Portada :: Europa :: Grecia, laboratorio neoliberal
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2016

Criminalizando la solidaridad
La guerra del Estado griego contra los movimientos de base

Theodoros Karyotis
Diagonal

El desalojo de tres centros ocupados para acoger a refugiados en Tesalnica marca otro episodio en la guerra del Gobierno griego contra los esfuerzos de solidaridad de base


A primera hora de la maana del 27 de julio, familias de refugiados, personas de apoyo que estaban durmiendo en las tres casas ocupadas de alojamiento para refugiadas en TesalnicaNikis, Orfanotrofeio y Hurriya fueron despertados por la polica antidisturbios. En una operacin policial bien orquestada, cientos de personas fueron arrestadas. La mayora de los ocupantes con estatus de refugiados fueron liberados, mientras algunos fueron transportados a centros de recepcin controlados por los militares. El resto de ocupantes, 74 personas de ms de una docena de nacionalidades diferentes, quedaron bajo custodia policial.

Inmediatamente despus del desalojo de Orfanotrofeio, los bulldozers fueron y demolieron el edificio, un orfanato abandonado donado hace cinco aos a la emprendedora Iglesia Ortodoxa Griega por el anterior Gobierno. Bajo la ruina, han quedado enterradas toneladas de ropa, productos alimenticios y medicinas recolectadas por las estructuras de solidaridad de base para ser distribuidas a las familias de refugiados que lo necesitaran. Horas ms tarde, la No Border Kitchen, una estructura autnoma que se dedicaba a alimentar a los refugiados en la isla de Lesbos, fue tambin desalojada por la polica a la fuerza.

A la siguiente tarde, Polica fuertemente armada traslad esposados a los 74 ocupantes de los tres alojamientos ocupados a la corte de Salnica. Cientos de personas les recibieron con gritos de nimo a pesar del debilitador calor del verano griego. Los nueve ocupantes del centro Nikis fueron condenados a cuatro meses de suspensin por ocupacin de un edificio pblico. Los juicios de los 65 ocupantes de Orfanotrofeio y Hurriya se pospusieron por la falta de intrpretes; todos fueron provisionalmente liberados. Los cargos incluyen alteracin del orden pblico y daos a la propiedad esta ltima acusacin fabricada por los avariciosos propietarios que demandan enormes compensaciones por sus casas largo tiempo abandonadas y sin usar.

La respuesta de los movimientos al ataque fue rpida e incluy la ocupacin simblica de la sede de Syriza en Tesalnica y en otras ciudades, marchas y protestas por todo el pas, la ocupacin de la escuela de Teatro de la universidad local para ser transformada en un centro de lucha, y el rescate hasta un lugar seguro de los refugiados la mayora en situacin vulnerable que fueron transferidos de los refugios ocupados a los campos del Ejrcito. A eso le tenemos que sumar la movilizacin de un gran grupo legal voluntario cuyo objetivo es organizar la defensa de docenas de activistas separados en tres juicios distintos.

Sin embargo, la respuesta fue asimtrica, ya que la operacin policial del mircoles 27 liquid en slo un da una gran parte de la infraestructura construida pacientemente a lo largo del pasado ao por los movimientos de base en solidaridad con los refugiados. La redada y desalojo de las tres ocupaciones marca, as, otro episodio en la guerra no declarada del Gobierno griego contra los esfuerzos de la solidaridad de base.

Humanidad a pesar de todo

Desde el verano de 2015, cuando Grecia se convirti en el principal camino a Europa para las personas que huan de la guerra, de la represin y de la pobreza en Asia y frica, los que cruzaban el pas se encontraban con el pueblo griego, que ha padecido cinco aos de tratamiento de shock a base de austeridad y que han visto sus vidas degradadas y sus derechos sociales, polticos y laborales desaparecer en un muy corto periodo de tiempo.

A pesar de la dureza, el calvario de las refugiadas, en general, no se encontr con reflejos xenfobos sino con autntica empata y solidaridad por parte de la poblacin. Las voces de la extrema derecha que tan slo unos pocos aos antes haban estado organizando matanzas contra los migrantes con la colaboracin de las fuerzas armadas fueron marginalizadas y la sociedad griega demostr, en general, una efusin de solidaridad hacia los migrantes.

La vieja mxima xenfoba si te gustan tanto los refugiados, mtelos en tu casa fue, de hecho, puesta en prctica: miles de hogares griegos se abrieron para acoger refugiados, especialmente a los ms vulnerables los enfermos, las mujeres embarazadas y familias con nios pequeos , a veces como parada intermedia para recuperar fuerza antes de reagruparse con su familia en el norte de Europa, pero a menudo como un acuerdo ms a largo plazo. Millones de raciones de comida casera fueron llevadas por parte de gente corriente al campo de Idomeni, donde un gran nmero de refugiados vivan en condiciones deplorables en tiendas y casas improvisadas, esperando una oportunidad para cruzar la frontera hacia el norte y continuar su camino hacia el norte Europeo.

Solidaridad en movimiento

La clida respuesta por parte de la sociedad griega signific una victoria moral para los movimientos sociales griegos, que a lo largo de aos de crisis no slo han estado resistiendo el asalto a las clases populares y creando alternativas de base, sino que tambin han estado combatiendo el racismo, la xenofobia y el fascismo a todos los niveles: en los barrios, en las calles y en el discurso pblico.

Desde el mismo principio, los recursos e infraestructura de los movimientos sociales, aunque limitados, fueron movilizados para proporcionar apoyo y alivio al mximo nmero de los cerca de un milln de refugiados que han cruzado el pas. La red de las clnicas solidarias estructuras de voluntarios de base que fueron creadas hace algunos aos para ofrecer asistencia sanitaria primaria a los trabajadores griegos y migrantes sin cobertura sanitaria tom parte activa en el cuidado de los refugiados y en la denuncia de los riesgos sanitarios en el trato gubernamental hacia ellos. Los centros sociales notablemente Micrpolis y el Steki Metanaston en Tesalnica, Nosotros y Votanikos Kipos en Atenas, y una multitud de otros crearon puntos de contacto para refugiados y pusieron sus infraestructuras existentes, como cocinas colectivas, tiendas de comida y guarderas, a su servicio.

Organizaciones locales e internacionales montaron estructuras de asistencia autnomas en paralelo a aquellas estatales y de las ONGs en Idomeni y en otras reas donde los refugiados se concentraban en nmeros elevados. La fbrica ocupada autogestionada de Vio.Me en Tesalnica dispuso un almacn para la recoleccin, el almacenaje y el transporte de artculos bsicos como ropa, artculos sanitarios y comida para bebs que fue recogida por colectivos solidarios de toda Grecia y Europa, previo a ser enviados a la frontera de Idomeni para ser entregados a los refugiados.

Lo ms importante, colectivos militantes y grupos de refugiados ocuparon una multitud de edificios vacos a lo largo de toda Grecia, para usarse como alojamientos para refugiados autogestionados algunos notables como Notara y City Plaza en Atenas, as como Orfanotrofeio y Hurriya en Salnica. Otros centros de larga existencia abrieron sus puertas a familias refugiadas, incluyendo Nikis, desalojada por la polica el pasado mircoles.

Vendedores de ayuda

Evidentemente, la capacidad de estas estructuras autogestionadas y autofinanciadas para producir un impacto cuantitativo sobre la difcil situacin de los casi 57.000 refugiados actualmente atascados en Grecia es limitada. An as, marcan una diferencia cualitativa con los esfuerzos de las ONG, entre las que domina el asistencialismo.

Sin duda, el Estado griego, a pesar de todo, ha movilizado recursos para encargarse de la impensable catstrofe humanitaria rescatando a aquellos que intentaron cruzar en bote desde Turqua hacia las islas del mar Egeo. Esto seal una mejora en comparacin a los aos anteriores, en los que la Guardia costera griega practicaba a menudo las devoluciones en caliente. En agosto de 2015 fue incluso acusada de intentar hundir activamente barcos llenos de refugiados.

An as, para el Estado griego la terrible situacin de los refugiados es primeramente una cuestin de orden pblico y, por consiguiente, un campo para la intervencin de las fuerzas armadas. El cuidado de los refugiados y de sus necesidades bsicas se deja en manos de cientos de ONG activas en el rea muchas de ellas bien establecidas, otras fundadas de un da para otro que se aprovechan del flujo de fondos locales y europeos hacia proyectos de asistencia. A pesar del respeto que merecen los esfuerzos desinteresados y extenuantes de los trabajadores de estas organizaciones, que tienen que lidiar con situaciones arduas, a menudo en unas condiciones de trabajo precario y salarios bajos, el monopolio de la ayuda por parte de las ONG significa la privatizacin de la solidaridad; su sumisin a objetivos cuantitativos, leyes de eficiencia y ajuste de presupuesto, de alguna manera significa la creacin de nuevos mercados lucrativos a partir de la miseria humana.

Caridad frente a solidaridad

Lo que puede destacarse de los esfuerzos de los movimientos de base en relacin a las acciones del Estado y de las ONG es que estn motivadas por diferentes imperativos polticos. Contrariamente al flujo de ayuda de las organizaciones ampliamente centralizadas hacia los desempoderados refugiados, la solidaridad de verdad fluye horizontalmente entre iguales. Los que practican la solidaridad se reconocen a s mismos en el otro y estn motivados por la empata, no por la lstima.

En los alojamientos ocupados, gestionados como comunes a travs de mtodos participativos, los locales y los refugiados cocinan juntos y comen en la misma mesa; toman decisiones juntos en el crculo de una asamblea horizontal; reconocen la cultura de cada uno y las costumbres y superan las preconcepciones y los estereotipos. Contra la forzada segregacin, las iniciativas solidarias crean un lenguaje comn y un espacio comn de acciones para locales y refugiados.

Adems, donde la poltica estatal quiere a los refugiados escondidos bajo la alfombra lejos de las ciudades, hacinados en campos a cargo de los militares en condiciones inhumanas la solidaridad de base los sita en el centro de la vida social, donde pueden ser aceptados e incluidos en la sociedad. Donde las polticas europeas los clasifican y deportan selectivamente segn su origen, la solidaridad de base pone en cuestin la distincin entre migrante y refugiado, ya que en trminos humanitarios no es importante si los desplazados estn escapando de la guerra, de la pobreza o de regmenes represivos.

Leer ms: No todo en Grecia es Syriza

Y lo ms importante, donde el Estado y las ONG tratan la crisis de refugiadas como si fuera un desastre natural inevitable, la solidaridad de base denuncia las causas de raz: las guerras imperialistas en Oriente medio, el despojo neocolonial de los granjeros locales por parte de las multinacionales en frica y Asia, las polticas inhumanas de inmigracin de la Europa Fortaleza y, especialmente, la insistencia en el cierre de fronteras, que fuerza a las poblaciones que huyen hacia las rutas martimas lo que tiene como consecuencia una cantidad inmensa de vidas perdidas y hacia las manos del lucrativo mercado de los traficantes de personas.

La criminalizacin de la solidaridad

Sin lugar a dudas, la actividad de los movimientos solidarios de base entra en una trayectoria que colisiona con el proyecto de integracin europea, que contempla una estricta divisin internacional del trabajo, poblaciones nacionales en una competicin perpetua en una carrera colectiva hasta el final y unas fronteras permeables slo a los capitales y a los bienes excluyendo los cuerpos humanos de los migrantes, concebidos slo como una ejrcito de reserva de trabajadores sin derechos en los lmites de la economa formal.

En Grecia, el punto focal de la crisis de refugiados, esa colisin tom la forma de una maliciosa campaa de miedo por parte de los medios de masas contra los esfuerzos de la solidaridad de base, que fueron culpados por todo lo que poda ir mal en los sitios donde miles de personas se hacinaban en condiciones inhumanas como consecuencia directa de las leyes europeas sobre inmigracin. En ese tiempo, esos ataques fueron usados como justificacin para la exclusin de los movimientos sociales en Idomeni, y posteriormente el desmantelamiento del campo, de los campamentos de refugiados provisionales preparados por el estado en antiguas reas industriales en la periferia de las ciudades griegas. Zonas especialmente controladas fueron creadas donde slo se dejaba pasar los trabajadores asistenciales acreditados y los esfuerzos por interactuar y colaborar con refugiados se encontraban a menudo con represin.

El alarmismo y la represin culminaron durante el No Border Camp en Tesalnica, que tuvo lugar entre el 15 y el 24 de julio, cuando miles de activistas de todo el continente (entre ellos la caravana a Grecia desde el Estado Espaol) se encontraron para protestar junto con los refugiados por las condiciones de negligencia y confinamiento en los campos de refugiados y la impermeabilidad de las fronteras nacionales que han conducido al actual estado de la cuestin. Los reporteros de los principales medios de comunicacin documentaron y criticaron cada detalle del No Border Camp, que se celebr ocupando el recinto universitario tras el rechazo de ltima hora de las autoridades universitarias a dar el permiso a los organizadores. Una cuidadosa y calculada campaa de miedo durante el campamento fue usada para preparar el terreno para la operacin represiva del 27 de julio, con el desalojo de los tres edificios ocupados para alojamiento de refugiadas.

Represin y los valores de la izquierda

Cierto que en el surrealista clima poltico en la Grecia del ltimo ao, el partido del Gobierno Syriza ha condenado las redadas como un intento de criminalizacin de los esfuerzos solidarios que va en contra de los principios y valores de la izquierda, mientras funcionarios del Gobierno culparon de la operacin policial a la iniciativa del fiscal del estado.

Un observador externo podra inclinarse a pensar que el Gobierno simplemente es incapaz de controlar sus propias fuerzas policiales despus de todo, esta excusa es ofrecida rutinariamente por las fuentes pro-gubernamentales, como por ejemplo cuando la polica antidisturbios reprimi violentamente una protesta pacfica por la fbrica autogestionada Vio.Me a principios de julio. De todos modos, si inspeccionamos de cerca, parece obviamente absurdo que una operacin policial de tal complejidad, coordinacin y tan enfocada al objetivo, pudiera llevarse a cabo sin tener la luz verde de los responsables polticos de la polica.

De hecho, una entrevista con el mencionado responsable, el Viceministro de izquierda de Proteccin Civil, en una radio pro-gobierno en el da del desalojo nos ilumina al respecto. Este texto informativo revela no slo hasta qu punto los desalojos del mircoles 27 son congruentes con las polticas del Gobierno, sino tambin el concepto del Ejecutivo sobre el cambio social y las polticas progresistas. Tras dejar claro que la operacin tena su bendicin, el ministro caracteriza los alojamientos ocupados como ocupaciones injustificadas que constituyen una caricatura de smbolos que crean una ilusin de libertad. Declara que el Gobierno no mostrar una tolerancia general hacia esas iniciativas, que, aunque bien intencionadas, no estn alineadas con los intereses del Estado.

En una muy retorcida lnea argumentativa, en la que en tan slo pocos pargrafos invoca los valores de la izquierda, las luchas de la clase trabajadora, la proteccin de los derechos democrticos y las necesidades de la sociedad para justificar el ataque a los movimientos solidarios, declara: La izquierda no va de autonoma. Es sobre la defensa de los derechos laborales, de la sociedad de los derechos democrticos... No necesitamos las acciones autnomas de un grupo de cros; queremos un movimiento popular de masas, deberamos dirigir a la juventud hacia los partidos de izquierda. Concluye acusando a las estructuras solidarias de ser esfuerzos parciales que ofrecen ayuda a un reducido nmero de refugiados, en contraste a los esfuerzos organizados del Estado.

Para decirlo sin rodeos, la sociedad no es ni debera ser sujeto de su propia liberacin; es ms bien el objeto pasivo de preocupacin y el campo de intervencin de un gobierno benevolente. Las luchas sociales que no estn mediadas por el Estado y por los partidos de la izquierda son o bien infantiles o bien una amenaza a la paz social probablemente ambas. Sin embargo, esta concepcin totalitaria de la sociedad, el espacio pblico y de la accin colectiva no es nueva para los de izquierdas; slo que en su encarnacin ms reciente no est combinada con un bienestar social garantizado por el Estado, sino con el despojo neoliberal y el estado de excepcin permanente. Una combinacin verdaderamente explosiva.

El simulacro de la izquierda

Justo cuando el ministro acababa de alardear sobre la capacidad del Estado para prestar ayuda en comparacin a las iniciativas social, un informe realizado por la organizacin pblica Centro Heleno para el Control y Prevencin de Enfermedades (KEELPNO) se hizo pblico. Basndose en una serie de inspecciones sanitarias en diecisis centros de recepcin de migrantes y refugiados de Grecia, concluye que miles de personas estn hacinadas en centros en condiciones sanitarias deficientes, con alojamientos precarios, con provisin de agua y sistemas de saneamiento inadecuados. El informe aconseja la inmediata clausura de todos los campos y la integracin de los refugiados en la sociedad. Precisamente lo que los movimientos de solidaridad de base, ahora oficialmente perseguidos por no estar alineados con los intereses del Estado, han estado demandando desde el inicio de la crisis de refugiados.

Adems, el 28 de julio, justo mientras los detenidos en las tres operaciones de desalojo eran provisionalmente liberados pendientes de juicio, una joven siria mora de un fallo cardaco tras un ataque epilptico en el campo de Softex, cerca de Diavata, en las afueras de Salnica una muerte que poda haber sido fcilmente evitada, si hubiese habido atencin mdica permanente en el campo o la hubieran trasladado al hospital a tiempo. La muerte desat una intensa protesta en el campo con los refugiados demandando unas condiciones de vida humanas.

A pesar de su retrica, las acciones del Gobierno son otra instancia en la que la izquierda es exhortada a acabar lo que la derecha ha sido incapaz de llevar a cabo durante aos. Del mismo modo que el tercer paquete de austeridad para Grecia hubiese sido imposible sin un Gobierno que tuviera los intereses sociales en el corazn lloraba el Primer Ministro Tsipras mientras firmaba el nuevo memorndum una operacin represiva tan compleja y calculada como la llevada a cabo en Tesalnica hubiese sido imposible sin un Viceministro de Proteccin Civil preocupado sobre las necesidades de la sociedad y las luchas de la clase trabajadora. En una taimada inversin de la visin de la emancipacin social de la izquierda, las luchas de los trabajadores son usadas para justificar la propiedad privada por encima de la necesidad social; los derechos democrticos, para justificar una represin injustificada de los que se alzan en solidaridad con los refugiados; y las necesidades de la sociedad se usan para justificar una campaa de desposesin a las clases populares.

Es evidente ahora en Grecia que la izquierda neoliberal y la derecha neoliberal son dos variaciones del mismo proyecto un proyecto que requiere una poblacin disciplinada, atomizada y obediente, preocupada en maximizar el mximo beneficio individual y que haya renunciado a cualquier tipo de accin colectiva para cambiar la sociedad. Los eventos trgicos de 2015 cuando la voluntad del pueblo para acabar con la austeridad fue ignorada y una oposicin antiausteridad ms fue transformada en un garante de los ajustes neoliberales pueden bien haber empujado en esta direccin, mediante la desmovilizacin de los movimientos sociales y la generacin de una resignacin generalizada.

La solidaridad en Grecia est ahora criminalizada, declarada contra los intereses del Estado. An as, hay una parte de la poblacin que conserva su determinacin por seguir intentando llenar de contenido la palabra solidaridad, de arrancarla de las manos de las instituciones represivas, proyectos electoralistas y lucrativas organizaciones sin nimo de lucro, y transformarla en la base de la aspiracin colectiva a una vida mejor, construida desde abajo a arriba en trminos igualitarios y participativos.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/31129-criminalizando-la-solidaridad-la-guerra-del-estado-griego-contra-movimientos-base.html

Artculo publicado originalmente en Roarmag



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter