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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2016

Trabajo versus Capital
El conflictivo social por el sistema de pensiones en la sociedad neoliberal

Juan Carlos Gmez Leyton
Rebelin


La lucha [anticapitalista] no es producto de la militancia

que viene del exterior, por fuera de la dominacin, sino que,

por el contrario, se inscribe en la relacin de la dominacin misma

y es inherente a nuestra experiencia cotidiana

John Holloway, Contra el Dinero, 2015, p.79.

 

Los pies de las y los trabajadores asalariados permanecen

sumergidos en el lodo de la explotacin incluso cuando

(su cabeza respira) en nubes ideolgicas burguesas

Richard Gunn, Notas sobre Clase, 1987

 


Otra grieta en el muro de la dominacin neoliberal

Desde el 24J del ao en curso, el conflicto social y la discusin poltica e ideolgica sobre el sistema de pensiones est instalada en la sociedad neoliberal chilena. De la misma forma como en el ao 2011, cuando los estudiantes secundarios y universitarios, desbordaron las calles de las distintas ciudades del pas, exigiendo el fin del lucro en el mercado de la educacin y demandado la reposicin del derecho social a una educacin gratuita y de calidad. La masiva salida a la calle de las y los trabajadores expres, en una poderosa manifestacin social y poltica de carcter transversal, el rechazo al actual sistema de Previsin Social de Capitalizacin Individual (PSCI) administrado por el capital privado a travs de las AFP. Sistema impuesto durante la dictadura cvico-militar en 1980 y mantenido, consolidado y extendido como tantas otras cosas, por los gobiernos concertacionistas.

Segn los datos proporcionados por la encuesta CADEM, un 87% de la ciudadana considera que es necesario y urgente realizar cambios al sistema e incluso muchos solicitan su reemplazo integral. Igual porcentaje de adhesin concit la demanda estudiantil durante el ao 2011. No obstante, a cinco aos de la rebelin juvenil, estudiantil y ciudadana la disputa social y poltica por la continuidad de la estructura mercantil en la educacin, se mantiene activa y vigente. Fundamentalmente, porque las reformas propuestas por el gobierno de la presidenta M. Bachelet y de la Nueva Mayora, actores polticos que se apropiaron de la demanda estudiantil, se encaminan por una senda que, en vez, de modificar la estructura de mercado, solo la ajusta y corrige las fallas de mercado con el objeto de que este siga funcionando ptimamente. De esa forma, el gobierno de la Nueva Mayora, hace posible la continuidad de un mercado de la educacin corregido. El cual ser financiado por el erario pblico y con la supervisin y el cuidado del Estado neoliberal. Renunciando poltica y socialmente, a re-instalar el derecho social a la educacin.

De esa forma el Estado neoliberal, sin abandonar su rol subsidiario, est estableciendo nuevas reglas y normas (practicando un activo y remozado neo-institucionalismo racional choice) y asumiendo nuevos roles con el objeto de asegurar la reproductividad integral, no solo del mercado de la educacin, sino del capitalismo neoliberal.

La imposicin poltica de la reforma educativa propiciada por el gobierno de la Nueva Mayora, implica que el movimiento estudiantil secundario y universitario como la ciudadana movilizada habrn sido polticamente derrotados por el poder del capital. Obviamente que algunos triunfos o logros, el movimiento estudiantil, habr obtenido y, por cierto, un nmero especfico y reducido de ciudadanos, considerados vulnerables, gozarn de la focalizada gratuidad educacional, establecida por el gobierno. Mientras que el resto de la ciudadana seguirn inmersos en la ajustada estructura mercantil educativa. La educacin no dejara de ser un bien de consumo de libre disposicin mercantil. Y, el derecho a la educacin solo ser un discursivo vaci, pues este ha sido negado a la ciudadana.

En definitiva, la opcin del gobierno de la Nueva Mayora apunta a la mantencin y continuidad de uno de los tres pilares del patrn de acumulacin capitalista en su forma neoliberal. Con esta estrategia poltica, el gobierno de la presidenta Bachelet, intenta cerrar la grieta que la rebelin ciudadana abri, en el ao 2011, en la estructura de poder de la dominacin y hegemona neoliberal. [i]

La movilizacin social y poltica ciudadana del pasado 24J protagonizada, fundamentalmente, por trabajadores activos y pasivos y sus familias, abri una nueva grieta a estructura de poder de la dominacin y hegemona neoliberal. Una gran grieta que pone en cuestin, tal vez, al ms importante y central de todos los pilares que sostienen el patrn de acumulacin capitalista neoliberal: el ahorro previsional de la clase trabajadora.

El rechazo de millones de trabajadores al funcionamiento del SPCI ha generado una nueva conflictividad poltica y social en la convulsionada sociedad neoliberal, activando y visibilizando, el permanente conflicto entre el trabajo y capital, en otras palabras, la lucha de clases.

El regreso de la lucha clase a la sociedad neoliberal

En efecto, la demanda No + AFP expresa y manifiesta categricamente un conflicto poltico y social entre el trabajo y el capital. Ya, no se trata de ciudadanos neoliberales o clientes descontentos con el funcionamiento de un especifico mercado como es el caso, por ejemplo, del mercado de la educacin. El conflicto en torno a las AFP expresa la disputa por el uso social y econmico de una fraccin del salario que perciben las y los trabajadores y que estos destinan para su sobrevivencia al momento de dejar de ser fuerza de trabajo activa.

Durante tres dcadas y media (35 aos, 1981-2016) el capital nacional como internacional, especialmente, el financiero y mercantil, ha administrado, utilizado e invertido esa fraccin del salario de las y los trabajadores (10%) en funcin de sus intereses polticos, sociales y econmicos; pero, por, sobre todo, para la reproduccin ampliada del capitalismo neoliberal. La funcin social y econmica de esa fraccin del salario de la clase trabajadora -al igual que la plusvala que generan- est polticamente determinada por el capital. Apropiarse coercitivamente de ella es la base del patrn de acumulacin del capitalismo neoliberal.

Por eso, el ahorro previsional (10% de su salario) de las y los trabajadores constituye uno de los factores claves que explica tanto el xito del capitalismo neoliberal chileno, su estabilidad y su altsima rentabilidad como tambin su concentracin y expansin externa. Sin embargo, los resultados sociales y econmicos para la clase trabajadora, tanto activos como pasivos, han sido pauprrimos.

Esos resultados pauprrimos se expresan, por un lado, en bajos salarios, en empleos precarios, flexibles, y descontinuos en el tiempo, en constantes entradas y salidas del mercado laboral, en endeudamiento permanente, etctera. Y, por otro lado, luego de 30 o 35 aos de formar parte de la fuerza de trabajo activa, las y los y trabajadores que pasan a retiro perciben, producto de las condiciones del mercado laboral sealadas anteriormente, pensiones miserables. La cuales con dificultad les permiten sobrevivir.

Conscientes de esa situacin las y los trabajadores activos y pasivos han iniciado, como quedo manifestado el 24J, un masivo proceso de movilizacin social y poltica, cuyo objetivo central es poner fin al actual SPCI y a su administracin a travs de las AFP.

Esto implica entrar a disputarle al capital financiero y especulativo nacional e internacional, el control y uso de los fondos de pensiones, o sea, del 10% del salario que mensualmente cerca de 11 millones de trabajadores coercitivamente depositan en alguna de las seis AFP existentes.

La demanda NO + AFP que la clase trabajadora planteo y lanzo al ruedo poltico de la sociedad neoliberal, el 24J; ratificada consistentemente el 10 de agosto pasado con un masivo y ruidoso caceroleo ha estremecido de la dominacin neoliberal, profundizando, como he dicho, la grieta abierta el 24J.

Por primera vez, en poco ms de 40 aos de irrestricta dominacin y hegemona del capital neoliberal, la clase trabajadora, se ha manifestado contundentemente en contra del capital. Si bien, en la movilizacin social nacional del 24J en contra del SPCI convergieron otros malestares que la ciudadana posee en contra de la democracia neoliberal, de la clase poltica, del gobierno y de su impopular presidenta, la masiva salida a la calle de la clase trabajadora y sus familias, confronta poltica y socialmente, directamente, al capital.

Por esa razn, consideramos que esa manifestacin como conflictividad poltica y social constituida, posee una envergadura, una extensin y una profundidad radicalmente distinta a la expresada y visibilizada por el conflicto juvenil y estudiantil del ciclo de protestas 2006-2011. La conflictividad abierta por la demanda de la clase trabajadora, dada sus caractersticas estructurales, compromete la existencia tanto presente y futura del capitalismo neoliberal. De all, su trascendencia y potencia poltica, social e histrica.

Como toda sociedad capitalista, la neoliberal es una sociedad dividida y estructurada en clases sociales. Especficamente, en dos grandes clases, aspecto sociolgico que en los ltimos 43 aos se ha olvidado o se ha intentado negar o borrar terica, poltica e histricamente. Como una forma de negar la conflictividad entre ellas, o sea, de negar la lucha de clases. No obstante, el conflicto abierto por las pensiones, pone en evidencia, la existencia, por un lado, de la clase trabajadora activa y pasiva y, por otro, la clase burguesa, o sea, los dueos y controladores econmicos, polticos y sociales del capital. Y, por ende, de la lucha de clases, entre el capital y el trabajo. Por ello es tan equivoco tratar de presentar a la sociedad neoliberal como una sociedad dividida entre personas activas y pasivas, como negar que esa divisin existe. [ii]

Es, justamente, la divisin clasista lo que explica que en los das posteriores al 24J, los distintos actores sociales, econmicos y polticos nacionales, al reaccionar ante dicho acontecimiento, se fueran alineando en torno a uno u otro sector en conflicto. Unos en apoyo y defensa del capital y los otros, en apoyo y defensa de las posiciones asumida por la clase trabajadora.

El capital a travs de un ejrcito de comunicadores sociales, periodistas, publicistas, intelectuales orgnicos y miembros de la clase poltica tanto de los partidos del orden como algunos de la Nueva Mayora, han iniciado toda una ofensiva comunicacional para defender, avalar y justificar el SPCI.

Dentro de este grupo de defensores del capital neoliberal habra que alinear y situar los planteamientos programticos realizados por la presidenta M. Bachelet, el martes 9 de agosto. Los principios anunciados por la presidenta de ninguna manera buscan romper o quebrar o alterar la estructura interna del funcionamiento del SPCI. Todo lo contrario, como ha sido el sello del gobierno de la Nueva Mayora, siguiendo la senda poltica establecida por los gobiernos concertacionistas (1990-2010), busca cambiar sin transformar. O sea, como sealo Moulian, hace dos dcadas, el transformismo. [iii]

Por su parte, las y los trabajadores, a travs de un conjunto heterogneo y plural de comunicadores, cientistas sociales, intelectuales orgnicos, representantes sociales y sindicales, organizaciones sindicales, sociales y gremiales de todo orden, periodistas y militantes y activistas polticos, han desplegado una ofensiva comunicacional con el objetivo de interiorizar a la ciudadana de lo negativo que ha sido para las y los trabajadores el sistema PSCI. Promoviendo, la urgente necesidad de impulsar su transformacin radical. La estrategia combina lo comunicacional con la activa movilizacin social callejera.

La batalla comunicacional

Hasta ahora, la lucha poltica y social, ha sido esencialmente comunicacional y argumental. En donde, la correlacin de fuerzas tiende a favorecer al capital. Dado el control que este tiene de los principales medios de comunicacin, especialmente, de la televisin y de la prensa escrita y radial. A travs de esos medios, ha difundido ampliamente la defensa tanto del SPCI como el rol de las AFP. Al mismo tiempo que se demoniza las alternativas que se presentan y defienden los sectores afines a los trabajadores. Especialmente, se condena el sistema previsional solidario y de reparto.

La propia jefa de Estado, Michelle Bachelet, descart de plano la instauracin de ese sistema. En su opinin coincidente con los planteos manifestados por los defensores del SPCI y de las AFP, sostuvo: Lo que queda clara es que nunca ms vamos a poder volver a un sistema como el de reparto, las razones o factores que lo impiden, segn ella, son de carcter demogrfico, fundamentalmente, dos, por un lado, la natalidad, esta va disminuyendo y, por otro, los hombres y mujeres del siglo XXI, estn viviendo ms aos. Por lo tanto, el activo de trabajadores que va ir generando los ingresos ser menor que los pasivos. En otras palabras, en el futuro cercano, la clase trabajadora pasiva ser mayor que la clase trabajadora activa.

Esa inversin demogrfica-vital se ha transformado en la clave explicativa de los que defienden el actual SPCI para justificar su continuidad en el tiempo como tambin la necesidad existente de hacerles cambios que de ninguna manera toquen o alteren la lgica operacional del sistema. El mejoramiento de las pensiones pasa por aumentar el porcentaje de salario que la clase trabajadora destina al ahorro previsional o a extender la edad laboral activa, especialmente, de las mujeres, entre otras decisiones que debieran ser adoptadas para mejorar las pensiones sin tocar el SPCI.

As la campaa comunicacional del capital ha ido instalando distintos argumentos que reconocen puntos sensibles del problema. Pero, al mismo tiempo, asumen una postura crtica tanto de la propuesta realizada por el Gobierno y, sobre todo, de la clase trabajadora.

Est, por su parte, utilizando principalmente las redes sociales y los medios de comunicacin alternativos en un flujo constante de informacin proporciona los argumentos que sostienen tanto la crtica y la demanda del movimiento NO + AFP. Por ejemplo, la Coordinadora Nacional de trabajadores No + AFP, difundi a travs de las redes sociales su posicin ante los anuncios de la Presidenta Bachelet. Si bien, parte reconociendo que varias de las medidas anunciadas responden a demandas formuladas por la clase trabajadora. La insistencia gubernamental de establecer una AFP Estatal, confirma que no existe voluntad por avanzar hacia un sistema pblico de pensiones. Para la Coordinadora la demanda por un Sistema de Seguridad Social, fundado en los principios de solidaridad, constituye la principal demanda. Por esa razn, lamenta que la presidenta haya desaprovechado esta oportunidad para responder al clamor de la mayora de los chilenos que pide acabar con las AFP. No resulta coherente, en su opinin, pretender cambios estructurales de un sistema si la administracin de los ahorros previsionales continuarn bajo la administracin privada que dispone (de esos recursos) para el financiamiento de los grupos econmicos en desmedro de los trabajadores y la sociedad. [iv]

En trminos generales, al igual que durante el conflicto estudiantil, en el ao 2011, la ciudadana apoya masivamente la demanda que cuestiona la forma como funciona y, sobre todo, los resultados que arroja el PSCI. Muchos quieren cambiar el sistema. Sin embargo, no todos los participantes de la movilizacin social No + AFP tiene clara la alternativa con la cual se quiere sustituirla. Lo ms probable que con el correr del tiempo, el movimiento No + AFP termine fragmentado. Y, sus distintas fracciones sociales alinendose en alguna de tres posibles alternativas: ajustarlo, reformarlo o sustituirlo. Tal como ocurri con el movimiento estudiantil de 2011. Este se fragmento en entre aquellos que optaron por la alternativa de ajustar el mercado de la educacin, aquellos que buscaban una reforma estructural ms sustantiva y otros que procuraban su sustitucin total. Como se sabe, se impuso la primera. Esta es una leccin poltica que los actuales ciudadanos movilizados debieran tener presente. Si, la demanda del 24J fue por el fin del sistema, esa demanda no puede ser tranzada por algo menor como podra ser una reforma de orientacin capitalista neoliberal como es la propuesta de los actores vinculados directamente a la industria de las AFP; o, de un ajuste neoliberal como la propiciada por el gobierno de Bachelet, cuyo eje central es la creacin de una AFP estatal. El movimiento social No + AFP manifest, en su primer acto pblico masivo, su total rechazo al sistema y su claro objetivo por sustituirlo, por un sistema solidario y de reparto. Ese es el mandato ciudadano.

Con todo, la nueva problemtica social y poltica ya est instalada y la vieja lucha entre el capital y el trabajo, la vieja y vilipendiada lucha de clases, que muchos tericos posmodernos, dieron por muerta y enterrada, agita y remece a toda la formacin social neoliberal.

La potencia anticapitalista de la demanda: No + AFP

El gobierno de la Nueva Mayora lo sabe y le aterra. Por esa razn, la presidenta Bachelet, en su mensaje del martes 9 de agosto, hizo un llamado a la unidad y a la generosidad de todos los actores involucrados en el conflicto con el objeto de establecer un gran pacto nacional. Pues, en su opinin este desafo nos necesita a todos, como Presidenta buscar y promover con todas mis fuerzas un entendimiento. Iniciar a la brevedad las conversaciones con trabajadores, empresarios, acadmicos, representantes del mundo social y del mundo poltico, de Gobierno y oposicin, de manera de lograr una propuesta con amplio acuerdo. Espero de todos y todas, la generosidad que requiere construir el bien comn. Chile es de todos, debe ser una comunidad para todos. [v]

Este llamado a la unidad, a la constitucin de un gran pacto nacional es el tpico recurso poltico discursivo de carcter emocional que utilizan las elites en el poder y de poder, cuando la conflictividad poltica y social al interior de la sociedad capitalista podra comprometer se apela a las subjetividades de los sujetos como de los actores sociales involucrados directamente en el conflicto social y poltico con el objetivo fundamental de dominar, disminuir, la potencia poltica que tiene el conflicto. En otras palabras, el gobierno y su discurso de unidad nacional busca desconocer la existencia de la lucha de clases, de la irreductibilidad del conflicto entre el capital y el trabajo. Con un discurso de siete minutos la Presidenta, el gobierno de la Nueva Mayora, busca apropiarse de la demanda de la clase trabajadora en contra del capital. Su estrategia apunta a arrebatarle el protagonismo poltico a los dirigentes del movimiento. Situarlo en un segundo o tercer plano, pues los medios de comunicacin asumen que la propuesta del Gobierno es la que interpreta al movimiento No + AFP, lo cual es equivoco.

Si bien, la propuesta gubernamental genera ciertas resistencias entre los gremios y asociaciones empresariales vinculadas a la industria de las AFP, ella no constituye una propuesta de reforma estructural que pueda comprometer la estabilidad y la continuidad del capitalismo en su forma neoliberal. En cierta forma, la propuesta presidencial se levanta como un dique de contencin que busca frenar y obstaculizar la demanda radical del movimiento NO + AFP y de la clase trabajadora.

El conflicto poltico abierto por la clase trabajadora al cuestionar el sistema de pensiones, tiene una potencia poltica e histrica que podran generar cambios histricos insospechados por los propios organizadores y convocantes de la movilizacin del 24J. Pues, l expresa el poder del trabajo ante el poder del capital. All est la clave y la potencia poltica de su presencia.

Durante 43 aos de hegemona neoliberal (1973-2016) se ha hecho creer a la ciudadana, en general, y a la clase trabajadora, en particular, que el trabajo es l que depende del capital. Y, no al revs. En esa falsa inversin terica, poltica e histrica que oculta lo que est en el centro de las relaciones sociales de produccin capitalistas: la dependencia del capital al trabajo. En contra de todas las apariencias, el capital depende totalmente del trabajo para su existencia y para su reproduccin. [vi] Es, un hecho histrico, social y poltico, que el capital depende de la subordinacin del trabajo. De all la lucha poltica e histrica permanente del capital por someter al trabajo. El ncleo duro, durante las cuatro dcadas de la dominacin neoliberal en Chile, ha sido, justamente, la proteccin y defensa de la clase dominante (quienes tienen el control directo o indirecto del capital) ante la ingnita insubordinacin del trabajo.

Cualquiera manifestacin de insubordinacin del trabajo, puede producir serias alteraciones al orden capitalista existente. La poderosa insubordinacin trabadora de los aos sesenta y setenta haba desembocado en la crisis orgnica de la sociedad capitalista nacional (1967-1973). La respuesta del capital fue violenta y radical. Ello explica que en las ltimas dcadas el capital, primero, a travs de la dictadura militar, disciplinara militarmente a la insubordinada clase trabajadora y popular y, en segundo lugar, contuviera y redujera su poder social con la imposicin de una represiva legislacin laboral.

El disciplinamiento, control y sometimiento del poder del trabajo por parte del capital, continu y se extendi a lo largo de la democracia pos-autoritaria (1990-2016). Ello explica, por ejemplo, que la nueva clase trabajadora que se conform y emergi al interior de la sociedad neoliberal, tuviera serias limitaciones para manifestar y hacer sentir su poder social. Lo cual, por cierto, no significa que la clase como la lucha de clases hayan desaparecido en la sociedad capitalista neoliberal como sostienen y afirman diferentes cientistas sociales vinculados al pensamiento posmoderno, posmarxistas, posestructuralistas, etctera. Todo lo contrario.

Obviamente, la nueva clase trabajadora en el capitalismo neoliberal es radicalmente diferente a la constituida durante el patrn de acumulacin industrial. No obstante, las notaras y efectivas diferencias que podramos identificar entre una y otra, debemos aclarar que lo que permanece es su potencia social e histrica, por ende, poltica, dada su condicin de clase. Pues, sta, la clase, es la propia relacin (por ejemplo, la relacin capital-trabajo) y, de manera ms especfica una relacin de lucha. En otras palabras, explica Gunn, lo anterior no quiere decir que las clases, como entidades sociales preestablecidas, entren en lucha. Ms bien, la lucha de clases es la premisa fundamental de la clase. An mejor: la lucha de clases es la propia clase, o sea, la lucha de clases es intrnseca a la clase. [vii]

En consecuencia, ni la clase trabajadora, ni su lucha, han dejado de estar presente en la sociedad neoliberal. Su negacin por parte de los sectores dominantes y de sus intelectuales orgnicos es la manifestacin misma de su existencia. Nuestra posicin que asume las premisas del marxismo crtico, considera que la relacin de clases (digamos, la relacin capital-trabajo) estructura la vida de diversos individuos (hombres y mujeres) de manera diferente. Esto significa que al interior de la sociedad capitalista las diferencias que existen entre los modos en que la relacin capital-trabajo estructura la vida de los individuos son tanto cualitativas como cuantitativas. Este reconocimiento, implica que es un absurdo y tericamente intil buscar la existencia del trabajador puro o de la clase trabajadora pura. Cabe sealar que el propio Marx, lo descart. La existencia del trabajador est dada por su condicin de productor de plusvala. Todo individuo (hombre o mujer) asalariado, es decir, el que percibe un salario por realizar cierta cantidad de trabajo, vive, por lo general, una vida escindida en y en contra de s misma. Pues, la relacin salarial es una forma burguesa y engaosa.

Tal como dice uno de nuestros epgrafes, aunque los pies de los individuos permanecen inmersos ya sea en la explotacin o participando como ciudadanos credicard (Moulian, 1997) en los distintos mercados que ofrece la sociedad neoliberal, sea un ciudadano consumidor- usuario o patrimonial (Gmez Leyton, 2007) [viii] , aun cuando su cabeza y su existencia se desenvuelvan en las nubes ideolgicas de la sociedad neoliberal, la lnea de la lucha de clases seguir recorriendo su existencia en cuanto productores directo de la plusvala. La ciudadana neoliberal es ante de todo clase trabajadora asalariada. En la sociedad neoliberal alcanza al 74% de la poblacin activa econmicamente. [ix] .

La lucha entre el capital y el trabajo, o sea, la lucha de clases, es su forma neoliberal tiene directa relacin no con el proceso de produccin directa sino ms bien con las formas de acumulacin del capital. La disputa poltica no es solo por la plusvala generada por las y los trabajadores en el proceso de trabajo sino tambin por apropiarse y administrar un porcentaje especifico del salario que perciben. En ese sentido las y los trabajadores en la forma capitalista neoliberal son doblemente expoliados y explotados.

Esta lucha la que cobra hoy una especial visibilidad. La ofensiva actual de la clase trabajadora tanto activa como pasiva manifestndose en contra del capital financiero y mercantil que maneja de manera especulativa sus fondos previsionales, representa y expresa, sin lugar a dudas, una rebelda y una insubordinacin del trabajo. Una manifiesta expresin del poder del trabajo.

En esa expresin se encuentra la potencia poltica del conflicto abierto por la clase trabajadora. Esa potencia est dada por la forma como fue operacionalizado, el sistema PSCI.

El sistema PSCI entrega y otorga, al contrario de lo que se podra pensar, un inmenso y extraordinario poder, hasta ahora inexplorado ni explotado social y polticamente, a la clase trabajadora. A pesar de que el sistema PSCI fue ideado por los intelectuales orgnicos del capital como de la dictadura cvico militar, donde descoll el economista Jos Piera entre otros, para favorecer directamente los intereses del capital nacional como internacional en contra de la clase trabajadora, al cabo de 35 aos de funcionamiento, el poder, paradojalmente, lo detenta, aunque hasta ahora, virtualmente, la clase trabajadora activa.

El poder del trabajo al cual nos estamos refiriendo no tiene la misma relacin con el poder al que hace alusin el periodista de CIPER Daniel Matamala. [x] Este siguiendo y asumiendo una perspectiva economicista e individualista propia de la cosmovisin neoliberal predominante. La base del poder, segn Matamala es el dinero. Dice el dinero es poder. Por cierto, que ello es as. Pero, de acuerdo a lo expuesto ms arriba la forma, el poder de la clase trabajadora no est en la cantidad de dinero que las y los trabajadores de manera individual o colectiva poseen o pueden disponer sino en el producir y generar plusvala.

Matamala, con un sentido retorico, busca asimilar, el poder de los principales grupos econmicos del pas con el supuesto poder de las y los trabajadores. Para esos efectos, crea la ficcin de que estos seran los dueos de los 171.089 millones de dlares que estn depositados en las seis AFP. En verdad, las y los trabajadores considerados como sujetos individuales solo seran proporcionalmente dueos tan solo de unos 16.000 dlares. Considerando, un dlar a 650,00 pesos; cada trabajador de manera individual sera tericamente dueo/propietario de unos 10 millones pesos. Frente a fortunas familiares (Luksic, Matte, Paulmann o Piera) que superan los 2.000 millones de dlares. Las y los trabajadores, este supuesto trabajador-propietario, carece de todo poder. Los 16.000 dlares no le sirven de ninguna manera para influir como si lo hacen esas grandes fortunas. Tampoco es correcto sostener como lo hace Matamala que las y los chilenos (trabajadores) individualmente sean dueos de buena parte de megaempresas como Cencosud, Colbn, Endesa, Enersis o CMPC. Lo sostenido por Matamala no pasa de ser una ficcin.

El poder de clase, o sea, colectivo y no individual, no est en la cantidad de dinero que las y los trabajadores logran capitalizar a lo largo del tiempo sino en la de ser productores directos (1) de plusvala y (2) del ahorro previsional, el 10% de su salario mensual, que es apropiado por el capital. Este, el capital financiero y mercantil, depende de ambos factores. La suspensin de esa produccin por parte de los trabajadores y no la participacin de ellos en los directorios de las AFP desencadena la crisis no solo SPCI sino de todo el sistema capitalista neoliberal.

Esa es la potencia poltica e histrica anticapitalista de la demanda NO + AFP.


 

Juan Carlos Gmez Leyton, Dr. en Ciencia Poltica, Investigador Asociado FLACSO-Chile


[i] He analizado esta grieta a la dominacin y a la hegemona neoliberal en Juan Carlos Gmez Leyton: Agrietando al Capitalismo Neoliberal: la rebelin juvenil, estudiantil y ciudadana de 2011. Santiago de Chile, 2015.

[ii] Hago alusin a la equivocada columna de opinin de Ignacio Moya Arriagada: Crisis de la AFP: un pas divido entre personas activas y pasivas, en www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2016/08/12/ consultado el 13/08/2016.

[iii] Cfr. Toms Moulian: El Chile Actual. Anotoma de un mito. ARCIS/LOM, Santiago de Chile, 1997.

[iv] Declaracin Pblica de Coordinadora Nacional de Trabajadores NO+AFP: Ante los anuncios de la presidenta Bachelet, en http://g80.cl/noticias/noticiascompleta.php?varbajada=22028 consultado 15/08/2016.

[v] www.elmostrador.cl/mercados/2016/08/10/bachelet-da-un-paso-historico-para-reformar-pensiones-que-romperia-por-primera-vez-lacapitalizacion-individual-del-sistema-de-AFP consultado 13/08/2016.

[vi] Seguimos aqu los planteos formulados por John Holloway, Marxismo, Estado y Capital. Fichas Temticas de Cuadernos del Sur, Buenos Aires, 1994. Pg. 159 y ss.

[vii] Richard Gunn, Notas sobre clase, en John Holloway, Clase = Lucha. Antagonismo social y marxismo crtico, Ediciones Herramientas/Universidad Autnoma de Puebla, Buenos Aires, 2004. Pgs.19-31.

[viii] Juan Carlos Gmez Leyton, Poltica, democracia y ciudadana en una sociedad neoliberal (Chile:1990-2010) Editorial ARCIS-CLACSO, Santiago de Chile, 2010.

[ix] Franck Gaudichaud, Las fisuras de neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la democracia tutelada y conflicto de clases. Quimant/Tiempo Robado Editoras, Santiago de Chile, 2015, pgs. 53 y ss.

[x] Daniel Matamala, AFP, el poder impotente, en http://ciperchile/2016/07/26/afp-el-poder-impotente consultado 09/08/2016.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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