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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2016

Los feminicidios, parte de la cuarta guerra mundial

Ral Zibechi
La Jornada


El 14 de agosto la pgina desinformemonos.org adverta sobre los 31 feminicidios registrados en Quertaro desde enero de 2015, con un breve y estremecedor relato.

Los juegos, los sueos, la escuela, los amigos, la familia, los cumpleaos, los viajes, la seguridad, la libertad, la dignidad y la vida han dejado de ser derechos para convertirse, vergonzosa, intolerable y lamentablemente en beneficios que se adquieren cuando moderas tu manera de hablar, cuando cuidas la manera en que vistes, los horarios en que sales, lugares que frecuentas, cuando dejas de confiar en las personas y cuando tu vida deja de ser tu vida.

El artculo destaca que los feminicidios son a todas luces violencia de Estado; denuncia la impunidad que los arropa y propicia la repeticin del dao, y destaca que la mayora de las vctimas suelen ser mujeres indgenas y pobres.

La informacin remite directamente al libro de Silvia Federici, Calibn y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulacin originaria (Traficantes de Sueos, 2010). Un trabajo de duradera influencia, que contribuye a iluminar la realidad permitiendo una mejor comprensin de un conflicto social. Analiza la caza de brujas en la sociedad medieval, y a la vez contribuye a la comprensin de lo que sucede en este periodo de la historia.

Federici sostiene que el feudalismo fue erosionado por el poder y la autonoma conseguidas por las clases populares, y que la respuesta de las clases dominantes fue una violenta ofensiva que sent las bases del capitalismo. La esclavitud y el colonialismo, el sometimiento de los trabajadores en la produccin y el confinamiento de las mujeres en la reproduccin, la creacin de jerarquas de raza, gnero y edad, formaron parte de esta nueva dominacin.

El capitalismo no slo lleg chorreando sangre y lodo desde los pies a la cabeza (Marx), sino creando un inmenso campo de concentracin, donde la esclavitud en las plantaciones y la mita en las minas impulsaron la acumulacin de capital (Federici, p. 91). El poder de las mujeres fue destruido con la caza de brujas, y los varones (y las mujeres, nios y nias) fueron sometidos mediante la esclavitud asalariada y la esclavitud, para apropiarse de los bienes comunes.

Hoy atravesamos la crisis del capitalismo y la clase dominante vuelve a utilizar la violencia para perpetuarse. En la base de esta crisis est el poder adquirido por los sectores populares organizados en movimientos, en particular desde la dcada de 1960, cuando obreros fabriles desarticularon el poder patronal al desbordar la disciplina fordista.

La ofensiva en curso del capital busca destruir esa capacidad de organizacin y de lucha de los de abajo. Pero el mundo popular es hoy bien diferente al de antao, en particular por la crisis del viejo patriarcado. Cualquiera que conozca los movimientos antisistmicos sabe que las mujeres juegan un papel central, aun cuando no sean tan visibles como los varones. Ellas son la argamasa de la vida colectiva, son las encargadas de la reproduccin de la vida y de los movimientos. Adems de cocinar, tejer y cuidar los animales en sus hogares, se juntan con otras mujeres para hacer lo mismo, pero en colectivo. Son las guardianas de los bienes comunes, materiales e inmateriales.

Ellas, y sus hijos e hijas, son las sostenedoras del mundo popular, de las familias extensas y de las organizaciones, desde las comunidades urbanas hasta las campesinas e indgenas, desde Chiapas y Chern hasta Wall Mapu y los Andes. No es casual que estemos ante una nueva caza de brujas, cuando la reproduccin ocupa un lugar tan importante en la resistencia y en el poder de las mujeres, con sus comunidades.

Las mujeres, y sus hijas e hijos, han desarticulado la familia nuclear patriarcal, el poder de la Iglesia y del cura, el papel disciplinante de la escuela, el cuartel, el hospital y el taller. Han creado un mundo donde las relaciones colectivas prevalecen sobre las familiares y la cooperacin entre ellas hace que la divisin sexual del trabajo sea una fuente de poder y de proteccin para las mujeres, como escribe Federici sobre la sociedad medieval (p. 41). Prestar atencin a lo que sucede en un tianguis, un comedor o un barrio popular hace innecesarios ms comentarios.

La violencia para aniquilar a los sectores populares, a travs del narco, del feminicidio y de las guerras contra los pueblos, ha sido diseada por las clases dominantes para destruir nuestros poderes. No slo los explcitos. Federici nos recuerda que los trabajadores del siglo XV ensayaban mltiples resistencias: dejaban de trabajar cuando tenan lo suficiente, slo aceptaban tareas por tiempo limitado, se vestan de forma ostentosa, de modo que eran indistinguibles de los seores (p. 78).

La nueva caza de brujas, ahora sin juicios ni formalidades, sino a bala limpia, es parte de la cuarta guerra mundial del capital para eliminarnos como pueblos. Para triunfar en la lucha de clases, la burguesa debe arrasar la autonoma de los pueblos, de las comunidades y de las personas; la violencia y las polticas sociales son, en ese sentido, complementarias. El ataque a las mujeres y sus hijos es uno de los nudos de esta guerra.

Como en los albores del sistema, en su decadencia la violencia vuelve a ser el principal agente de la acumulacin de capital. Lejos de cualquier ilusin, debemos comprender que la violencia no es ni un error ni una desviacin momentnea, sino una caracterstica sistmica del capitalismo en decadencia, en particular en las zonas donde la dignidad de los seres humanos no es reconocida.

Por esa razn, urge dilucidar las estrategias para enfrentar la violencia sistmica y la voluntad de aniquilacin de los pueblos. Si el feminicidio y el asesinato indiscriminado de jvenes y mujeres son sistmicos, qu sentido tiene elegir gobiernos de diferentes colo-res que van a mantener el sistema en pie?

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/08/19/opinion/021a1pol



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