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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2016

El burkini y el derrumbe de Europa

Santiago Alba Rico
ctxt.es


Veo una imagen estremecedora: cuatro hombretones de pie y con pistolas obligan a una mujer desvalida a quitarse la ropa en un lugar pblico. No es una violacin. Es el laicismo en armas liberando a una musulmana de sus cadenas en una playa de Niza ante la mirada indiferente de algunas virtuosas republicanas en bikini. Ahora la polica francesa vigila las playas, como la saud las plazas, para hacer respetar la hisba, el precepto religioso que obliga a rechazar el mal e imponer el bien. La Francia republicana se ha coranizado, se gua por su propia sharia o ley religiosa y persigue de manera implacable cualquier atisbo de islamizacin, especialmente en las mujeres, a las que siempre es ms fcil y placentero quitar y poner la ropa.

Hemos perdido todo el verano en un falso debate abstracto sobre la relacin entre la libertad de las mujeres y el nmero de prendas que deben cubrir o descubrir su cuerpo. No es que no sea importante desde un punto de vista poltico y filosfico averiguar cundo y en qu condiciones hay verdadera voluntad; cundo y en qu condiciones una mujer se quita o se pone la ropa porque quiere y no cediendo a presiones ms o menos explcitas de pautas conductuales dictadas por o en favor de los hombres. El mercado libera y la religin reprime y, si no puede desdearse la diferencia, tampoco puede negarse que tanto el mercado como la religin son parasitados por el patriarcado, victorioso en ambos casos. As las cosas, y en un contexto en el que el colonialismo externo e interno siguen cruzndose con otras relaciones de poder (y proyectos de liberacin), lo ms fcil, y lo ms estril y hasta peligroso, es encerrarse en la defensa o en la condena de una forma concreta de patriarcado (el mercado versus la religin), como si fueran opuestos y adems reflejaran, cada uno de ellos frente al otro, una mayor voluntad o libertad individual.

La cuestin es netamente poltica y democrtica; y creo que tambin desde el feminismo conviene tratarla as. La cuestin es, en definitiva, que en una democracia se da por supuesta la libertad individual de las decisiones pblicas. Durante siglos -de Kant a la repblica espaola- la izquierda cuestion, por ejemplo, el derecho femenino al voto con la muy fundada justificacin de que, en una relacin de dependencia, la opcin poltica de las mujeres haba de coincidir sin duda con la de sus maridos. En un pas como Espaa, en el que la mayora vota libremente a un partido imputado por corrupcin que ha rebaado hasta el hueso, adems, los derechos econmicos y sociales, aceptamos en cualquier caso la validez de todos los votos: son las servidumbres de esa convencin que llamamos Estado democrtico y de Derecho, cuya funcionalidad y realidad misma se asocian a --valga la expresin-- un velo de ignorancia que no siempre favorece a la izquierda. Otro tanto es aplicable a la indumentaria. Desde un punto de vista institucional, en una democracia no debe importarnos --y debemos imponernos esta indiferencia-- por qu una mujer se pone o se quita la ropa; tanto si detrs est el mercado y su libertinaje patriarcal como si quien empuja es la religin y su patriarcado represivo, all donde no hay violencia explcita debemos aceptar el velo y el desvelo (por citar a Jamil Azahawi, un poeta ilustrado iraqu, muerto en los aos treinta, que escribi un poema con ese ttulo) como expresiones igualmente libres de la voluntad individual. En una dictadura teocrtica como Arabia Saud, habr que apoyar a cualquier mujer que quiera quitarse el velo; en una dictadura laica, como lo era la de Ben Al en Tnez, haba que apoyar ms bien a cualquier mujer que quisiera ponrselo. En una democracia en Estado de Derecho, como se supone que es Francia, el principio laico, en cambio, es transparente: nadie --y menos la polica-- puede obligar a una mujer a ponerse o quitarse la ropa. Tanto el bikini como el burkini son expresiones inalienables de la libertad republicana.

Poco podemos hacer para liberar a las mujeres de Arabia Saud, salvo cuestionar una y otra vez los lazos ignominiosos de nuestros gobiernos con sus dictaduras amigas. Pero s podemos defender el principio de la laicidad republicana en nuestros pases europeos, donde est siendo amenazada por la religin. No me refiero al islam sino a la islamofobia, una ideologa que, en el caso de Francia, se ha apoderado de las instituciones, los partidos polticos, la clase intelectual y los medios de comunicacin. Lo he explicado otras veces, citando adems al padre del liberalismo galo, Benjamin Constant, quien dej muy claro en 1815 que el que prohbe en nombre de la razn la religin es tan tirnico y merece tanto desprecio como el que prohbe en nombre de Dios la razn: lo que es religioso, dice, es la persecucin misma. El laicismo es un principio jurdico, no antropolgico o doctrinal, y consiste muy sencillamente en que el Estado, si quiere ser de verdad democrtico y republicano, debe garantizar al mismo tiempo estas dos libertades: debe garantizar la libertad de culto de todos sus ciudadanos y debe garantizar que ningn credo o comunidad (religiosa o lobbista) se apodere de las instituciones. Cuando el laicismo se convierte en el instrumento de persecucin, represin y criminalizacin de una minora nacional, y ello hasta el punto de justificar la suspensin de derechos ciudadanos elementales, el laicismo deviene una religin ms, en este caso la religin del poder, como lo es el islam wahabita en Arabia Saud, y por lo tanto, como sostiene Constant, se transforma en la matriz de una nueva tirana. Las vctimas de esa tirana son hoy los musulmanes y sobre todo las mujeres. A esa derecha que slo se vuelve feminista frente al islam o a esa izquierda islamofbica y oligosmica incapaz de imaginarse al otro semejante a uno mismo, hay que recordarles que, segn el European Network Against Racism, el 90% de las agresiones islamofbicas en Holanda, el 81% en Francia y el 54% en Inglaterra tienen como vctimas a mujeres musulmanas. En Espaa, segn el informe del European Islamophobia Report, en 2015 se multiplicaron por cuatro las agresiones islamofbicas (de 49 a 278) y el 21% fueron acciones contra el uso del velo. Una tirana es una tirana. Se empieza con la minora musulmana y con las mujeres veladas. Pero all donde se ha renunciado al laicismo republicano y al Estado de Derecho en favor de una ideologa religiosa, aunque se pretenda anti-religiosa --o porque se pretende anti-religiosa--, todos los ciudadanos estamos en peligro.

El libertinaje mercantil y la democracia republicana tienen, al parecer, un lmite: el burkini, un invento australiano que, segn Aheda Zanetti, propietaria de la marca, es una pinge fuente de beneficios comerciales. Ojal nuestros Estados fueran realmente laicos y republicanos y reprimieran otros lobbies y otros negocios: el TTIP, por ejemplo, o la venta de armas a Arabia Saud o las puertas giratorias. La prohibicin del burkini no es slo un atentado contra el libre mercado en sus expresiones ms inocentes: es un atentado ideolgico contra las instituciones laicas republicanas que garantizan el derecho comn de las sociedades democrticas. Sin duda la izquierda y el feminismo tendrn que discutir mucho sobre la relacin entre voluntad, libertad y sociedad, as como sobre la transversalidad del patriarcado, parsito o esqueleto de todas las relaciones de poder, en un imaginario global cortado por relaciones neocoloniales (tanto externas e imperialistas como internas y de clase). Pero entre tanto quedmonos con la fotografa de Niza y sus amenazas. Cuatro hombretones con pistolas obligan a desnudarse en pblico a una mujer sentada y desarmada. No es una violacin. S es una violacin. No se trata de la repblica en armas de la Marsellesa sino de la inquisicin religiosa, en versin oficial y uniformada, en el pas de la Revolucin francesa; y del patriarcado armado, aceptado o aplaudido, en el pas de Simone de Beauvoir. Francia, como Arabia Saud, como el Estado Islmico, impone normas indumentarias a sus mujeres. Los gobiernos europeos se estn radicalizando muy deprisa, y ello al precio de perseguir, criminalizar y judazar a sus minoras nacionales, de alimentar al mismo tiempo el terrorismo y la islamofobia dentro y fuera de Europa, de erosionar sus instituciones laicas y republicanas y de renunciar a sus sedicentes valores fundacionales. La prohibicin del burkini es apenas un sntoma del derrumbe de Europa. El burkini no amenaza a la democracia; su prohibicin s. Es por eso que todos deberamos tomarnos muy en serio la fotografa de la playa de Niza. La mer, la mer toujours recommence, escriba el poeta Paul Valery. El laicismo est muriendo y el fascismo, como el mar, recomenzando. No bastar con quitarse o ponerse el velo. Si no defendemos la democracia, nadie estar a salvo.


Fuente original: http://ctxt.es/es/20160824/Firmas/8011/burkini-Niza-libertad-islamofobia-feminismo.htm



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