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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2016

Una amenaza para la paz
La minera puede ser la coca del posconflicto

Ral Zibechi
Rel-UITA


Tras cinco dcadas de guerra, Colombia est comenzando a transitar una nueva realidad luego de cuatro aos de negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, en La Habana. El motor de la guerra fue la lucha por la tierra.

Para los campesinos, la defensa de sus parcelas de autoconsumo era cuestin de sobrevivencia. Para los terratenientes, la ampliacin de la frontera agropecuaria estaba atada a la acumulacin de capital, por ser una economa rentista de escasa inversin.

Desde la dcada de 1980, los cultivos de coca y los laboratorios para la elaboracin de cocana le dieron nuevos significados a la guerra.

La alianza entre narcotraficantes y militares llev a la formacin de grupos paramilitares que asesinaron entre 3.000 y 5.000 miembros de la Unin Patritica (ligada a las FARC), entre ellos dos candidatos presidenciales, 13 diputados, 70 concejales y 11 alcaldes.

El fenmeno paramilitar provoc hondas mutaciones en la sociedad colombiana.

En las dos ltimas dcadas los campesinos perdieron ms de seis millones de hectreas (el 15 por ciento de la superficie agropecuaria) a manos de narcotraficantes y paramilitares que se han convertido en grandes terratenientes, ahora legalizados a travs de la desmovilizacin pergeada durante la presidencia de lvaro Uribe.

La cuestin minera. Un tema ausente en las negociaciones de paz


La paz necesita un nuevo modelo de desarrollo. Los seis temas de la agenda de La Habana incluyen Solucin al problema de las drogas ilcitas y Poltica de desarrollo agrario integral, que pasa por la restitucin de tierras a los campesinos.

Sin embargo, la llamada locomotora minera, la principal propuesta del gobierno para el perodo que se abre, es la gran ausente en las negociaciones de paz.

En la X Feria Internacional Minera celebrada en setiembre de 2014 en Medelln, el viceministro de Minas y expresidente de la Cmara Colombianade Minera, Csar Daz Guerrero declar que el sector llamado a ser el gran jugador en el posconflicto se llama minera.

El sector representa el 2,5 por ciento del PIB y permitira resolver los problemas sociales: No hay un municipio de Colombia donde no tengamos minera, eso nos permitira desarrollar actividades mineras en todo el territorio para incorporar seguramente algunos reinsertados (El Espectador, 18 de setiembre de 2014).

Para el socilogo Alfredo Molano, uno de los ms lcidos analistas de las causas de la guerra, hay dos horizontes contrapuestos: el campesino, modesto en escala, limitado en la acumulacin de capital, pero estable desde el punto de vista social; y el minero empresarial, ambicioso, devastador y respaldado incondicionalmente por el gobierno (El Pas, 2 de mayo de 2015).

En Colombia la minera a cielo abierto es una forma de guerra, que est siendo impulsada y protegida por los paramilitares. La coca ya no es el gran problema colombiano, sino la minera.

De las tres millones de hectreas que integran el departamento del Cauca, dos millones estn comprometidas en el desarrollo minero-energtico, algo que inevitablemente va a afectar a la mayoritaria poblacin rural.

Un tercio de la superficie del pas sufre el mismo destino, siendo la minera aurfera la ms problemtica.

De la coca al oro. Ms problemas y dramas para el campo

La minera tiene, en el caso colombiano, cuatro grandes problemas.

El primero es ambiental y debera estar fuera de discusin. El desarrollo de la minera amenaza al Macizo Colombiano (donde nacen los grandes ros: el Magdalena, el Cauca, el Putumayo y el Caquet) y surte el 70 por ciento de los acueductos del pas.

Molano sostiene, en base a datos de la CEPAL, que el 48 por ciento del territorio se est desertificando, siendo uno de los tres ms ricos del mundo en recursos hdricos.

El segundo es la nueva militarizacin de pas, ms profunda y sobre todo capilar, de la mano de los paramilitares.

De las 14.000 unidades de produccin minera, el 63 por ciento son ilegales. Muchas son unidades artesanales tradicionales y de mediano porte.

Las bandas criminales desmovilizadas, como Los Rastrojos, Los Urabeos y guilas Verdes cobran vacunas en las minas al dueo de la zona en excavacin o al propietario de una retroexcavadora-, recaudando millones con la excusa de la proteccin que ofrecen a las explotaciones.

La tercera es la ms compleja. Se trata del proceso de legalizacin y formalizacin de las explotaciones mineras, que perjudica a los artesanales y tradicionales y favorece a las transnacionales.

Un trabajo de Censat-Amigos de la Tierra sostiene que el gobierno implementa la poltica de ordenar la casa para ordenar la reparticin, con la entrega de 320 ttulos mineros en un ao por la Agencia Nacional Minera.

Los procesos de formalizacin son caros y muchos mineros no tienen acceso a ellos, por lo que el estado se orienta a garantizar las mejores condiciones de rentabilidad y competitividad que segn el gobierno residen en la gran minera (1).

La cada de los precios de las commodities en el mercado mundial, y de los minerales en particular, empuja a economas rentistas como la colombiana a incentivar la exploracin y explotacin con la intencin de compensar con cantidad la tasa de ganancia que han dejado de percibir por precios.

Esta profundizacin de la minera conlleva la ampliacin de la frontera extractiva, la flexibilizacin de la legislacin ambiental y la eliminacin de las acciones defensivas de las comunidades, como los procesos de consulta ciudadana.

Una locomotora que arrasa con todo. Hacia una nueva guerra de baja intensidad

Desde diciembre de 2014, por decreto presidencial, los concejos municipales y alcaldes quedan desautorizados para tomar decisiones de ordenamiento territorial como parte de una reingeniera institucional destinada a despejar el trnsito a la locomotora minera.

La cuarta, y decisiva, es el despojo y la violencia que la minera lleva a las poblaciones indgenas, negras y campesinas, las ms afectadas por las dcadas de guerra y ahora por la minera transnacional.

La experiencia en la regin indica que esta minera a gran escala afecta el ambiente, contamina las aguas necesarias para la agricultura familiar y desgarra el tejido de las comunidades.

La minera es una guerra de baja intensidad contra los pueblos y un gigantesco negocio para estados y empresas.

Segn el Banco Mundial, entre 2009 y 2012 los ingresos pblicos generados por la minera en Colombia pasaron de 12 al 25 por ciento.

En los territorios, la megaminera dispara la prostitucin, la desercin escolar, la emigracin y los conflictos intracomunitarios.

Desde todo punto de vista, el trnsito de la coca al oro es un desafo para los pueblos y un palo en la rueda del proceso de paz.


Nota

(1) De las ventajas corporativas a las zonas de sacrificio minero, Censat.org

Fuente: http://nicaraguaymasespanol.blogspot.com/2016/08/colombia-la-mineria-puede-ser-la-coca.html


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