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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-08-2016

Una guerra fra al servicio de una guerra geoeconmica

Alberto Rabilotta y Michel Agnaeff
Prensa Latina


En la actualidad, y sin embargo un cuarto de siglo despus de la disolucin de la Unin Sovitica, la "guerra fra" resurge para convertirse en una amenaza creciente para la paz mundial.La tentativa en curso de utilizar la expansin de la Organizacin del Tratado del Atlntico Norte (OTAN) para completar el cerco militar de Rusia, y el giro de Estados Unidos hacia la regin Asia-Pacfico para preservar su estatus de potencia dominante, particularmente en el mar de China, son percibidas como las fuentes de este resurgimiento de una guerra fra que se pensaba haba desaparecido para siempre.

En realidad nada oculta la voluntad de Washington de provocar un aumento de las tensiones. Los anuncios casi cotidianos confirman la intencin de afirmar la presencia activa de la OTAN en Europa, y particularmente en los pases limtrofes de Rusia.

Esto se traduce mediante la creacin de nuevas bases militares, en la instalacin de sistemas avanzados de radares y de misiles de mediano alcance con capacidad de transportar ojivas nucleares, y en el anunciado estacionamiento de bombarderos estratgicos B52 en las bases europeas de la OTAN.

El teln de fondo de todo este despliegue son las incesantes maniobras militares, entre ellas el ejercicio militar Anaconda-16, que dio lugar al ms importante despliegue de fuerzas extrajeras en Polonia desde la Segunda Guerra mundial.

Un ritmo similar se observa en los vuelos de reconocimiento con claras intenciones intrusivas y la ostentadora presencia de navos y flotas de guerra de Estados Unidos (EE.UU.) y de sus aliados a lo largo de las aguas territoriales rusas y en el Mediterrneo Oriental.

Estas demostraciones de fuerza inspiradas en la estrategia de empujar al adversario hacia "el borde del abismo" son presentadas por la cartelizada prensa occidental como la "respuesta legtima" a una amenaza rusa (supuesta y jams demostrada) contra los pases del Bltico y Polonia.

Rusia sera el agresor, y la OTAN la vctima que busca asegurarse cmo defenderse. Lo mismo para el giro de los acontecimientos en Ucrania desde el derrocamiento del gobierno de Yanukvich, donde absolutamente todo "se debe a una intolerable injerencia de Rusia".

En el caso de China, la prensa occidental juzga la situacin como si la cuestin de la libertad de navegacin se limitara al "derecho" de los navos de guerra estadounidenses de patrullar en las aguas de la zona econmica exclusiva de 200 millas marinas del pas asitico, o ms an, de "controlar" las aguas del estrecho de Malaca, arteria vital para la economa china.

De esta manera la prensa occidental define hechos y eventos de situaciones que pueden rpidamente convertirse en explosivas en un marco que no deja lugar a anlisis ms equilibrados. Y de paso relega en el "purgatorio de las teoras del complot" los intentos de tomar una prudente distancia frente a una narracin dominante fabricada principalmente por los "Think Tanks" estadounidenses, debidamente amplificada por la concentracin de la propiedad de medios de difusin y la cercana -muchas veces promiscuidad- de las redacciones de esos medios con sus gobiernos respectivos en materia de cobertura internacional.

Sin olvidar la forzada dependencia hacia fuentes de informacin "reconocidas" y la homogeneidad mental existente de los periodistas empleados por esos medios, convenientemente "moldeados" por las estrategias de persuasin de las cuales pasarn a ser sus voceros.

Existen muchas variantes en los puntos de vista sobre las causas de este resurgimiento de la guerra fra, y el difundido por los medios masivos suele ser simplificador y moralizante, con el mensaje subyacente de que la fuente de tensiones sera una persistente y sorda lucha entre el mal (el autoritarismo y la corrupcin) y el bien (economa de mercado y libertad democrtica).

Por otra parte los puntos de vista marginales, con matices o en franca oposicin a esta narracin dominante, tienden a invocar el "peso dominante" de la historia, de la geografa o de las decisiones polticas tomadas bajo la presin de intereses estrechos y de orden econmico o financiero.

Tales factores, es evidente, estn en juego en la situacin actual. La explicacin del retorno de la guerra fra no puede empero ser reducida a la constatacin, no importa cun justa sea, de que el aumento de las tensiones sirve muy bien a los intereses del complejo militar-industrial de EE.UU., particularmente con la restauracin de una "amenaza rusa" mucho ms convincente que una "amenaza terrorista", real pero limitada, para as justificar los enormes presupuestos para armamentos.

Ni tampoco limitarse a exclusivas consideraciones geoestratgicas inspiradas en mayor o menor medida por las teorizaciones de geopolticos como Mahan, Mackinder o Spykman.

Una parte de la explicacin se encuentra en el "problema" que constituye, frente a la voluntad de supremaca de EE.UU., la singularidad de la posicin geogrfica de Rusia, situada en un "centro" geogrfico de la historia mundial, por la potencia creciente de Alemania en Europa y por la posibilidad de una colaboracin germano-rusa orientada hacia Eurasia. El proyecto chino de la "ruta de la seda" no pasa desapercibido en Washington, donde se lo ve como un primer paso concreto hacia la formacin de un bloque chino-euroasitico.

Es precisamente este "problema" el que en los aos 90 llev a que Zbigniew Brzezinski proclamara que en nombre de la defensa de la preponderancia mundial de EE.UU., era necesario por una parte "contener" toda tentativa de Rusia para recuperar su posicin de gran potencia, y por la otra avasallar a Europa mediante sus "socios" en el Continente.

De esta manera EE.UU. buscaba conservar el papel de rbitro supremo en las relaciones de poder en el seno del espacio euroasitico, que estuvo a su disposicin por el desmembramiento de la Unin Sovitica.

La recuperacin de Rusia bajo los gobiernos de Vladimir Putin, la afirmacin de la potencia china y el fracaso de las polticas neoconservadoras adoptadas despus de los atentados del 11 de septiembre del 2001 hicieron irrealizable la "doctrina" Brzezinski.

Es as que en lugar de intentar controlar el centro del continente euroasitico, Washington prefiri asentar la supremaca de su posicin de fuerza en el sistema financiero internacional y en el control de las nuevas tecnologas, apostando principalmente a la conclusin de tratados comerciales y de inversiones a nivel bilateral, en los cuales hace jugar a su favor la asimetra de potencia entre EE.UU. y sus "socios" para imponer los elementos claves de condicionalidad poltica.

Qu logra EE.UU. mediante esta estrategia?:

1) enfrentar dondequiera las tentativas de integracin econmica regional iniciadas sin su consentimiento.

2) abrir la va a "tratados interregionales" juzgados ms apropiados para proseguir sus intereses en cuestiones de poltica econmica y de relaciones internacionales. El papel de rbitro supremo en materia de relaciones de poder a travs del mundo que se atribuye Washington deviene as indisociable de su voluntad de someter a los pases signatarios de esos tratados a los intereses de un sistema econmico que bajo la direccin de EE.UU. est siendo construido a toda marcha en el mundo, y del cual sern los beneficiarios casi exclusivos.

El ejercicio de la hegemona transitar principalmente por la instauracin del neoliberalismo a travs del mundo. El imperialismo aplicar a fondo la presin para concluir esos tratados comerciales, de proteccin de las inversiones y de los derechos de propiedad intelectual, que segn el discurso oficial estn destinados a asegurar un "buen mbito" para los negocios en el marco de un proceso de internacionalizacin de la economa.

Esos tratados servirn sobre todo a consolidar los mecanismos esenciales del orden imperial estadounidense, o sea la primaca del sistema financiero de EE.UU., el papel central del dlar en el sistema monetario mundial, la aplicacin extraterritorial de las leyes estadounidenses, la reproduccin de los estndares de EE.UU. en las reglamentaciones sobre la propiedad intelectual.

Asimismo la multiplicacin de mecanismos privados para el arreglo de los diferendos comerciales y de inversiones que marginalizan el papel de los gobiernos nacionales en las orientaciones de las economas de los pases.

Esta presin imperialista es aplicada a fondo y puede llegar a la desestabilizacin de los "pases recalcitrantes" ms dbiles, utilizando para ello las conocidas vas del apoyo a la contestacin democrtica por va electoral, el lanzamiento de acusaciones de crmenes o corrupcin, mediante el apoyo orgnico y financiero de la subversin interna, as como de presiones o sanciones econmicas de todo tipo.

Y adems de estos instrumentos, en pases juzgados como "difcilmente quebrantables", como Rusia y China, la estrategia aplicable incluye la contencin y amenazas en sus regiones fronterizas: para el primero la sostenida agitacin en el Cucaso y el derrocamiento del gobierno en Ucrania en 2014, y para el segundo el separatismo en la regin autnoma Uigur de Sinkiang y el conflicto territorial en el mar del Sur de China.

En Amrica Latina, tierra de ensayo de las polticas del imperialismo neoliberal, Washington y sus aliados locales han logrado a travs su influencia en los "independientes" poderes judiciales y los cartelizados medios de comunicacin, derrocar gobiernos (golpes de Estado en Honduras en 2009, en Paraguay en 2012 y juicio poltico para inhabilitar a la presidenta brasilea Dilma Rouseff en 2016).

Y paralizar a gobiernos que buscaban ampliar la democracia y la justicia social, como Argentina bajo los gobiernos de Cristina Fernndez.

Para el politlogo argentino Edgardo Mocca, existe "un profundo interrogante sobre el rol del Poder Judicial en la democracia argentina porque se acumulan elementos que inducen a pensar que la corporacin judicial se ha convertido en uno de los pilares de la restauracin neoliberal, en un plano de igualdad con las cadenas monoplicas de comunicacin en un interesante reparto de roles:

Los medios construyen el mapa de los "buenos" y los "malos" en la poltica argentina y algunos jueces traducen esa cartografa en fallos judiciales". Esta crtica es compartida por Ral Zaffaroni, exjuez de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina.

De hecho, el hegemonismo estadounidense y el neoliberalismo se refuerzan mutuamente al posibilitar que, una vez eliminada la amenaza de un sistema socioeconmico alternativo, sea restablecido el poder y los ingresos de los monopolios y las grandes empresas, y por lo tanto de las oligarquas de las finanzas y las industrias de los pases "desarrollados" -la "triada" constituida por EE.UU., Japn y la Unin Europea-, cuya influencia determinante en el seno de los sistemas polticos nacionales crecer an ms, permitindoles as un mayor drenaje de inmensos recursos financieros que les llegarn bajo la forma de "renta".

El proceso de internacionalizacin de las economas y de la transnacionalizacin de las empresas occidentales es crucial para esas oligarquas que se integran sin reservas al neoliberalismo globalizado, y cuyo objetivo principal es por lo tanto preservar a cualquier costo los intereses de sus empresas e intereses personales en la gestin del mercado mundial.

El imperialismo actual ha ido evolucionando hacia una forma ms colectiva, en la cual EE.UU. acta como defensor de los "intereses comunes" que comparte son sus aliados subalternos, o sea los dems miembros del G7, que en la prctica ha sido convertido en el "directorio del mundo".

En esta configuracin los aliados subalternos aceptan que deben contentarse con un desigual reparto de las ventajas que podrn ser obtenidas, y sus oligarquas nacionales estiman que "las ventajas procuradas por la gestin del sistema mundializado por EE.UU. para cuenta del imperialismo colectivo superan sus inconvenientes" .

EL SUEO (Y LA PESADILLA) DEL RETORNO A UN MUNDO UNIPOLAR

Adoptando el papel de gendarme mundial de esta mundializacin neoliberal, Washington se arroga el derecho de intervenir en el pas que considera necesario y en cualquier regin del planeta, recurriendo para ello a sus redes de influencia y a sus aliados locales, con la fuerza brutal cuando lo estima necesario.

El balance de las ltimas dcadas es definitivamente claro, con las diversas tentativas de cambios de rgimen, las invasiones de Afganistn, de Iraq y de Libia. Es un hecho que en el breve perodo de unipolaridad que seguir a la desaparicin del "enemigo" sovitico y de la "amenaza" comunista, EE.UU. consider su hegemona mundial como un hecho irreversible.

Este punto de vista contina dominando el pensamiento poltico estadounidense a pesar de los cambios en la correlacin de fuerzas en el terreno econmico mundial, as como del evidente fracaso del neoliberalismo en la resolucin a largo plazo del problema de los ciclos de realizacin del capital en las economas reales, una contradiccin fundamental que mina desde los aos 70 del siglo pasado a las economas de los pases ms desarrollados del capitalismo.

A esto se aade la creciente prdida de credibilidad en las elites dirigentes por parte de las poblaciones, como lo vemos en las sociedades de EE.UU., Gran Bretaa y otros pases de la "triada".

Empero, la inflexibilidad sigue figurando en el "orden del da" cuando se trata de proseguir las polticas imperialistas, y esto se explica por dos razones principales. La primera es la rigidez del "nuevo orden legal internacional" que ha sido implantado a lo largo de los diferentes tratados bilaterales y multilaterales sobre el comercio, la proteccin de las inversiones y el derecho de propiedad intelectual. Lo anterior, y el haber creado un "santuario" para los intereses financieros a fin de resguardarlos de las decisiones polticas, han subordinado los Estados a este "nuevo derecho" que en la vida social real ha vaciado la democracia liberal y representativa de su contenido, conservando solamente su aspecto formal.

A diferencia del capitalismo de la era industrial, que para sobrevivir y conservar el poder terminaba aceptando negociar con las fuerzas sindicales y polticas algunas reformas laborales y sociales, el actual sistema descarta definitivamente toda transformacin o mutacin del modelo econmico, revelando as su naturaleza profundamente antisocial, tema que comienza a preocupar a destacados economistas y a medios destinados a la cpula empresarial.

Eso explica que la "retroalimentacin" democrtica, desde el terreno laboral hasta el social y poltico, haya sido limitada y va camino de la extincin, y que la preocupacin por mantener los dogmas subyacentes del modelo nieguen sistemticamente la necesidad de respetar la pertinencia social.

Como con las monarquas absolutistas basadas en el "derecho divino", en este sistema casi no hay espacio a la negociacin y a reformas que favorezcan tanto a las economas reales como a las sociedades, y esta poltica tambin se refleja tanto en la vida poltica y social de los pases del bloque occidental como en sus relaciones con los pases percibidos como "recalcitrantes".

La segunda fuente de esta rigidez es la homogeneidad mental que reina en el estrato de los cuadros y empleados en las esferas polticas, econmicas, mediticas y acadmicas. Homogenizacin que es fruto de la implantacin en esas esferas de las ideas neoliberales en el curso de las ltimas dcadas.

Durante largo tiempo la formacin recibida y los criterios de seleccin jugaron a favor de este tipo de perfil en los candidatos. Esta homogenizacin mental es actualmente una barrera a cualquier crtica que ponga en tela de juicio los supuestos fundamentales del neoliberalismo y que abra espacio a la exploracin de soluciones de recambio que se alejen o contradigan los fundamentos de esa doctrina, y por lo tanto a la flexibilidad en la negociacin, tanto en el terreno de las relaciones y de los aspectos sociales, como tambin en las relaciones internacionales.

Tal inflexibilidad en el contexto de una creciente inestabilidad hegemnica tiene por consecuencia los comportamientos internacionales que vemos en EE.UU. y sus aliados subalternos, que de ms en ms contradicen aspectos esenciales de la realidad existente. Esta inflexibilidad se manifiesta en la "falta de armona" o de coherencia entre algunas de las partes del sistema mundial de alianzas del imperialismo.

El laxismo de EE.UU. en la tarea de mantener la disciplina en el campo de sus aliados puede explicarse por una cierta embriaguez nacida de los "vapores" de la unipolaridad, que se disipa rpidamente desde comienzos del 2013.

Pero considerando con realismo la situacin, ese laxismo puede tambin ser explicado por las transformaciones exigidas a partir de la dualidad "totalitarismo neoliberal-hegemonismo estadounidense", que en s misma puede ser fuente de contradicciones.

La defensa de la unipolaridad a cualquier precio, las fallas de disciplina en el campo de sus aliados y los temerarios comportamientos que se produjeron en el Cercano Oriente, en frica del Norte, en la periferia de Rusia y de China, permitieron crear "un caos bien planificado y muy til al imperialismo" en las relaciones internacionales y la gestin -de corto plazo y alcance- de las contradicciones polticas, econmicas y sociales generadas por el totalitarismo neoliberal.

Esto ltimo puede tambin ser visto como la creacin y la explotacin sin fin de tensiones en el mundo para que funcionen como vlvulas externas de seguridad, destinadas a bajar las presiones sociales internas.

En cuanto a la lgica propia a la dinmica del imperialismo, el caos en el cual fue sumergido el Oriente Medio es un elocuente testimonio. Las invasiones de Iraq y Libia, la desestabilizacin de Siria, la apertura poltica hacia los "hermanos musulmanes" en Egipto, y por otra parte el apoyo otorgado a regmenes confesionalistas y retrgrados, como mnimo complicaron y retardaron considerablemente la emergencia de un mundo rabe ms estable y desarrollado, o dicho de otra manera, la construccin de un polo rabe en un mundo que evoluciona hacia la multipolaridad.

Lo que es bien cierto, y ms all de las "ventajas tcticas" y las "victorias prricas" ganadas en ese caos, son los enormes riesgos incurridos para la paz regional y mundial. Podemos pensar en el comportamiento del presidente turco Erdogan, mandatario de un pas miembro de la OTAN, con su proyecto de reconstituir el Imperio otomano, su apoyo a los grupos rebeldes y terroristas en Siria mientras reprime de manera brutal y sangrienta a la poblacin kurda dentro del territorio nacional.

O el peligroso polvorn creado por el "cambio de rgimen" en Ucrania y la formacin de un gobierno dominado por una alianza entre oligarcas que originaron los problemas en ese pas con ultranacionalistas y neonazis de origen reciente o antiguo.

Y qu decir de la poltica seguida por la familia real de Arabia Saudita, que se sirve de un movimiento poltico-religioso, el wahabismo, para desestabilizar sociedades que se consideren mnimamente laicas, que provoca abiertamente conflictos blicos, como en Siria y Yemen, y se ensaa en aumentar las tensiones con Irn, sin importar que podra as precipitar toda la regin en una guerra?

Lo mismo con Israel, pas que est profundamente comprometido en la confrontacin con Irn y que participa en la desestabilizacin de la regin medio-oriental, y que se paga el lujo de ignorar dcadas de condenaciones y crticas por parte de la mayora de pases del mundo por sus odiosas polticas de expansin territorial y de brutal represin del pueblo palestino.

Es por eso que no hay nada de sorprendente en la llamada de atencin lanzada recientemente por Ted Galen Carpenter, importante miembro del conservador Instituto Cato y colaborador de la publicacin National Interest, quien escribe que ya "es tiempo de podar la sobre-extendida red de alianzas" de EE.UU. a travs de la OTAN, recordando que esa tarea nunca fue llevada a cabo por la OTAN al final de la guerra fra, y que ahora es necesario emprenderla.

Carpenter escribe que hay dos tipos de aliados que califican para ser "podados": los pases del Bltico, que son pequeos, carecen de importancia estratgica en lo econmico para EE.UU. y tienen malas relaciones con Rusia, y los "aliados odiosos" por sus polticas domesticas y regionales, desde Arabia Saudita hasta Turqua, pasando por Egipto e Israel.

Pero la "poda" no ha sido hecha y tampoco lo ser en un futuro cercano, sino ms bien al contrario, ya que EE.UU. sigue incorporando o buscando incorporar a ms pases vecinos o cercanos a Rusia, sin tomar en cuenta las intenciones polticas ocultas o no de esos nuevos aliados.

Y sin considerar que en caso de un grave incidente fronterizo provocado contra Rusia, sin el apoyo explicito de Washington, todo acto de guerra corre el riesgo de transformarse en pocos segundos en una conflagracin nuclear, y todo enfrentamiento regional convertirse rpidamente en conflicto mundial.

Para muchos observadores Washington est claramente dando la impresin de que no puede o no quiere imponer a sus aliados la disciplina imperial en el delicado terreno de gestos y acciones que pueden conducir a la guerra.

La disciplina imperial reposa desde hace milenios en el principio de que los aliados y vasallos no tienen intereses ms all de servir al supremo inters del imperio. No importa cun seductoras sean las distinciones entre las diferentes formas de hegemona y de imperialismo, ninguna es suficiente para explicar la ruptura de ese principio.

Y a la vista de la reaccin muy negativa de Israel y Arabia Saudita en el 2011, cuando la Administracin Obama abandon al (entonces) presidente egipcio Hosni Mubarak, es difcil descartar la hiptesis de que efectivamente un mundo unipolar convena a un buen nmero de aliados de EE.UU., porque les ofreca el marco para facilitar la realizacin de sus propias ambiciones regionales.

Esos aliados no tienen pues ningn inters, ni tampoco intencin alguna, de abandonar las ventajas que para sus proyectos les proporcionaba la unipolaridad. Por eso continan actuando temerariamente y en el marco de un escenario perimido, provocando o alimentando peligrosas confrontaciones polticas o militares, porque a algunos de ellos un retorno a la guerra fra puede parecerles ventajoso.

En un reciente artculo titulado "Estados Unidos, crecientemente inestable", el socilogo Immanuel Wallerstein analiza la inestabilidad, que ya no es un problema exclusivo de los llamados "pases del Sur", y que est propagndose a las esferas de la sociedad y la poltica en EE.UU.

Apunta que paralelamente en "todo este tiempo Estados Unidos ha ido perdiendo su autoridad en el resto del mundo. De hecho ya no es hegemnico. Quienes protestan y sus candidatos han estado notando esto, pero lo consideran reversible, pero no lo es. Estados Unidos es ahora un socio global considerado dbil e inseguro. Esta no es meramente la visin de los Estados que en el pasado se han opuesto con fuerza a las polticas estadounidenses, como Rusia, China, Irn. Esto es tambin cierto para los aliados presumiblemente cercanos, como Israel, Arabia Saudita, Gran Bretaa y Canad.

A escala mundial, el sentimiento de confiabilidad de Estados Unidos en el mbito geopoltico se movi de casi 100 por ciento durante la poca dorada a algo mucho, mucho menor. Y empeora a diario".

El severo juicio planteado por Wallerstein parece confirmarse en los hechos, con los virajes y cambios de la poltica exterior de Turqua despus de la extraa tentativa de golpe de Estado el pasado 19 de julio.

Esta degradacin no ha pasado desapercibida para un diplomtico que conoce la historia, como el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergui Lavrov, quien refirindose a los "importantes cambios que estamos viendo en la escena internacional", dijo el pasado 1 de junio que nuevos centros de desarrollo econmico e influencia estn emergiendo y ganando fuerzas, sobre todo en la regin Asia-Pacfico, pero que "tambin observamos un fenmeno tan extraordinario como la transformacin de Europa en una regin que irradia no el tradicional bienestar, sino la inestabilidad".

Esta "irradiacin" de inestabilidad a partir de Europa proviene sin duda de los efectos perversos del modelo econmico, social y poltico de la Unin Europea (UE) y de la demostrada incapacidad de los actores principales de la UE (Alemania y Francia en particular) de oponerse a la poltica temeraria que emana de Washington.

A lo que se agrega el rechazo a aceptar que la hegemona neoliberal y la unipolaridad son cosas del pasado, y que nos encontramos en una transicin geopoltica que puede llegar a ser el embrin de una multipolaridad, o de un policentrismo, como suelen decir los rusos.

GUERRA FRA Y GUERRA SICOLGICA PARA LIBRAR LA BATALLA GEOECONMICA?

La "suspendida" presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo recientemente que la emergencia del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudfrica) fue un evento sin precedentes en los asuntos internacionales, el alcance de una cima desde el punto de vista de los procesos multilaterales y de la construccin de un mundo multipolar, y sin duda en referencia a EE.UU. y sus aliados, seal que "sabemos que eso meti miedo en algunos pases".

Si como seala Wallerstein, el imperialismo estadounidense ya no es hegemnico, entonces el combate "a vida o muerte" contra cualquier alternativa socioeconmica al proyecto neoliberal, como lo ve la presidenta Dilma, nos permite entender las "urgencias" por parte de Washington y sus aliados de la OTAN para crear el fantasma de un "enemigo estratgico comn", de una "guerra fra" que permita construir a "marcha forzada" una cohesin poltica e ideolgica del "mundo occidental".

Tambin las "justificaciones" para la arremetida ideolgica, la represin policial, la intervencin directa o la injerencia y la subversin poltica destinada a erradicar cualquier alternativa socioeconmica, sea nacional, regional o internacional, capitalista o no, que responda a legitimas necesidades sociales y econmicas de los pueblos.

El cubano Fabin Escalante Font da una buena indicacin para entender esta compleja realidad cuando seala que "el concepto de guerra sicolgica" se comenz a formar en Estados Unidos a finales de la dcada del 40, en el pasado siglo, con el inicio de lo que se denomin la "guerra fra".

Es precisamente en 1951 que va a figurar por primera vez en el diccionario del Ejrcito norteamericano bajo la siguiente definicin: "La guerra sicolgica es el conjunto de acciones emprendidas por parte de una o varias naciones en la propaganda y otros medios de informacin contra grupos enemigos, neutrales o amigos de la poblacin, para influir en sus concepciones, sentimientos, opiniones y conductas, de manera que apoyen la poltica y los objetivos de la nacin o grupo de naciones a la cual sirve esta guerra sicolgica".

Todo esto es an ms comprensible si lo incorporamos a la concepcin que est ponindose de moda, pero que en realidad es un "refrito" de lo que ha sido una antigua prctica en Washington, de "hacer la guerra por otros medios", que es asimismo el titulo (War by Other Means) de un reciente libro escrito por R. D. Blackwill y J. M. Harris, dos importantes ex funcionarios de ideologa neoconservadora, y que recibi elogios en una resea del Council on Foreign Relations (CFR), crisol de polticas imperialistas si hay uno.

Lo primero que el CFR destaca es que los autores "combinan su experiencia en poltica internacional en Administraciones Republicanas y Demcratas" para pedir que el gobierno de EE.UU. preste "al comportamiento geoeconmico" el mismo inters que presta a la cooperacin sobre seguridad en las relaciones con los aliados y socios.

Y que de la misma manera -por ejemplo- utilice la posicin que EE.UU. tiene como "superpotencia en energticos" para ayudar a aliados como Polonia y Ucrania, y asegurar que el Tratado Transpacfico y el Tratado Transatlntico "sirvan para balancear las polticas geoeconmicas de China y Rusia".

Julian Snelder hace una resea de este libro desde un punto de vista crtico, y destaca algunas citas que valen la pena aunque no digan algo nuevo, como que "la carrera por el liderato se pelea fundamentalmente en trminos econmicos", o que "para resolver los problemas exteriores Washington lleva muy rpido la mano a su pistola, en lugar de llevarla a su cartera".

Blackwill y Harris enfatizan que para ellos no se trata de que EE.UU. abandone su rol mundial, sino lo opuesto, o sea que "active una estrategia que maximice los intereses estadounidenses a travs del comercio, las finanzas y las inversiones".

Snelder apunta que en ese libro se cita al "halcn" Edward Luttwak, quien parafrasea a Clausewitz cuando afirma que "la geoeconoma es la continuacin de las antiguas rivalidades entre las naciones por medios industriales", y que los enemigos de EE.UU. en esta "confrontacin geoeconmica son China, Rusia y otros Estados capitalistas en los cuales los gobiernos nacionales son los principales actores en el terreno de los negocios".

Aaden que Blackwill y Harris consideran que los bancos de desarrollo de China (BDCh) y de Brasil (BNDES) "pueden llevar adelante una diplomacia con capital en una escala no equivalente en Occidente".

Ante quienes piden el uso del comercio, las finanzas y las inversiones como armas, afirmando que en ese captulo EE.UU. se la pas "durmiendo una siesta", Snelder replica que "Cuba e Irn quizs estn en desacuerdo. Las sanciones estn entre las herramientas geoeconmicas ms poderosas que han sido usadas por EE.UU., con efectos devastadores".

Aade que incluso los autores de "War by Other Means" sealan que EE.UU. ha sido el principal pas en imponer sanciones, en ms de 120 ocasiones a lo largo del siglo pasado". Y recordando un poco de historia se puede agregar que desde el Tratado de Versailles (1919) la agresin a la Unin Sovitica y luego a los pases socialistas en general fue fundamentalmente en el terreno econmico, comercial y tecnolgico, para impedirles a esos pases un desarrollo econmico armonioso mediante su integracin en el comercio internacional.

Esta poltica contina, lo que puede llevar a decir que se prosigue la poltica de las caoneras del Imperio Britnico, pero bajo una forma ms sofisticada.

Como antes, el imperialismo capitalista es la cuestin central.

La movilizacin por la paz se impone como nunca antes. Un nmero creciente de militantes polticos y sociales de Europa, EE.UU. y de otros pases estn concentrando sus esfuerzos en ese sentido. Esos militantes provienen de diferentes horizontes pero tienen en comn el haber tomado consciencia de los desastres pasados y presentes del liberalismo econmico desenfrenado.

Saben que ese liberalismo econmico, en sus fases del siglo XIX, siempre condujo a conquistas imperialistas y a la rapia colonial en los pases del Sur, y a que en contrapartida en los pases del Norte se implantara un sistema rentista y parasitario destructor de las sociedades.

Igualmente saben que ese liberalismo econmico fue el origen de conflictos blicos en Europa y de dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1045). Y observando la realidad actual tienen consciencia que este liberalismo econmico slo puede profundizar an ms la ya enorme fractura social, y esto en todos los pases del mundo, y llevar ineluctablemente a una forma de feudalismo, de servidumbre, como la descrita en los trabajos del economista Michael Hudson.

Las provocadoras polticas de EE.UU. y la OTAN, y las insensatas polticas de los dirigentes de ciertos pases aliados en Europa y el Oriente Medio pueden fcilmente empujar el mundo al borde de una nueva guerra, esta vez con armas nucleares.

Un testigo de peso de la guerra fra, el General (retirado) George Lee Butler, que de 1991 a 1994 fue Comandante de la Fuerza Area Estratgica y de su reemplazo, el Comando Estratgico, o sea el primer Comandante del fin de la Unin Sovitica y de la Guerra Fra, al menos en teora, condena en sus memorias las estrategias de confrontacin militar en la era nuclear.

Segn l "no tienen justificacin militar o poltica", porque "la guerra nuclear al por mayor" -del tipo que l y sus colegas prevean, planificaban y simulaban en ejercicios- "habra hecho insustentable la vida, tal como la conocemos", porque "miles de millones de personas, animales, todo lo viviente, pereceran bajo las peores condiciones agonizantes que pudieran ser imaginadas".

Hoy da, y por todo esto, el antiimperialismo vuelve a ser la cuestin central en la lucha contra el capitalismo realmente existente y las oligarquas nacionales mundializadas y mundialistas, y eso para luchar por la supervivencia de las sociedades y el equilibrio ecolgico del planeta.

Alberto Rabilotta y Michel Agnaeff son colaboradores de Prensa Latina.


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