 1935, y conocen por experiencia propia el nacionalismo espaol y el reformismo del PSOE.

En 1932 y 1933 militantes comunistas redactan varios documentos desarrollando las tesis de 1930, en las que aplican la teora de la autodeterminacin a la realidad vasca, analizando la situacin del campesinado, el proyecto autonomista del PNV, etc. Denuncian el imperialismo espaol, critican el patriotismo opresor castellano, frente al Estatuto burgus proponen el Estatuto de la revolucin, con pleno derecho a la libre disposicin de su destino para Vasconia.

El derecho a la independencia no deben los pueblos mendigarlo, sino que deben conquistarlo. Es por tanto absurdo esperar en Euskadi a que esa independencia nos la sirvan en bandeja. La conquista prctica de ese derecho a la independencia es un problema de revolucin y nada ms que de revolucin.

Apreciamos as por qu bases obreras y populares nacionalistas no vean grandes problemas en movilizarse con los comunistas en luchas concretas, sin entrar por el momento a debates entonces abstractos sobre comunismo, atesmo, capitalismo, catolicismo, etc.: ante la crisis, ante el pistolerismo terrorista del PSOE, lo fundamental era defenderse y seguir avanzando. En el asalto al batzoki nacionalista de Usansolo se libr un tiroteo entre atacantes y defensores, muriendo una mujer de los primeros y un nio que participaba en una fiesta en el batzoki. El PSOE ces el terrorismo pistolero cuando vio que las vctimas se reorganizan e iban ganando apoyos dentro del pueblo trabajador, y cuando, al perder el gobierno de Madrid en las elecciones de noviembre de 1933, queda a la intemperie, sin paraguas legal, judicial y armado que pueda protegerle.

Mientras se producen estos acontecimientos se desarrolla la cuarta corriente de fondo: el fortalecimiento de nacionalismos que se distancian crticamente del interclasismo y se acercan con rapidez a posturas socialistas, teniendo en cuenta las condiciones del momento. Son tres fuerzas que tienen sus races en diversas corrientes de la cultura popular vasca, que se alimentan tambin de aportaciones exteriores y que se distancian del pasivo conservadurismo de la derecha nacionalista burguesa. Mendigoizale, Jagi-Jagi y ANV, con sus diferencias, similitudes e identidades, expresaban la tendencia que ya se haba mostrado sutilmente antes de 1923, como una anomala consistente en fusionar lo nacional y lo social, cortada en su superficie por la dictadura pero no en su raz.

Si aislamos y descontextualizamos cada uno de estos nacionalismos crticos solo veremos corchos a la deriva en un ocano convulso, pero desde el mtodo marxista apreciamos el temporal en su conjunto, vemos que exceptuando las diferencias sobre el humanismo social-cristiano, el socialismo reformista, etc., les va uniendo desde 1931 a 1936 la certidumbre de que el pacifismo no vale para nada frente al imperialismo espaol: ya en 1931 tres mil mendigoizales de ambos sexos desfilan militarmente en Deba frente a la atnita mirada del golpista Orgaz, del que hemos hablado arriba.

Euskal Mendigoizaleen Batza (EMB) era el resultado de una confluencia de montaeros desde finales del siglo XIX, justo tras la derrota militar de 1876, con una visin socioeconmica que daba mucha importancia a la propiedad comunal precapitalista y se enfrentaba a los abusos patronales, pero sin pensar an las relaciones entre la propiedad comunal y la propiedad socialista. Estudiaron las reglas de los comunales de los Pirineos y estribaciones. Sus ideas sobre la libertad colectiva e individual la religin era privada apenas chocaban con las marxistas y sus crticas al Estatuto de autonoma negociado con Madrid en 1936 eran idnticas a las de los comunistas en 1930-1933 arriba citadas en una cuestin esencial: la independencia no se mendiga sino que se practica mediante la lucha. No eran una organizacin poltica, sino un movimiento, limitacin que fren su crecimiento, y a pesar de que empezaron rechazando participar en la guerra entre espaoles terminaron entrando en ella.

Jagi-Jagi surgi ms tarde que los mendigoizales, y como ellos tampoco fueron un partido poltico al uso, sino que tuvieron que organizarse tras romper definitivamente con el PNV en 1932-1933, asqueados de las ambigedades, oscilaciones y oportunismos del PNV que, en las condiciones del momento, vuelve a rescatar contenidos de la antigua Comunin Nacionalista. En estos aos, los mendigoizales y Jagi-Jagi evitan en lo posible una nueva ruptura en el nacionalismo hasta que sea inevitable. Mientras tanto se vuelcan en los movimientos euskaltzales, culturales, de mujeres, jvenes, montaeros y sociales, sin renunciar a la lucha contra el imperialismo espaol.

As el choque entre manifestantes en protesta contra la visita del presidente espaol a Bilbo y las fuerzas represivas el 20 de abril de 1933 con decenas de detenidos, o la manifestacin de mujeres nacionalistas de ese 3 de mayo apaleadas, deteniendo a varias de sus dirigentes, con la respuesta de una huelga general apoyada por el PNV, ANV, PC y CNT, librndose choques con las Juventudes Socialistas del PSOE y con las fuerzas represivas oficiales a ambos lados de la Ra. Jagi-Jagi y EMB impulsan ms que el PNV la accin propia de la mujer vasca, y mucho ms que los socialistas, estando a la par o encima de las comunistas y las anarquistas en esta decisiva lucha. En realidad, no hay diferencias tericas entre EMB y Jagi-Jagi, y como les sucedi a los primeros, tambin Jagi-Jagi moviliza dos batallones fenomenales aunque al principio rechazaba entrar en la guerra de 1936-1945, y depusieron las armas nada ms caer Bilbo.

Accin Nacionalista Vasca tena un antecedente progresista en el PRNV, grupito escindido del PNV en 1911. ANV se fund en 1930 con un ideario democrtico tpico de lo que ahora llamaramos clase media, que fue radicalizndose hacia tesis anticapitalistas pre-marxistas conforme descubra que la independencia vasca exiga, cuando menos, romper con el capitalismo. ANV tambin sufri en su militancia el terrorismo espaol. Comparada con Jagi-Jagi, su mayor conciencia anticapitalista le llev a valorar la intervencin sociopoltica, por lo que militancia suya particip en la insurreccin de 1934 y toda ella se moviliz el mismo 18 de julio de 1936 creando cuatro batallones.

La dictadura de 1923-1931 no impidi la gran efervescencia interna que estall en los cambios analizados. Las tres fuerzas nacionalistas, la defensa comunista del derecho de autodeterminacin y la sensibilidad del anarquismo hacia los derechos nacionales de su pueblo, semejante evolucin dara un salto en 1936, pero antes tuvo que padecer el Bienio Negro, de finales del 33 a febrero del 36, durante el cual la derecha en el Gobierno de Madrid ampli la represin del nacionalismo, por ejemplo, en verano de 1934 cuando alrededor de 1.500 concejales y alcaldes nacionalistas sufrieron persecuciones varias.

El 5 de octubre de 1934 estall la insurreccin propiciada por el PSOE que haba perdido las elecciones y quera recuperar el Gobierno de Madrid. En Euskal Herria no estaban dadas an las condiciones objetivas ni subjetivas para una insurreccin. El PNV haba avisado que no se sumara pese a lo cual el Estado haba establecido un plan para ilegalizar inmediatamente al nacionalismo moderado o no, una vez estallase la insurreccin obrera, como sucedi mediante el bando del gobierno civil de Bizkaia disolviendo todas las organizaciones nacionalistas de hombres, mujeres y nios.

Fueron en gran medida las fuerzas revolucionarias, nacionalistas radicales y bases de ELA las que evitaron el ridculo a un PSOE que no se esforz mucho en movilizar a sus bases, que apenas acudieron a los puntos de concentracin a la hora estipulada, y que incumpli todos los principios del arte de la insurreccin: audacia, ms audacia y siempre audacia. En la decisiva Bilbo, el comit insurreccional se parti en dos antes de la lucha, cuando una parte sostuvo que la huelga deba ser pacfica y en todo caso tena que esperar la respuesta violenta del poder, y la otra parte sostuvo lo contrario, que haba que atacar y tomar por la violencia insurreccional los centros neurlgicos de la ciudad. La margen izquierda fue escenario de los ms duros choques porque fue all en donde mejor funcion la unidad entre socialistas, comunistas, anarquistas, nacionalistas radicales y ELA.

Fue importante la insurreccin en Gipuzkoa. En Donostia hubo dos muertos y en la zona de Pasaia hubo siete. Eibar y Arrasate proclamaron la Repblica Socialista resistindose ms all de la derrota de la fase armada insurreccional. El campesinado navarro haba sostenido una dura huelga en junio de 1934 y todava estaba debilitado por la represin as que la insurreccin de octubre se hizo en los centros urbanos, con especial fuerza en la Sakana en donde ya se concentraban algunas industrias, muriendo un obrero en Altsasu. Por todo el herrialde navarro proliferaron los sabotajes, cortes de luz, agua y telfono, etc. Araba fue el herrialde ms dbil debido a que los anarquistas no la secundaron.

Octubre del 34 fue un fracaso pero sirvi de algn modo como leccin para la insurreccin de julio del 36 que barri al golpe militar en Bizkaia y Gipuzkoa. Mientras tanto, en junio de 1935 se fund el Partido Comunista de Euskadi en una asamblea clandestina. Hasta entonces las y los comunistas vascos haban actuado con bastante autonoma dentro del Partido Comunista de Espaa, o con demasiada segn algunos dirigentes de este partido. Al final de su documento fundacional, los comunistas proponan un gobierno provisional revolucionario formado por antifascistas y antiimperialistas sinceros para afrontar la dura etapa que se avecinaba, y expulsar de Euskal Herria a las fuerzas de ocupacin imperialista.

4. La Comuna de Donostia

La previsibilidad de la sublevacin militar era admitida por las fuerzas sociopolticas, el problema era cundo y la influencia que tendran los golpistas dentro del Ejrcito, Polica y Guardia Civil, y en las alianzas establecidas con el falangismo, el carlismo, la derecha ms reaccionaria, etc. Las lecciones aprendidas en octubre de 1934, en el Bienio Negro y en la dictadura de 1923-1931, as como el esfuerzo terico, poltico y organizativo realizado fundamentalmente por la Internacional Comunista en lo que concierne a la teora de la insurreccin, semejante caudal haba preparado a la izquierda a pesar de tener muchos prisioneros an en las crceles.

El PNV estaba muy al tanto de que se gestaban varios golpes como se demuestra en un artculo de finales de marzo escrito por altos responsables del partido. En abril fue invitado a una reunin en Donostia cuando todava el general Mola no se haba hecho cargo del golpe. Adems de esto, dirigentes del partido actuando por libre intentaron organizar con la derecha milicias que se enfrentaran a la izquierda si esta preparaba otra insurreccin. Las reuniones continuaron a nivel ms alto cuando Mola se hizo cargo de la sublevacin estableciendo relaciones discretas con el PNV de Nafarroa; por su parte grupos carlistas contactaban con el PNV en muchos pueblos para hacer un frente contra la izquierda revolucionaria alrededor del 1 de mayo.

La postura del nacionalismo burgus vasco en estas reuniones era muy clara: en caso de una nueva insurreccin revolucionaria el PNV protegera los centros oficiales dejando que el ejrcito aplastase la revolucin; si los militares no se oponen a la revolucin, el PNV ayudar con todas sus fuerzas y hasta el final al carlismo para sofocarla. El PNV no deca nada sobre qu hara en el caso de que fuera el ejrcito el que se sublevase contra la II Repblica. Poco antes de la sublevacin Mola hizo llegar sendas cartas al PNV pidindole y/o conminndole a que se sumase al muy prximo alzamiento.

Son sobradamente conocidas las dudas y tensiones en la direccin del PNV sobre qu hacer en los primeros das del golpe. Mientras que unos pocos se posicionaron por la II Repblica en un comunicado radiado, luego la respuesta de la mayora exigiendo un debate partidario porque ese comunicado reflejaba una opinin no oficial del PNV, sembr an ms desconcierto. Lo ms cercano a la verdad, por no decir que fue la verdad misma, lo reconoci Ajuriagerra, poder fctico en el PNV, en una conversacin privada pero conocida pblicamente: el partido sali en defensa de la legalidad republicana en Bizkaia y Gipuzkoa porque su direccin tema que las bases militantes no comprendiesen la opcin neutralista ante un ataque salvaje, que si bien an no afectaba al nacionalismo conservador, ya destrua a su paso todo signo de izquierda, de democracia y de libertad.

Con Irua tomada y en medio del terror inicial, la direccin navarra del PNV dio libertad a sus afiliados para sumarse o no al golpe, mientras que la militancia ms concienciada responda como poda e intentaba alcanzar territorios todava libres. Tras tomar el poder en Gasteiz los militares forzaron el da 20 a la direccin del PNV para que firmara un documento a favor del golpe o que al menos lograse mantener quietas a las bases del partido que se estaban concentrando en el norte del herrialde. Como el documento no surti el efecto necesario le obligaron a escribir otro el da 4 de agosto, manipulado abiertamente por el ejrcito.

Mientras tanto, en Araba y Nafarroa el terror golpeaba con indescriptible saa a cualquier demcrata, laico, republicano, socialista, comunista, anarquista La Iglesia haba ayudado a confeccionar la lista de quienes deban ser fusilados o desaparecidos en el acto, frecuentemente despus de torturas. La violacin de mujeres sospechosas fue habitual. Bastaba una simple acusacin para ser fusilado, torturado y/o violada. Pero muy significativamente, casi en los tres primeros meses apenas se tortur y menos an se fusil a un nacionalista vasco. El ejrcito tena la esperanza de que, al final, el PNV apoyara la Cruzada o permanecera al margen en medio del terror. Mola haba ofrecido algunos derechos y poderes al PNV si se sumaba a la sublevacin. Solo cuando era ya incuestionable que la II Repblica concedera un Estatuto como peda el PNV se desat la represin masiva contra sus bases, como se aprecia en el bando militar del 25 de septiembre en el que se prohbe literalmente toda identidad vasca, hasta los txistus e incluso usar el vocablo euskaldun agur obligando el uso del de Viva Espaa!!.

La sublevacin fue derrotada en Gipuzkoa y Bizkaia por sendas insurrecciones de masas que evolucionaron de forma diferente. Comunistas, socialistas, anarquistas, aeneuvistas, militantes de ELA y militantes sueltos del PNV, fueron los primeros en sumarse a la resistencia en Gipuzkoa, ms tarde lo haran los mendigoizales y Jagi-Jagi, y al final los peneuvistas, cuando el territorio guipuzcoano haba sido ocupado en su gran mayora. La forma organizativa que cre el pueblo trabajador guipuzcoano para derrotar a los militares fue la Junta de Defensa, forma que se inscribe en la experiencia histrica recurrente de autoorganizacin democrtica directa, horizontal y asamblearia, de base, con diferentes nombres segn las culturas de los pueblos: comunas, soviets, consejos, juntas, asambleas, coordinadoras, pero la esencia es la misma: el pueblo en armas.

Si existen grupos u organizaciones revolucionarias que sinteticen tericamente la experiencia prctica de las masas, y ayuden con esa teora a la formacin poltica y tica de la militancia, entonces se facilita sobre manera la materializacin de la tendencia objetiva espontnea a la creacin de poderes populares insurreccionales tanto defensivos como ofensivos. Si esos grupos u organizaciones son dbiles o han sido anulados y silenciados por la represin abierta del poder o por la sutil represin del reformismo, o por ambas a la vez, entonces se dificulta mucho la tendencia objetiva espontnea a la autoorganizacin del pueblo en armas, aunque siempre late.

Las organizaciones, partidos y sindicatos contrarios de algn modo al capitalismo y a la opresin nacional, intuan o haban odo los rumores acerca de la reuniones derechistas para crear milicias reaccionarias en la primavera de 1936. Especial importancia tuvo aqu la tarea previa de la Internacional Comunista al extraer la quintaesencia de las experiencias insurreccionales con su alambique terico. Aunque los comunistas eran una minora en el total de las fuerzas vascas, eran una minora cualificada que saba argumentar convincentemente dentro de una cultura poltica progresista y democrtica radical que asuma como legtimo el derecho/necesidad de la insurreccin.

Las juntas de defensa surgieron casi al instante impulsadas por la dialctica entre lo espontneo y lo organizativo. Nunca ha existido ni existir la sola organizacin absolutamente aislada de la estricta espontaneidad. Ambas son los polos unidos de un proceso polifactico que se distancian en su unidad en determinados momentos para acercarse en otros. Ms an, en cuanto proceso multiforme y polcromo como es el de la lucha de clases concreta, y ms an lo es la lucha nacional de clase por la independencia del pueblo oprimo, por eso mismo ambos polos interaccionan siempre en las luchas ms o menos organizadas y en las menos o ms espontneas en diversos grados y niveles.

La huelga general donostiarra se declara el domingo 19 de julio a la tarde. El lunes 20 aparecen los sntomas de lo que sern graves problemas inmediatos que resultarn insolubles a pesar de los esfuerzos de las juntas de Eibar, Beasain, Donostia, Irn, Hondarribia, Arrasate, Errenteria, Azpeitia, Zumarraga, Altza, Tolosa, Pasaia, Eskoriatza, etc.: el acaparamiento de dinero y la obstruccin econmica de la burguesa, las dificultades de abastecimiento, el mercado negro, el orden pblico, la carencia de armas, la defensa

La composicin interna de las juntas refleja la relacin de fuerzas existente en cada una de ellas, pero en la inmensa mayora fueron las izquierdas las que llevaron el peso de los primeros combates. El PNV estuvo quieto, concentrando sus tropas, como en Azpeitia y en el alto de San Bartolom en Donostia, mientras que en la ciudad se libraba una batalla salvaje en la que los sublevados ataron trabajadores en las verjas del Hotel Mara Cristina a modo de muralla humana para contener el ataque del pueblo, y en la que el joven comunista Karro se inmol con un camin lleno de gasolina para abrir brecha en el casino donostiarra, en manos fascistas.

Desde el primer instante, el poder popular recuper vehculos privados, armas, locales, medicamentos y todos los recursos necesarios para desarrollar la defensa. La Junta cre una oficina de requisas. La burguesa y la Iglesia fueron los colectivos ms perjudicados por estas medidas socialistas. Desde los primeros das la Junta pidi un prstamo a la banca provincial. El 27 de julio pidi dinero a Hacienda, pero alguien se lo haba llevado a Madrid: el da siguiente la Junta cre vales autorizados que hacan de dinero. Volvi a pedirse un crdito a Madrid pero sin respuesta, aunque ms adelante s enviar dinero. Los invasores se acercan y la Junta pide otra vez dinero a la banca guipuzcoana pero esta retras tanto los trmites que para cuando los representantes de la Junta llegaron a Pars a cobrarlo, Donostia haba sido ocupada y la concesin anulada.

La Junta solicit en balde ayuda alimentaria a Madrid. Se encontraba casi sola excepto por las pocas ayudas que reciba de Bizkaia y de Iparralde. La burguesa acaparaba el dinero, sacndolo de la circulacin, lo que ahogaba la economa. Los bancos se haban cerrado el mismo 18 de julio. La Junta les oblig el 3 de agosto a dar cierta cantidad a la semana, limitando los sueldos ms altos, tambin oblig a la burguesa a depositar en los bancos el dinero de que dispona, y oblig a los patrones a abonar el sueldo ntegro a los obreros desde la huelga del 19 de julio. La Junta adelantara el dinero a los patronos que no pudiesen pagar y obligar a los bancos a hacer lo mismo. Como unos patrones no podan pagar y otros no queran, la Junta decret el control econmico, que tambin era poltico.

A primeros de agosto, los fascistas cortaron el suministro de agua potable a Donostia y por esas fechas se crearon vales de comida pblica, cuya cantidad qued reducida a un plato al da. La Junta decret la venta del trigo al poder popular por un precio bajo, incautndolo sin contrapartida a quienes lo ocultasen. Estableci precios asequibles en los productos necesarios. Las exigencias de la guerra afectaban a todo, y los sindicatos organizaron comedores populares para ahorrar gente, tiempo y dinero; el lujoso Hotel de Londres fue convertido en hospital de guerra con atencin gratuita para los gudaris y para el pueblo, y los mdicos no cobraban: los adinerados turistas refunfuaron en silencio por la intromisin del pueblo armado en su derecho al lujo. Tambin se garantiz una cantidad bsica de dinero a quienes no tenan salario. La prensa veraz lleg al pueblo.

Las conquistas sociales se sustentaban en la movilizacin de masas y en las leyes que decretaba la Junta. Por ejemplo, el esfuerzo de guerra exiga armas, intervinindose 93 industrias para producir pertrechos, repuestos, municiones, etc., 41 dirigidas por consejos obreros y 52 intervenidas por la Junta. Para que la industria rinda al mximo se crearon comisariados zonales que vigilaban el cumplimiento de los planes. La guerra es cara y la Junta incaut el dinero que la Diputacin de Gipuzkoa deba pagar al Estado segn lo estipulado en el Concierto Econmico: una medida crucial para asentar la independencia poltica y econmica con respecto al Estado espaol. Tambin impone serios gravmenes a las fortunas ricas y pide ayuda al pueblo trabajador. Pero a pesar de todo, la Junta est casi en bancarrota.

La militancia comunista destac entre las dems por su formacin organizativa y poltica. Haban realizado el esfuerzo de crear las milicias anticapitalistas obreras y campesinas (MAOC), que en julio de 1936 tenan ms fuerza en Gipuzkoa que en Bizkaia, y algo en los otros dos herrialdes. Una de las bazas del MAOC era la de explicar con el ejemplo los principios del comunismo y la necesidad de organizarse para repeler con cualquier medio un previsible golpe reaccionario. La insistencia terica y poltica de la Internacional Comunista en los fundamentos de la insurreccin haba dado sus frutos. Semejantes virtudes, unido a que siempre haban defendido los derechos nacionales vascos, hizo que en poco tiempo multiplicasen su nmero y su prestigio. Hubo en Bizkaia un grupito muy reducido de comunistas militantes del POUM, crticos con el estalinismo y la naturaleza burguesa del PNV, que tambin lucharon hasta dejar sus vidas en Santander y Asturias.

La militancia anarquista demostr su iniciativa individual y poco organizada, mermando la eficacia de su herosmo. Las mujeres trabajadoras, de izquierda y progresistas, fueron decisivas en la retaguardia pero tambin en algunos frentes de combate. Las grandes conquistas sociales fueron administradas por la mujer militante, parte de la cual luch en las trincheras. El machismo progre y de izquierdas no desapareci pese a todo, sino que se mantuvo en lo econmico al decretar que los salarios femeninos fueran casi la mitad de los masculinos, y se envalenton al oponerse a que la mujer combatiera en los frentes por aquello de las enfermedades venreas. En realidad era el rechazo masculino a la revolucin sexual de sus esclavas que empezaba a florecer y al intenso debilitamiento de la institucin patriarco-familiar y del poder adulto que se estaba produccin: la juventud consciente se moviliz y se arm sin pedir permiso al poder adulto.

Al igual que en las revoluciones que comienzan, las ansias de libertad, el odio y la ira acumulada en aos de sufrimiento y pobreza, el rozar con los dedos las conquistas sociales y los derechos que pueden lograrse conforme avance la revolucin, el ver cmo la burguesa se resiste con todas sus fuerzas y contraataca con los peores crmenes y violaciones, las noticias sobre las atrocidades de la contrarrevolucin en su avance, sus amenazas escritas en bandos militares, sus bombardeos indiscriminados, su bloqueo alimentario y de agua potable, esto hace que el pueblo trabajador aplique su justicia revolucionaria ejecutando en Gipuzkoa a personas que, segn su tica, son criminales, cifra muy inferior a la provocada por la Cruzada Nacional. Volveremos a la importante cuestin de la Iglesia vasca y los muertos en uno u otro bando.

Mientras tanto la guerra popular resiste como puede la envestida de un ejrcito superior en todo menos en valor. La gran mayora de las y los gudaris ignoraban los rudimentos no ya del arte y la estrategia militar, sino de la tctica elemental: sus ataques son frontales y sin preparacin alguna lo que les hace suicidas, y sus defensas son rodeadas por los flancos mientras sufren un aplastante bombardeo que les ata al suelo y les impide ver cmo los cercan. Si sobreviven, vuelven a la retaguardia o a casa, llevndose los pocos fusiles y municiones como si fueran suyos. La pasividad del PNV exige a las y los gudaris de izquierdas un sobrecosto en vidas y sacrificios. Habr que esperar un mes entero, al 16 de agosto, para que en Bidania muera el primer gudari del PNV conocido.

Mientras la Europa democrtica aplicaba la poltica de no intervencin en la guerra, una de las razones decisivas en la derrota vasca de 1937 aunque no la nica. Haba que aplacar a la bestia nazi y por eso no poda atacarse a fondo al auge de la derecha extrema filo nazi, y haba que negociar con la burguesa y el Frente Popular francs. Militantes comunistas ayudaron sin condiciones a la Junta de Defensa, pero la poltica oficial era la de no injerencia, impidiendo la llegada de armas, equipos, medicamentos y comida en el momento crtico de la batalla de Irn, que se perdi el 5 de septiembre de 1936.

Hay que rendir honor a los casi doscientos combatientes internacionalistas que gracias a las organizaciones de la Internacional Comunista llegaron a tiempo para pelear hasta el final en la defensa de Irn. Tras una batalla que preludia la ferocidad defensiva de otras ciudades mrtires como Madrid, Stalingrado, Varsovia, Leningrado, etc., roto el frente de Irn los gudaris no tienen otra alternativa que retroceder: a penas haba municiones para recargar unos pocos fusiles con estras gastadas. Por fin, a mediados de septiembre llegaron por contrabando a Bilbo 16.000 fusiles y varios cientos de ametralladoras ligeras checoslovacas con abundante municin, lo que permiti armar a varios batallones que en los alrededores de Eibar pararon en seco a los atacantes. Pero pronto se vera que eran pocas armas.

La Gipuzkoa insurrecta, la Junta de Gipuzkoa, la Comuna de Donostia, o como queramos denominar a la brillante iniciativa obrera y popular, mostr una vez ms la grandiosa capacidad autoorganizativa del pueblo. Las deficiencias y limitaciones obvias, inevitables en el contexto extremo y fugaz en el tiempo, palidecen ante sus logros. Gracias al poder popular guipuzcoano, Bizkaia dispuso de ms de dos meses vitales para organizar su defensa. Ello fue posible, como hemos visto, por la decidida poltica intervencionista de la Junta, que lleg a construir instrumentos de democracia socialista no plenamente desarrollada sin los cuales nada se hubiera logrado. Una democracia socialista que la burguesa viva y defina como dictadura proletaria.

La Gipuzkoa Roja fue un logro histrico que casi todas las fuerzas polticas necesitaban olvidar, y lo han hecho, excepto anarquistas, comunistas y mujeres revolucionarias. La socialdemocracia y el eurocomunismo no aceptan el poder constituyente del pueblo en armas. La burguesa en s odia al pueblo insurgente. El PNV no puede reconocer que su mito histrico, la Bizkaia del lehendakari Agirre que se form gracias a la democracia obrera guipuzcoana, fue conservadora en lo social y, sobre todo, no se atrevi a dar pasos cualitativos de independencia nacional vasca. Para el nacionalismo reformista, la Comuna de Donostia es una cosa superada por la historia.

5. Gobierno burgus vasco

La Junta de Defensa de Bilbo se forma un poco ms tarde que la donostiarra porque el frente de guerra est mucho ms lejos, aunque las izquierdas comprenden que hay que organizar no solo el frente sino tambin la retaguardia. El PNV, al principio, no participa en la Junta de Defensa porque todava un sector del partido se niega a intervenir en una guerra de espaoles. Para entonces las noticias sobre las atrocidades militares eran estremecedoras y la admiracin por la resistencia guipuzcoana minaba las tesis de los neutralistas. Pese a las fuertes tensiones internas, el PNV decide participar en la Junta de Defensa pero con tan duras condiciones que, en sntesis, anulan su inicial contenido radical y hasta revolucionario; exige otorgar poderes decisivos al PNV como orden pblico y economa, anular la justicia popular y hacer que el presidente fuera el Gobernador Civil, es decir el representante de Madrid.

Las fuerzas integrantes de la Junta debaten las exigencias y van aceptndolas no sin discusiones internas. Todas ellas terminan dando el visto bueno. Las razones son varias. Una, y fundamental, es porque la insurreccin popular no avanz hasta ser revolucin social porque no estaban agudizados los antagonismos de clase, porque las izquierdas estaban an debilitas por la represin de octubre de 1934 y de los meses posteriores, y porque la mayora del pueblo vasco entenda, y saba, que el verdadero enemigo a batir en aquel momento era el fascismo. Incluso los anarquistas lo comprendieron y algunas veces tuvieron discusiones con sus correligionarios santanderinos y asturianos

Los republicanos aceptaron las exigencias porque coincidan con la ideologa de orden del PNV y porque vean urgente acabar con las prcticas de justicia popular, poner en marcha la industria y el comercio, asegurar la vida financiera y bancaria Haba que cortar las alas al sector revolucionario de la Junta y del pueblo. Los comunistas porque la nueva orientacin del VII Congreso la Internacional Comunista desde verano de 1935 era la de buscar alianzas con las fuerzas democrtico-burguesas, con la llamada burguesa nacional, para establecer gobiernos de Frente Popular que con su fuerza de masas derrotasen al fascismo. Adems, la representacin comunista en la Junta de Defensa recaa en el sector ms consciente de la importancia de la reivindicacin nacional, lo que facilit el acuerdo, aunque el Partido Comunista de Euskadi desconfiaba del PNV, como el resto de fuerzas progresistas y de izquierdas por sus tratos con los golpistas, por sus contradicciones y ambigedades en los das cruciales, y por su fra pasividad en las trincheras guipuzcoanas mientras centenares de gudaris no peneuvistas moran en el primer mes de guerra.

La mediana y pequea burguesa que formaba la direccin del PNV la gran burguesa era incondicionalmente franquista quera romper con cualquier referencialidad simblica y material hacia las milicias populares armadas que en Gipuzkoa haban vencido al fascismo en los combates decisivos, y que en los primeros das haban paralizado el golpe en Bizkaia. Les daba pavor de clase la demostracin de la Comuna de Donostia. Para eso una de sus primeras leyes poltico-militares fue la del 18 de octubre prohibiendo el clsico mono azul de muchos trabajadores de la poca, y de sus milicias, buscando uniformar a las tropas en la medida de lo posible: se trataba, otra vez, de alejar cualquier referencia de poder obrero tal cual se vesta en aquellos tiempos.

En este momento de la guerra de 1936-1945, surge definitivamente la cuestin de qu clase de guerra es: una simple guerra civil? Una guerra entre espaoles? Una guerra entre democracia y fascismo? Una guerra nacional de clase? El comienzo en Occidente de la Segunda Guerra Mundial? En realidad, la guerra de 1936-1945 tiene todos estos componentes y ms porque es el crisol donde se funden las contradicciones que forman la Euskal Herria de la poca. Como parte de la guerra social de 1917-1953, la guerra convencional saca a la luz el contenido de clase desde su primer da tal como hemos visto, y el de contenido nacional desde finales de septiembre, contenido reafirmado con el bombardeo de Gernika y otras agresiones y medidas antivascas ulteriores como se ver. Pero har falta esperar a que la larga fase de guerra social de 1917-1953 d paso a una nueva generacin militante a partir de finales de esos aos cincuenta.

Por ejemplo, la Iglesia vasca estaba partida en dos bloques contrarios, en los extremos de una masa supuestamente neutral. La Iglesia vasca haba jugado un papel importante que queda fuera de este anlisis en la defensa de los sistemas forales y de los bienes comunales frente al centralismo borbnico y a los intentos privatizadores y anexionistas de la burguesa francesa desde 1789. Pero con la definitiva victoria del capitalismo en todos los sentidos econmico, poltico, militar, cultural, ideolgico con el inevitable surgimiento de la lucha de clases anticapitalista y del nacionalismo en sus cinco vertientes: estatutismo vasco-riojano, culturalismo navarro, PNV, Jagi-Jagi y ANV, esto hizo que surgieran los dos bloques eclesiales enfrentados en el campo de batalla.

Un bloque fue el de la Iglesia golpista, carlista y reaccionaria hasta el fanatismo: confeccion listas de fusilables, guard armas en parroquias y conventos, asisti a la formacin militar de los alrededor de 8.000 carlistas, instig a la sublevacin y al exterminio, reparti amuletos de Detente bala, Dios est conmigo entre las tropas para aumentar su valor mediante rituales paganos, revivi la guerra santa medieval con la declaracin de la Cruzada Nacional contra el infiel rojo-separatista, reprimi a mujeres, nios y ancianos, informaba a la polica, legitimaba el poder omnmodo de la dictadura y del capital, combata en el frente y era antivasca e imperialista espaola hasta la mdula. Tras la sublevacin y hasta el final de la resistencia nacional de clase en territorio vasco, en ese ao, fueron ejecutados por las izquierdas de Gipuzkoa y Bizkaia casi un centenar de militantes de esta fuerza poltico-religiosa armada.

El otro bloque fue el formado por la Iglesia mal llamada vasca porque en ella existan opiniones diferentes como era el caso del obispo Mateo Mujika, pero con un denominador comn: al margen de las crticas que pudieran hacerse a las polticas educativas, sociales, etc., de la II Repblica, haba que respetar el orden democrticamente elegido por la sociedad. Esta Iglesia fue reprimida con mayor o menor dureza por la Iglesia franquista bendecida por el Vaticano. El llamado castigo divino lo sufrieron los veinte curas que fueron fusilados, algunos sin juicio previo y otros tras ser torturados, a partir del 8 de octubre, un da despus de constituirse el Gobierno Vasco.

Si los militares esperaron hasta finales de septiembre para empezar a torturar y fusilar a nacionalistas conservadores a los de ANV y algunos de ELA los mataban en los frentes de combate o en la retaguardia desde el primer da de la guerra, tardaron un poco ms en fusilar curas porque eran conscientes del arraigo de masas de una Iglesia que defenda junto a los derechos lingstico-culturales y nacionales tambin una visin social-catlica muy diferente al nacional-sindicalismo de falange y al corporativismo conservador del carlismo oficial, por no hablar del ideal social de los militares sublevados.

El famoso debate sobre la Iglesia vasca en 1936 es una muestra ms de la compleja interaccin de fuerzas en una lucha que desborda todos los calificativos reduccionistas y estticos y que exige una concepcin de la guerra como un proceso que da un salto cualitativo en su significado y naturaleza, momento a partir del cual ya no puede ser definida a la vieja usanza. La parte de la Iglesia vasca perseguida y asesinada en 1936-1937, y luego encarcelada y desterrada durante aos, es una porcin ms y un momento particular en la formacin de esa conciencia nacional de clase y en su fortalecimiento posterior, que dar otro salto a partir de finales de la dcada de 1950.

Durante la guerra convencional surgirn ms grmenes de la conciencia nacional de clase. Uno de ellos fue el proceso del Estatuto de Autonoma de octubre de 1936 para Araba, Bizkaia y Gipuzkoa nicamente. A comienzos de septiembre y sin tener en cuenta las excusas del Gobierno para no conceder el Estatuto archivado, se organiz en Bilbo una Junta Regional Vasca de Defensa. Es sabido que muchas de las naciones centralizadas estatalmente comenzaron su andadura coordinndose defensivamente diversos territorios con identidad sociocultural para derrotar ataques e invasiones exteriores. As fue el caso del primer reino de Irua en el siglo VIII. Salvando las distancias, ahora volva a suceder lo mismo. Desde agosto, ANV, comunistas y PNV, y apenas socialistas y anarquistas, aumentaron la presin a Madrid para que se aprobase el Estatuto de Autonoma con un Gobierno Vasco que centralizase el esfuerzo de guerra.

La sensacin que se extenda entre sectores populares era que Madrid retrasaba el Estatuto a fin de obligar a las fuerzas nacionalistas y de izquierdas a aceptar uno muy devaluado. A finales de septiembre exista una creciente tendencia en el PNV a pedir a Gran Bretaa que declarase Bizkaia un protectorado indirecto, pero los contactos fracasaron, aunque tal posibilidad hizo que a comienzos de octubre se azuzasen los debates muy serios dentro de la II Repblica y del PNV. La situacin econmico-militar peda a gritos una centralizacin vasca aceptada por los socialistas y por los anarquistas a regaadientes. Simultneamente, otros dirigentes del PNV mantenan contactos con los franquistas para intentar llegar a una paz por separado entre el muy cercano Gobierno Vasco y los sublevados. Por fin se concedi el Estatuto y el Gobierno Vasco jur su cargo el 7 de octubre el Gernika.

En lo socioeconmico los talleres y fbricas seguan en poder de la burguesa, excepto en las empresas abandonadas por sus propietarios, que fueron incautadas y administradas por juntas sin control obrero pero con su presencia en ellas. S se impuso a la burguesa un impuesto del 50% sobre las rentas. El Gobierno Vasco no incaut oro ni dinero, ni valores guardados en la importante banca de Bilbo: respet la propiedad del capital en los momentos de mayor penuria econmica, precisamente cuando ms falta haca para comprar armas, materias primas y alimentos. Las condiciones laborales empeoraron por la caresta, la mala alimentacin, etc., generando protestas que las izquierdas hacan llegar a un Gobierno Vasco medio incapaz y medio indiferente.

Antes de la guerra, las fbricas y los talleres producan armas ligeras, se dise un mortero de 81 mm como prototipo para el mercado pero sin mira, tambin se estaba diseando algo parecido a un tanque. Pero el cerco de los puertos por la marina de guerra de varios Estados, no solo de los fascistas, fren en seco la llegada de los productos necesarios para las armas y explosivos, existiendo una verdadera penuria hasta el desembarco de armas checas a mediados de septiembre que se agotaron muy pronto. El siguiente desembarco de armas fue a finales de octubre al atracar barcos soviticos con varios aviones, tanques, coches, municiones y otro material de guerra que, sin embargo, pronto empez a escasear porque empezaron a retrasarse los envos hasta prcticamente cesar antes de la entrada en los sublevados ocho meses despus. En este tiempo desembarc en Bilbo algo de artillera, pero muy insuficiente para las necesidades.

Se ha discutido sobre la escasa produccin militar realizada en esos meses por la industria vasca, excepto en cartuchera. La falta de materias primas es un argumento relativo porque el Gobierno Vasco poda haber aplicado una intensa economa de guerra: colecta masiva de hierro y metales, de productos qumicos para explosivos e incautacin obligatoria de todo lo que fuera necesario para tal fin. En las crisis de 1921 y 1929 la industria demostr gran adaptabilidad, lo que sugiere que poda haber hecho lo mismo en 1936, teniendo en cuenta adems la leccin guipuzcoana. De hecho, las rdenes tajantes para que entregasen las prensas industriales fueron cumplidas, aunque esta demostracin de eficacia no borra la duda sobre el comportamiento general de la burguesa vizcana y la falta de dureza para con ella de un sector del PNV.

El Gobierno Vasco y las fuerzas de izquierda pidieron ayuda militar a Madrid varias veces. La cada de Gipuzkoa, las dificultades de Asturias y Santander para disponer de equipos, la poltica internacional burguesa de no intervencin, las grandes dificultades espaciales y geogrficas, las propias carencias del Ejrcito Republicano, estas y otras razones han sido aducidas por los defensores de la II Repblica para justificar la casi nula ayuda militar al Norte, y en especial a Bizkaia. Por el lado vasco se ha sostenido que por ejemplo la Marina y la Aviacin republicana no se esforzaron mucho en planificar esa ayuda. Sin entrar ahora al debate que requerira mucho espacio, lo cierto es que en Bizkaia se extendi la idea de que Madrid se desentenda bastante de las y los vascos.

6. Ejrcito desorganizado

Otra cuestin poltico-militar crucial fue la negativa del PNV a organizar brigadas y divisiones, en vez de mantener el ineficaz sistema de batallones. El Ejrcito Vasco estaba compuesto por batallones con una dotacin oficial de 660 soldados cada uno de ellos, pero no por brigadas y menos an por divisiones. Sobre el nmero de batallones hay discrepancias, desde quienes lo cifran en alrededor de 40 hasta la lista oficial del Ejrcito Vasco de finales de abril de 1937 en 80, aunque probablemente algunos haban dejado de ser operativos, otros se habran creado con menos tropas, etc., por lo que la cifra ms plausible es la de 60 batallones completos y 10 en formacin. Se habla incluso de ms de 82.000 soldados aunque muchos sin armas, pero la cifra ms segura es la de 57.000 gudaris en enero de 1937. Al no estar organizada en brigadas y divisiones, esta cantidad no poda desarrollar su cualidad combativa.

Los batallones obedecan al mando central, pero obedecan en los momentos crticos del combate a sus mandos polticos, ya que eran batallones formados por partidos y sindicatos. Pese al voluntarioso esfuerzo centralizador y planificador del mando, coordinar varias decenas de batallones era una tarea difcil incluso en una ofensiva, cuando el atacante lleva ventaja e impone la dinmica del combate. En la ofensiva sobre Villarreal de final de noviembre y primera quincena de diciembre de 1936 fue complicada la coordinacin de 29 batallones y otras unidades, dificultad que facilit su fracaso, debido tambin al agotamiento de municiones y repuestos, a la debilidad del sistema sanitario, a la mayor formacin y disciplina militar del ejrcito sublevado, a las desavenencias siempre latentes entre las diversas corrientes polticas de los batallones vascos Se ha dicho tambin que la ofensiva fue muy prematura, que se deba haber esperado a disponer de tropas ms formadas, las que haba estaban apenas formadas y debieron suplir con herosmo su ignorancia del arte de la guerra y su escasez de medios para una ofensiva tan ambiciosa.

Algo parecido volvi a suceder en la participacin de seis batallones vascos en el intento de reconquista republicana de Oviedo en febrero de 1937. Las discusiones internas en el PNV fueron muy tensas y al final solo intervino un batalln peneuvista y otra seccin de ametralladoras de este partido, siendo el resto de ANV, CNT, JSU, PCE y UGT. Pese a disponer de ms medios tcnicos que en Villarreal, sobre todo de telfonos de campaa y retransmisiones, la coordinacin fue otra vez muy deficitaria acabando en una completa desorganizacin anterior a la desmoralizacin, no sin un herosmo que caus el 34% de muertos en el batalln de ANV, por ejemplo. Hay que decir que en esta ofensiva, las tropas asturianas y santanderinas, as como los voluntarios gallegos y leoneses que escaparon del terror, actuaban ya en forma de brigadas encuadradas en divisiones. Los vascos no. El servicio secreto franquista, muy efectivo, inform del impacto negativo de esta derrota en la moral de combate del Ejrcito Vasco de entonces.

Vencido por el pueblo en armas de Madrid, el ejrcito internacional fascista atac a Bizkaia a partir de marzo. Era entonces el segundo frente ms importante en el Estado: el norte, con sus fbricas vascas, minas asturianas, produccin agropecuaria y puertos cantbricos desde Bilbo hasta Oviedo. Adems, la existencia de dos frentes mermaba el esfuerzo de guerra para intentar otro ataque a Madrid. Por ltimo, en el norte resista Euzkadi, calificada como aberracin por un notorio franquista vasco.

Para la Cruzada Nacional espaola era intolerable que siguiera existiendo por un segundo ms un Gobierno Vasco confesional en lo religioso, protector de la propiedad y del orden, apoyado por las izquierdas pese a los problemas habidos con la CNT Todo vala para acabar con esa aberracin: en el invierno de 1936-1937 se haba intentado canjear prisioneros en varios lugares del Estado, pero el franquismo prohibi que tambin se realizasen en el Pas Vasco. Sobre este trasfondo de aniquilacin se desat la ofensiva contra el Ejrcito Vasco con una apenas concebible superioridad de medios. Uno a uno los batallones vascos fueron inmolndose en la trituradora humana que los nazis haban montado para mayor grandeza de Espaa y de su Iglesia.

No es verdad que el bombardeo de Gernika el 26 de abril de 1937 fuera el primero de la historia realizado sobre un casco urbano. Varios pueblos vascos lo fueron y Madrid antes que todos ellos. Los alemanes bombardearon Londres con zepelines en la Primera Guerra Mundial. Gernika no era un centro militar neurlgico para el Ejrcito Vasco, pero s tena una carga simblica referencial incuestionable para Euskal Herria como expresin de las libertades nacionales preburguesas. Su himno, Gernikako Arbola, fue creado en una reunin de vascos en Madrid por Iparragirre en 1853 a la vuelta de su primer destierro. El himno es un canto a las libertades desde el sincretismo entre el culto pagano al rbol y el catolicismo, lo que fascin al pueblo al unir sus antiguas tradiciones y su presente de soterrada destruccin de sus derechos forales.

Recurdese que la primera guerra carlista termin en 1839, la segunda en 1849, pero con apenas incidencia en Euskal Herria, y que la tercera empezara en 1872. El Gobierno espaol se alarm por el fulminante uso poltico del himno y desterr de nuevo a Iparragirre en 1855, intentando impedir su difusin. Ochenta y cuatro aos despus la aviacin nazi bombarde Gernika para romper la moral de lucha, experimentar el poder destructivo de la mezcla de bombas rompedoras, explosivas e incendiarias, y para mejorar la coordinacin de las oleadas de bombardeos. Para dejar claro el contenido antivasco del Alzamiento espaol, dos meses despus, en junio, Gipuzkoa y Bizkaia fueron declaradas provincias traidoras a Espaa.

Pese a lo irracional de la organizacin en batallones, la creacin de brigadas fue muy tarda, lo que estuvo a punto de acelerar la cada de Bilbo cuando en esa primavera surgieron tensiones entre la CNT y el Gobierno Vasco por el otorgamiento de imprentas. La CNT haba comprado una con la mejor rotativa, pero pocos das despus el Gobierno decret una nueva ley por la que la CNT deba entregarla al PCE. Se niegan los anarquistas y varios de sus dirigentes son detenidos. Al enterarse, batallones de la CNT abandonan el frente y estn a punto de liarse a tiros con batallones del PCE y PNV en el centro de Bilbo. Son sus comandantes, compaeros del frente, los que evitan el desastre. Pero no se acaba con la forma-batalln.

Hay que esperar a que se perdiese el frente de Bizkaia y a punto de romperse la enclenque lnea defensiva de Santander para que se crearan las brigadas. La interpretacin ms realista del rechazo sobre todo del PNV a crear grandes unidades bajo un mando nico, por encima de las diferencias polticas, consiste en pensar que buena parte de su direccin crea al principio que a la rpida victoria sobre los franquistas le sucedera un intento de revolucin social realizado por los batallones izquierdistas, en previsin de lo cual el PNV tena que mantener al menos el control sobre sus batallones. Una extensin de este argumento dira que una vez comprobado que era muy difcil la victoria sobre el fascismo, disponer de batallones de obediencia exclusiva propios garantizara una cada vez ms una previsible negociacin de paz entre el PNV y los atacantes, cosa que sera mucho ms complicada existiendo un ejrcito vasco unificado.

Sin caer en la historia-ficcin, de hecho cuatro acontecimientos de gran trascendencia validaran la tesis fuerte de que la dbil vertebracin militar del Ejrcito Vasco benefici a la burguesa y facilit el proyecto negociador de una parte del PNV. Cronolgicamente expuestos, son estos: el primero trata sobre la apreciable impunidad con la que se mova en Bizkaia el servicio de informacin franquista, la quinta columna, y la red de deserciones que generalmente se realizaban por una lnea del frente defendida por el conocido popularmente como batalln esponja del PNV, en el que buscaban integrarse los llamados despectivamente leales geogrficos a la espera de poder saltar al bando franquista. Este primer aspecto va unido con los visto arriba sobre el escaso esfuerzo militar de la industria vasca.

El segundo est tambin directamente relacionado con el este: la tranquilidad con la que trabajaron los dos diseadores de las defensas de Bizkaia, Murga y Goikoetxea, que eran traidores. El primero fue fusilado pero Goikoetxea se pas al enemigo con los planos del cinturn defensivo que haba costado entre 20 y 30 millones de pesetas pero contravena el arte y la ciencia militares. Goikoetxea fue mimado luego por el franquismo y fue el diseador del tren Talgo. Los comunistas tenan muchas sospechas sobre ambos, sobre cmo estaban diseando las trincheras, y las hicieron llegar al Gobierno sin resultado alguno. Pocos das antes del ataque decisivo, dos fogueados y duros batallones del PNV haban descansado en el sitio por donde iba a producirse la ofensiva avisando de que era prcticamente indefendible por las pocas y malas trincheras existentes. Con el plano en la mano, Franco concentr en esos pocos cientos de metros indefensos todo el poder destructor de su ejrcito fascista internacional dotado de las mejores armas en experimentacin en campo real.

El tercero hace referencia a la entrega de la industria vizcana casi intacta a los fascistas. Si bien un testigo presencial y cronista respetado asegura que exista la decisin y la orden del mando militar de destruir la industria para que Franco no la pusiera a producir armas masivamente, como ocurri al muy poco tiempo gracias a los tcnicos nazis y a la sobreexplotacin de la clase obrera militarmente vencida, pese a esta orden un batalln del PNV que fue el ltimo en retirarse, entreg las fbricas tras una conversacin con las tropas italianas que ocupaban la otra parte de la ra. Desde entonces se ha discutido sobre lo acertado o no de esta decisin.

Por un telegrama interceptado al Gobierno Vasco, el Gobierno de Madrid estaba al tanto de que el PNV haba propuesto a Franco entregar intacta la ciudad de Bilbo, es decir, con sus industrias en perfectas condiciones de funcionamiento. Partiendo de este dato y sin divagar sobre historia-ficcin, s es patente que la entrega de la industria surge de los intereses de la burguesa vizcana para empezar a recuperar su tasa de ganancia cuanto antes, sobre todo teniendo en cuenta que se le haba subido el impuesto a la mitad de sus rentas. La entrega tambin es coherente con el proyecto burgus del PNV para una futura nacin capitalista que, si bien entonces pareca imposible debido al avance franquista, podra llegar tras una posible victoria republicana. Desde esta perspectiva, el hecho de que fuera el franquismo el beneficiario inmediato de la produccin industrial no era un problema mayor teniendo en cuenta las ganancias ulteriores.

7. Rendicin de Santoa

El cuarto y ltimo acontecimiento surge del desarrollo lgico de lo visto hasta ahora: la rendicin en Santoa, en agosto de 1937, de buena parte de los batallones del PNV a los italianos, obedeciendo sus exclusivas rdenes y rompiendo la unidad de mando. Hemos visto que hubo contactos entre los primeros golpistas y la direccin del nacionalismo conservador desde 1932, intensificndose desde abril de 1936, para mantenerse por diversos canales hasta su definitiva eclosin en verano de 1937. Hemos visto que la direccin del PNV, en medio de vacilaciones y contradicciones internas, opt por la democracia burguesa porque saba que sus bases queran luchar contra los sublevados, que no comprenderan una postura neutral y pasiva bajo la ocupacin militar espaola y, por ltimo, que frente a todo ello, el PNV opt por sumarse a la guerra sin mucho inters en sus cpulas con la condicin de que se pusiera en marcha el Estatuto.

La rendicin de Santoa, un pueblito de la costa santanderina, fue la conclusin necesaria de esta evolucin. Las izquierdas desconocan los entresijos y los detalles de los contactos entre fascistas y peneuvistas, pero s saban de su existencia y conforme avanzaba la guerra y se esfumaba la victoria las dudas se trasladaron de la pregunta sobre si iba o no iba a producirse un acuerdo de paz al margen del resto del Ejrcito Vasco, a la cuestin crtica de cundo se iba a rendir el PNV. Huyendo siempre de la historia-ficcin y en base a lo conocido, todo sugiere que los servicios secretos franquistas en connivencia con los fascistas y el Vaticano, jugaron con el PNV como lo hace el gato con el ratn.

El lehendakari Agirre tuvo la idea de desplazar la mayor parte de los restos del Ejrcito Vasco desde Santander hasta Catalunya para seguir all la guerra e incluso intentar volver a Euskal Herria, liberando Nafarroa desde Aragn. Era un plan fantasioso imposible sin el permiso del Gobierno de Madrid, necesitado de esas tropas para impedir lo ms posible la cada de Asturias. Sobre todo le era imprescindible la colaboracin internacional para asegurar el traslado desde Santander y Asturias a los puertos de Baiona y Burdeos del Ejrcito embarcado sin que las marinas franquista y nazifascista lo abortasen, milagro previo para, luego, trasladar con el apoyo francs miles de combatientes desde el Atlntico hasta Catalunya. Era una fantasa irrealizable dado el contexto internacional.

El gato franquista jug como quiso con el ratn peneuvista, que crey que los italianos iban a cumplir su palabra de respetar la vida de los rendidos, de trasladar a Iparralde a la direccin poltico-militar, de facilitar el atraque en Santoa de barcos contratados por el PNV para atender a los heridos y transportar a varios miles de personas, etc. Todo se incumpli. Los fascistas se fueron y aparecieron los franquistas con crueldad vengativa. Se ha hablado mucho sobre si el lehendakari Agirre y sus consejeros estaban al tanto de los pormenores de la rendicin pactada que termin siendo incondicional, o si solo conocan sus grandes lneas; se ha achacado la responsabilidad de la humillacin al sector del PNV dirigido por Ajuriagerra.

Dado el limitado espacio de este escrito, no merece la pena alargarnos en la bsqueda de culpables ya que en realidad fueron diferencias dentro de una estrategia realizaba a tumbos por una direccin compuesta por medianos y pequeos burgueses nacionalistas arrastrados por la historia a una guerra que les superaba y de la que intentaron salirse cuanto antes.

8. Hacia la anomala de los aos cincuenta

Miles de vascos continuaron la lucha por conciencia y por el deseo de recuperar el orgullo herido tras la traicin de Santoa. Arrinconados junto a los restos del Ejrcito Popular en un trocito asturiano, muchos vascos llegaron al Estado francs y a Catalunya, otros se escondieron e intentaron llegar a la zona republicana, siendo apresados los dems. Aun as, la guerra no haba terminado sino que, por un lado, la II Repblica sigui resistiendo y cientos de gudaris se integraron individualmente en sus unidades; el pueblo cataln dio acogida a miembros del Gobierno Vasco y a gudaris y civiles; y a pesar de las dursimas condiciones carcelarias, pronto surgieron en algunas de ellas y ms an en los batallones de trabajo los esclavos del franquismo pequeas clulas para contactar con el exterior, organizar fugas, resistir en aquellas condiciones

Y por otro lado, quienes haban logrado llegar a Iparralde y al Estado francs tuvieron que pasar a la clandestinidad para eludir la persecucin francesa ayudada por la derecha vasca. La situacin empeor para ellos porque los acuerdos de Mnich de 1938 con Hitler, y el pacto de este con Stalin en 1939, reforzaron al franquismo y a la extrema derecha francesa. Aunque no se apreci en el momento, el Estado francs sali debilitado tras esas cesiones y la parte que ocupaba de Euskal Herria entrar desde verano de 1940 en la guerra convencional de 1936-1945, pero ahora bajo la bota nazi y la de Vichy.

Antes de la llegada de los nazis, los franceses haban recluido en el campo de Gurs a cientos de presos de todas las ideologas y pueblos, aunque la mayora eran vascos. Un dato muy significativo es que fueron puestos en libertad los miembros del servicio secreto del PNV porque colaboraban con los servicios secretos franceses. El PNV pasara luego a integrarse en el espionaje norteamericano no solo en la Europa ocupada sino tambin en Latinoamrica, en donde con la excusa de luchar contra el nazifascismo realizaban tareas de informacin para Estados Unidos y contra las izquierdas y fuerzas progresistas.

Al hundirse la resistencia francesa ante el avance alemn, Gurs se qued prcticamente sin vigilancia, escapndose los presos: la mayora de ellos empezaron a organizar la resistencia armada. Nada ms entrar los alemanes en Pars, la Gestapo y policas espaoles allanaron el local de la delegacin vasca en busca de informacin sobre la resistencia. A partir de aqu nazis, franquistas y colaboracionistas franceses actuaran al unsono en la represin de la resistencia que tuvo que moverse en un fuerte aislamiento hasta que Alemania invadi la URSS un ao despus, como veremos. La poblacin de Euskal Herria norte era mayoritariamente conservadora. El centralismo estatal de Pars haba desindustrializado al Pas Vasco desde mediados del siglo XIX, y ahora la clase obrera era reducida, aunque mantuvo algunas luchas y huelgas. Los nazis apenas tuvieron problemas para encontrar colaboradores entre la derecha vasca, el PPF, la Milicia Francesa, la Legin de Voluntarios franceses, los voluntarios en las SS, los racistas y antisemitas, el Orden Legionario, la Nueva Europa No sorprende que fracasase el intento anarquista de ejecutar a Franco en octubre de 1940 durante su reunin con Hitler.

Mientras tanto se estaban organizando las primeras redes de fugas desde el norte de la Europa ocupada hasta las embajadas aliadas en el Estado espaol. Euskal Herria era un excelente lugar de paso. Pese a la fuerza de la derecha conservadora y de los grupos pro-nazi, las redes de contrabando estaban legitimadas entre el pueblo porque suponan una ayuda econmica apreciable y haban servido desde finales del siglo XVIII para salvar a miles de vascas y vascos perseguidos en uno u otro Estado, y para trasladar toda clase de ayuda militar, econmica, diplomtica a las guerras defensivas. La red ms efectiva, la Comte, ya tena sus enlaces vascos en junio de 1941 justo cuando comenzaba la invasin nazifascista de la URSS.

Todo cambi. Al igual que el resto de los comunistas de obediencia estalinista, el Partido Comunista Francs haba sentido como un golpe en sus esencias el pacto entre Hitler y Stalin. Tuvo que hacer filigranas verbales para justificarlo entre su militancia y para imponerles la pasividad pacifista frente al ocupante nazi durante el largusimo ao 1940-1941. Gente dura, combativa, acostumbrada a pegarse con la polica y el fascismo francs, pero con una absoluta incomprensin de los derechos nacionales de los pueblos oprimidos dentro de su Estado, los comunistas apoyaron a la II Repblica incluso ilegalmente, contraviniendo el mandato de no intervencin. Por esto no entendan la orden de no relacionarse con los grupitos resistentes republicanos que sobrevivan como podan. Una vez liberados de esas cadenas, demostraron las excelencias de la teora marxista de la organizacin.

Sucedi otro tanto con las bandas republicanas. La preparacin de los comunistas para la lucha les dio una enorme ventaja sobre las guerrillas no comunistas. La Agrupacin Guerrillera en el Pirineo del Estado francs fue un ejemplo de esa efectividad. En ella participaron muchos gudaris de izquierdas y las mujeres destacaron por sus acciones heroicas. La experiencia y la preparacin hicieron que la Agrupacin Guerrillera superara el boicot britnico en el envo de armas. Los nazis, impotentes, lanzaron contra ella unidades selectas de una divisin selecta: divisin Waffen SS Das Reich, que debilit temporalmente a la Agrupacin sin destruirla.

Un sector de nacionalistas del PNV mantuvo esperanzas de que los nazis respetaran algunos derechos vascos por razones de conservadurismo sociopoltico, creencias en races antropolgicas, etc., no resultando nada serio si exceptuamos una pelcula alemana sobre el pueblo vasco. Los nacionalistas de este partido fueron encuadrados en pequeos grupos de resistentes que solo en muy contadas ocasiones realizaban acciones armadas. Eran grupos de derechas pero no filonazis, sino patriotas franceses conservadores. El PNV haba contactado con su direccin gracias a los servicios de informacin del partido, que contactaron con los servicios secretos franceses. Solo al final de la Segunda Guerra Mundial se cre el Batalln Gernika que intervino en una accin de guerra.

En Hegoalde, la zona vasca controlada por Espaa, las condiciones socioeconmicas se endurecieron en extremo. Nada ms entrar en Bilbo los franquistas pusieron las fbricas intactas en funcionamiento y repararon los escasos destrozos habidos. Con la ayuda tcnica nazi, el potencial industrial fue multiplicado tambin con horarios de trabajo cercanos al esclavismo. Los derechos en su conjunto fueron suspendidos y cualquier queja o reivindicacin reprimida. El Fuero del Trabajo, dictado en marzo de 1938, regulaba el sistema de explotacin laboral hasta el detalle ms nimio. Los sindicatos intentaron reorganizarse en la clandestinidad siendo desmantelados cada cierto tiempo y otro tanto le suceda a la izquierda poltica y al nacionalismo.

La guerra, las migraciones, el sistema policial omnipresente y la pobreza dificultaban la recuperacin de la militancia activa tras una detencin. Sin embargo, las condiciones objetivas facilitaban que tarde o temprano el malestar obrero, popular y nacional se mostrase pblicamente ms all de la subjetividad escondida en el domicilio y en la convivencia. Un informe de 1942 de la polica de Bilbo reconoce que el ambiente social es receptivo a las propagandas perniciosas. Ese mismo ao se rompa la alianza entre el carlismo y el franquismo a raz de fuertes choques en Bilbo entre ambas fuerzas y del suceso conocido como atentado de Begoa. Comenzaba as el declive interno de la autoridad de Franco en las fuerzas sublevadas en 1936, crisis importante a medio plazo en Nafarroa y zonas carlistas populares de Euskal Herria necesaria para entender el rpido arraigo del nacionalismo de izquierdas desde finales de los aos cincuenta.

Ya para entonces, algunos militantes comunistas y anarquistas se movan armados por ciudades industriales vascas, intentando organizar la lucha porque flotaba en el ambiente la sensacin de que las fuerzas guerrilleras acantonadas en el Pirineo intentaran entrar en Aragn y Euskal Herria sur. La Agrupacin Guerrillera haba crecido en fuerza, siendo por un tiempo un doble poder armado en amplias zonas pirenaicas. La burguesa francesa no poda tolerarlo por mucho tiempo y tampoco Estados Unidos que negociaban desde 1943 y durante ese ao de 1944 acuerdos con la URSS para establecer las nuevas fronteras europeas. La direccin guerrillera saba que era el momento para atacar porque un retraso aumentara las dificultades de todo tipo.

La operacin se realiz en octubre de 1944. El Ejrcito franquista la esperaba con un enorme despliegue. La guerrilla apenas llevaba armas semipesadas lo que era una debilidad insuperable frente a la artillera enemiga. Algunas unidades lograron pasar pero se encontraron con que el apoyo popular para obtener alimentos y escondites era menor de lo esperado. Era tanto el terror que el pnico atomiz a muchos de los pueblitos agrcolas. En una semana la operacin fue aplastada, pero algunos guerrilleros llegaron a las zonas industriales de Euskal Herria. No por esto el maquis se dio por vencido y aunque sus acciones fueron decayendo, la ltima de la que se tiene noticia es en verano de 1962 con un atentado fallido contra Franco en Donostia.

Tambin en 1944 se inici una purga, incluso sangrienta, al peor estilo de Beria en los partidos comunistas vasco y espaol, por no hablar ahora del PSUC, de militantes defensores de la autodeterminacin de las naciones oprimidas por Espaa, tesis defendida en los aos treinta. El Partido Comunista Vasco perdi su independencia poltica pasando a ser una simple delegacin regional del Partido Comunista Espaol. Comenzaba as su desarraigo de la realidad vasca, lo que le llevara a su desaparicin prctica, aunque no oficial. En marzo de 1945 las fuerzas democrticas y revolucionarias vascas firmaron el Pacto de Baiona que aument la voluntad de resistencia del pueblo que segua con mucha atencin las noticias de la derrota nazi. Las organizaciones se recomponan tras las detenciones y al calor del malestar popular creciente y del contexto internacional surgieron en 1946 protestas obreras en Araba, Gipuzkoa y Bizkaia. La Huelga General de 1947 fue un xito, abrindose una breve fase de esperanza y lucha que lleg hasta 1953 al agotarse el impulso de las huelgas de 1951, pero tambin al conocerse la victoria internacional de la dictadura.

Estados Unidos cre dos organizaciones imprescindibles para entender qu es ahora Espaa: la CIA en 1947, ao en el que tambin fren en la ONU una condena al franquismo, y la OTAN en 1949, ao en el que un banco yanqui concedi el primer prstamo a la dictadura y en el que una misin militar estadounidense visit Madrid. En 1950 la ONU retir el veto a la dictadura franquista. En 1953 Franco firm el Concordato con el Vaticano y al mes siguientes los acuerdos de Madrid con Estados Unidos. Para entonces el PNV haba desmantelado la pequea unidad militar que tena, los planes de algunos de sus dirigentes de llevar la resistencia armada al sur de Euskal Herria fueron abandonados, y su espionaje trabajaba estrechamente con los yanquis.

Los maquis se apagaron en 1962 porque entre otras razones en 1953 cundi el desnimo en el grueso de la resistencia en el interior, excepto en un pequeo grupo de jvenes que se tomaron muy en serio el consejo de Lenin sobre la seguridad organizativa. Conclua la fase de 1917-1953 y empezaba otra. Un anmalo tallito verde en el desierto social de la poca? Lenin, que haba estudiado a Hegel, tambin aconsej que haba que impulsar las anomalas con paciencia porque de alguna de ellas podra surgir la izquierda revolucionaria

 

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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