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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2016

Frente al terrorismo

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique


Lo prepar todo con minuciosidad. Cerr su cuenta bancaria. Vendi su auto. Evit cualquier contacto con la organizacin. No acudi a ninguna reunin. No rez. Se procur el arma fatal sin que nadie pudiera sospechar el uso que hara de ella. La coloc en lugar seguro. Esper. Esper. Llegado el da D, procedi al ensayo del crimen. Transit y recorri el futuro itinerario de sangre. Midi los obstculos. Imagin los remedios. Y cuando lleg la hora, puso por fin en marcha el camin de la muerte

La inaudita bestialidad (1) del atentado de Niza, el pasado 14 de julio que viene a sumarse a otras masacres yihadistas recientes, en particular las de Orlando (49 muertos) y Estambul (43 muertos) nos obliga, una vez ms, a interrogarnos sobre esa forma de violencia poltica que llamamos terrorismo. Aunque, en este caso, habra que hablar de hiperterrorismo para significar que ya no es como antes. Un lmite impensable, inconcebible, ha sido franqueado. La agresin es de tal desmesura que no se parece a nada conocido. Hasta tal punto que no se sabe cmo llamarlo: atentado?, ataque?, acto de guerra? Como si se hubiesen borrado los confines de la violencia. Y ya no se podr volver atrs. Todos saben que los crmenes inaugurales se reproducirn. En otra parte y en circunstancias diferentes sin duda, pero se repetirn. La historia de los conflictos ensea que, cuando aparece una nueva arma, por monstruosos que sean sus efectos, siempre se vuelve a emplear... Alguien, de nuevo, en algn lugar, lanzar a toda velocidad un camin de diecinueve toneladas contra una multitud de personas inocentes

Sobre todo porque este nuevo terrorismo tiene, entre sus objetivos, el de impactar las mentes, sobrecoger el entendimiento. Es un terrorismo brutal y global. Global en su organizacin, pero tambin en su alcance y sus objetivos.

Y que no reivindica nada muy preciso. Ni la independencia de un territorio, ni concesiones polticas concretas, ni la instauracin de un tipo particular de rgimen. Esta nueva forma de terror total se manifiesta como una suerte de castigo o de represalia contra un comportamiento general, sin mayor precisin, de los pases occidentales.

El trmino terrorismo tambin es impreciso. Desde hace dos siglos, ha sido utilizado para designar, indistintamente, a todos aquellos que recurren, con razn o sin ella, a la violencia para intentar cambiar el orden poltico. La experiencia histrica muestra que, en ciertos casos, esa violencia result necesaria. Sic semper tirannis, gritaba Bruto al apualar a Julio Csar, que haba derribado la Repblica. Todas las acciones son legtimas para luchar contra los tiranos, afirmaba igualmente, en 1792, el revolucionario francs Gracchus Babeuf.

Sobre ese irreductible fenmeno poltico, que suscita a la vez espanto y clera, incomprensin y repelencia, emocin y fascinacin, se han escrito miles de textos. Y hasta, por lo menos, dos obras maestras: la novela Los Endemoniados (1872), de Fidor Dostoyevski, y la obra de teatro Los Justos (1949), de Albert Camus. Aunque, cuando el islamismo yihadista est globalizando el terror a niveles jams vistos hasta ahora, el proyecto de matar por una idea o por una causa aparece cada vez ms aberrante. Y se impone ese rechazo definitivo que Juan Goytisolo expres magistralmente en su frase: Matar a un inocente no es defender una causa, es matar a un inocente.

Sin embargo, sabemos que muchos de los que, en un momento, defendieron el terrorismo como recurso legtimo de los afligidos, fueron luego hombres o mujeres de Estado respetados. Por ejemplo, los dirigentes surgidos de la Resistencia francesa (De Gaulle, Chaban-Delmas) que las autoridades alemanas de ocupacin calificaban de terroristas; Menahem Begin, antiguo jefe del Irgn, convertido en primer ministro de Israel; Abdelaziz Buteflika, ex responsable del FLN argelino, devenido presidente de Argelia; Nelson Mandela, antiguo jefe del African National Congress (ANC), presidente de Sudfrica y premio Nobel de la Paz; Dilma Rousseff, presidenta de Brasil; Salvador Snchez Cern, actual presidente de El Salvador, etc.

Como principio de accin y mtodo de lucha, el terrorismo ha sido reivindicado, segn las circunstancias, por casi todas las familias polticas. El primer terico que propuso, en 1848, una doctrina del terrorismo no fue un islamista alienado, sino el republicano alemn Karl Heinzen en su ensayo Der Mord (El Homicidio), en el cual declara que todos los procedimientos son buenos, incluso el atentado-suicida, para apresurar el advenimiento de... la democracia. Como antimonrquico radical, Heinzen escribe: Si debis hacer saltar la mitad de un continente y propiciar un bao de sangre para destruir el partido de los brbaros, no tengis ningn escrpulo. Aquel que no sacrifica gozosamente su vida para tener la satisfaccin de exterminar a un milln de brbaros no es un verdadero republicano (2).

La actual ofensiva mundial del yihadismo y la propaganda antiterrorista que la acompaa pueden hacer creer que el terrorismo es una exclusividad islamista. Lo cual es obviamente errneo. Hasta hace muy poco, otros terroristas estaban en accin en muchas partes del mundo no musulmn: los del IRA y los legitimistas en Irlanda del Norte; los de ETA en Espaa; los de las FARC y los paramilitares en Colombia; los Tigres tamiles en Sri Lanka; los del Frente Moro en Filipinas, etc.

Lo que s es cierto es que la hiperbrutalidad alucinante del actual terrorismo islamista (tanto el de Al Qaeda como el de la Organizacin del Estado Islmico, OEI) parece haber conducido a casi todas las dems organizaciones armadas del mundo (excepto al PKK kurdo) a firmar apresuradamente un alto el fuego y un abandono de las armas. Como si, ante la intensidad de la conmocin popular, no desearan verse para nada comparadas con las atrocidades yihadistas.

Tambin cabe recordar que, hasta hace muy poco, una potencia democrtica como Estados Unidos no consideraba que apoyar a ciertos grupos terroristas fuese forzosamente inmoral... Por medio de la Central Intelligence Agency (CIA), Washington preconizaba atentados en lugares pblicos, secuestros de oponentes, desvos de aviones, sabotajes, asesinatos...

Contra Cuba, Washington lo hizo durante ms de cincuenta aos. Recordemos, por ejemplo, este testimonio de Philip Agee, ex agente de la CIA: Me estaba entrenando en una base secreta, en Virginia, en marzo de 1960, cuando Eisenhower aprob el proyecto que llevara a la invasin de Cuba por Playa Girn. Estbamos aprendiendo los trucos del oficio de espa incluyendo la intervencin de telfonos, micrfonos ocultos, artes marciales, manejo de armas, explosivos, sabotajes... Ese mismo mes, la CIA, en su esfuerzo por privar a Cuba de armas antes de la inminente invasin de exiliados, hizo volar un buque francs, Le Coubre, cuando estaba descargando un cargamento de armas de Blgica en un muelle de La Habana. Ms de 100 personas murieron en aquella explosin... En abril del ao siguiente, otra operacin de sabotaje de la CIA con bombas incendiarias destruy los almacenes El Encanto, principal tienda por departamentos de la capital, provocando decenas de vctimas... En 1976, la CIA planific, con la ayuda del agente Luis Posada Carriles, otro atentado, en esta ocasin contra un avin de Cubana de Aviacin en el que murieron las 73 personas de a bordo... Desde 1959, el terrorismo de EEUU contra Cuba ha costado unas 3.500 vidas y ha dejado a ms de 2.000 personas lisiadas. Los que no conocen esta historia pueden encontrarla en la clsica cronologa de Jane Franklin, The Cuban Revolution and the United States (3) (4).

En Nicaragua, en los aos 1980, Washington actu con igual brutalidad contra los sandinistas. Y en Afganistn contra los soviticos. All, en Afganistn, con el apoyo de dos Estados muy poco democrticos Arabia Saud y Pakistn, Washington alent, tambin en la dcada de 1980, la creacin de brigadas islamistas reclutadas en el mundo arabomusulmn y compuestas por los que los medios de comunicacin dominantes llamaban entonces los freedom fighters, combatientes de la libertad... Sabemos que fue en esas circunstancias cuando la CIA capt y form a un tal Osama Ben Laden, quien fundara posteriormente Al Qaeda

Los desastrosos errores y los crmenes cometidos por las potencias que invadieron Irak en 2003 (5) constituyen las principales causas del terrorismo yihadista actual. A ello se han aadido los disparates de las intervenciones en Libia (2011) y en Siria (2014). Algunas capitales occidentales siguen pensando que la potencia militar masiva es suficiente para acabar con el terrorismo. Pero, en la historia militar, abundan los ejemplos de grandes potencias incapaces de derrotar a adversarios ms dbiles. Basta con recordar los fracasos estadounidenses en Vietnam en 1975, o en Somalia en 1994. En efecto, en un combate asimtrico, aqul que puede ms, no necesariamente gana: Durante cerca de treinta aos, el poder britnico se mostr incapaz de derrotar a un ejrcito tan minsculo como el IRA recuerda el historiador Eric Hobsbawm, ciertamente el IRA no tuvo la ventaja, pero tampoco fue vencido (6).

Como la mayora de las Fuerzas Armadas, las de las grandes potencias occidentales han sido formadas para combatir a otros Estados y no para enfrentarse a un enemigo invisible e imprevisible. Pero en el siglo XXI, las guerras entre Estados estn en trance de volverse anacrnicas. La aplastante victoria de Estados Unidos en Irak, a principios de los aos 2000, no es una buena referencia. El ejemplo puede incluso revelarse engaoso. Nuestra ofensiva fue victoriosa explica el ex general estadounidense de los Marines , Anthony Zinni, porque tuvimos la oportunidad de encontrar al nico malvado en el mundo lo suficientemente estpido como para aceptar enfrentarse a Estados Unidos en un combate simtrico (7). Los conflictos de nuevo tipo, cuando el fuerte se enfrenta al dbil o al loco, son ms fciles de comenzar que de terminar. Y el empleo masivo de medios militares pesados no permite necesariamente alcanzar los objetivos buscados.

La lucha contra el terrorismo tambin autoriza, en materia de gobernacin y de poltica interior, todas las medidas autoritarias y todos los excesos, incluso una versin moderna del autoritarismo democrtico que tomara como blanco, ms all de las organizaciones terroristas en s mismas, a todos los que se opongan a las polticas globalizadoras y neoliberales. Por eso, hoy, es de temer que la caza de los terroristas provoque como lo estamos viendo en Turqua despus del extrao golpe de Estado fallido del pasado 16 de julio peligrosos resbalones y atentados a las principales libertades y derechos humanos. La historia nos ensea que, bajo pretexto de luchar contra el terrorismo, muchos Gobiernos, incluso democrticos, no dudan en reducir el permetro de la democracia (8). Ojo a lo que viene. Podramos haber entrado en un nuevo periodo de la historia contempornea, donde volvera a ser posible aportar soluciones autoritarias a problemas polticos


Notas

(1) Ochenta y cuatro muertos, de ellos una decena de nios, y ms de doscientos heridos, de los cuales unos veinte entre la vida y la muerte...

(2) Citado por Jean-Claude Buisson en: Emmanuel de Waresquiel (bajo la dir. de), Le Sicle rebelle. Dictionnaire de la contestation au XXe ( El Siglo Rebelde. Diccionario de la contestacin en el siglo XX ), Larousse, Pars, 1999.

(3) Ocean Press, Minneapolis, 1997.

(4) Philip Agee, El terrorismo y la sociedad civil como instrumentos de la poltica de EEUU hacia Cuba, Rebelin , 26 de julio de 2003. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=18132

(5) Vase, por ejemplo, el Informe Chilcot, que establece un balance de la intervencin britnica en Irak en 2003. Cf . Le Monde , Pars, 6 de julio de 2016.

(6) La Repubblica , Roma, 18 de septiembre de 2001.

(7) El Mundo , Madrid, 29 de septiembre de 2001.

(8) Vase Ignacio Ramonet, El Imperio de la vigilancia , Clave intelectual, Madrid, 2016.


Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=4f36fc39-008d-4b71-8f3c-503820250464



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