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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2016

Los balbuceos y disparates del antroplogo Jaime Arocha
Doblemente infame

Renn Vega Cantor
Rebelin


El error del intelectual consiste en creer que se puede saber sin comprender y, especialmente, sin sentir y ser apasionado (no solo del saber en s, sino del objeto del saber), esto es, que el intelectual pueda ser tal (y no un puro pedante) si se halla separado del pueblo-nacin. Antonio Gramsci  

A raz de la condecoracin que recibi el profesor (hoy preso poltico) Miguel ngel Beltrn por parte de la decanatura de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, al conmemorarse sus cincuenta aos, un grupo de acadmicos escribi una vergonzosa carta, en la que se opona a dicho reconocimiento. A raz de las crticas y rplicas que suscit la actitud mezquina de esos acadmicos por parte de otros profesores, Jaime Arocha seal las razones que lo llevaron a firmar esa carta, en un artculo publicado en El Espectador [1]. Es indispensable analizar esa columna de prensa, no porque su autor diga algo importante sino por los disparates que se exponen, y porque los mismos son un fiel reflejo de la postracin de cierto tipo de academia, cada vez ms conservadora y derechizada.

 

Los efectos de la pereza intelectual

Arocha comienza con un comentario sobre el evento en que se present el libro de Miguel ngel Beltrn, Las FARC-EP (1950-2015): Luchas de ira y esperanza, que se efectu en el Departamento de Sociologa de la Universidad Nacional el 10 de diciembre de 2015. Sin ahondar en el libro, se limita a tomar de la pgina web de la editorial que lo imprimi una parte del comentario de la abogada Sandra Gamboa, quien fue una de las presentadoras de ese libro en la fecha mencionada. Cuestiona la afirmacin, que atribuye a Sandra Gamboa, de considerar que uno de los aportes fundamentales del volumen consiste en la genealoga de los procesos de democratizacin que ha construido la insurgencia armada.

Aqu ya hay una primera falacia, que resulta de la pereza intelectual, porque Arocha no va a la fuente directa, al libro y, en contra de lo que se esperara en un acadmico responsable, no efecta una lectura exhaustiva y minuciosa que le permitan fundamentar sus crticas. No lo hace, ni siquiera a travs de todo el comentario de Sandra Gamboa, sino de la parte que aparece reseada en la pgina virtual donde se comenta el lanzamiento del libro. No nos extraa esa pereza intelectual, de la que Jaime Arocha ya haba dado una muestra, con motivo de la difusin del Informe de la Comisin Histrica del Conflicto Armado y sus Vctimas en febrero de 2015.

En esa ocasin public el artculo Sin coincidencias, apareci en pantalla. All, en lo que puede ser tomado como un extraordinario ejemplo de irresponsabilidad intelectual, se atreve a juzgar los resultados del Informe algo que es perfectamente vlido, tras haber ledo y analizado sus 800 pginas a partir del dudoso criterio de colocar su contenido en un buscador virtual para encontrar palabras que coincidieran. Sin ninguna vergenza, afirmaba: Tan pronto las recib, en las 809 pginas de la Contribucin al entendimiento del conflicto armado en Colombia busqu negros, afrocolombianos, palenqueros y raizales, nombres por los cuales la gente de ascendencia africana opt para que el racismo no los volviera a subregistrar en el Censo de 2005. Basndose en ese ejercicio de notable profundidad y rigor su conclusin es increble: al no encontrar coincidencias sustanciales de las palabras colocadas en el buscador con el contenido del informe, dice: Ojal ejercicios ms detenidos, que adems involucren la zona plana del norte del Cauca, el Afrocaribe continental y el archipilago raizal, desmientan la conclusin de este recorrido inicial: la Comisin Histrica del Conflicto y sus Vctimas, al silenciar a la gente negra, termin por revictimizarla [2]. Difcil encontrar un ejemplo de tanta pereza intelectual, hasta el punto que ya los buscadores inteligentes les evitan a los acadmicos tener que leer, y sin embargo en forma atrevida extraen conclusiones con las que pontifican y a partir de las cuales escriben artculos de prensa. Para qu leer un texto de 800 pginas si con un buscador virtual se puede extraer cualquier tipo de conclusiones en unos cuantos minutos? Parece muy cierto con estos ejemplos que Google formatea el cerebro y genera pereza intelectual, algo que es propio del rebao digital, al cual se han incorporado en masa cierto tipo de acadmicos. No ser que el coste de tener mquinas que piensan es tener gente que no? [3].

 

Muchas infamias y disparates en pocas lneas

Pero volvamos al artculo que nos interesa. Tras establecer tan endeble premisa o sea, argumentar que, con base en un comentario, se puede deducir el contenido del libro de Miguel ngel Beltrn seala que no puede ser posible que las FARC hayan contribuido a democratizar el pas, porque con homicidios de lderes de comunidades negras sabotea democratizaciones ajenas a su hegemona. Establecido este hecho que no tiene relacin directa con el profesor Beltrn Arocha se incluye entre los escpticos sobre esa tesis de la democratizacin, como lo son la casi totalidad de quienes firmamos una controvertida carta que debe leerse en el sentido de que si el Consejo de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional intentaba convertir a Beltrn en el Gramsci colombiano, y as influir sobre el prximo fallo de la Corte Suprema de Justicia, le ha debido ofrecer un homenaje como el que legtimamente le tributaron el senador Ivn Cepeda, y los profesores Jaime Caicedo y Renn Vega en el lanzamiento bibliogrfico ya comentado. (nfasis nuestro).

Segn este disparate de Arocha, no es el Estado colombiano, con sus acciones terroristas contra el profesor Beltrn (entre las que se encuentra el secuestro, la tortura, la calumnia, la difamacin, la prisin), el que lo ha convertido en un preso poltico (como lo fue Antonio Gramsci). Tampoco se asemejara a la dignidad del luchador italiano as como a sus aportes intelectuales y polticos (materializados en ese portento del pensamiento que son Los Cuadernos de la Crcel) el coraje y la valenta del socilogo colombiano (junto con su obra intelectual). Nada de eso, el que ha querido convertirlo en el Gramsci colombiano ha sido el Consejo de Facultad de Ciencias Humanas de la U.N., adems con el propsito explcito, segn el atrevimiento arrogante de Arocha, de influir en el fallo de la Corte Suprema de Justicia. Quiere esto decir, acaso, que Arocha est de acuerdo con que esa corte falle en contra de MAB y que este siga en la crcel, y, lo mismo que los guerrilleros a los que este entrevist, sufran vejmenes repudiables en La Picota, crcel donde estn recluidos, para utilizar los mismos trminos con los que Arocha empieza el artculo que comentamos? Nuestro antroplogo ignora los procedimientos utilizados por el Estado colombiano para secuestrar a MAB y encarcelarlo y por esa ignorancia piensa que la justicia colombiana debe actuar sin las presiones del Consejo de Facultad de Ciencias Humanas de la U.N.?

Luego de este primer despropsito, Arocha sostiene que esa ceremonia (el lanzamiento del libro el 10 de diciembre, Nota nuestra) no convoc a quienes repudiamos la tesis de que las balas paren democracias, como s result forzndonoslo la conmemoracin del aniversario 50 de la fundacin de nuestra Facultad. Qu significa este galimatas? Arocha quiere decir que l, tambin condecorado con motivo del medio siglo de la Facultad de Ciencias Humanas, fue obligado a participar en el mismo evento en que se le entreg a MAB una condecoracin similar, que por ese hecho se convirti en un culto a quienes creen que las balas generan democracia? Lo que s queda claro en su sealamiento, casi policial, es que quienes participamos en la presentacin del libro el 10 de diciembre creemos que las balas paren democracias y eso es lo que se sostendra en el libro sobre las FARC. Una acusacin tan temeraria, procedente de un antroplogo que se precia de haber inaugurado en Colombia los estudios sobre comunidades afros (excluidas, perseguidas y oprimidas), se inscribe en esa lgica macartista propia del bloque de poder contrainsurgente, que sealan a todos los que piensen distinto de ser apologistas de los terroristas (Alejandro Ordoez dixit).

Luego Arocha, sin una lnea de continuidad clara y con un nulo rigor argumentativo, sostiene: La idealizacin de la violencia ha tenido la secuela nefasta de naturalizar una nocin de libertad de ctedra para la cual es legtimo cubrirse el rostro con una capucha, irrumpir en clase recitando a gritos consignas de ira, y convirtiendo la calle 45 en campo de batalla: de un lado explotan papas bombas y vuelan ladrillos, arrancados de la planta fsica del Alma Mater, y del otro los gases lacrimgenos del ESMAD. En la mitad, quedan civiles de ojos llorosos, exasperados por disturbios ininteligibles. [nfasis nuestro]. En este razonamiento sofistico, se mezclan y confunden cosas y hechos que suscitan varias preguntas: lo que l denomina idealizacin de la violencia se refiere acaso a hacer planteamientos diferentes a los de la violentologia oficial o de los medios de desinformacin masiva para interpretar el conflicto armado en Colombia? No se puede pensar distinto ni en contrava a las explicaciones convencionales sobre ese conflicto, porque eso significa idealizar la violencia, desfigurar la libertad de ctedra e impulsar los tropeles en la Nacional?; Miguel ngel Beltrn se ha cubierto la cara para dictar clase o ha permitido que los estudiantes lo hagan y ha impulsado y apoyado los enfrentamientos en la calle 45 para que esta se convierta en un campo de batalla? El profesor de sociologa que est en la crcel ha impulsado a ciertos estudiantes para que griten consignas plenas de ira en las clases que se dictan en la Nacional? Es que los estudiantes se cubren la cara por hobby y no porque vivamos en un pas donde cualquier joven, que no pertenezca a las clases dominantes, pueda ser perseguido y encarcelado en el mejor de los casos, o desaparecido y asesinado como nos lo recuerdan los falsos positivos?

Resulta muy fcil y simple hacer unos sealamientos genricos y vaporosos para achacarle a otra persona unas responsabilidades que no tiene, y basndose en eso justificar su rechazo a la condecoracin que le entregaron a un egresado y profesor de la UN que se encuentra arbitrariamente detenido. Adicionalmente, las afirmaciones de Arocha son ambiguas, contradictorias, y de un muy pobre nivel argumentativo en un acadmico e investigador de tantas campanillas. En verdad nos encontramos ante una retrica sofistica e insustancial, en donde difcilmente se encuentra un hilo coherente.

Una universidad al servicio de los capitalistas y poderosos

Arocha concluye su nota, con los mismos balbuceos que la empez: Sobre este aborto de la discusin acadmica reflexiona Carlo Tognato, director del Centro de Estudios Sociales de esa universidad. Segn l, la desradicalizacin y despolarizacin del mbito universitario son indispensables para las escuchas horizontales sobre las cuales deber realizarse el trmite de los conflictos que se multiplicarn, luego de que se firmen los acuerdos de paz de La Habana. (nfasis nuestro).

Nos enteramos que, segn Arocha, las posturas acadmicas que discuten las interpretaciones oficiales sobre el origen y permanencia de la violencia en Colombia son un aborto acadmico. Y presenta para justificarlo dizque las reflexiones horizontales de Carlo Tognato, que no seran ni radicales ni polarizantes, porque vienen del liberalismo y de la derecha. Esto si no sera un aborto, sino una contribucin desinteresada a la concordia universitaria. Vaya paradojas interpretativas que suscita ver el mundo desde la confortable mirada del acadmico conservador.

Arocha concluye su pieza antolgica de la infamia, retomando la novedosa propuesta de Carlo Tognato de crear en la Universidad Nacional el Centro Nicanor Restrepo Santamara para la Reconstruccin Civil, con la participacin de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Mxico, EAFIT, y la Universidad del Rosario. Esto si ejemplifica el tipo de universidad pblica que acadmicos como Jaime Arocha tienen en mente: una que le rinda culto a los poderosos (pues recordemos que Nicanor Restrepo Santamara formaba parte de los cacaos, los capitalistas ms ricos del pas); que sectores del mundo capitalista se tomen la universidad pblica y sus edificios ostenten sus nombres (como sucede con el nuevo edificio de Ingeniera, al que se ha bautizado lo cual es una verdadera afrenta a la universidad pblica con el nombre de Luis Carlos Sarmiento Angulo); que la UN firme acuerdos corporativos con universidades privadas de lite como la EAFIT y la Universidad del Rosario, porque eso si no es poltico, ni radicaliza, ni polariza, ni es una intromisin externa inaceptable- en los destinos de la universidad; que la UN le rinda homenaje a los ricos por serlo, sin que estos hayan generado aportes intelectuales significativos (un libro, por ejemplo), tampoco tiene importancia. Por qu Jaime Arocha no propone que se cree una institucin que lleve el nombre de Orlando Fals Borda o de Manuel Zapata Olivella, investigadores de los sectores populares, que adems estudiaron de cerca y con rigor a comunidades afros y dejaron una vasta obra escrita? Por lo visto, Jaime Arocha que tanto pregona sobre las comunidades afrodescendientes pobres y perseguidas solo las tiene como objeto de estudio, porque en la vida real de la universidad pblica le rinde culto a los ricos y poderosos y quiere que estos sean sus dueos. Cuntos estudiantes afros y pobres podrn estudiar en una universidad elitizada como la que proponen Tognato, Arocha y compaa? Seguramente, en poco tiempo y como resultado de las gestiones del Centro Nicanor Restrepo Santamara para la Reconstruccin Civil, que tanto aplaude Jaime Arocha, los pobres, afros e indgenas van a representar el 98 por ciento de los estudiantes, trabajadores y profesores de las encopetadas universidades EDAFIT y El Rosario!

Aclarando razones

Tratando de resumir los balbuceos de Jaime Arocha, y leyendo entre lneas, se podra decir que l firm la carta que rechaza el reconocimiento acadmico a Miguel ngel Beltrn por estas razones: este es un autor que afirma que las FARC han contribuido a democratizar la sociedad colombiana y eso es inaceptable para un acadmico bienpensante y cmodamente instalado; la Facultad de Ciencias Humanas de la UN al entregarle un reconocimiento a MAB patrocino la idea que las balas paren democracias; el profesor encarcelado sera corresponsable de los tropeles que organizan los encapuchados, puesto que personajes como l abusan de la libertad de ctedra por idealizar la violencia; obras como las suyas constituyen un aborto de discusin y son las que han radicalizado y polarizado a la universidad pblica Ya vamos viendo lo que piensan algunos brillantes acadmicos de la Nacional, que la han convertido en una universidad de la ignorancia, del analfabetismo poltico, de la apata y del conformismo, y en un centro de negocios.

La postura de Jaime Arocha es tpica y representativa de una gran parte de la academia colombiana de las ciencias sociales que trabaja en las universidades colombianas, pblicas y privadas. Se dedican a tomar como objeto de estudio a sectores pobres, excluidos, marginados, sobre lo cual construyen a veces un relato aparentemente crtico, pero que queda circunscrito al plano discursivo. En su vida real, diaria y cotidiana, no existe nada que los acerque, ni por equivocacin a esos sectores subalternos (indgenas, afros, trabajadores, mujeres pobres), sino que son solo un objeto de estudio, para conseguir dinero y prestigio acadmico. Ven a esos sectores como algo lejano, salvo cuando necesitan ampliar su currculo. Esos acadmicos sufren de disonancia cognitiva ya que las injusticias, desigualdades, exclusiones que se presentan cerca de ellos, ante sus ojos, en la propia universidad pblica, no les incumben ni les interesan. En esos casos, como lo ejemplifica lo sucedido con MAB, demuestran en la prctica que sus concepciones crticas son solo retrica y que sus posturas son profundamente conservadoras y cultoras del orden establecido. Para qu tantos estudios sobre el racismo, la discriminacin, la opresin y explotacin que sufren las comunidades afrodescendientes, si quien tanto se ufana de rechazar todos esos mecanismos de injusticia y desigualdad, en la prctica discrimina, excluye y condena a un colega de sociologa de la misma Facultad donde han trabajado ambos por muchos aos?

La carta de los acadmicos contra MAB es infame, pero el artculo de Jaime Arocha es doblemente infame, porque aparte de todo, l tambin fue condecorado en la misma ceremonia de conmemoracin de los cincuenta aos de la Facultad de Ciencias Humanas de la U.N. Hubo dos acadmicos, ambos antroplogos Arocha es uno y la otra persona es Myriam Jimeno , que habiendo sido condecorados firmaron la carta de marras. Ah radica la infamia por partida doble. Algunos de los que suscriben esa misiva estaban evidenciando su rabia, frustracin y envidia por no haber sido galardonados (como Fabin Sanabria, Carlo Tognato y compaa). Al firmarla en el fondo estaban mascullando: yo que soy tan brillante, porque no estoy entre los condecorados. Pero Arocha no puede argir eso mismo, ya que l tambin recibi la distincin acadmica. Es decir, no fue solo envidia lo que lo motivo, sino una postura de desprecio hacia Miguel ngel Beltrn, quien ha sido perseguido y encarcelado por el rgimen, una embestida aleve contra aquel que se encuentra tras las rejas, y una nueva forma de condenarlo en forma arbitraria como lo ha hecho el Estado colombiano y los poderosos medios de desinformacin de las clases dominantes. Ese es el mismo desprecio que caracteriza a los racismos y a todo tipo de discriminacin. Con esa tolerancia de ciertos acadmicos, qu podemos esperar en las universidades colombianas tras la firma de un acuerdo que le ponga fin al conflicto armado?


Notas

[1] . Jaime Arocha, Yo s firm, El Espectador, junio 6 de 2016, disponible en http://www.elespectador.com/opinion/yo-si-firme

[2] . Jaime Arocha, Sin coincidencias, apareci en pantalla, El Espectador, febrero 16 de 2015, disponible en http://www.elespectador.com/opinion/sin-coincidencias-aparecio-pantalla-columna-544451

[3] . Georges Dyson, citado en Nicholas Carr, Atrapados. Cmo las mquinas se apoderan de nuestras mentes, Taurus, Madrid, 2014, p. 135.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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