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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-08-2016

El conflicto capital-planeta

Rafael Silva Martnez
Rebelin


"Creo que no lograremos derrotar al capital con nuestros propios medios. Quien derrotar al capital ser la Tierra, negando los medios de produccin, como el agua y los bienes de servicio, obligando a cerrar las fbricas, a terminar con ilusorios grandes proyectos de crecimiento" (Leonardo Boff)




Para el Marxismo clsico nicamente exista (y contina existiendo) el conflicto capital-trabajo, expresado de varias formas, pero sobre todo, en la desigual correlacin de fuerzas que representa el modelo de produccin capitalista, en lo que se refiere al control y la propiedad de los medios de produccin. El Socialismo del siglo XXI ha de luchar, como no poda ser de otra forma, contra este conflicto, pero a raz de las aportaciones de las corrientes ecologistas, naturalistas y animalistas, hemos de contemplar tambin la resolucin de otro gran conflicto, que pudiramos denominar conflicto capital-planeta. Porque en efecto, la crisis del modelo de civilizacin occidental, expresado como la globalizacin del capitalismo en su fase neoliberal, arrastra no slo los clsicos conflictos que ya definieran perfectamente Marx y sus colaboradores, sino que en su nueva fase de explotacin global a escala planetaria, la crisis civilizatoria del capital se enfrenta a la destruccin de la naturaleza, de sus recursos bsicos y vitales, de las materias primas fundamentales, y de la destruccin del equilibrio de todos los ecosistemas que permiten la vida en nuestro planeta.

El conflicto capital-planeta ha de ser entendido como un conflicto derivado, consecuencia del propio conflicto originario capital-trabajo. En ltima instancia, otra derivacin del capitalismo. Y ello porque en su afn de expansin sin lmites, el capitalismo no tiene otra salida ms que continuar depredando las nicas fuentes de riqueza que encuentra, siendo stas en ltima instancia las que el propio entorno natural posee. Y as, el fenmeno que hemos dado en llamar "Cambio Climtico", expresado evolutivamente de mil formas distintas y con consecuencias devastadoras para todas las especies y seres vivos que habitan el planeta, no es ms que la consecuencia ltima, terminante y definitiva derivada de la funesta accin del capitalismo sobre la faz de la tierra. Y as, el extractivismo sin lmites, el especismo despiadado, la paulatina descomposicin de todos los elementos naturales bsicos (el mar, el aire, los bosques, el agua...), el acaparamiento y la escasez de recursos naturales (fundamentalmente el agua y el petrleo), todo ello unido a la guinda del pastel que supone la instrumentalizacin de la guerra como continuacin del negocio capitalista, nos dibujan un desolador panorama que conducir ms temprano que tarde a la autodestruccin de nuestro planeta por parte del ser humano.

En realidad, el conflicto capital-planeta se ha agudizado como consecuencia directa de la mayor competencia internacional (derivada de la propia globalizacin y de la implantacin de perversos tratados comerciales), y de la produccin masiva de productos a partir de la transformacin de materiales mediante el consumo de energas fsiles. Los modelos energticos alternativos y renovables, cuya eficacia y eficiencia estn sobradamente demostradas, estn siendo ignorados expresamente por vasallos gobiernos al servicio de las grandes corporaciones transnacionales, que nicamente contemplan el aumento de sus cuentas de resultados. Esta competencia internacional se manifiesta en una carrera por el acaparamiento de los recursos naturales, en una demencial espiral diablica que est destinada no slo a su agotamiento, sino tambin, dada su creciente escasez, a la privatizacin de los derechos de acceso a dichos recursos. Y mientras los gobiernos de pases "desarrollados" miran hacia otro lado, miles de millones de seres humanos y de otras especies mueren de hambre o de sed, o de enfermedades que podran curarse si los medicamentos no fueran tambin una mercanca en manos de depravadas corporaciones internacionales. Hoy da ya la amenaza ecolgica es de tal envergadura, que es imposible pensar ningn proyecto poltico mnimamente razonable que no integre de forma transversal la perspectiva ecolgica, y que no disee un horizonte de sociedad que se nutra de fuentes energticas sostenibles, limpias, naturales y renovables.

Las alternativas son muchas y de muy diversa ndole, pero el problema fundamental es de voluntad poltica para ponerlas en marcha, y de cortedad de miras bajo modelos sociales alienados por los valores capitalistas. Muchos modelos, ms o menos integrados, ms o menos directos, de mayor o menor envergadura, ms o menos radicales, se perfilan como soluciones: desde el tmido "capitalismo verde", pasando por el llamado "ecosocialismo", los modelos y patrones del "decrecimiento", austeridad (bien entendida, no como el falso paradigma neoliberal), diversos patrones de responsabilidad ambiental ( comercio justo, consumo responsable...), hasta quiz las soluciones ms integrales, englobadas en los diversos paradigmas que se han englobado bajo la expresin del "Buen Vivir", que preconizan, desde el reconocimiento bsico de los derechos de la Madre Tierra (esto es, el reconocimiento de la propia naturaleza como sujeto de derechos), pasando por una revolucin en todos los modelos de produccin, energticos, de distribucin, de consumo y de desecho. Ante el conflicto capital-planeta, nos encontramos en una paradgica pero peligrosa situacin, en la cual estn diseadas las alternativas, pero no existe una generalizacin en torno a la concienciacin global de la gravedad del mismo.

A pesar de las continuas evidencias cientficas que cada da se aportan, y de los innumerables foros donde se conciencia sobre el tema, y se publican solemnes declaraciones de intenciones (la COP21 de Pars ha sido la ltima), no existe como decimos una clara determinacin en cuanto a la adopcin generalizada de polticas sociales, econmicas y energticas que puedan reducir los efectos del conflicto, pero sobre todo, que puedan atajarlo desde su base, esto es, alterando la filosofa de las relaciones de produccin capitalistas. Y es que desde hace mucho tiempo que las sociedades (sobre todo las ms desarrolladas) profesamos un total desprecio hacia el medio ambiente y sus leyes naturales, y nicamente se expresa, a escala tanto local como global, una voracidad sin lmites en busca del beneficio de una minora (estimada ya en el 1% ms rico del planeta), cueste lo que cueste. El poder de dicha minora es tan absoluto, y sus intereses tan irracionales y miopes, que resulta extremadamente complicado revertir dicha tendencia. Ese desprecio hacia el medio ambiente se manifiesta bajo multitud de criterios, que se trasladan despus a hechos polticos determinados: polticas de trasvases, destruccin de costas, construcciones faranicas, proyectos insostenibles, incumplimiento de normativas ambientales, extractivismo descontrolado, y progresiva destruccin de los ecosistemas naturales. ​

El expolio que la propia naturaleza viene sufriendo durante las ltimas dcadas de globalizacin capitalista no tiene lmites, o mejor dicho, s los tiene, y son los lmites de un planeta y de unos recursos limitados y finitos. Por tanto, el conflicto capital-planeta est servido: el capitalismo ya slo puede crecer a costa de destruir el medio natural, y no puede dejar de crecer porque es parte de su esencia, su razn de ser. Adems, no es concebible una sociedad desregulada social y econmicamente, y regulada ambientalmente, porque ambos parmetros entran en clara contradiccin. De hecho, una de las primeras medidas que han ido aplicando los gobiernos conservadores y neoliberales en todo el mundo ha sido justamente destruir la legislacin medioambiental, que haba sido impulsada tiempo atrs por la presin social, los movimientos ecologistas y los gobiernos socialdemcratas. La nueva hornada de salvajes tratados comerciales (TPP, TTIP, TISA...) ponen tambin su foco en dicha legislacin, que las grandes corporaciones entienden como una "barrera" para el comercio transnacional. Esta desregulacin ambiental afectar profundamente a la calidad de vida de la poblacin, porque provocar un encarecimiento de las materias primas, gravsimas hambrunas, migraciones masivas, xodos de poblacin y desarrollo de nuevas enfermedades, lo que limitar la supervivencia de la especie humana y la de otros muchos animales.

Cmo podemos y debemos enfrentarnos al grave conflicto capital-planeta? Defendiendo a capa y espada al medio ambiente, tomando conciencia de la gravedad de dicho conflicto, cambiando profundamente los modelos de relaciones productivas y sociales, por lo que su defensa consecuente pasa necesariamente por el progresivo abandono del modelo actual, y la progresiva migracin hacia modelos anticapitalistas, lo que implica tambin asumir que la revolucin ecolgica es tambin una revolucin pendiente de primer orden que debemos poner en marcha. No basta con los formales apoyos a la defensa del medio ambiente y las tmidas y contradictorias leyes y medidas prcticas, que de vez en cuando se perfilan para parchear el grave conflicto, sino que ser necesario asumir la lucha ecolgica como otra cara, otra faceta imprescindible en la lucha contra el modelo capitalista, y avanzar consecuentemente en un modelo de produccin y de desarrollo absolutamente distinto: bajo otros moldes, con otros objetivos, con otros valores, con otros medios. En palabras de Homar Garcs: "Se hace imprescindible, por consiguiente, el surgimiento inaplazable de nuevos paradigmas culturales y econmicos que tengan como rasgos destacados la interculturalidad, una filosofa de vida alejada de la lgica del capitalismo y un nuevo patrn de relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza que sirvan como muro de contencin a las ambiciones hegemnicas de los grandes centros de poder poltico y econmico existentes".

En vez de en el beneficio monetarista, pongamos el foco en los otros parmetros donde debemos crecer, tales como la solidaridad, los derechos humanos, la paz, la justicia social, la igualdad. Existen otros parmetros para medir el progreso y las necesidades humanas que tenemos que poner en valor. Ya no es un simple deseo, una ilusin o una quimera idealista, sino una imperiosa necesidad, si no queremos destruir todo lo que nos rodea. La necesidad de alcanzar una sociedad basada en la colaboracin y la solidaridad frente a la competencia, en el aprovechamiento frente al despilfarro, en el respeto y goce de la naturaleza frente a su explotacin y destruccin. Pero esto tambin nos obligar a cambiar nuestro concepto de ser humano con una concepcin de la felicidad contraria a la cultura impuesta por el capital. Con el derecho al tiempo, al ocio, al disfrute, a la libertad y a la diversidad. Nuevas escalas de valores y una nueva concepcin del trabajo tambin debern imponerse. En caso contrario, el conflicto capital-planeta nos estallar en nuestras propias narices, y no podremos hacer ya nada por evitar que nos arrastre por los derroteros de su destruccin. De hecho, quiz sea ya demasiado tarde.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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