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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-07-2016

Cuba, pas deseado y pas posible

Luis Toledo Sande
Cubadebate


Con el triunfo revolucionario de 1959 alcanz Cuba la independencia y la soberana. Si desde entonces son una realidad, no una meta, preservarlas sigue siendo un reto. Para vencerlo debe no solo seguir cuidando la defensa nacional frente a enemigos externos, sino tambin lograr la eficiencia econmica y el funcionamiento sin los cuales tampoco podra satisfacer las necesidades materiales y espirituales de la poblacin.

En el camino hay obstculos que el pensamiento pragmtico podra considerar invencibles. Pero la propia existencia de Cuba como nacin soberana e independiente es fruto de haberse planteado su vanguardia revolucionaria, a finales del siglo XIX, lo que entonces el pragmatismo estimara irrealizable: independizar al pas del colonialismo espaol y del imperialismo estadounidense, para que este ltimo no se fortaleciera con la expansin para la cual se preparaba. Impedirla era necesario para que nuestra Amrica toda se librara de esa amenaza, y para salvar en el mundo un equilibrio que ya peligraba.

De esa meta, abrazada por Jos Mart como centro del proyecto revolucionario concebido por l para liberar a la patria, vino la voluntad emancipadora que condujo al triunfo de enero de 1959, gracias al cual se empez a revertir la frustracin impuesta a Cuba por la intervencin estadounidense que en 1898 le arrebat la victoria contra el colonialismo espaol. Dicha voluntad se afinc en la identificacin con los pobres, decisivos en la lucha independentista, de la cual, salvo excepciones, los ms ricos se desentendan.

Grandes obstculos tendra que enfrentar Cuba para mantener despus de 1959 y desde el 15 de abril de 1961como proyecto socialista explcito las banderas de la justicia social en un contexto planetario dominado por la preponderancia, en crisis pero vigente, del imperialismo. Encarar con esperanza de xito semejantes obstculos sigue demandando la mayor claridad posible al entender, explicar y, sobre todo, enfrentar la realidad.

Los recursos intelectivos empleados en ese empeo deben servir para generar luz, no confusiones entre realidades y metas. Por s solos no hacen maravillas ni sustituyen el pensamiento. Entre ellos, en el mundo se ha convertido en moda la matriz DAFO (sigla de debilidades, amenazas, facilidades y oportunidades ), cuyos orgenes se ubican hacia los aos 70 del pasado siglo en los Estados Unidos, al servicio de la competencia empresarial y mercantil, y que como otros puede ser una herramienta til, no una vara mgica.

Los textos aportan buena gua cuando sustentan con precisin las ideas y no se intenta suplantar con ellos la realidad. Lector voraz, Mart expres: el libro que ms me interesa es el de la vida, que es tambin el ms difcil de leer, y el que ms se ha de consultar en todo lo que se refiere a la poltica, que al fin y al cabo es el arte de asegurar al hombre el goce de sus facultades naturales en el bienestar de la existencia .

Cuba, en cuya historia se han fundido enseanzas del legado martiano y del marxista, ha sido rica en documentos extraordinarios. Sin nimo exhaustivo, y solo considerando la etapa llamada por antonomasia Revolucin Cubana la desatada el 26 de julio de 1953, ctense La historia me absolver , la Primera y la Segunda Declaracin de La Habana , y el Informe central y la Plataforma programtica que, aprobados en el Primer Congreso del Partido, dieron base para la nueva Constitucin de la Repblica de Cuba .

En el Sexto Congreso de esa organizacin se aprobaron, luego de amplia y frtil consulta popular, los Lineamientos de la poltica econmica y social del Partido y la Revolucin , antesala del reciente Proyecto de Conceptualizacin del modelo econmico y social cubano de desarrollo socialista . Ambos documentos responden a la necesidad de actualizar el modelo econmico, y aunque el segundo se aprob, como proyecto que an es , en el Sptimo Congreso, ahora se busca perfeccionarlo con la necesaria discusin colectiva, democrtica, en las filas del Partido y en organizaciones de masas.

En lo relativo a los cambios o transformaciones en el modelo de desarrollo socialista, sera posible hallar un verbo ms feliz que actualizar , asociado a lo cronolgico, mientras en el mundo de hoy el Meridiano de Greenwich de la economa pasa por el capitalismo, que no es ni debe ser la brjula para Cuba. Pero lo seguro es que el pas necesita replantearse su funcionamiento econmico, y hablar de lo econmico remite a otras esferas inseparables de la economa pero que no terminan en ella.

Ser necesario contar con las posibilidades objetivas calculables, y con la fuerza de la voluntad, que concentra pensamiento y es tan indispensable para guiar a un pueblo como nocivos pueden resultar los extremos del voluntarismo, que asoma hasta en formulaciones eufemsticas. De ah lo estimulante de saber que en el ms reciente Congreso del Partido se reconoci la necesidad de llamar a las cosas por su nombre. Aunque el concepto de propiedad privada suscite aprensiones y disgustos, una empresa privada no deja de serlo porque se le aplique otra denominacin. Palabras y buenas intenciones no bastan para encauzar los cambios que vienen dndose en la estructura de clases del pas.

Frente a la afirmacin, categrica, segn la cual n o se permite la concentracin de la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurdicas no estatales, confiando en que se aplica celosamente lo legislado de acuerdo con los principios de nuestro socialismo, ya ha habido sealamientos atendibles. Lo es, por ejemplo, el que precisa que la concentracin de la propiedad puede, formalmente al menos, impedirse con leyes, pero no sucede lo mismo con la riqueza lograda en reas de propiedad privada. Ni hablar de la que viene del robo, cualquiera que sea el rea donde este se ejerza.

La seguridad que pudiera tenerse con la idea de que en Cuba la Segunda Ley de Reforma Agraria erradic el latifundio, pudiera llevar a reforzar una confusin frecuente venida del uso: la que homologa terrateniente y latifundista . Pero por etimologa un terrateniente es quien posee tierras, y hoy en Cuba un propietario puede ganar enormes cantidades de dinero con la productividad de parcelas relativamente pequeas, de un lado, y, del otro, por la insuficiente competencia que les hace lo producido en tierras de administracin estatal.

Se cuenta de lugares donde, frente a intentos de promover investigaciones sobre casos de enriquecimiento, se han levantado voces que advierten: Cuidado, ese productor est asegurando la comida del pueblo! A veces ni siquiera se trata quizs de alimentos bsicos, sino de condimentos que, elaborados en condiciones de dudosa salubridad, se compran incluso para usar en centros de elaboracin de la comida en instituciones de salud. No se debe desor a quienes se preocupan porque en esas transacciones se pueden enriquecer desmedidamente los intermediarios, y las comisiones logradas por los responsables de la compra pudieran llegar quin sabe hasta qu punto y hasta quines.

Una somera mirada en algunos territorios sugiere que los propietarios enriquecidos en la actualidad superan a muchos de sus predecesores hasta en la tenencia de recursos tecnolgicos: camiones, tractores y otras maquinarias, aparte de autos de paseo, motos y ms. Habr que prohibirlo? Seguramente no, pero mucho menos se debe ignorar. En cuanto a ingresos y a bienes posedos, tampoco se deben desatender los reclamos de que se apliquen los controles pertinentes a los funcionarios del sector estatal.

Aunque lamentablemente la informacin pblica no cubra de la manera y con la intensidad adecuadas los hechos delictivos, resulta cada vez ms ostensible la necesidad de prevenir y erradicar la corrupcin que crece, y de la cual no se debe excluir ilusamente por decreto a quienes tienen la responsabilidad de velar por el orden social y las contribuciones fiscales. El haber asociado la supervivencia con una especie de corrupcin menuda y generalizada, y tenida por poco peligrosa, puede generar deformaciones maysculas y preparar el terreno para grados de corrupcin mucho mayores. Y si esta puede causar estragos severos en la propiedad socialista, cmo poner en duda su capacidad para impedir que se hagan plena realidad los beneficios sociales que se esperan de la propiedad privada?

El pragmatismo economicista es intil para cuidar valores ticos como los encarnados en el Fidel Castro que, con espritu martiano, adverta lo que esquemticamente se puede sintetizar as: En torno a la riqueza se genera corrupcin. Como norma, los ricos o en proceso de enriquecerse tienen admiradores, mulos, sirvientes, cmplices. Su influencia es poltica acta sobre la polis, sobre la sociedad, aunque en determinadas circunstancias no les interese dedicarse al quehacer poltico, pues les resultara menos rentable que sus negocios. Por muy heterognea que su composicin resulte, ser casual que el imperio les asigne el lugar que les reserva en sus planes con respecto a Cuba?

Los efectos de la influencia de los enriquecidos no desaparecen ni menguan mecnicamente porque el enriquecimiento se legalice. Ni siquiera faltarn quienes reciban en usufructo tierras que ponen a producir con prcticas que pueden terminar en el lavado de dinero, porque operan con recursos sustrados de entidades estatales.

Dar por cierto el carcter de propietarios comunes de los ciudadanos que trabajan en las diferentes formas no estatales de propiedad puede abonar errores conceptuales y prcticos. De inicio, revela insuficiente claridad en torno a los replanteamientos que se estn produciendo en la estructura de clases de la nacin, y a partir de ah se puede soslayar que en el sector no estatal hay propietarios y empleados, dueos y asalariados y, por tanto, dgase de una vez, explotadores y explotados, plusvala mediante.

Algunos se sentirn felices de ser explotados a cambio de montos salariales muy superiores a los recibidos por quienes trabajan en el sector, fundamental y mayoritario, de la propiedad social de todo el pueblo. Pero eso no autoriza a olvidar la realidad, ni a edulcorarla, ni a creer que el asalariado est bien defendido en una misma seccin sindical junto al dueo que le saca la plusvala, adems de imponerle determinadas condiciones laborales.

Fuera del mbito de la propiedad social donde todo el pueblo es el poseedor y no debe ser sustituido por el Estado, que tiene el deber de representarlo, la condicin de propietarios comunes puede darse en cooperativas, si todos sus integrantes tienen similar ubicacin en el proceso productivo y en la obtencin de las ganancias. Pero tienen todas las cooperativas una homogeneidad tal? En cualquier caso, ellas son formas de propiedad colectiva, pero tambin privada, algo que frecuentemente parece ignorarse.

En general, la existencia de plusvala y de explotacin que existen objetivamente, a contrapelo de las mejores intenciones asociadas a un proyecto socialista demanda perfeccionar leyes y cdigos laborales. En lo determinante, los que estn en boga se pensaron para relaciones laborales en que no haba, o no abundaban, propietarios privados y las ganancias se destinaban a los grandes servicios pblicos y la defensa nacional, salvo desvos debidos a la corrupcin o a mecanismos administrativos fallidos.

En las actuales circunstancias el Estado y especialmente los sindicatos deben ampliar y profundizar la atencin a quienes, ubicados fuera del rea estatal, pueden empezar a sufrir o ya sufren la prdida de conquistas histricas de los trabajadores, alcanzadas en larga y a veces cruenta lucha contra el capital. No basta considerar que la existencia de las formas no estatales est condicionada por los objetivos del desarrollo socialista.

En eso no hay magia. Es necesario cuidar hasta los detalles que ms insignificantes parezcan, as en los hechos como en las formulaciones en torno a ellos. Tal vez el tiempo que de 1968 para ac se dedic a reducir al mnimo la propiedad privada, haya suscitado prejuicios, dificultades o nieblas al concebir su revitalizacin, e incluso al nombrarlas. Se crey necesario insistir en que se deba prestigiar a las pequeas o ya no tan pequeas formas de propiedad privada, en el supuesto de que el prestigio revolucionario de la propiedad social se traslada automticamente a quienes laboran en ella.

La realidad ha mostrado que en la valoracin pblica la solvencia econmica realza el reconocimiento de puestos de trabajo. Aunque psimo y doloroso, resulta ilustrativo el chiste del profesional altamente calificado que, al embriagarse, expresaba delirios de grandeza creyndose maletero de un hotel donde perciba propinas en moneda dura.

La idealizacin puede aumentar si se suman promociones que presenten a la propiedad privada sobre determinados medios de produccin solamente como un aporte al empleo, a la eficiencia de la economa y al bienestar. Aumenta, sobre todo, si no se precisa que, aunque esas formas de propiedad privada sean necesarias en un contexto donde predominen las relaciones socialistas, es necesario asegurar los mecanismos dirigidos a prevenir excesos como el egosmo, el slvese quien pueda, la influencia corruptora y hasta el racismo.

Para tales excesos, y para otros, como el caciquismo, la entronizacin de la burocracia y el nepotismo que, al igual que aquellos, tambin pueden infectar la propiedad social no habr tal vez antdoto de mayor eficacia que la ms resuelta y responsable democracia participativa. Hablar de socialismo democrtico sera una redundancia innecesaria si no fuera porque en el mundo se ha confirmado que un proyecto declaradamente socialista puede adquirir deformaciones profundas, y llegar a modos de realeza, incluso a perpetuar sentidos dinsticos de organizacin social propios del feudalismo.

Esos males no deben considerarse exclusivos de determinadas formaciones culturales. Son tendencias de la humanidad afincadas en el hecho de que la tradicin de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos (palabras de Carlos Marx). Y el peso de la tradicin se refuerza al unirse con los intereses y hbitos de mando de los opresores (palabras de Mart). No basta plantearse una democracia ms o menos abstracta .

En el socialismo al cual se aspira en Cuba, no en el que pueda confundirse con el capitalismo de estado, la democracia es vital, imprescindible, y debe distinguirse por su carcter participativo: por la activa y responsable intervencin del pueblo en los debates, en la toma de decisiones, en la discusin con influencia frtil, no meramente para debatir criterios y hacer catarsis sobre la administracin de los recursos en las reas de trabajo de propiedad social. La democracia socialista debe tener el funcionamiento y el poder que la diferencien de otras, como la burguesa, tan enaltecida por la propaganda capitalista.

Para negar tal enaltecimiento, hay hechos rotundos: un ejemplo es la burla sufrida por el pueblo griego en el referendo que la Unin Europea revirti; otro, el golpe dado al pueblo francs, para beneficio de la empresa privada, con la reforma laboral impuesta por un gobierno que tambin macula el rtulo socialista con la realidad de la peor socialdemocracia y la obediencia al neoliberalismo.

Cuando desmintiendo trampas fomentadas por la manipulacin meditica capitalista en Cuba se reconoce la existencia de una sociedad civil, se le facilitan al funcionamiento democrtico otras claridades fundamentales: la menor de ellas no sera reconocer las interrelaciones y tambin las diferencias entre los derechos y deberes de la sociedad civil y la razn de estado.

Aquella puede sentirse profundamente identificada con el Estado, que encamina la administracin de la propiedad de todo el pueblo, y que con la participacin tambin del pueblo todo asegura la defensa nacional y la calidad de las relaciones internacionales. Pero se le deben garantizar el espacio y los recursos necesarios para expresar, digamos, el repudio merecido por hechos que ocurran en pases con cuyos gobiernos tiene relaciones el de Cuba. De lo contrario, pueden establecerse silencios de implicaciones nocivas contra la tica.

Eso no concierne solo al plano internacional. Cuando resulta urgente erradicar la corrupcin fuerza que mina el cuerpo social y sobresale entre las que pudieran derrocar, desde dentro , el proyecto de transformacin revolucionaria, se necesita potenciar el sentido tico de la existencia. Dimensiones polticas, econmico-financieras, sociales, demogrficas, territoriales, cientfico-tecnolgicas, formativo-culturales, de proteccin y conservacin de los recursos y el medioambiente, la poltica comunicacional tan necesitada de verdaderos cambios, la poltica misma y en general todas las vertientes que influyen sobre la marcha de la nacin, demandan cultivar de modo consciente la eticidad.

Esas aspiraciones dependen, en gran parte, de la calidad de la educacin. Que esta no se incluyera de modo explcito, destacado incluso, entre las vertientes que se consideren estratgicas para el desarrollo del pas, hara pensar en olvido o en indeseable influjo del economicismo: de concepciones econmicas torpes. De haber sido la educacin uno de los principales campos de batalla de la obra revolucionaria le ha venido a Cuba, entre otros frutos, el desarrollo cientfico del cual le viene una de sus principales fuentes de ingresos.

Pero la educacin no termina en ese propsito. Para que su utilidad sea plena debe mantener y perfeccionar su papel con el mayor abarcamiento y la mayor profundidad posibles, a base de rigor cientfico y cultivo de los valores espirituales en la formacin ideolgica y cultural del pueblo, necesaria para que la nacin tenga seguro el conjunto de sus logros.

Consolidar los principios del socialismo y lograr un alto desarrollo econmico y social son metas indispensables para salvaguardar y fortalecer la independencia y la soberana que Cuba logr con el triunfo de la Revolucin en 1959. No hubo fuerza imperial capaz de impedir la victoria del Ejrcito Rebelde, los mambises de entonces, aunque solamente haya sido porque al comienzo el imperio menospreci el alcance que esa victoria tendra.

Ahora el imperio admite que ms de medio siglo de poltica abiertamente hostil contra Cuba no le ha servido para lograr sus planes. El carcter y el alcance de sus propsitos pueden calcularse en comparacin con los severos daos causados por acciones armadas y terroristas, y por el bloqueo an vigente, al pueblo cubano, con el fin de asfixiarlo por hambre para que responsabilice de ello al Estado y se levante contra l.

Pero, aun logrando un socialismo de verdad prspero, democrtico y sustentable, este sera muy manco si no consiguiera para la poblacin una existencia grata, un ambiente que, libre de trabas burocrticas y basado en la buena convivencia y en la disciplina social, asegure la dinmica y la atmsfera de un pas vivible. No basta que ese pas sea deseado y posible: urge hacerlo real, verdadero, en la cotidianidad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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