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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2016

S que hay alternativas al determinismo econmico y/o tecnolgico

Vicen Navarro
Pblico


Uno de los posicionamientos ms extendidos en la cultura poltica y econmica del pas es que la globalizacin de la economa a nivel mundial ha hecho imposible llevar a cabo polticas a nivel del Estado-nacin, y muy en particular aquellas que estn encaminadas a mejorar la calidad de vida de las clases populares que, por cierto, constituyen la mayora de la poblacin en cada Estado-nacin. La famosa frase de que no hay alternativas se convierte en un muro frente a cualquier intento de cambio. De esta manera, el desmantelamiento de los servicios pblicos del Estado del Bienestar y el descenso de los salarios y de la estabilidad laboral, con el consiguiente deterioro del estndar de vida de la mayora de la gente, se presentan como inevitables e inalterables. Por desgracia, un nmero creciente de movimientos sociales y partidos polticos progresistas estn tambin aceptando esta interpretacin de la realidad, concluyendo que, a no ser que haya un cambio global (bien sea de la Eurozona, o de la Unin Europea, o del mundo capitalista), es poco lo que se puede hacer para cambiar tales polticas.

En otras ocasiones, este determinismo econmico es sustituido o complementado por otro determinismo, este de carcter tecnolgico, que asume que los cambios tecnolgicos son los que estn configurando nuestras sociedades, sin que podamos hacer mucho para cambiarlo. As se asume contra toda evidencia emprica existente- que los avances tecnolgicos en la automatizacin del trabajo estn destruyendo puestos de trabajo, abocndonos a un futuro sin puestos de trabajo.

Ni que decir tiene que estas explicaciones deterministas estn promovidas por las estructuras de poder responsables del enorme descenso de la calidad de vida y bienestar de las poblaciones, que promueven estas explicaciones para ocultar las causas reales de esta situacin, que no son ni econmicas ni tecnolgicas, sino polticas, es decir, el control del poder econmico, financiero, poltico y meditico por parte de estas estructuras, que se benefician enormemente de la situacin actual y que, a travs precisamente de los Estados-nacin y las estructuras supranacionales que ellos controlan, estn configurando esta globalizacin y/o esta tecnologizacin.

Los Estados-nacin continan siendo clave

Un ejemplo claro de lo que estamos hablando son los mal llamados tratados de libre comercio que sistemticamente favorecen a unas clases sociales de los Estados-nacin a costa de otras clases sociales de los mismos Estados-nacin. La aplicacin, por ejemplo, del NAFTA (el Tratado de Libre Comercio entre Canad, EEUU y Mxico) benefici a las clases empresariales de los tres pases a costa de las clases populares de cada pas. La evidencia de ello es abrumadora. Grandes empresas manufactureras basadas en EEUU (donde el salario mnimo es de 7,25 dlares por hora) se desplazaron a Mxico (donde tal salario mnimo es de solo 58 cntimos), disparando sus beneficios empresariales, que beneficiaron a sus directivos y accionistas, a la vez que destruyeron millones de puestos de trabajo, devastando estados industriales como Ohio, Michigan y Pennsylvania, entre muchos otros. Por otra parte, estas inversiones extranjeras en Mxico, aun cuando crearon empleo, tambin destruyeron mucho ms empleo, al causar el colapso de muchas empresas locales mexicanas que no pudieron competir con las grandes empresas transnacionales, creando as un elevado desempleo en Mxico, que increment el flujo migratorio de aquel pas hacia EEUU (ver Murdering American Manufacturing: Strictly Business).

Un tanto parecido ha ocurrido con el General Agreement on Tariffs and Trade (GATT), y ocurrir con el tratado entre EEUU y la Unin Europea. No es por casualidad que los establishments financieros y econmicos de los Estados-nacin a los dos lados del Atlntico Norte sean favorables a tales tratados y sean precisamente las clases populares las que se oponen a la globalizacin econmica y financiera. La globalizacin econmica es un fenmeno predominantemente poltico, y responde a fuerzas polticas que se ejercen a travs de los Estados y, a travs de ellos, en las entidades supranacionales. Los pases escandinavos, debido a su pequeo tamao, son los pases ms globalizados (es decir, integrados en la economa internacional) de Europa y, sin embargo, estn entre los pases que tienen salarios mayores y los Estados del Bienestar ms avanzados, y ello se debe a causas polticas, no econmicas: el gran poder de las izquierdas en tales pases, habiendo estado gobernados por coaliciones de partidos progresistas durante la mayora del periodo post Segunda Guerra Mundial. Este es el punto clave del que los globalistas parecen no darse cuenta.

Un tanto parecido ocurre en cuanto al determinismo tecnolgico. Como bien ha subrayado Anthony B. Atkinson en su libro sobre desigualdades (Inequality: What Can Be Done?), atribuir estas desigualdades a cambios tecnolgicos es ignorar que estos cambios estn configurados, a su vez, por las coordenadas de poder que controlan su diseo y su aplicacin. No es por casualidad que estos cambios tecnolgicos acenten todava ms las desigualdades, pues en una sociedad desigual la introduccin de nuevas tecnologas acenta an ms las desigualdades, pues su acceso no est igualmente distribuido.

Las consecuencias sociales de estos cambios

Branko Milanovic, hace un par de aos, en sus clases en el Programa de Polticas Pblicas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra, acentu que la globalizacin configurada por las polticas pblicas de corte neoliberal y que han sido impuestas a los dos lados del Atlntico Norte por los establishments financieros, econmicos, polticos y mediticos de cada uno de estos Estados, han ido configurando unas sociedades muy parecidas a las existentes en el continente de Amrica Latina a finales del siglo XX, cuando el neoliberalismo era la ideologa dominante en aquel territorio. Haba el 16% 21% (el 1% ms un 15% 20%) superior, que era la clase cosmopolita (ligada al capital internacional, claramente articulada con el capital de los otros pases dominantes del norte, centro y sur de las Amricas), unas clases medias en claro descenso, y una clase trabajadora muy local, poco cosmopolita y claramente amenazada por tal globalizacin, al ver sus intereses sacrificados constantemente en aras de la supuesta competitividad y globalizacin. Esto es lo que hoy est ocurriendo a ambos lados del Atlntico Norte. No es, por lo tanto, sorprendente que haya un rechazo procedente de estas clases populares hacia los establishments poltico-mediticos, meros instrumentos de los establishments financiero-econmicos en cada Estado-nacin.

Este rechazo, que alcanza dimensiones de gran hostilidad, est siendo canalizando por dos fuerzas polticas de signo diferente y en muchas ocasiones opuesto, aunque puedan tener elementos en comn. La base electoral de tales movimientos anti-establishment es la clase trabajadora (la misma clase que haba desaparecido de la narrativa oficial, que haba sido sustituida por la clase media) de estos pases.

Una de estas fuerzas polticas es la respuesta de carcter predominantemente nacionalista, en un intento de recuperar la identidad perdida (consecuencia de la globalizacin) interpretando (errneamente) tal globalizacin como internacionalizacin. En realidad, el Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE ser la americanizacin de la vida poltica, cultural, financiera y econmica de los pases de la UE. La otra fuerza poltica es la que intenta cambiar las relaciones de poder de clase dentro de cada Estado para as poder establecer otro tipo de globalizacin que sera la autntica internacionalizacin. La polarizacin poltica que estamos viendo en Europa en los dos lados opuestos del espectro poltico es un indicador de la expresin de estas dos respuestas a la llamada globalizacin.


Vicen Navarro Catedrtico de Ciencias Polticas y Polticas Pblicas, Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrtico de Economa Aplicada, Universidad de Barcelona, y autor del libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crtica al pensamiento econmico dominante. Anagrama, 2015



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