Portada :: EE.UU.
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2016

Un crimen contra el futuro
El mundo despus de m

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Eterno estado de guerra en Estados Unidos

Hace unos das, en las profundidades del armario de mi dormitorio, encontr un lbum de fotos de cuando mi madre era pequea. Cuando lo abr me di cuenta de que la cola que ella haba usado de nia para pegar unos momentos su vida en el sitio correspondiente se haba evaporado, y las fotos estaban mezcladas.

Mi madre naci en los primeros aos del siglo pasado. Ahora, la mayor parte de esa vieja coleccin de fotos y objetos de inters dibujos (indudablemente suyos), un programa de la escuela de piano Caruthers, un folleto de Camp Weewan-Eeta, un billete infantil de promocin de la escuela de Hyde Park y fotos de nios, nias y adultos desconocidos, ya no queda nadie que pueda decirme quin es quin ni qu es cada cosa.

En algunas de las fotos todava puedo reconocer el rostro juvenil de mi madre y el de su hermano, que muri hace tanto tiempo pero se mantiene bastante reconocible (incluso el de muchos aos antes de que yo le conociera). En cuanto al resto la nia que parece una gimnasta haciendo el pino, todas esas jvenes alineadas en una playa llevando lo que entonces seran atrevidos baadores, el chico arrodillado con sus brazos extendidos hacia mi madre de unos ocho aos todas ellas haban sido arrastradas por la corriente del tiempo.

Y as es la cuestin, por supuesto. Para todos nosotros, ms pronto o ms tarde.

Mi madre no era muy amiga de hablar del pasado. Tratando de convertirse en una caricaturista profesional, dej la casa familiar en Chicago para ir a la ciudad de sus sueos, Nueva York; sobre todo nunca miraba hacia atrs. Por alguna razn, el mirar atrs le asustaba.

Y en todos esos aos en los que yo podra haberla presionado para saber mucho ms sobre ella, su familia, sus aos de juventud, yo era demasiado joven que eso me importara. Ahora, no podra deciros lo que dara por preguntarle y saber esas cosas que ya nunca podr saber. Su madre y su padre, mis abuelos, murieron antes de que yo naciera, su hermana a quien vi una vez cuando yo tena quiz seis aos, sus amigos y vecinos, sus festejantes y compaeros, todos ellos, son ahora polvo de historia en un lbum que se est deshaciendo en un montn de laminillas negras al menor toque. Incluso a m, la mayor parte de las fotos del lbum nada me dicen (aunque, extraamente, me conmueven) como esas que uno recogera en una antigua tienda o una casa abandonada.

Nios perdidos en un catico planeta

Acabo de cumplir no dira celabrar mi 72 cumpleaos. Se trat de un momento adecuado para reflexionar tanto sobre el pasado que se estira detrs de m como el truncado futuro que est por delante. De hecho, hace unos das la cuestin de la muerte estuvo dando vueltas en mi cabeza. Estoy pensando en hacer una copia de mi vieja libreta de direcciones; seguramente, ser la ltima vez que lo haga (s, tengo bastantes aos como para preferir que toda esa informacin est escrita sobre papel, no en el ter). Y, por supuesto, cuando recorro esas desteidas pginas, veo como corresponde a mi edad algo que se parece a un libro de los muertos, y me doy cuenta de que la prxima reescritura ser bastante ms breve.

A veces se dice de los muertos que se han ido al ms all. En el contexto del mundo en que vivimos hoy, empec a pensar en ellos como algn tipo de refugiados, cada uno de ellos arrancado de su vida (como todos lo estaremos un da) y mandado a cruzar una frontera desconocida para entrar en un territorio verdaderamente extranjero. Pero si nuestro destino es, al final, ser los ltimos refugiados, entrando en un sitio en el que no habr campos de reasentamiento presumiblemente, nada de nada me pregunto tambin sobre el mundo que dejar detrs de m, el que dejar a mis espaldas cuando por fin atraviese la frontera.

Tambin me pregunto cmo podra no hacerlo con mi futuro de refugiado en la mente acerca de los 65 millones de se seres humanos que han sido arrancados de su hogar solo en 2015, sobre todo en aquellos lugares donde nosotros, los estadounidenses, hemos estado librando nuestras guerras de esta ltima dcada y media. Resulta difcil no haberse enterado de cuntos ms han seguido sus pasos este ao, entre ellos los por lo menos 80.000 sunnes que vivan en la recientemente liberada y parcialmente destruida ciudad iraqu de Fallujah. En tanto pasaba eso, decenas de millones han continuado siendo exiliados interiores en su propio pas (o lo que queda de l), mientras otras decenas de millones se han convertido oficialmente en refugiados despus de atravesar fronteras y poner el pie en Turqua, Lbano o Jordania o hacerse a la mar en endebles y sobrecargadas embarcaciones con rumbo a Grecia (desde Turqua) o Italia (desde Libia) movindose en oleadas en las que se mezcla la desesperacin y la esperanza, y ahogndose en alarmantes cantidades. Al final de su viaje, algunas veces han encontrado ayuda y socorro, pero demasiado a menudo solo hostilidad y hostilidad, como si fueran criminales o hubiesen hecho algo malo.

Del mismo modo pienso en ese 10 por ciento de nios iraques, un milln y medio de nios en un pas sumido en el caos, la guerra, el conflicto sectario, la insurgencia y el terror, quienes segn un informe reciente de UNICEF han abandonado su casa desde 2014, o ese 20 por ciento de pequeos (chicos!) que estn en serio riesgo de morir, ser heridos, sufrir violencia sexual o ser obligados a alistarse en grupos armados. Y pienso en ese 51 por ciento de refugiados afganos, iraques, sirios y libios, o de donde sean, que son nios, muchos de ellos separados de sus padres y estn solos en el planeta Tierra.

Ningn nio merece semejante suerte. Jams. Cada pequeo desarraigado que ha perdido a sus padres y tal vez el acceso a la educacin y a la niez, es un crimen contra el futuro.

Y bastante a menudo pienso sobre nuestra respuesta a todo esto, la que hemos practicado durante los ltimos 15 aos: ms bombas, ms misiles, ms ataques con drones, ms asesores, ms irrupciones con unidades de operaciones especiales, ms entregas de armamento y, pese a todo ello, ni un solo xito ni victoria mesurable por cualquier estndar imaginable; solo ms desestabilizacin de cada vez ms regiones del mundo, ms proliferacin de grupos terroristas y la produccin de todava ms seres humanos desarraigados, nios perdidos y refugiados... esto es, constantemente ms y ms gente aterrorizada y ms terroristas.

Si usted vive en Estados Unidos, es muy posible que se impresione (a menos que sea usted un seguidor) cuando Donald Trump hace un llamamiento por la prohibicin de los musulmanes en este pas, o cuando Newt Gringrich aboga por hacer una prueba a todas las personas para verificar si tienen ascendencia musulmana y si creen en la sharia para, en ese caso, expulsarlas de EEUU, o cuando varios gobernadores republicanos hacen lo imposible por mantener fuera de su estado a unos pocos refugiados sirios. Es bastante fcil sentir desagrado respecto de esos sentimientos si se tiene en cuenta la larga tradicin de xenofobia y racismo estadounidenses, y todo eso. Sin embargo, la verdad es que, aunque pongan los pelos de punta, todos esos dichos no pasan de ser unas bravatas. La verdadera accin xenofbica se ha realizado en aquellas tierras lejanas en las que el poder de la fuerza area de Estados Unidos es absoluto, en un pas que supo poner en marcha el Plan Marshall para reconstruir un continente arrasado por la guerra pero hoy ni se le ocurre crear o invertir en otra cosa que no sea ms devastacin y desestabilizacin.

Los musulmanes a quienes Donald Trump quiere prohibir su entrada son, despus de todo, los mismos que su pas han hecho todo lo posible para arrancarlos de su hogar y ponerlos en movimiento. Cmo pueden compararse los pocos que acaso pudieran alguna vez poner el pie en este pas con los millones que han entrado en avalancha en Jordania, Turqua y Lbano, entre otros lugares, desestabilizar todava ms Oriente Medio (que, por si lo habis olvidado, sigue siendo la mayor regin petrolera del planeta)? Dnde est el Plan Marshall para ellos o para el resto de una regin que est siendo arrasada por Estados Unidos y sus aliados (con la entusiasta ayuda del Estado Islmico [en adelante, el Daesh], variadas organizaciones extremistas, Bashar al-Assad y todo un variopinto conjunto)?

Qu bombas no podemos construir

Los estadounidenses tenemos una buena opinin de nosotros mismos. Desde nuestro presidente hacia abajo, es raro que titubeemos: nuestro pas es singularmente excepcional; no solo eso, adems es excepcionalmente generoso. En los ltimos aos, sin embargo, esa generosidad no se ha hecho notar entre nosotros ni en el extranjero (excepto en aquellos sitios en los que las fuerzas armadas de Estados Unidos estn interesadas). En el mbito nacional, la sociedad se ha escindido entre un floreciente1 por ciento (y sus gestores y operadores) y partes del otro 99 por ciento, que se sienten en el camino hacia el infierno. Con la ayuda del circo poltico de Donald Trump, esto ha hecho que Estados Unidos tenga el aspecto de una tierra que est cambiando hacia el tercermundismo, aunque siga siendo la nica superpotencia y el pas ms rico del mundo. Mientras tanto, nuestra pretendida generosidad no ha llegado hasta nuestra propia infraestructura, aquella que hablando de los mundos que han sido arrastrados por las corrientes del tiempo dejaba pasmado a mis padres y a otros estadounidenses de su poca. La idea de que las autopistas, carreteras, puentes, puertos, oleoductos y dems pueden estar deteriorndose significativamente por falta de dlares sin que haya una respuesta de la clase poltica habra sido algo inconcebible para ellos. Y sin duda representa un sorprendente mensaje de mezquindad enviado por esa clase poltica a los nios y jvenes de un futuro Estados Unidos: Vosotros, y el mundo en que vosotros viviris, no valis nuestra inversin.

En aquellos aos gracias, Osama bin Laden, Daesh y la interminable lista de polticos, funcionarios, jefes militares y expertos en terrorismo de Estados Unidos el miedo a un fenmeno el terrorismo, que aunque peligroso, es uno de los menores riesgos que enfrenta la vida de este pas, ha atenazado su cuerpo poltico. No importa. La discusin sobre la forma de mantenernos a salvo del terrorismo, es incesante. Ciertamente, en un mundo en el que unos lunticos que van por libre armados con un fusil de asalto o conduciendo un camin pueden provocar una matanza en una operacin suicida. El problema es que, en estos tiempos, la proteccin de nuestra seguridad siempre implica la utilizacin de todava ms bombas y misiles lanzados en tierras remotas, ms soldados y operadores especiales que deben entrar en accin, ms vigilancia de nuestra poblacin y la del mundo. En otras palabras, hablamos de todo aquello que es militarizar an ms la poltica exterior de Estados Unidos, poner el comando en manos del estado de la seguridad nacional y asegurar la continua desmovilizacin de una ciudadana asustada y nerviosa. Al mismo tiempo que, en otros sitios, se hace crecer el nmero de seres desarraigados, de nios sin niez y de refugiados.

Nuestros lderes y nosotros, tambin han crecido habituados a nuestra particular versin de eterno estado de guerra y a las guerras sin final, unas guerras cuyo rasgo esencial es que continuarn interminablemente, mientras ms y ms partes del planeta se hunden en el infierno. En este contexto, cualquier nocin de generosidad estadounidense y del espritu de fondos, parecen haberse perdido en accin. Aqu no existe la menor comprensin de que si realmente no se quiere crear generaciones de terroristas en el seno de poblaciones despojadas de todo lo que define la vida normal, lo mejor que se puede hacer es poner en marcha un Plan Marshall para el Gran Oriente Medio.

Debera ser obvio (aunque no lo es en nuestro mundo estadounidense) que las bombas, sea lo que sea lo que pueden hacer, nunca podrn construir nada. En lugar de ellas, lo mejor es estar preparados para echar una autntica mano, una mano muy grande, para hacer posible que millones y millones de personas que hoy viven en el caos puedan tener una vida medianamente decente. Deberamos saber que en realidad la guerra no es una respuesta para esta situacin, que si para acabar con el Daesh no dejamos piedra sobre piedra y destruimos toda esperanza en la regin, dentro de unos pocos aos esa brutal organizacin podra parecer buena en comparacin con cualquiera de nosotros que sea visto por all. Lo mejor sera saber que las acciones pacficas la palabra paz, aun como recurso retrico, es algo anticuado en el Washington de tiempos de guerra todava son posibles en este mundo.

Perdidos para el futuro

Antes de que nos arrastren la corriente que mencionaba ms arriba, siempre est el anhelo de asegurar que dejamos algo detrs de nosotros. Me temo que ya estoy percibiendo algunas vislumbres de lo que podra ser ese mundo despus de m, un mundo estadounidense que nunca habra querido entregar a mi nieto, ni al de nadie. Mi pas, Estados Unidos, es precisamente el nico implicado en lo que parece ser una cada vez ms generalizada debacle global de desestabilizacin: es necesario quitarse el sombrero ante los pakistanes, los saudes, nuestros aliados europeos, los britnicos del brexit, los rusos... y tantos otros.

Sin embargo, debo admitir que mi atencin mi sentido del deber, podra decirse est centrada en este mi pas. Nunca me agradaron esas palabras tan nuestras, tan estadounidenses; patriota y superpatriota, que solo las utilizamos con nosotros mismos, o sus alternativas nacionalista y ultranacionalista, que reservamos peyorativamente para los extranjeros exaltados o belicosos. Pero si bien soy bastante poco inclinado a verme como un patriota estadounidense o un nacionalista estadounidense, sobre todo me preocupa mucho lo que este pas elige ser, en qu quiere convertirse. Siento cierta responsabilidad por esta cuestin, y me duele ver lo que nos est pasando, a nosotros, al pas y a las personas de nuestro entorno los nios que se estn preparando para ser. Es probable que tambin nosotros estemos empezando a vivir las tensiones de la desestabilizacin global en curso y que, aunque sin duda incmodos, continuamos arruinando el futuro en una forma todava difcil de aquilatar.

Tal vez algn da alguien tendr en sus manos uno de los lbumes de fotografas de mi propia niez. La cola quiz ya no est y las fotos estn sueltas, las pginas estn desmenuzndose y los rostros que en ellas se vean, incluyendo el mo, se hayan perdido en el pasado, como tantos de esos nios por los que hemos hecho todo lo posible para arrancar de su casa y convertirlos en refugiados perdidos para el futuro. En ese momento, mi suerte ser la norma y no habr que llorar por ella. La suerte de esos nios perdidos, aun si ellos se convierten en lo normal, ser el escndalo del siglo y no ser otra cosa que un autntico crimen contra el futuro

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project y autor de The United States of Fear como tambin de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. En miembro de The Nation Institute y administra TomDispatch.com. Su nuevo libro es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176168/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter