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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2016

Apuntes sobre mundo deseado y mundo posible

Luis Toledo Sande
Cubadebate


Cuba: pas deseado y pas posible, publicado recientemente en Cubadebate, aborda un tema que sera errneo valorar desde posiciones localistas estrechas. Debe verse, aunque sea con unos pocos ejemplos, a la luz de la historia y del contexto mundiales. Parece cierto que en justicia social, no solo en logros materiales, la humanidad ha tenido avances. Pero vale preguntarse si la equidad ha primado en la evolucin desde la antigua esclavitud con rebeliones como la clebre de Espartaco y el rgimen feudal hasta hoy, con siglos ya de un capitalismo que hace ms de cien aos recorre su fase imperialista, y con el que han tenido que lidiar los afanes de construir el socialismo.

La vida de las minoras explotadoras, dueas de casi todo, no la disfrutan ni de lejos las mayoras vctimas de la opresin, poseedoras de casi nada, o de nada, y sobre cuyos hombros ha descansado la mayor parte de los sacrificios hechos para transformar el mundo. Junto con los avances ha habido aspiraciones truncas o frustradas, en mayor o menor medida, por el peso de las fuerzas que las han combatido. As que la equidad y la plena dignificacin humana siguen siendo, en esencia, metas. Puede por ello decirse que las grandes utopas siguen siendo lo ms digno, sobre todo cuando, en vez de resignarse a verlas como quimeras inalcanzables, se las defiende con el propsito de hacerlas realidad.

El tema suele verse en los terrenos de lo estrictamente poltico, pero ah no termina. Uno de los ejemplos posibles lo ofrece el cristianismo originario, que aqu se recordar sin pretensin alguna de incursionar en reflexiones teolgicas, y puede aportar luces de gran valor. A esa concepcin del mundo no suele relacionrsele con la poltica, pero actu sobre la sociedad es decir: sobre la polis con tal fuerza que no ha dejado de hacerlo en ms de dos mil aos, sin excluir su utilizacin dolosa por poderes que se han apoyado en l aunque en la prctica lo hayan burlado.

Frente a usos espurios, cunto significara el triunfo pleno de las aspiraciones de justicia, cordialidad, generosidad solidaria y dems valores que cristianos honrados continan defendiendo? Ideales similares los abrazan asimismo afanes respetables, religiosos o no religiosos.

Entre los obstculos contra los cuales chocaron la accin y las ideas de Cristo sobresalieron los representantes de un imperio poderossimo, quienes vean un peligro en aquel cuyo influjo sobre gran parte de la humanidad apenas empezaba. Cabra preguntarse si el cristianismo que, por otra parte, no era ni es la nica orientacin religiosa en el planeta poda triunfar hasta el punto de cambiar el rumbo de las relaciones de produccin y, por tanto, clasistas, capaces de dificultar o impedir la consumacin de la justicia.

No ha habido proyecto justiciero que se haya librado de enemigos y obstculos, incluidos los mismos que asediaron a Cristo, o continuadores de aquel poder imperial y los mercaderes que el mesas intent echar del templo. Las circunstancias eran tan influyentes que le result imposible vivir al margen de retos polticos, y para salir de un trance determinado se sinti en la necesidad de proponer que se le respetara a Dios lo que es de Dios y al csar lo que es del csar. Cobran as sentido estas preguntas: Qu es del csar? Se legitima como parte de su patrimonio el poder extendido por la fuerza de las armas y la imposicin ideolgica para dominar pueblos? Tambin los bienes acumulados por los caminos del saqueo y la dominacin?

Para seguir especulando, pinsese qu habra ocurrido de triunfar el cristianismo originario, y de sus continuadores haber seguido fielmente la brjula que l leg. Habra bastado esa victoria para, mucho tiempo despus de la existencia material del fundador, librarse de imposiciones, de segar individualidades injustamente, de dar paso a mecanismos de control y poder como la denominada Santa Inquisicin, una de las grandes expresiones de fundamentalismo y terror que hayan existido?

Dejemos ah las conjeturas y, para salir de lo religioso, aunque la cita que veremos pudiera aplicarse tambin a hechos con efectos varios en ese terreno, reitrese lo dicho por Carlos Marx en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte acerca de la historia de la humanidad: la tradicin de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y reitrese asimismo lo que, en otro entorno, desde perspectivas y en funcin de un proyecto distinto del marxista, Jos Mart expres al valorar, en su ensayo Nuestra Amrica, el deber cuyo incumplimiento limit medularmente el alcance de la independencia latinoamericana: Con los oprimidos haba que hacer causa comn, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hbitos de mando de los opresores.

Ninguno de los dos juicios interconectados por distintos caminos se agot en las circunstancias que directamente los motivaron. En la generalidad de los contextos pesa la tradicin acumulada no nicamente en torno a los intereses dominantes. Los hbitos de mando afines a ellos tambin pesan, y acaso de modo ms pernicioso. Aunque sea inconscientemente, salvo en casos concretos o, sobre todo, en circunstancias revolucionarias, los mismos oprimidos los acatan como expresin del pensamiento dominante o heredado. Esa es una tendencia funesta en especial para los movimientos emancipadores, sobre todo cuando, alcanzado el poder, representantes suyos se acomodan a cdigos opuestos a la tica y a los ideales de equidad que deban respetar.

El triunfo de la Revolucin de Octubre, por ejemplo, abon la esperanza de una nueva era en el devenir humano. Pero los caminos de esa Revolucin, que a inicios del siglo XX se plante aplicar los ideales marxistas y propiciar la construccin de un campo geopoltico contrario al capitalismo del cual, sin embargo, no poda desentenderse, porque estaba rodeada y asediada por l, antes de terminar la centuria los ceg el descuido o abandono de los propsitos fundacionales. En aquel territorio, geogrfica y culturalmente lejos de nuestra Amrica, se mostraron de manera simultnea la influencia de intereses y hbitos de mando como los rechazados por Mart, y las dificultades para revertirlos en un entorno mundial marcado por el avance del imperialismo.

Tanto Vladimir Ilich Lenin como Len Trotski advirtieron sobre lo extremadamente difcil que sera construir el socialismo en un pas aislado, aunque este fuera tan vasto como el estado plurinacional con el que ambos tan vinculados estuvieron de maneras y con desenlaces diferentes, aunque igualados ambos por el hecho de morir vctimas de atentados criminales. Contra un solo pas y, por cierto, no sufri tambin el cristianismo formas de aislamiento, a pesar de su expansin?, o contra un grupo minoritario de pases, al imperio ayudado por el peso de la tradicin en cada pedazo del planeta se le facilita maniobrar para asfixiarlos.

A la guerra de los caones se suman la llamada fra y la econmica para que los esfuerzos de signo socialista o afines a esa orientacin la propia URSS, el Chile de la Unidad Popular, la Venezuela del proyecto bolivariano, la Bolivia del Movimiento al Socialismo, el Ecuador de la Revolucin Ciudadana la Cuba socialista bloqueada, para no ir ms lejos pasen como ineficientes y, por tanto, condenados a la asfixia. Con ello, descontento y desencanto pueden cundir en la poblacin, y azuzar a parte de ella contra su Estado.

Aunque el aislamiento no haya sido la causa nica del desplome de la URSS y del campo socialista europeo, llamado como aquella al afn transformador, fue una de las mayores, y reforz las otras. Los resultados estn a la vista, pero no basta verlos: en el mundo los movimientos revolucionarios y progresistas sobre todo si se plantean optar por un socialismo verdadero deben aprender de los hechos.

Hoy, segn encuestas, ms del sesenta por ciento de la poblacin rusa deplora que se haya desmontado el socialismo. Pero, de momento, es tarde para lamentaciones. Las fuerzas que siguen medrando con aquel desmontaje ejercen un control demasiado fuerte para desbancarlas con buenas ideas, y otra revolucin no parece vislumbrarse, al menos en el horizonte perceptible.

Para valorar acertadamente el papel de figuras como Mijal Gorbachov y Boris Yeltsin, entre otras, es necesario situar el anlisis en la correspondiente estructura social, con un partido gobernante que se desmoviliz, dominado por cpulas que se alejaron cada vez ms de las aspiraciones y las necesidades del pueblo. Desde ngulos de mira diversos hasta se ha insistido en que el primero de esos personajes en particular debe ser declarado criminal, por haber inducido el colapso de la URSS. Pero, refirindose a las riquezas que han acumulado, hay tambin quienes proclaman llenos de gozo : Ahora somos los dueos de todo esto, gracias a Gorbachov!

All los millonarios son, al menos mayoritariamente, un fruto endgeno, no importado. Antes de la demolicin del socialismo los rganos de prensa oficiales encubran realidades que dieron origen a esos millonarios y a otros males acompaantes. Se hablaba de socialismo real e irreversible, pero mordazas y manipulaciones propagandsticas no bastaron para que, a contrapelo de la Constitucin y las leyes con que supuestamente se blindaba el proyecto socialista, este dejara de ser verdadero: predominaron intereses y hbitos contrarios a la justicia social, a la democracia, a la equidad, a la tica. Acaso ignoraban sus artfices que nada se blinda ni se hace irreversible por decreto, y que real y sus derivados admiten usos venidos de races latinas diferentes: res (realidad) y rex (rey)?

El desmontaje de aquel socialismo, o lo que quedaba de l, se inscribe en los reveses sufridos por los afanes de transformacin revolucionaria. Pero quizs no se haya insistido lo bastante en que la grandeza de un proyecto emancipador no se mide nicamente por los efectos de su triunfo, sino tambin, o sobre todo, por las consecuencias de su derrocamiento o fracaso. Eso, por ejemplo, vale decirlo de la no realizacin del ideal, abrazado por Marx, de que el desarrollo capitalista pudiera conducir al socialismo, no a la barbarie.

Desde el siglo XIX el fomento de la barbarie que hoy el mundo sufre lo calzan diversos hechos. Entre ellos se ubica la frustracin temporal del proyecto antimperialista de Mart, quien comprendi que la independencia de Cuba, como la de Puerto Rico, era necesaria para asegurar la de nuestra Amrica toda y salvaguardar el equilibrio del mundo. Pero, muerto l en 1895, la intervencin de los Estados Unidos en 1898 frustr hasta hoy el logro de ese equilibrio, que de modo parcial y transitorio vendra a lograrse, ya en el siglo XX, con el relativo contrapeso aportado por la URSS y el campo socialista europeo. La quiebra de ese contrapeso ha trado tambin consecuencias nefastas para la humanidad.

Si no se sucumbe a perspectivas eurocntricas, podr apreciarse que el proyecto martiano de l895 y su frustracin a partir de 1898 marcaron el inicio de aquella centuria en cuanto a rumbo poltico. Aos despus tuvo lugar la Primera Guerra Mundial, en la que el relevante historiador britnico Eric Hobsbawn , de filiacin marxista pero ubicado en Europa, vio el comienzo del siglo XX . Mart saba que quien se levantaba en Cuba, y con ella, se levantaba por el mundo y para todos los tiempos.

A l se debe tambin una valoracin sinttica pero profunda de la Revolucin Francesa. A propsito de su centenario alab el sacrificio de los caballeros de veras, que para l no eran quienes tenan ttulos nobiliarios o riquezas, o unos y otras, sino los que trabajaban en el campo y en la ciudad, escribi en La Exposicin de Pars, texto de La Edad de Oro. Estim justo que con aquella exposicin se celebrase los cien aos de la Revolucin Francesa, pero en el mismo texto seal su mayor limitacin: Ni en Francia, ni en ningn otro pas han vuelto los hombres a ser tan esclavos como antes. As pensaba quien de veras ech su suerte con los pobres de la tierra y representaba a pueblos que luchaban por dejar de ser colonia o necesitaban librarse de la herencia colonial.

En la marcha humana las revoluciones han sido perodos de intensa transicin, no infinitos. La defensa de cada revolucin legtima habr merecido o merecer de sus protagonistas una defensa acometida con la pasin propia de las grandes causas, en las que va la vida. Pero considerarla ltima sera aceptar el fin de la historia, idea presente en el pensamiento de Georg Hegel, quien, condicionado por intereses y hbitos de mando de su tiempo, propuso que el progreso acababa en la monarqua prusiana.

La transformacin revolucionaria del mundo no se lograr sin grandes esfuerzos. Para acometerlos se necesita conocer la realidad, y encararla lcidamente, no postrarse ante ella, por colosales que sus retos parezcan o sean. Para no salir de las referencias a las realidades usadas como ejemplos en estos apuntes, apntese que en el valor de la resistencia y la lealtad a los ideales que se defienden coinciden los representantes honrados del cristianismo, los afanes socialistas, la liberacin nacional y el antimperialismo.

El mundo que existe no debe hacer que se olvide el deseable, ni que se renuncie al afn de convertir el deseado en real. Se conseguir? Podr saberse si se intenta a corazn y brazos plenos, y con la mayor sabidura posible, de manera que, cuando menos, queden en pie, para seguir intentndolo, las lecciones del empeo bien realizado, y de los reveses. Para empeos de tal envergadura no son frtiles ni el pesimismo derrotista ni las ilusiones irresponsables. Se necesita del optimismo basado en el conocimiento de la realidad y armado por el coraje y la capacidad de sacrificio.

En ltimo caso, ser digno abrazar como propio un texto que circula en las redes con el ttulo Mi victoria y atribuido al antroplogo brasileo Darcy Ribeiro, quien, autor de incontables pginas fundamentales, repudi las pernicies del exitismo. Sin tiempo y modo para comprobar la veracidad de la atribucin, aqu se reproduce por Rumbo al Nuevo Mundo, un espacio digital donde la imaginacin y la realidad se unen en busca de contribuir a que la vida cambie para bien. Quienquiera que sea el autor, el texto plasma una eticidad cardinal:

Me puse de lado de los indios,

Y me derrotaron;

Me puse de lado de los negros,

Y me derrotaron;

Me puse de lado de los campesinos,

Y me derrotaron;

Me puse de lado de los obreros,

Y me derrotaron;

Pero nunca me puse de lado de los que me vencieron;

Esa es mi Victoria!

La humanidad tiene el deber de contribuir a que las vctimas de tales derrotas alcancen la victoria que merecen, no para perpetuar la opresin al servicio de nuevas fuerzas dominantes, sino para revertirla con el triunfo de la equidad. Estar en el bando de los vencidos ser doloroso, pero no indigno, mientras que estar en el de los vendidos ser siempre deshonra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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