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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2016

Narco y feminicidios: el control en espacios abiertos

Ral Zibechi
La Jornada


Las sociedades disciplinarias funcionan organizando grandes espacios de encierro por los cuales pasan todas las personas: desde la familia y la escuela hasta el cuartel y la fbrica, en ocasiones la crcel y el hospital. Segn Michel Foucault, quien estudi a fondo las tcnicas disciplinarias, estos espacios comenzaron su andadura en el siglo de la revolucin francesa, hasta volverse corrientes en el siglo siguiente, en plena expansin del capitalismo. La masacre era la forma con que el sistema intentaba aplacar a quienes no encajaban en la disciplina, como la mayor parte de los pueblos indgenas y negros, entre otros.

Las ms diversas resistencias, desde los obreros, las mujeres y los jvenes, hasta los pueblos oprimidos y los enfermos consiguieron neutralizar y desbordar los centros de encierro donde funcionaba la disciplina. La crisis de la familia nuclear, as como la de la fbrica fordista, llevaron al sistema a reconfigurar las formas de dominacin. Cuando el encierro ya no funciona, comienza a ser sustituido por las llamadas sociedades de control, como las ha denominado Gilles Deleuze.

Segn el filsofo, en su breve y excelente texto Post-scriptum sobre las sociedades de control, el control al aire libre apela a tecnologas no fijas, que funcionan como un tamiz que vara en cada punto. El marketing, el consumismo, el endeudamiento, los sicofrmacos y las mquinas informticas, en vez de las mquinas simples, son algunas de las tcnicas del control a cielo abierto, que poco a poco van componiendo un nuevo rgimen de dominacin. Hasta aqu, ninguna novedad.

Sin embargo, estas tcnicas funcionan en el norte del mundo. O mejor, en las zonas del ser, donde la humanidad de las personas es reconocida y la mayor parte de la gente es controlable mediante las deudas, la televisin y el consumismo. Pero, qu sucede en la zona del no-ser, donde esas tcnicas no pueden obtener los mismos resultados? En estas zonas las relaciones sociales son bien diferentes, heterogneas, respecto de las hegemnicas. No slo son demasiado pobres para endeudarse, como destacaba Deleuze. Son diferentes.

La primera diferencia es la hegemona de los valores de uso frente al predominio de los valores de cambio en la zona del ser. El capitalismo ha moldeado slo parcialmente la vida cotidiana y las relaciones entre las familias, por lo que la ayuda mutua, la cooperacin, el intercambio de bienes no mercantilizados y la solidaridad juegan un papel central. Incluso el dinero funciona como valor de uso, como ensean los bancos populares que existen entre los de abajo.

La segunda es la potencia que tienen las relaciones comunitarias y de reproduccin de la vida frente al individualismo y la produccin que caracterizan la zona del ser. No slo existen comunidades formales, sino relaciones sociales ancladas en los trabajos colectivos, tequio o minga, que producen bienes para el autoconsumo y el intercambio, sino que buena parte de esos trabajos estn focalizados en la reproduccin. Quiz podemos decir que en la zona del no-ser las diferencias y el antagonismo entre produccin y reproduccin son pequeas.

La tercera diferencia se relaciona con la existencia de mltiples formas de trabajo: salario, reciprocidad, esclavitud, servidumbre y emprendimiento mercantil familiar. Esa diversidad se hace an ms compleja porque buena parte de los asalariados conviven con dos y hasta tres relaciones de trabajo distintas. De modo que no puede decirse que haya una forma central, sino un conjunto de relaciones laborales complementarias, aunque todas estn sometidas al rgimen capitalista.

El abajo organizado es un mundo de afectos y de confianzas fuertes, que estrecha las posibilidades de control por medio de las deudas, por ejemplo, o del marketing, donde las solidaridades neutralizan los mecanismos de control. Entonces, cmo se controla a cielo abierto a esta parte de la humanidad?

El rgimen de control en la zona del no-ser tiene en el narco y en el feminicidio sus ejes centrales. Donde los jvenes no son domesticables y las mujeres no obedecen ni al esposo ni al cura; donde ellas crearon formas de vida y reproduccin de la vida en sus mercados autocontrolados y los jvenes practican culturas diferentes, no integrables en los circuitos dominados por los monopolios del entretenimiento. El narco impide que los chicos desplieguen sus formas de vida y el feminicidio acta contra las mujeres rebeldes. En ambos casos apuntan a revertir la crisis del patriarcado y el desborde de los espacios de encierro.

El narco tiene un carcter sistmico. El feminicidio tambin. Quien piense que son desviaciones o extravos de pervertidos se pierde en el laberinto de los modos de dominacin y queda sin posibilidades de reaccionar. Este carcter sistmico puede apreciarse en la no reaccin de los estados-nacin a la masacre que estn provocando, porque les apuntalan la dominacin en tiempos de crisis sistmica o, en lenguaje zapatista, cuando la tormenta empieza a desplegarse contra los de abajo.

El problema es que esta realidad (el papel del narco y del feminicidio) no se puede percibir desde la academia o desde las instituciones estatales. Hay que estar all, en la favela o en la comunidad, para comprender hasta qu punto las autoridades son cmplices y, de modo muy particular, los aparatos armados del Estado. En muchos barrios los narcos se instalaron protegidos por policas o militares. Unos y otros trabajan en la misma direccin: neutralizar a los de abajo. La nica forma de hacerlo, en este periodo, es mediante el exterminio masivo. Eso es la tormenta.

Se dice que las diferentes formas de opresin conllevan otras tantas formas de resistencia, y que stas pueden desplegarse con mayor vigor en la medida en que las opresiones sean iluminadas. Por eso es importante discernir el papel que el narco y el feminicidio estn jugando, como ncleo de las nuevas contrainsurgencias.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/08/05/opinion/018a1pol



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