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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-08-2016

Unas elecciones infernales
El espectculo ms grande de la tierra

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Los billones de palabras y de tweets y de sondeos hacen saltar por los aires la realidad en la campaa electoral de 2016

Bueno, un da tena que pasar. A principios del pasado mayo, despus de un muy prolongado desempeo, los elefantes de los hermanos Ringling y el circo Barnum & Bailey fueron llevados a su retiro en Florida, donde acabarn sus das ayudando en la investigacin contra el cncer. Con estos paquidermos se realizaron los ms grandes espectculos en la Tierra. Lo mismo podra decirse de los republicanos despus de la convencin del Partido Republicano en versin Donald Trump. Muchos de ellos fueron tambin enviados, con bastante menos dignidad que los elefantes del circo, a una especie de retiro forzoso (sin siquiera la excusa del cncer). Su antiguo partido ha quedado en las poco cuidadosas manos del eternamente ofendido Trump, mientras a los demcratas no les quedaba otra cosa que cantar felices sobre el escenario la marcha USA! USA!, del agresivo general de cuatro estrellas y ex director de la CIA, para invocar la indispensable grandeza de Estados Unidos o si no exhibir ese tipo de super-patriotismo y adoracin que los militares solan asociar con... de esto no cabe duda... el Partido Republicano (cuyos delegados en lugar de perder el tiempo cantaban Paradle los pies!).

Y esta es apenas una diminuta muestra de un momento en lo que en 2016 contina siendo, sin la menor duda, el espectculo ms grande de la tierra

Hago una pequea sugerencia: ni siquiera intentis pensar en cmo pasar por todo esto. Es el equivalente meditico a entrar en el laberinto del rey Minos. Es imposible salir de l. Estoy hablando del... qu otra cosa poda ser? fenmeno al que todava llamamos campaa electoral, pese a que guarda un pequesimo parecido con cualquier cosa que los estadounidenses pudimos alguna vez haberle otorgado este nombre.

Aun as, veamos el lado bueno de esto: las convenciones tanto la republicana como la demcrata ya son cosa del pasado y apenas quedan tres meses de interminable cotorreo hasta el da de las elecciones.

En el ltimo ao, se han despilfarrado algunos billones y billones de palabras sobre estas elecciones y las historias, los errores y el bagaje que ambos personajes que siguen en la carrera presidencial llevan consigo. Ha habido alguna vez semejante cobertura meditica que ya lleva casi un ao, hora tras hora, da tras da, noche tras noche? Ha publicado acaso el New York Times historias sobre el mismo candidato y sus amigotes, dos simultneamente, en su portada de cada da tal como lo ha hecho ltimamente para destacar las excentricidades de Donald? Ha habido alguna vez tantos expertos de todas las tendencias dndole a la sin hueso acerca de algn tema nico en la televisin de pago desde el amanecer hasta la hora de las brujas? Ha habido alguna vez esta muchedumbre de entendidos produciendo opiniones a toda hora como si se tratara de salchichas o tantas encuestas en relacin con los deseos electorales de los estadounidenses tapndose unas a otras desde que sale el Sol hasta que se pone? Y, por supuesto, esas encuestas deben ser comentadas, discutidas y analizadas interminablemente por los medios. Hace unos aos, Jonathan Schell sugiri que ya no tenamos una eleccin sino (gracias a las encuestas) unas elecciones en captulos. Esto lo escribi en el Neoltico; desde entonces hemos hecho un largo y horrible camino. Ahora hay sitios web que producen mega-encuestas a partir de todos los sondeos vomitados cada da.

Y no debemos olvidar el carcter absolutamente autorreferencial de esta campaa. Si alguna vez ha habido un acontecimiento referido a s mismo y centrado solo en s mismo, este lo es. Por ejemplo, Donald Trump ha tomado posesin de Tweeter; sus furiosos tweets en todo sentido, l es el candidato ms susceptible de la historia forman rpidamente un montn importante y son citados en las noticias sobre la campaa que, a su vez, son twiteadas a Donald para que l pueda twitear y alimentar as la cinta de Moebius del parloteo.

De qu se puede culpar a Donald Trump?

Y aun as, a pesar de la catarata de palabras gastadas y de encuestas tropezando unas con otras para echar luz sobre algo cercano a la nada, cree el lector que hay algo que no se haya dicho, algo que no se haya sondeado, algo que se haya pasado por alto?

Mientras el antiguo mundo de la poltica de Estados Unidos se licua y el mar electoral contina creciendo, aquellos de nosotros que permanecemos en el litoral de la poltica interna como tantos refugiados climticos huimos de las olas de espectculo, insultos, propaganda y todo lo dems. Hablamos de un fenmeno que nos rodea, nos cubre, nos traga. Nos estamos ahogando en un ocano de palabras e imgenes llamado Elecciones 2016. No tenemos una expresin ms precisa para esto, ni un camino claro para poder retroceder y describir las aguas en las que estamos ahogndoles. Y si el lector espera que yo le diga cmo llamarlas, ms vale que se lo piense otra vez. Yo tambin me estoy ahogando.

En estos tiempos de extravagante teatro poltico es posible culpabilizar de varias cosas a Donald Trump, pero no lo culpemos del fenmeno mismo. Es posible que sea la persona ms adecuada para este momento, y eso por su asombrosa habilidad para transformarse en un interminable ciclo de noticias y engullirse miles de millones de dlares de publicidad gratuita, pero l fue uno de los ltimos en sumarse al proceso mismo. Despus de todo, l no ha sido uno de los jueces del Tribunal Supremo que, en su decisin Citizens United, de 2010, dio luz verde a la inundacin de la poltica de Estados Unidos con los dlares de los multimillonarios en nombre de la libertad de expresin y en una proporcin que deja pasmado (incluso aunque ese mismo Tribunal ha simplificado cada vez ms la definicin de corrupcin). Siendo como es un conocido tacao, Trump no ha sido quien hizo posible la compra prcticamente directa de un amplio grupo de polticos y con ello la garanta de que tendramos la primera eleccin dominada por el 1%. Tampoco ha sido uno de los que convirtieron la poltica de Estados Unidos en el escenario perfecto para que un pcaro multimillonario con dinero (y caradurez) suficiente se compre a s mismo.

Es verdad que nunca una figura de la poltica ha tenido la capacidad que tiene Donald para la televisin. Aun as antes incluso de que l fuera un resplandor en su propia percepcin presidencial, los dueos de las cadenas de noticias por cable y otras emisiones de Televisin ya haban captado que una temporada electoral que se extendiese desde aqu hasta el infierno poda llegar a convertirse en una cornucopia de beneficios econmicos. l no ha sido el nico en darse cuenta de que semejante temporada de campaa en constante expansin no solo atraera miles de millones de dlares en anuncios de contenido poltico (gracias, una vez ms, Tribunal Supremo por ayudar a dar rienda suelta a los PAC del mundo), sino tambin otros miles de millones de dlares ms aportados por anunciantes con sus spots publicitarios en el propio espectculo. l no fue el nico que se dio cuenta de que un canal de noticias de cable con un reducido equipo de produccin poda poner en juego cada gramo de energa; la condicin era hablar continuamente a su alrededor en esa campaa electoral y atraer la mirada del modo que fuese para resolver problemas interminables durante un ao o ms. Todo esto ya era aparente en las elecciones de 2012, cuando los debates se extendieron durante todo el calendario, se derramaba el dinero de los anuncios y el parloteo no acababa jams. Donald Trump no ha sido el creador de esta versin de un reality show eterno. l solo se transform en un husped transitorio y Hillary su aprendiza ms aventajada.

Aun as, tened la certeza de una cosa: ni los jueces del Tribunal Supremo, ni los dueos de los emisoras de televisin, ni los expertos, polticos, encuestadores, ni el resto de esa panda saban exactamente qu estaban creando. Pensad en ellos como el equivalente estadounidense al experimento que hizo Buddha con los ciegos y un elefante (os pido disculpas si no consigo quitar a los elefantes de esta nota).

En este desmadre de confusin que pretende ser una eleccin, con un candidato que es una estafa de Ponzi viviente y la otra que, junto con su marido, se embols desvergonzadamente una cantidad pasmosa de dlares del sector financiero y el tecnolgico, qu hacemos con nuestro extrao nuevo mundo? Ciertamente, esta ya no es solo una campaa electoral. Se parece ms a un modo de vida y, pese a todos sus debates (que ahora pesca en el caladero de la audiencia de la Liga Nacional de Ftbol), es tambin el tao de la confusin.

La temporada electoral est desaparecida en accin

Empecemos por aqu: el espectculo del momento que vivimos, que domina cada pantalla de nuestra vida y se centra en apenas dos individuos desmesurados en un pas de 300 millones y un planeta con miles de millones de habitantes, es tan abrumador que no nos deja ver la realidad. Sea lo que sea este proceso eleccionario hace que buena parte del resto del mundo desaparezca. Hasta donde alcanzo a ver, la nica historia segura para abrirse paso a travs de esto es coger el fusil de asalto, acelerar el camin, empuar el machete, activar una bomba, declarar lealtad al Daesh (cualesquiera hayan sido sus trastornados pensamientos hasta 30 segundos antes) y asesinar a tanta gente como pueda en Estados Unidos o Europa (asesinatos mucho ms penosos y repetitivos en Irak, Turqua o Afganistn no tienen el mismo valor y generalmente son ignorados).

Por supuesto, semejantes carniceras, cuando se hacen presentes en el frenes de las elecciones, solo sirven para alimentar el crecimiento de la campaa. No obstante, es una sospecha razonable pensar que en algn lugar del corazn de las Elecciones 2016 se profundiza una sensacin de temor sobre la vida de Estados Unidos, que parece mostrarse frontal solo en relacin con uno de los menores peligros (el terrorismo islmico) para la vida en este pas. Buena parte de esta campaa electoral brinda un terreno de juego tachonado de conflictos para solo dos jugadores; parecera tambin que se minimiza el verdadero conflicto y peligro en nuestro mundo al centrarlo tan totalmente en el Daesh y sus seguidores tipo lobo solitario. En ese sentido, podra ser un extrao ejercicio propagandstico en los lmites de la realidad.

Por ejemplo, consideremos las guerras de Estados Unidos. S, por supuesto, la decisin de invadir Irak ha sido discutida (y criticada) durante la campaa, y la urgencia de los dos candidatos que quedaron en carrera y de todos quienes estuvieron involucrados en el objetivo de derrotar y destruir Daesh ha sido casi abrumadora. Adems, al menos Trump se ha referido, entre otras cosas, a la falta de cualquier victoria militar en todos estos aos y a la desastrosa intervencin de urgencia en Libia por parte de Clinton. Asimismo, en un obvio ejercicio de ferviente superpatriotismo de un tipo muy poco frecuente en nuestro pas en otros tiempos, pero que ltimamente se ha convertido en nuestra segunda naturaleza, las dos convenciones partidarias presentaron a algn general retirado o funcionario de la seguridad nacional para que sermonearan al pblico estadounidense con charlas como las que dara un sargento instructor. Despus, estuvieron los acostumbrados rituales, especialmente en la convencin demcrata dedicados al temple de los cados en nuestras guerras y a la inagotable capacidad de obediencia de los guerreros y en general de las fuerzas armadas de Estados Unidos, as como la largusima polmica trumpiana con la familia del capitn de marines estadounidense y musulmn. Uno de los dos candidatos se ha habituado a elevar sus alabanzas a las ms grandes fuerzas armadas de mundo (ya sabis a cules se refiere ella) mientras jura fidelidad a nuestros generales y almirantes; el otro ha menospreciado a esas fuerzas armadas por ser un sector desastroso, una fuerza agotada y fuera de forma. Sin embargo, para ambos esto significa lo mismo: es necesario destinar an ms dinero y apoyo a esa fuerza.

No obstante, he aqu la cosa extraa. Desde hace tiempo desaparecida en accin en la campaa 2016, ha sido olvidada del todo la cuestin de las guerras reales que estn librando las fuerzas armadas de Estados Unidos, cualquier rendicin de cuentas seria, un autntico debate o discusin acerca de ellas, cmo han estado funcionando, o en qu medida el estado nacional de seguridad ha cumplido o no su cometido en estos aos. Casi 15 aos despus de la invasin de Afganistn, la guerra ms prolongada en la historia de Estados Unidos, contina an sin un final a la vista; adems, va a peor. En tanto, una vez ms se ha permitido que el poder areo de Estados Unidos acte discrecionalmente, y las fuerzas controladas por el gobierno afgano continan cediendo terreno al Talibn. Podemos pesar en ella como una guerra olvidada en esta campaa electoral, incluso a pesar de que sus fracasados generales siguen dando conferencias en medio de grandes voces de alabanza para decirnos qu debemos hacer en el futuro y a quin debemos votar. Mientras tanto, se ha lanzado una nueva campaa de bombardeo de final abierto en Libia dirigida contra los partidarios del Daesh. La ltima vez que se lanz una campaa similar dej el pas convertido en una criba. Qu es probable que suceda con esta?

Todas estas cuestiones hace mucho tiempo que estn ausentes en los discursos, debates y discusiones de la campaa electoral; tampoco aparecen la guerra real y la enorme destruccin en Irak y Siria, un tema de autntico inters; tampoco qu significa que la mayor fuerza militar del mundo d rienda suelta a su poder areo desde Afganistn a Libia, mande sus drones en misiones de asesinato selectivo desde Pakistn a Somalia, lance incursiones de ataque en el Gran Oriente Medio y frica, ocupe dos pases y no tenga resultado alguno para mostrar salvo la propagacin de cada vez ms organizaciones terroristas y el colapso o algo muy cercano a ello de muchos de los pases donde esa fuerza libra sus guerras.

De momento, esos resultados solo dan lugar a debates sobre hasta qu punto deben reforzarse las fuerzas estadounidenses, cunto dinero ms debe derramarse en ellas, cunto ms libres deben estar los generales para actuar en la conocida y repetitiva prctica, y cunto ms debemos adorar fervientemente a esos guerreros en el papel de salvadores de la patria. En 2009, Leon Panneta, por entonces director de la CIA, haca el panegrico de la campaa de asesinatos con drones en Pakistn diciendo que si el objetivo era parar a al-Qaeda, ese era el nico juego posible. Siete aos ms tarde, se podra decir que en Washington, el nico juego posible es el fracaso.

Del mismo modo, el contribuyente estadounidense vierte cerca de 70.000 millones de dlares cada ao en los 16 organismos ms importantes y una variedad de otros menores que forman parte del vasto aparato de la inteligencia; aun as como ha sucedido con el ultim golpe de Estado en Turqua la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, raramente parece enterarse de lo que est pasando.

Espionaje fracasado y guerras perdidas en un mundo cada da ms arruinado es la frmula necesaria para la ansiedad e incluso el miedo. Pero todo esto ha sido asimilado y desviado por un espectculo de pan y circo que no tiene parangn, esto es, las elecciones 2016, que para el pblico se han convertido en una especie de hbito adictivo. Incluso el miedo se ha transformado en otra forma de entretenimiento. Mientras sucede todo esto, los votantes son ahora otros tantos espectadores, cada uno desempeando su pequeo guin en un desmovilizador show de primer orden.

Y hablando de realidades, ah est la de la la agencia meteorolgica MIA; aunque el lector no se entere a travs de la campaa electoral de 2016, en la semana de la convencin demcrata, buena parte de Estados Unidos ha sufrido los sofocantes efectos del fenmeno climtico llamado cpula de calor (heat dome). No era esta una expresin que estuviera presente en el habla popular; aun as casi todo el pas estuvo transitando una seguidilla de rcords o casi rcords de temperatura estivales en un ao en el que en el mbito mundial en a uno de los primeros seis meses se rompieron los rcords anteriores de calor (como, de hecho, haba sucedido en los primeros ocho meses de 2015). Incluso las condiciones previas a la cpula de calor en los 48 estados que comparten fronteras interestatales han estado batiendo rcords de calidez (ni siquiera preguntis por Alaska). Parecera como si en esto hubiera una pauta.

Desgraciadamente, mientras el mundo va a toda velocidad hacia un medioambiente desconocido hasta ahora, segn la Agencia Nacional de la Atmsfera y los Ocanos (NOAA, por sus siglas en ingls) uno de los dos partidos del espectculo estadounidense contina insistiendo en que el cambio climtico es una patraa. Sus polticos estn casi uniformemente al servicio del sector de la Gran Energa y su candidato presidencial encabeza las listas de negacionistas climticos (El concepto de calentamiento global, sostiene, ha sido inventado por los chinos para hacer que las manufacturas de Estados Unidos dejen de ser competitivas). Mientras tanto, el otro partido, el que en teora promueve las muy necesarias respuestas al cambio climtico, ni siquiera se ha molestado en destacar la cuestin en las horas de mxima audiencia en ninguno de los tres ltimos das de su convencin.

En otras palabras, las realidades ms profundas e incmodas de nuestro mundo estn en esencia desaparecidas en accin en las elecciones de 2016.

Queris sentir miedo? Tenedle miedo a esa ausencia!

El fenmeno de la reduccin del mbito electoral

Entonces, decidme: qu es este espectculo nuestro? Ciertamente, como espectculo recoge muchos de nuestros miedos, los introduce en una vorgine y despus los sepulta en la irrealidad. Puede llevar a las audiencias a un punto de efervescencia y parece accionar igual que un test de Rorschach en el que se puede ver cualquier cosa que uno se sienta inclinado a ver segn los ltimos acontecimientos. Pensad en ello: en cierto sentido sera una campaa en contra de las elecciones. En presencia de esa campaa, no hay manera de aclarar los temas que enfrenta este pas o sus ciudadanos en un mundo en el que las personalidades que estn en el escenario crecen cada da ms y son cada vez ms extravagantes, mientras que el mbito en el que los estadounidenses tendran algo que decir se reduce rpidamente.

Entonces, buena parte de la democracia de Estados Unidos y muchas de las instituciones que nosotros financiamos para gobernarnos, en estos momentos trabajan para reforzar el poder de unas estructuras fundamentalmente antidemocrticas: unas fuerzas armadas cuyo presupuesto supera a la suma de los presupuestos de los siete u ocho pases del mundo que le siguen en gastos militares y un estado de la seguridad nacional de un tamao inimaginable antes del 11-S de 2001. Cada uno de ellos est profundamente incrustado en Washington y, por su capacidad de crecer indefinidamente, es al menos tan grotesco como la propia campaa electoral. Estamos hablando de unas estructuras que tienen que ver muy poco con la autonoma o la fundacional expresin Nosotros, el pueblo* (incluso a pesar de que nuestro cerebro es machacado sin cesar que estn para protegernos, para proteger al pueblo). En estos aos, aunque se han demostrado incapaces de ganar algo ms que nada y detectar bien poco, esas estructuras han aumentado continuamente de tamao, se han hecho ms imperiales y poderosas y, fundamentalmente, se han convertido en el cuarto poder del Estado al que los otros tres rinden pleitesa.

No importa. Hoy da estamos todos bajo la cpula de calor y cuando, el 8 de noviembre, decenas de millones de nosotros acudamos a los lugares de votacin, quin sabe realmente qu estaremos de verdad haciendo en ese momento, que no sea por supuesto pavimentar el camino hacia el prximo superespectculo de nuestra era poltica: las elecciones de 2020? Contad con ello: en los medios, las especulaciones sobre los candidatos comenzarn pocos das despus de que se conozcan los resultados de las de noviembre prximo. Y podemos estar seguros: no habr nada parecido. Deslumbrar, extasiar, asombrar. Ser el espectculo ms grande de la Tierra. Har que miles de millones de dlares cambien de manos. Electrizar, impresionar, divertir, entretendr, horrorizar y...

Dejo al lector el final de la oracin mientras yo salgo para enterarme de lo ltimo acerca de Donald y Hillary (incluya algo sobre los elefantes y obtendr un bono extra!)

* We the People son las palabras con que comienza la Constitucin de Estados Unidos, que desde 1789 es la ley suprema de esta nacin. (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project y autor de The United States of Fear como tambin de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. En miembro de The Nation Institute y administra TomDispatch.com. Su nuevo libro es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176173/tomgram%3A_engelhardt%2C_the_election_from_hell/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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