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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2016

Dos modelos de corrupcin

Claudio Katz
Rebelin


En los ltimos meses se ha instalado en Argentina un clima de batalla contra la corrupcin. Se supone que los ciudadanos ya no se preocupan slo por sus urgencias personales. Bajo el impacto de las imgenes difundidas por la televisin, ahora exigen honestidad a todos los funcionarios.

El conteo de dinero en la Rosadita, las propiedades de Bez, los bienes de Faria, las cajas de seguridad de Florencia y los bolsos lanzados por Lpez habran provocado este abrupto despertar colectivo.

La sociedad por fin reacciona con jueces que actan, medios que informan y un gobierno que propicia el castigo de los ladrones. Todo muy bonito si fuera cierto. La primera duda es muy sencilla: cmo apareci repentinamente tanta informacin?

SERVICIOS, CMPLICES Y TRANSMISORES

Es evidente que los espas manejan todos los datos de la corruptela que sale a flote. Destapan y ocultan esa informacin en forma selectiva. Filtran ttulos de propiedades, nmeros de cuentas en el exterior, rutas de lavado y arman las trampas requeridas para capturar a los cados en desgracia como Lpez.

Los servicios de inteligencia que mueven estos hilos son los mismos que trabajaron para el kirchnerismo, enlodando a los opositores. Su cabecilla Stiuso cambi de bando y ahora disea operaciones sucias para Macri.

Por eso todos los documentos comprometedores involucran a cristinistas desamparados. Ningn carpetazo afecta a los funcionarios del PRO. No circulan videos de la familia del presidente transfiriendo dlares a sus firmas off shore, no aparecen grabaciones de Stuzzeneger cobrando por la estafa del mega-canje, ni se conocen los turbios negocios petroleros de Aranguren.

Stiuso recuper la patente de corso que perdi durante su conflicto con Cristina por el caso Nisman. Se fue a Estados Unidos, aceit relaciones la CIA y ahora cuenta con la bendicin total de la embajada.

Por eso aporta informacin demoledora sobre la cpula kirchnerista a cambio de impunidad para sus negocios. Obtuvo impunidad para silenciar el ajuste de cuentas con su socio (el ultimado lauchn Viale), que controlaba robos de tierras y propiedades.

El hombre fuerte de los servicios ha impuesto, adems, la eliminacin de toda fiscalizacin parlamentaria del presupuesto del espionaje. Para colmo Macri coloc en la AFI a varios sospechosos de lavar dinero, mediante la cobertura que ofrecen las transferencias internacionales de jugadores de futbol.

Los espas en funciones provienen de la poca de la dictadura. Crearon bandas de secuestradores extorsivos y ahora mantienen estrechos vnculos con los narcotraficantes perseguidos o amparados por la DEA (Prez Corradi).

Obviamente conocen los secretos de lo ocurrido con la provisin de efedrina a los carteles mexicanos y con las responsabilidades de funcionarios pblicos en el triple crimen que gener ese negocio. Tambin manejaron la extraa fuga del penal de los involucrados en esos asesinatos (hermanos Lanatta)

Los servicios trasmiten su sesgada informacin sobre 60 ex funcionarios kirchneristas a una casta de jueces federales. Esos magistrados ya optaron tambin por el cambio de bando. Por eso descongelan los expedientes que mantuvieron archivados durante una dcada. Con allanamientos, procesamientos y encarcelamientos cubren sus espaldas a un ritmo vertiginoso. Implementan los mismos procedimientos que utilizaron para proteger al kirchernismo. Mueven las causas que afectan a los popes del gobierno anterior y congelan las denuncias que involucran a la administracin actual.

Antes demolan a los procuradores que investigaban a Boudou y ahora bloquean las acusaciones contra Pray Gay, que asesor a muchos empresarios en los secretos de la fuga de capital.

Los medios de comunicacin hegemnicos conforman otro pilar del relato en curso. Machacan da y noche con informaciones de Bez y Lpez y silencian los oscuros negocios de Macri y sus allegados.

Los dueos de los medios retribuyen al gobierno su anulacin de la ley de Medios. Han logrado preservar sus conglomerados sin incurrir en ventas o divisiones de las firmas. Por eso influyentes comunicadores (como Lanata) agradecen el socorro repitiendo el servilismo que tuvieron Neustadt y Grondona bajo el menemismo.

LOS DESFALCOS DEL OFICIALISMO

El gobierno utiliza las denuncias anti-K para desviar la atencin de los tarifazos, la pobreza y la recesin. Esa campaa le permite ocultar, adems, la monumental corrupcin del propio oficialismo. La declaracin de bienes de Macri no cierra por ningn lado. Proclama un patrimonio muy inferior a su fortuna real y expone ridculas justificaciones de sus empresas off shore. Es sabido que nadie constituye esas compaas por motivos lcitos. Fueron gestadas para evadir impuestos y fugar capital.

La mano derecha del presidente -el intendente Grindetti- form otra off shore con fondos oscuros, durante su administracin del presupuesto de la ciudad de Buenos Aires. Un prontuario semejante afecta al grueso de los ministros, que compiten por el monto de sus fortunas localizadas en exterior.

El macrismo se arroga una curiosa limpieza en la gestin pblica. Pero ha resuelto premiar a los grandes malversadores del fisco, con un blanqueo que consagra la impunidad de todos los desfalcos. El perdn fiscal beneficia ante todo a los propios CEOs que dirigen el gobierno. No tenemos que escondernos ms confes Macri en nombre de todos los evasores. Tal como ocurri en Espaa, el blanqueo exonera a los principales corruptos de las ltimas dcadas.

Esta inmoralidad complementa el escandaloso pago de comisiones a los banqueros que disearon el arreglo con los buitres. Obtuvieron 350 millones de dlares adicionales a ese contrato, revendiendo con aumento los bonos que emitieron a un valor reducido. Los ex empleadores de Prat Gat y su equipo (Deutsche Bank, HSBC, JP Morgan y Santander) monopolizaron esa operacin.

Pero lo ocurrido con el tarifazo es ms bochornoso. Macri encareci el gas y la electricidad para favorecer al grupo de amigos que adquiri empresas y acciones de ese sector (Caputo, Mindlin, John Lewis). Sus cnicos sermones sobre el ahorro energtico encubren ese negociado.

Mientras destapan todos los pormenores de la corrupcin K, los principales medios ocultan estos fraudes de la administracin M. Utilizan una doble vara para evaluar a Cristina y a Macri, omitiendo que el enriquecimiento ilcito afecta a ambos.

Cuestionan por ejemplo al matrimonio Kirchner, su inmoral utilizacin de los hijos para encubrir manejos fraudulentos. Pero la misma prctica ha sido corriente en la familia Macri. Afirman que Nstor y Cristina aprovecharon la poltica para llenarse los bolsillos y olvidan que el presidente consolida desde el poder las fortunas, que su grupo acumul esquilmando al estado.

El doble estndar tambin se verifica en la naturalidad con que se discute si Cristina debe ir presa, sin considerar en cambio que Macri debera renunciar. En Islandia y Espaa los altos funcionarios que ocultaron sus empresas off shore dimitieron. All siguieron las pautas que el macrismo publicita como conductas propias de los pases serios.

La duplicidad se extiende a la valoracin de casos semejantes. A la vicepresidenta Michetti le perdonan el extrao manejo de un robo de 50.000 dlares facilitados por su novio. Ese individuo recibe contratos de publicidad oficial para actividades tan relevantes como la degustacin de champagne. Por una situacin semejante, la ex ministra Felisa Miceli termin procesada y condenada.

Conviene recordar que la renuncia de Boudou era exigida por todos los medios, que ahora no se inmutan frente a las incontables anomalas de los funcionarios.

El gobierno est obviamente interesado en demoler al kirchnerismo para neutralizar a un adversario y afianzar su influencia en la clase media. Pero slo el sector de Carrio promueve una purga intensa y la eventual repeticin de la operacin consumada por los golpistas brasileos contra el PT.

Los restantes componentes de la alianza oficialista son ms cautos. Temen las consecuencias de un continuado desfile de kirchneristas por Comodoro Py. Esa exhibicin pone en peligro el pacto de impunidad con justicialistas, gobernadores y renovadores que sostienen los proyectos legislativos del PRO. Macri ya maneja el gobierno y no necesita la mani pulite que utiliz Berlusconi para alcanzar ese cargo.

Cualquier investigacin seria entraa, adems, una seria amenaza para los negocios del oficialismo. Si se profundiza el entramado que rodea a Lpez o Bez se llega rpidamente a los socios de Macri. Los des-manejos de contrataciones en la obra pblica afectan directamente a Calcaterra y Caputo.

El gobierno preserva las mismas normas de contratacin que objeta al kirchnerismo. Slo impulsa una nueva legislacin para blanquear el pasado y reordenar las trampas de la confidencialidad. En muchas reas recurre al viejo truco de declarar emergencias, para suplantar las licitaciones por las contrataciones directas.

Los escndalos que entretienen a los medios se han convertido, adems, en una grave preocupacin para la patria contratista. Ese lobby sostiene al gobierno y prepara los emprendimientos que utilizar el macrismo en la publicidad electoral del 2017.

El mismo temor recorre a la Iglesia, que ha quedado muy escrachada con los bolsos de Lpez. Salta la vista cmo la jerarqua eclesistica de General Rodrguez participaba en los negocios del ex pope de la obra pblica. La imagen de monjas ocultando dlares en un convento transformado en aguantadero financiero, no es muy alentadora para el obispado.

COIMAS Y LAVADO EN EL UNIVERSO K

Cualquiera sea la utilizacin oficialista de la corrupcin imperante durante la dcada pasada, los datos de esas malversaciones son abrumadores. Lo que todos sospechaban ahora tiene corroboraciones contundentes. Mediante un sistema de coimas, la crema del funcionariado K acumul enormes fortunas.

Los indicios de esta red salieron primero a flote a travs del enriquecimiento de Jaime, que cobraba millonarios retornos desde la secretara de transporte. El caso de Boudou confirm esa pista. El vicepresidente nunca pudo explicar su intermediacin en los cambios de propiedad de la Casa de la Moneda.

Esos antecedentes podan tomarse como casos individuales hasta que Bez destap la existencia de un esquema de robo organizado, con el visto bueno de la presidencia. El personaje de Santa Cruz mut en pocos aos de simple empleado bancario a principal contratista de la obra pblica provincial. Todava no se ha estimado el monto de sus increbles propiedades y cuentas bancarias, pero ya se sabe cmo forj ese imperio.

Cobraba enormes sobreprecios por contratos para realizar obras, que en algunos casos ni siquiera empez. Reciba dinero de proveedores ficticios que le otorgaban facturas truchas. Todos el dinero sustrado del presupuesto nacional era dolarizado y transferido a cuentas de Montevideo, Panam o Suiza, a nombre de familiares y testaferros. Posteriormente con esas sumas se adquiran bonos del estado que se transformaban en propiedades o activos.

Este mecanismo de lavado ha sido publicitado como la ruta del dinero K. Hasta ahora slo se conocen algunos nombres de los involucrados en la estafa. Los ribetes cinematogrficos que rodearon al apresamiento de Lpez hacen olvidar su comando de ese sistema. Cumpla una doble funcin como otorgante de la obra pblica y recaudador de las campaas de Nstor.

Es evidente que Bez, Lpez y Faria integraban una pandilla que est desamparada. Pero falta conocer los estratos superiores de esa red. Muchas investigaciones conducen a De Vido por la financiacin de emprendimientos abortados (como el gasoducto del Norte). El ex super-ministro de la obra pblica carga con un centenar de causas y puede perder la proteccin que le aseguran sus fueros parlamentarios.

Si la pesquisa del dinero mal habido contina, tambin caera en desgracia el poderoso empresario Cristbal Lpez, que extendi su actividad de contratista al sospechoso negocio de los Bingos. Como maneja el principal de medios de comunicacin opositor (C5N) y mantiene relaciones comerciales con un gran socio-rival de Macri (Tinelli), el oficialismo oscila entre crucificarlo y cooptarlo.

El gran problema del kirchnerismo es la estrecha conexin de Cristina con todos los acusados. Puede fcilmente descartar las maniobras montadas por el juez Bonado para comprometerla en la causa de dlar futuro. Pero no le resulta sencillo explicar el manejo de sus empresas (Hotesur, Los Sacues) junto a varios personajes cados en desgracia.

Cristina afirma que mantuvo relaciones comerciales usuales con Bez, pero no es normal que una presidenta alquile sus inmuebles al principal contratista de su provincia. Tampoco se entiende como un socio tan prximo acumul semejante fortuna.

CFK niega tajantemente todas las sugerencias de participacin en las propiedades de Bez y reclama una auditora para esclarecer las dudas. Pero durante su mandato desech 10 informe lapidarios sobre los sobreprecios imperantes en los contratos de Santa Cruz y algunas investigaciones posteriores en el sector de vialidad confirmaron esas estafas.

Lo ms problemtico es el enriquecimiento de la propia familia Kirchner. Los mismos jueces federales que archivaron las denuncias por el inslito crecimiento de esos bienes, ahora reabren la indagacin, allanan propiedades, levantan el secreto fiscal y embargan las cajas de seguridad. Se estima que al cabo de 12 aos el patrimonio del grupo se increment en 800%, con numerosas propiedades adquiridas a precios muy sospechosos.

Para colmo, todos los allegados de Nstor fueron agraciados por la misma cadena de la felicidad. Su ex secretario Daniel Muoz apareci en la lista de empresarios off shore de Panam con bienes por 65 millones de dlares. El ex chofer de Kirchner -Rudy Ulloa- es un poderoso capitalista con propiedades millonarias. El ex jardinero -Hctor Barreiro- tambin detenta empresas de gran porte.

Las vacilaciones de Cristina frente a esta catarata de denuncias ilustran el laberinto en que transita. Por momento reacciona asumiendo un alto perfil poltico, que le permite diluir la investigacin de su riqueza. Pero en otras circunstancias opta por tranquilizar las aguas recortando su exposicin pblica. En cualquier caso afronta un dilema sin solucin: el debate sobre la corrupcin K ya es un tema insoslayable.

INSLITAS JUSTIFICACIONES

Los intelectuales kirchneristas intentan eludir el anlisis de las acusaciones en danza. Recurren a los tpicos lugares comunes de ese escape, convocando a la investigacin de la justicia o afirmando que no se puede condenar a nadie sin sentencia firme. Son los viejos argumentos que se han utilizado para garantizar la impunidad.

Especialmente Menen delegaba el problema en la justicia cuando estaba seguro de la complicidad de los magistrados. Si las causas dormidas se reabran recurra al complemento de esa cobertura: la crtica a las imputaciones fabricadas por simple persecucin poltica. Con esas maniobras slo los perejiles o los chivos expiatorios (como Mara Julia Alsogaray) terminaron en la crcel.

Ciertamente las causas actuales estn direccionadas para blanquear al macrismo y ensuciar al kirchnerismo, pero esta manipulacin no anula la evidente corrupcin de la dcada anterior, que los dirigentes K intentan disimular.

Afirman que no se debe ignorar los logros de ese periodo, como si las mejoras democrticas o sociales conquistadas justificaran los desfalcos. Esos avances fueron aceptados por un gobierno que mantuvo todos los vicios tradicionales del robo al estado. La corrupcin no desmiente, ni invalida lo conquistado. Simplemente transit por otro carril.

Algunos dirigentes del kirchnerismo reconocen las estafas, pero entienden que fueron casos excepcionales o propios de cualquier gobierno. Pero la escala y organizacin que de esos fraudes no es tan corriente y tampoco su invariable desemboque en la cspide presidencial. Nstor y Cristina concentran las principales sospechas.

Esta peculiaridad torna muy difcil cualquier defensa. A diferencia de otros gobiernos progresistas latinoamericanos contaminados por la corrupcin, lo ocurrido bajo el kirchnerismo no se limit a las segundas lneas, ni tuvo slo finalidades polticas. No se destaparon desvos de fondos pblicos para solventar campaas electorales o para financiar aparatos partidarios. Abundan los ejemplos de simple enriquecimiento personal.

Cristina ha sugerido la culpabilidad colectiva como justificacin. Por eso responde a cada acusacin con exigencias de investigacin equivalente del macrismo y los contratistas del estado. Su mensaje implcito es que todos roban y nadie es inocente en el manejo del sector pblico.

Este chantaje ha servido en incontables ocasiones para garantizar pactos de impunidad, pero resulta inadmisible para cualquiera que participe en la vida poltica por conviccin e idealismo. La extorsin es muy corriente entre los adinerados, pero debera ser inadmisible entre militantes populares e intelectuales progresistas.

El colmo de las justificaciones difundidas por el espectro K presenta a la corrupcin como una necesidad del desafo a los poderosos. Esta tesis proclama que los desfalcos constituyen un ingrediente insoslayable de la construccin de un poder contrapuesto al establishment. Se supone que Cristina tuvo que aceptar esa desventura como un trago amargo de su propia epopeya.

Pero en este caso no hubo tolerancia a estafas de los subordinados, sino un sistema de coimas que enriqueci a la jefatura. En lugar de un robo para la corona hubo sustraccin para el propio bolsillo.

Los justificadores desconocen, adems, que la corrupcin nunca confronta con los acaudalados. Al contrario, constituye una tpica forma de ejercer la dominacin. Salta a la vista que un funcionario estafador integra el bando de los saqueadores, cualquiera sea la camiseta que utilice para disfrazar esos fraudes.

El espectculo de corrupcin durante la dcada pasada genera desengao entre los seguidores del kirchnerismo. Parte de ese desencanto se expresa en la prdida de autoridad y capacidad de convocatoria de Cristina. Para la militancia es muy difcil digerir los millones de dlares que aparecen por todos lados.

Este impacto se refleja en el vaivn anmico de los intelectuales K, que recibieron con euforia el regreso inicial de CFK y ahora afrontan una aguda depresin. Algunos suponen que ese dolor ser transitorio, pero otros registran la dispora de legisladores, gobernadores e intendentes del comando de Cristina. Lo importante no son esos acomodamientos, ni los debates bizantinos sobre el fin del kirchnerismo, sino comprender las razones y peculiaridades de los desfalcos recientes.

VARIEDADES DE CAPITALISMO

La corrupcin es intrnseca al capitalismo y se alimenta de la estrecha relacin que mantienen las clases dominantes con la alta burocracia. Los poderosos acumulan riquezas utilizando las garantas legales del estado y recurren tambin a la violacin sistemtica de esas normas. Un sistema basado en la competencia por maximizar el lucro potencia la codicia y empuja al enriquecimiento por cualquier medio.

Esta identidad del capitalismo con la corrupcin se verifica en la entidad ms representativa del sistema: el FMI. Los tres ltimos directores de ese organismo estn acusados de incontables irregularidades. Rodrigo Rato carga con imputaciones por manejo ilegal de las tasas de inters, fraude fiscal, blanqueo de capitales y trfico de influencias. Dominique Strauss-Kahn aade a esas anomalas el acoso sexual. Christine Lagarde es sealada por el fisco francs como inspiradora de una estafa multimillonaria.

Lejos de ser una perversin del Tercer Mundo, la corrupcin es una gangrena en todas las economas desarrolladas. Las grandes empresas suelen dictar ctedra de transparencia, mediante la difusin de rankings nacionales de honorabilidad. Pero es evidente que el propsito de esas campaas es la captura de mercados en disputa.

El circo de coimas que ha salido a flote en Argentina es la variante local de una enfermedad diseminada por todo el mundo. Ese flagelo asume contornos peculiares en cada pas y momento. La corrupcin de Macri sintoniza con los fraudes del neoliberalismo y los desfalcos de Kirchner con la cleptomana que acompaa a la regulacin neo-desarrollista.

El primer caso es muy afn a la desregulacin financiera y a los negociados que incentivan los parasos fiscales. Todos los funcionarios off-shore del macrismo son activos promotores del des-financiamiento del estado. Buscan aligerar la carga impositiva de las clases dominantes, para descargar todo el peso de la tributacin sobre los trabajadores.

Macri retoma la vieja corrupcin institucionalizada, tradicional y de guante blanco del establishment argentino. La Ceocracia que ubic en todos los ministerios esquilma al estado como nunca.

El responsable oficial del rea comercial comparte, por ejemplo, con los dueos de varios supermercados el mismo apellido Braun. Discute con ellos la fijacin de precios en un clima de familia. El listado de funcionarios ubicados en los dos costados del mostrador es tan extenso, como ilustrativo de las estafas descaradas que administra el PRO.

Ciertamente el kirchnerismo tambin favoreci a grandes conglomerados y garantiz las pingues ganancias de Rocca, Eurenkian o Britto. Pero otorg retornos inusuales a muchos grupos recin llegados al saqueo de las cuentas pblicas. Mediante ese capitalismo de amigos apuntal una corrupcin berreta de bolsos y joyas, enterrados en bvedas y cuevas. Las groseras de estos ladronzuelos han sido el blanco fcil de la prensa.

Cada modelo exhibe personajes representativos de sus estafas. Lpez es el smbolo de la corrupcin K. Manejaba el dinero en efectivo para proteger su inestable fortuna de las previsibles adversidades.

En cambio Melconian es el tpico exponente de la inmoralidad macrista. Litig junto a Griesa contra el estado argentino, para cobrar los bonos que adquiri durante el quebranto del 2001. Es un buitre premiado con la presidencia del Banco Nacin, que declara un patrimonio millonario en el exterior.

Aranguren es otro exponente de la misma especie. Comanda el ministerio de energa sin desprenderse de 16 millones de pesos en acciones de Shell. Favorece descaradamente a su compaa otorgndole 7 de las 8 licitaciones de compras de gas a Chile, a un precio superior al promedio del mercado.

Ninguna accin contra la corrupcin puede librarse sin denunciar los distintos modelos de fraude que imperan en el pas. Todos son igualmente nefastos y congruentes con las adversidades que genera el capitalismo para las mayoras populares.

En este terreno no rige ningn principio de mal menor. No existen formas tolerables de corrupcin del progresismo contrapuestas a las modalidades censurables del establishment. Es tan nocivo justificar a Cristina, como demonizarla para apaar a Mauricio.

La izquierda acumula, en este campo, una autoridad moral que ninguno de sus adversarios puede exhibir. Las organizaciones de ese signo se auto-financian y sus dirigentes cobran sueldos semejantes a cualquier trabajador. Estas normas de honestidad estn incorporadas a una cultura militante, muy alejada de la codicia imperante entre los servidores del capital. La batalla contra la corrupcin exige esa ejemplaridad y un compromiso persistente de lucha contra el capitalismo.

Claudio Katz es economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA y miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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