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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2016

Pili Zabala y la normalizacin de Euskadi

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


A alguien podran sorprenderle, y con razn, los resultados electorales de Podemos el 20D y el 26J en el Pas Vasco. Digo con razn porque su historia concreta, marcada por un conflicto de (al menos) 50 aos, converta a su poblacin en la ms politizada del Estado espaol, y tambin en la ms polarizada, de manera que no pareca quedar hueco para ninguna fuerza nueva, y menos para una que pretenda nutrirse de los extraviados, los abstencionistas, los indignados y los no-ideologizados. En 2011 el movimiento 15M, de hecho, reuni en las ciudades del Pas Vasco mucha menos gente que en otros territorios, lo que a muchos se nos antoj deprimente pero natural: la tensin y el alineamiento en torno a la cuestin nacional eran tan determinantes, y la izquierda abertzale dominaba hasta tal punto los espacios de alternativa y de protesta, que el Pas Vasco qued en 2011 al margen de la corriente, como para demostrar una vez ms su especificidad social y su excepcionalidad poltica.

Paradjicamente son esta especificidad y esta excepcionalidad las que, cinco aos despus, han llevado a Podemos a convertirse en el partido poltico ms votado del Pas Vasco; y al Pas Vasco en el nico territorio del Estado donde Podemos gana las elecciones, al menos -de momento- las legislativas. Digamos que, mientras en Madrid o en Valencia, la gente estaba cansada del PP, de la corrupcin, del bipartidismo y del desprecio de los polticos, los vascos estaban cansados de su propia especificidad y, al reaccionar frente a ella, de algn modo la han vuelto a confirmar. Los vascos estaban -estn- hartos de una excepcionalidad que, a lo largo de los ltimos cincuenta aos, ha politizado el Pas Vasco -mientras Espaa se despolitizaba- a travs de la violencia, el dolor, la represin y la anomala jurdica. Mientras Espaa demandaba una fuerza nueva para repolitizar el contrato social, el Pas Vasco la necesitaba para despolitizarlo; para despolitizar, si se quiere, un error colectivo. La izquierda abertzale lo comprendi antes que los partidos espaolistas y trat de refundarse para re-ocupar su propio espacio, dando algunos pasos valientes que todos deberamos agradecer, pero era -a mi juicio- demasiado tarde. La sorprendente, casi estupefaciente, irrupcin de Podemos as lo demuestra. Del mismo modo que muchos espaoles han votado contra la normalidad espaola, muchos vascos han votado contra la dolorosa excepcionalidad vasca, una excepcionalidad de la que forman parte por igual la izquierda independentista y los partidos del rgimen, entre ellos, obviamente, el partido del rgimen vasco, el correoso PNV con su doble pusilanimidad derechista.

Ahora bien, como consecuencia de esta excepcionalidad histrica contra la que ahora empieza a votar, la sociedad vasca es una sociedad, en efecto, muy politizada; y esto marca tambin el carcter excepcional de esta voluntad vasca de ruptura con su propia excepcionalidad. Quiero decir que en el Pas Vasco -como en Cataluna y al contrario que en Espaa- no basta con frmulas populistas transversales que catalicen y precipiten el malestar general. En el Pas Vasco hay que hacer poltica y una fuerza que quiera realmente desactivar el conflicto para voltear el tablero debe entender que la democratizacin de Espaa depende de la democratizacin del Pas Vasco, lo que implica a su vez la defensa de una propuesta econmica y social ms avanzada que la del PNV (que es mucho ms socialista en su territorio que el PP o el PSOE en los suyos) y una propuesta nacional que puedan entender y parcialmente compartir los votantes de Bildu. Que nunca haya sido ms bajo el apoyo a la independencia entre los votantes vascos no debera hacer olvidar una de las razones por las que la izquierda espaola nunca ha contado con apoyo social suficiente en Euskadi: me refiero a ese nacionalismo espaol tantas veces complaciente con el rgimen jurdico de excepcin impuesto desde Madrid y tantas veces indiferente frente a las violaciones de los ms elementales derechos humanos.

Podemos ha sabido entender la necesidad prioritaria de una buena parte de la poblacin vasca: la de la ruptura especifica con su especificidad poltica; la de la normalizacin y la convivencia democrtica a partir del reconocimiento de todos los derechos, incluido el derecho a decidir su propio destino. En este sentido, no puedo dejar de regocijarme con la candidatura de Pili Zabala en las primarias internas que se celebran este fin de semana en Podemos-Euskadi. Me explico. Todos somos algo ms que nuestro propio cuerpo y nuestra propia vida: un apellido, un parentesco, una identidad de clase. Esto puede ser bueno y puede ser malo. Pensemos -respectivamente- en lo que significa en nuestra Europa vestir determinadas marcas de ropa o tener un nombre rabe. En el caso de las vctimas del terrorismo, esa existencia prestada parece mala. De entrada se dira que Pili Zabala, como otras vctimas de uno y otro lado, no tiene ni cuerpo ni vida propia, precisamente porque mataron el cuerpo de su hermano y lo enterraron en cal vida, de manera que -como evidencian los titulares de los peridicos- comparece siempre en el interior de ese aura, atrapada en un dolor muy politizado y, por lo tanto, ya colectivizado. Pili Zabala es una vctima y esto, que es malo para ella, se vuelve simblicamente decisivo all donde la poltica se sigue haciendo, desgraciadamente, en torno al sufrimiento. Todas las vctimas -y sobre todo las de la violencia poltica- afrontan siempre la decisin de elegir entre hacerse las vctimas y darse la razn a s mismas y a quienes las apoyan o deshacer -a partir de lo que les han hecho- el proceso objetivo de su sufrimiento particular. Pili Zabala, que es vctima del largo conflicto al que hoy debemos poner punto final en trminos polticos, nunca se ha hecho la vctima. Al contrario. En vez de quedarse en el lugar donde enterraron a su hermano Joxi, como les ocurre a tantas vctimas; en lugar de limitarse a ser lo que unos y otros hicieron de ella, como suelen hacer las vctimas victimistas, Pili Zabala lleva aos utilizando ese dolor politizado, ese dolor colectivizado, para desactivar, y no para alimentar, el conflicto. Pili Zabala es su dolor y es ella misma: es lo que ha decidido hacer con l. Que sea una vctima que no se hace la vctima y que, por eso mismo, no sectariza su sufrimiento, la convierte en un smbolo poderossimo y en un instrumento privilegiado de intervencin teraputica. Protagonista de iniciativas como Adi-Adian, Hitzorduak o Eraikiz, ha sabido convertir su dolor en un lugar de encuentro, y no de pugna y de contienda, con otras vctimas, y ello sin dejar de defender sus propias posiciones polticas.

Porque Pili Zabala, en efecto, no slo es una vctima que ha utilizado su dolor para romper la lgica del conflicto y la de su propia victimizacin sino que adems ha vinculado esa intervencin curativa -odontloga como es- a la defensa de los derechos civiles y colectivos: el derecho a la memoria, el derecho a la justicia social, el derecho de los enfermos, de los nios, de los presos, y el derecho tambin de los pueblos a decidir su propio destino. Creo que todos en Podemos, con independencia de la lista a la que pertenezcan o que defiendan, entienden la importancia de su candidatura para el partido y, sobre todo, para el futuro del Pas Vasco. Personalmente -lo confieso- lamento no poder votarla ni ahora en las primarias ni luego en las elecciones autonmicas del prximo otoo. Pero considero que habramos avanzado muchos pasos en direccin a la normalizacin del Pas Vasco y la democratizacin de Espaa -que hay que forzar desde all- si fuese ella la primera mujer lehendakari de la historia de Euskadi.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/07/29/pili-zabala-la-normalizacion-euskadi/8918

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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