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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2016

El cuesco de la breva

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Hasta cundo la casta poltica pretende seguir buscndole el cuesco a la breva con argumentos pueriles para no reconocer que la crisis que afecta al pas -poltica e institucional, como hemos sostenido siempre en estas columnas-, solo tiene una solucin democrtica: convocar a la Asamblea Constituyente que someta una nueva Constitucin al veredicto del pueblo?

El desarrollo democrtico, social, econmico y cultural de Chile se ve obstaculizado por una Constitucin -sobre la cual se levanta un enjambre de leyes y decretos a su imagen y semejanza- impuesta en 1980 por el terrorismo de Estado. La Carta promulgada por la dictadura fue parchada y remendada en varias oportunidades. Pero sin tocar su alma que no obedece a la soberana del pueblo sino a los intereses de la oligarqua y del capital extranjero.

La corrupcin y codicia que alientan el sistema -al que la Constitucin sirve de soporte-, han tenido un efecto corrosivo en todos los mbitos de la vida nacional. Pero sobre todo, en los pilares de la institucionalidad creada para sostener el sistema. Bastara un empujn revolucionario para tirarla por los suelos. Sin embargo, no existe una fuerza en condiciones de hacerlo.

El denominado proceso constituyente que impulsa el gobierno no convence ni a sus promotores. Menos an consigue entusiasmar a algn sector social de importancia. Eso ocurre porque el tal proceso no tiene destino claro ni sita en el horizonte la Asamblea Constituyente. Por el contrario, es un hecho que este proceso burocrtico y sin brjula terminar esfumndose en los archivos de la ms desprestigiada de las instituciones: el Congreso Nacional.

La casta poltica no tiene intenciones de convocar a una Asamblea Constituyente que entregue al pueblo, por primera vez en la historia y despus de diez Constituciones que ha tenido el pas, la responsabilidad indelegable de decidir su propio destino. El proceso de cambios democrticos que necesita el pas debe empezar convocando a la Asamblea Constituyente y a la eleccin de sus miembros. La convocatoria y el proceso de eleccin de los representantes del pueblo daran inicio a la dinmica social y poltica que requiere un objetivo ciudadano de esta magnitud. Asimismo, el fruto del trabajo de la Asamblea -la propuesta de nueva Constitucin- deber contar con tiempo suficiente para su ms amplia difusin y discusin antes del plebiscito que la aprobar o rechazar.

Estas premisas democrticas son las que la castapoltica y financiera quiere eludir. Teme al veredicto del pueblo y tiene razones fundadas para ello. La nueva Carta Fundamental sin duda terminar con los privilegios y abusos de una oligarqua que desprecia al pueblo y pisotea su soberana. Con toda seguridad establecer que la salud, la educacin, la vivienda, el trabajo y la seguridad social son derechos y no mercancas. Sin lugar a dudas reconocer los derechos del pueblo mapuche. La proteccin de los nios, ancianos y discapacitados sern responsabilidad fundamental del Estado. Con certeza el Estado recuperar la propiedad absoluta de la gran minera del cobre y de otras riquezas que pertenecen a la nacin. Sin duda que la nuevaConstitucin abrir paso a la democratizacin de las fuerzas armadas y policiales y que establecer la funcin social de los medios de comunicacin.

Demandas del pueblo -como el fin de las AFP o elderecho a salud y educacin gratuitas y de calidad o la vigorizacin de lossindicatos- no alcanzarn la victoria en el marco de la actual Constitucin que es la base de la sociedad mercantilizada que impuso la dictadura. Ofrecer reformas parciales significa postergar una vez ms las definiciones. El trmino de las AFP, por ejemplo, significara quitarle una pieza fundamental al sistema financiero y con ello provocar el derrumbe del sistema. La oligarqua -y lacasta poltica a su servicio- no cedern en ese punto en que se les va la vida.

Ojal las organizaciones de trabajadores, estudiantes, pobladores, mapuches y ambientalistas confluyan para levantar un programa comn breve y preciso, colocando en primer lugar la exigencia de la Asamblea Constituyente. Hay sectores en el movimiento social que afirman que no se debe politizar la lucha. Se equivocan. El apoliticismo es solo una ilusin ptica o a veces una maniobra reaccionaria. Darle un norte poltico a las luchas parciales de hoy constituye la nica forma democrtica de destrabar el conflicto que est incubando la prolongacin de la crisis. Una alternativa popular permitira encauzar las fuerzas hacia un horizonte diferente a la ingeniera electoral de los tutores del pueblo

Editorial de Punto Final, edicin N 858, 19 de agosto 2016.

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